Revista Literaria Periódico Cultural

26.2.2007 GMT

Artículo/ El Relato más Antiguo Del Diluvio

EL RELATO MÁS ANTIGUO DEL DILUVIO
www.temakel. com

Por Jean Bottéro


Tablilla con escritura cuneiforme. Con estos signos fue escrito el Poema del
Muy sabio o Atharasis, el más antiguo relato del diluvio.

Jean Bottéro es un gran asiriólogo francés. Aquí nos guía en el estudio del
Poema del Muy Sabio (Atrahasis), el relato más antiguo del diluvio, que
luego que se refleja en el canto XI de la Epopeya sumeria del Gilgamesh y en
la narración bíblico de la gran inundación universal.



EL RELATO MÁS ANTIGUO DEL DILUVIO
Desde hace ciento cincuenta años, en los países que formaban el marco
geográfico, político y cultural de los antiguos israelitas, autores de la
Biblia, se han sacado a la luz no sólo ciudades, palacios y templos, sino
también las reliquias de grandes civilizaciones y una enorme cantidad dc
documentos escritos y descifrables. La parte del león corresponde a los
habitantes del Irak: sumerios, babilonios,asirios, que en torno al 3000
antes de nuestra era -17 siglos antes de Moisés inventaron la escritura más
antigua que se conoce: medio millón de esas tablillas de arcilla sobre las
que grababan con un cálamo sus pesados e insólitos cuneiformes. En estos
gigantescos archivos hay cientos de obras literarias, "científicas",
religiosas, descifradas y estudiadas por el reducido y casi secreto gremio
de los asiriólogos.

Para quienes gustan de hacerse preguntas, la cuestión es saber si, ante una
documentación nueva tan prodigiosa, que estos historiadores extraen sin
cesar de estos galimatías, se puede leer la Biblia "como antes", cuando se
consideraba el libro más antiguo del mundo, el único que arrojaba luz sobre
las primeras edades del hombre.

Para "demostrar el movimiento andando" y contestar a esta pregunta, no con
un aforismo sino con una demostración y como un método, he elegido el
conocido tema, tan discutido y quizá tan enigmático todavía, del diluvio.


ASSURBANIPAL
Aislado, inesperado, lleno de detalles precisos y vivos, incluido en un
libro en el que se creía que estaban los archivos históricos más viejos del
mundo, el relato bíblico del diluvio (Génesis VI-VIII), como muchos otros
del mismo fondo, se ha visto durante mucho tiempo como la narración de una
aventura completamente histórica. Todavía hoy más de uno la ve así, a juzgar
por y el revuelo que se organizó hace algunos años en torno a una expedición
"científica" que fue a buscar en la cima de una montaña Armenia los
supuestos restos de la famosa arca en la que se habían refugiado Noé y su y
zoológico.

Sin embargo, este relato ni es de primera mano, ni se puede atribuir a
ningún "testigo ocular". Era de suponer, y hoy lo sabemos. Hace más de un
siglo que los asiriólogos empezaron a proporcionarnos la prueba de ello. En
efecto, el 2 de diciembre de 1872 G. Smith, uno de los primeros que se
dedicaron a descifrar y hacer el inventario de los miles de tablillas
cuneiformes de la biblioteca de Assurbanipal encontradas en Nínive, anunció
que había descubierto una narración demasiado parecida a la de la Biblia
para que las coincidencias entre ambas se pudieran atribuir al azar. Este
relato, en unos 200 versos, el más completo que nos ha llegado de
Mesopotamia hasta el momento, formaba el Canto XI de la famosa Epopeya de
Gilgamesh, el cual, en su búsqueda de la inmortalidad, llegó hasta el fin
del mundo para preguntar al héroe del diluvio, quien le contó cómo se había
producido este cataclismo.

Desde luego, la edición de la Epopeya de Gigalmesh encontrada en la
biblioteca de Assurbanipal y fechada, como este rey, en torno a 650 antes de
nuestra era, no podía, en sí misma, ser anterior a lo que según los
historiadores sería el estrato narrativo más antiguo de la Biblia, llamado
el documento yahvista" (siglo VIII) -aunque no podemos imaginarnos a los
escritores y pensadores de la altanera, brillante y formidable Babilonia
mendigando sus temas a los israelitas.. .

Un siglo de descubrimientos en los inagotables tesoros de las tablillas
cuneiformes nos ha permitido ver las cosas con más claridad. Ahora sabemos
que si bien la Epopeya de Gilgamesh tiene tras de sí una historia literaria
muy larga, que se remonta hasta mucho antes de los tiempos bíblicos por lo
menos hasta el año 2000, al principio el relato del diluvio no formaba parte
de ella, pues se incluyó más tarde, tomándolo de otra obra literaria en la
que ocupaba su lugar orgánico, el Poema del Muy Sabio (Atrahasis).

