Revista Literaria Periódico Cultural

12.10.2006 GMT

Artículo/ El momento de la Rosa

El momento de la rosa por Drunvalo

En algún lugar del camino entre el estado natural y el estado tecnológico perdimos nuestro sentido de comunidad y tradición. Esta alteración de nuestros valores representa una ruptura cultural. Es disfuncional.  Si se permite que esto continúe, eventualmente redefinirá el mundo que hoy nosotros conocemos.

Buscamos un futuro en el espacio exterior, mientras renunciamos a la línea de vida de nuestro pasado. Y es en este pasado,  el de nuestros ancestros, el que contiene el conocimiento que necesitamos para llegar a las estrellas.
 
Los guardianes del conocimiento y la sabiduría

En muchas de las culturas indígenas, así como en los tiempos antiguos, los ancianos son considerados como sabios, Así era en todas partes antiguamente, los ancianos en las tribus remotas eran respetados y reverenciados. Ellos son los que aconsejan a la tribu en sus decisiones políticas. Y ellos son los  líderes espirituales que guían al pueblo a los mundos superiores. Son los abuelos y las abuelas, sus consejos son seguidos y escuchados, porque son ellos quienes poseen la sabidurías que solo se logra con una larga experiencia de vida.

En todas las culturas de los tiempos antiguos, los miembros jóvenes de la tribu cuidaban a los ancianos cuando ellos no podían hacerlo ya mas por si mismos. Leña, agua y alimento eran dejados en sus puertas con amor y respeto por sus muchos años en la Madre Tierra.

Simplemente el ser anciano fue antes un honor. Porque se comprendía que dentro de los ancianos estaban los secretos de la vida y las memorias que son las raíces de nuestra existencia.

Como la mayoría de las tribus indígenas de hoy día, los antiguos sabían que creamos nuestro futuro en nuestros sueños y decisiones y que sin el conocimientos y sabiduría de los ancianos, estos sueños y decisiones podían llevar a la extinción. Y así los abuelos y abuelas, tomando sus remembranzas del pasado vivido, acostumbraban a ayudarnos a guiar nuestros pasos hacia el futuro.

Pero ahora, hoy en día, nuestros ancianos, a menos que hayan hecho una buena cantidad de dinero para protegerse de sus hijos y de la sociedad, se encuentran inútiles y olvidados, esperando sus últimos días solitarios en un ancianato.

Nadie viene con respeto a consultar su sabiduría. A nadie les importan, ni siquiera sus propios hijos.

Porque en el mundo actual lo que importa es la juventud. Solo la juventud es honrada y respetada. Aquellos que ya no son jóvenes hacen todo lo posible para disfrazar este hecho,  desde cirugías plásticas hasta carros deportivos rojos. Las películas y los medios nos bombardean, una y otra vez  con la idea de que la juventud es la razón de vivir y el propósito de la vida.
El momento de la rosa

De alguna manera, al igual que una rosa en capullo, la juventud puede legitimar  el verse como el propósito de la vida. Como la rosa, llegamos como una semilla, el óvulo, tan pequeñita que difícilmente puede ser visto a simple vista. Y crecemos para nacer, salimos como bebés del vientre de nuestra madre, así como la semilla de la rosa crece en un retoñito que surge empujando la tierra.

Humanos y rosas, ambos crecen hasta que se convierten en adultos o plantas maduras. La reproducción comienza. La madre en prospecto se hace bella y sexualmente atractiva y cada cabeza de hombre voltea a verla. En el mismo nivel la rosa explota en su majestuosa belleza y los insectos son atraídos magnéticamente hacia su centro rojo imperial.

Muchas de las acciones  y valores del mundo actual están basados en ese momento de juventud y pasión sexual, con su rápido movimiento, inclusive la violencia y la agresividad, y usualmente con una ausencia completa de compasión. Esta es la conducta que caracteriza el momento de la conquista sexual. Es la posición que encaja cuando los machos se retan unos a otros por la hembra.

Y así este momento de florecimiento, de fertilidad, momento preñado de gran pasión, es el único aspecto de la vida, a costa de  todos los demás, que el mundo occidental ha escogido para hacerlo su Dios.
Envejecer y el Círculo de la Vida

Pero ¿Funciona para toda una cultura el encerrarse en esta forma de energía juvenil, como si fuera el único valor verdadero y negándose a soltarlo como si fuera el Premio gordo de la vida?

¿Qué pasa si la totalidad de la vida tiene un propósito que va mucho mas allá de la imagen externa del mundo? ¿qué pasa si nuestra vida no es mas que un ciclo en espiral, como dicen los abuelos, que gira y gira una y otra vez y que nos guía a la Fuente?

¿ Y qué pasa si en orden de recordarnos nuestro propósito más elevado, debemos dejar que los ancianos hagan los giros cuando  los giros se tengan que hacer?

Y así en este ejemplar del Espíritu de Maat (Nota:  e-revista de Drunvalo www.spiritofmaat.com) celebramos a los ancianos, los que caminan en la calle de cada ciudad del mundo con sus cuerpos llenos de arrugas y su  no reconocida sabiduría.

Los ancianos son el pasado, pero mas importante que eso son el futuro. Nuestro futuro, Excepto por los bebés, que todavía no pueden hablarnos, solo ellos sabe como se completa  así mismo el Ciclo de la Vida.

Solo los ancianos, participando activamente en nuestras vidas, serán los indicados para decirnos cuando sea el tiempo correcto de dar el giro.

En amor y servicio

Drunvalo

P.D. En todo el mundo existen millones y millones de  bebés y niños que así como los ancianos  sufren del abuso y privación de amor y nutrición. En nuestro ejemplar previo, hablamos de esos niños que como sus abuelos y abuelas, han sido sacrificados por la pasión del momento, el poder de la “rosa”.

Es tiempo de que nos ocupemos.

Traducción: Abjini Arráiz abjinia@gmail.com


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