Durante mucho tiempo sólo se conocían fragmentos sueltos del Poema del Muy
Sabio, pero desde hace ya varios años, gracias a una serie de hallazgos
afortunados, disponemos de las dos terceras partes, unos 800 versos, más de
lo que hace falta para entender su sentido y su alcance. Nuestros
manuscritos más antiguos datan aproximadamente de 1700 antes de nuestra era,
y el poema se debió de componer poco antes, en Babilonia. No sólo contiene
el relato más antiguo del diluvio", que nos permite hacemos una idea mejor
de este fenómeno tal como lo "vieron" y pensaron los que incluyeron en sus
escritos, sino que es una composición admirable, tanto por su estilo como
por su pensamiento, una de esas obras literarias arcaicas que, por su tenor,
su amplitud de miras y su inspiración, merecen ser conocidas.

Empieza en la época en que el hombre aún no existía. Sólo los dioses
ocupaban el universo repartidos según la división fundamental de la economía
de la época y el lugar, entre productores y consumidores: para mantener a la
"aristocracia" de los anunnaki, una "clase" inferior, los igigi, trabajaba
la tierra: "¡Su tarea en considerable, / pesada su pena y sin fin su
tormento!", ya que además, según parece, no eran lo bastante numerosos.
Agorados, acaban iniciando lo que hoy llamaríamos el primer movimiento de
huelga. "Arrojando al fuego sus aperos, / quemando sus azadas, / incendiando
sus cuévanos" e incluso poniéndose en camino, en plena noche, para "cercar
el palacio" de su empleador y soberano, Enlil, con la intención de
destronarle. Entre los anunnaki cunde la preocupación: ¿cómo van a subsistir
si ya nadie quiere producir los alimentos? Se retine una asamblea plenaria y
Enlil trata de reducir a los rebeldes. Pero éstos declaran que están
decididos a resistir hasta el final. Su trabajo es demasiado duro, y están
dispuestos a todo con tal de no reanudarlo. Derrotado, Enlil piensa en
abdicar, un desorden aún más temible, que podría sumir en la anarquía y la
descomposició n a la sociedad divina.

Entonces interviene Ea, uno de los dioses principales que no presenta como
Enlil, la autoridad y la fuerza, sino en calidad de consejero y "visir" de
Enlil, la lucidez, la inteligencia, la astucia, la capacidad de adaptación e
invención y el dominio de las técnicas. Para sustituit a los recalcitrantes
igigi, Ea propone crear un sucedáneo, calculado para soportar el trabajo
impuesto por Enlil / y asumir la carga de los dioses": será el hombre.

No es una idea improvisada. Ea tiene un plan ingenioso y detallado, y lo
expone. El hombre se hará de barro -material que se encuentra en todo el
país-, de esa tierra a la que tendrá que volver cuando muera. Pero para
conservar algo de aquellos a quienes tendrá que sustituir y servir, su
arcilla se humedecerá con sangre de un dios de rango inferior inmolado para
la ocasión. La asamblea aprueba un proyecto tan ventajoso y sabio, y confía
su ejecución, bajo la dirección de Ea, a "la comadrona de los dioses:
Mammi-La Experta". Esta confecciona el prototipo, y luego, con la ayuda de
catorce diosas-madres, prepara otros tantos ejemplares, siete machos y siete
hembras, los primeros "padres" de la humanidad.

LAS TRES PLAGAS
Mammi-La Experta realiza su tarea a la perfección, y todo prospera tanto que
"las poblaciones se multiplican extraordinariamente " y "su rumor se vuelve
parecido al mugido de los bueyes", lo cual molesta a los dioses, que llevan
una vida apacible y despreocupada y les "quita el sueño". Para acabar con el
escándalo, Enlil, tan impetuoso y partidario de soluciones extremas como
siempre, decide diezmar a los hombres con la Epidemia. Pero Ea, consciente
del riesgo que supone una reducción demasiad fuerte del número de hombres,
que sería catastrófica para los dioses, avisa a Atrahasis, el Muy Sabio
-sobrenombre de un importante personaje terrenal-,que goza de su confianza y
tiene una gran autoridad sobre la población humana. Ea le indica cómo podrán
evitar la plaga: bastan con que desvíen todas las ofrendas alimentarias a
Namtar, dios de la Epidemia mortífera, y los dioses, reducidos al hambre, se
verán obligados a interrumpir la plaga. Así sucede, en efecto. Pero los
hombres, otra vez seguros, reanudan sus agitadas y tumultuosas ocupaciones,
e impacientan de nuevo a Enlil, que esta vez les envía la Sequía. Nuevo
quite de Ea, quien aconseja a Atrahasis que reserve para Adad, señor de las
precipitaciones atmosféricas, la vitualla de los dioses. Las lagunas del
texto nos hacen suponer que no cede fácilmente, pero al final se restablece
el orden y al final se restablece el orden y la humanidad vuelve a florecer.


De los restos de la tablilla se desprende por lo menos que el rey de los
dioses, firmemente decidido a eliminar a los hombres, que no cesan en su
alboroto, recurre a una catástrofe aún peor: el Diluvio. Como se ha vuelto
desconfiado, toma todas las precauciones posibles para que su funesto plan
no sea conocido por los humanos y ninguno de ellos se libre de la muerte.
Pero Ea, haciendo un alarde de ingenio, se las arregla para anunciar
disimuladamente a Atrahasis el desastre inminente y la estratagema que ha
preparado para salvarle (esta vez, sólo a él y a los suyos). Atrahasis tiene
que "construir un barco de puente doble, sólidamente aparejado, debidamente
calafateado, y robusto" y Ea "dibuja el plano en el suelo". Atrahasis
avituallará y, en cuanto su dios le dé la señal, embarcará "(sus) reservas,
(sus) muebles, (sus) riquezas, (a su) esposa, (a sus) parientes, (a sus)
maestros de obras (para salvar los secretos técnicos adquiridos), así como
animales domésticos y salvajes", después de lo cual sólo tendrá que "entrar
en el barco y cerrar la escotilla". La continuación es fragmentaria en lo
que nos ha llegado del Poema, pero se puede suplir fácilmente con el relato
de la Epopeya de Gilgamesh, varios siglos posterior pero inspirada en el
primero.

Atrahasis, que ha encontrado la forma de explicar su extraño comportamiento
a los que le rodean sin alarmarlos, ejecuta las órdenes, "embarca la carga y
a su familia" y "ofrece un gran banquete". Pero durante el mismo no puede
disimular su ansiedad: "No hace más que entrar y salir, / sin sentarse ni
quedarse quieto, / con el corazón roto, enfermo de impaciencia", esperando
la fatídica señal.

Por fin ésta llega: "¡El tiempo cambió de aspecto / y la Tormenta tronó en
medio de la nube!". Hay que zarpar: "Cuando se escucharon los fragores del
trueno / le llevaron betún, para que taponara su escotilla. / Y, cuando la
hubo cerrado, / mientras la tormenta seguía retumbando en la nube, / se
desataron los vientos. / ¡ Y cortó la hubo cerrado, / mientras la tormenta
seguía retumbando en la nube, / se desataron los vientos. / ¡Y cortó las
amarras, para soltar la nave!".

El diluvio, una enorme inundación causada por las lluvias torrenciales, se
prolongó durante "seis días y siete noches: la tempestad causaba estragos. /
Anzu (el Ave Rapaz divina gigantesca) laceraba el cielo con sus garras: /
¡Era, desde luego, el diluvio / cuya brutalidad se abatía sobre las
poblaciones como la guerra! / ¡No se veía nada/ y nada se podía identificar
en la matanza! / El diluvio mugía como un buey; / ¡el viento silbaba, como
el águila cuando chillaba / Las tinieblas eran impenetrables: ¡ya no había
sol!".

Cuando el cataclismo hubo "aplastado la tierra, al llegar al séptimo día, /
el belicoso huracán del diluvio se paró, / después de asestar sus golpes (a
diestro y siniestro), como una mujer con los dolores; / la masa de agua se
calmó; la borrasca cesó: ¡el diluvio había terminado!".

Entonces, cuenta el héroe, "¡Abrí la escotilla, y el aire fresco me dio en
la cara! / Luego busqué con la mirada la orilla, en el horizonte de la
extensión de agua: / a varios cables, entrada una lengua de tierra. / La
nave atracó allí: ¡era el monte Niçir, donde hizo por fin escala!".

Por prudencia, Atrahasis espera una semana más antes de utilizar una
estratagema de los primeros navegantes de altura. "Cogí una paloma y la
solté; / la paloma se fue, pero volvió: / ¡al no ver nada para posarse, dio
la vuelta! / Luego cogí una golondrina y la solté; ¡ la golondrina se fue,
pero volvió: ¡al no ver nada para posarse, dio la vuelta! / Por último, cogí
y solté un cuervo: / el cuervo se fue, pero al encontrar la retirada de las
aguas, / picoteó, graznó, y no volvió". Es la señal de que puede abandonar
su refugio. Hace que los pasajeros salgan del barco y los "dispersa a los
cuatro vientos". Reanudando la función principal de la humanidad (de la que
él y su familia son los únicos representantes), prepara un banquete para los
dioses, que después de un ayuno tan largo se apiñan a su alrededor "como
moscas".

Entonces, mientras la Gran Diosa, la que había participado en la creación de
los hombres, reclama en vano que se desautorice a Enlil, responsable del
desastre, éste, viendo que su plan de aniquilación de la humanidad ha sido
burlado, se pone hecho una furia. Pero Ea le hace ver que nunca debía haber
recurrido a un medio tan brutal y extremo y "sin reflexionar haber provocado
el diluvio". Porque al fin y al cabo, si los hombres hubieran desaparecido,
¿acaso no habrían caído ellos en la situación sin salida que, precisamente
había sido la causa de que los crearan: un mundo sin productores? Y para
mostrar lo que se tenía que haber hecho, el sabio Ea propone que en la nueva
generación procedente de Atrahasis, se introduzca una especie de
malthusianismo natural" que limite los nacimientos y la supervivencia de los
recién nacidos y así modere la proliferación y el tumulto. Por eso desde
entonces algunas mujeres son estériles, otras son víctimas de la implacable
Diabla-Apagadora, que les arranca los niños del vientre, y otras toman un
estado religioso que les prohíbe la maternidad.

Aquí, con la úlrima rotura, que nos impide conocer el desenlace, termina la
tercera y última tablilla del Poema.

Pese a la concisión del resumen que acabamos de hacer, vemos que no es tanto
una verdadera historia antigua de la humanidad (es decir, un relato bastante
fiel de los acontecimientos sucedidos en sus orígenes y de sus primeras
vicisitudes) como una explicación de crónica su naturaleza su lugar y su
función en el universo. Más que una crónica es, en realidad una exposición
teológica que, a pesar de su estilo vivo y descriptivo no pretende aportar
datos, sino inculcar definiciones, puntos de vista, todo un sistema de ideas
acerca del universo y el hombre. Es lo que se llama un relato mitológico.

UNA FILOSOFÍA EN IMÁGENES

A pesar de su viva inteligencia, de su curiosidad universal de los enormes
progresos intelectuales y materiales que realizaron durante esos tres
milenios (por lo menos) durante los cuales se desarrolló su civilización y
su influencia, los antiguos mesopotámicos no accedieron al pensamiento
abstracto. Como muchos otros pueblos antiguos, p incluso modernos, y a
diferencia de lo que hacemos nosotros, nunca disociaron su ideología de su
imaginación. Al igual que en sus tratados de matemáticas sólo proponían y
resolvían problemas concretos, sin jamás extraer y formular los principios
de solución, no presentaban sus ideas generales en su universo, sino
vinculadas a algún dato singular.

El mito, expresión favorita de ese pensamiento especulativo, era
precisamente lo que les permitía materializar sus concepciones y pasarlas a
imágenes, escenas, encadenamientos de aventuras; creadas por su imaginación,
pero para contestar a algún interrogante, para aclarar algún problema, para
enseñar alguna teoría (como los autores de fábulas construyen sus historias
para inculcar una moraleja).

Toda la literatura sumeria y babilonia está llena de es a "filosofía en
imágenes" que es la mitología, y el Poema de Atrahasis es un buen ejemplo,
de ella, notable por la amplitud del asunto abarcado y por la inteligencia y
el peso de las cuestiones que expone. El problema que aborda, desde la
perspectiva de sus autores, es el de la condición humana. ¿Cuál es el
sentido de nuestra vida’? ¿Por qué nos vemos obligados a realizar un trabajo
que no se acaba nunca y siempre es agotador? ¿Por qué hay esta separación
entre la multitud, que está condenada a realizarlo, y un grupo selecto que
lleva una vida tranquila, garantizada precisamente por las penalidades de
los demás? ¿Por qué, conscientes de la inmortalidad, tenemos que morir? ¿ Y
por qué esta muerte se acelera de vez en cuando con plagas inesperadas, más
o menos monstruosas? Y muchos más enigmas, como limitaciones, inexplicables,
a la función esencial de las mujeres la de traer hijos al mundo y criarlos.

Había que formular todas estas aporías, y resolverla en el mismo marco en el
que se planteaban: en un sistema teocéntrico. Para estas personas el mundo
no se explicaba por sí solo. Su razón de ser estaba en una sociedad
sobrenatural, la de los dioses, cuya existencia era indudable. Para hacerse
una idea de estos personajes que nadie -con razón- había visto nunca, se
proyectaba en un plano superior lo que se tenía alrededor: toda la
organización material, económica, social y política de este mundo. Los
dioses estaban concebidos como hombres, y con todas las necesidades de los
hombres; pero eran hombres superlativo, dispensados de las servidumbres
fundamentales que nos abruman, como la enfermedad o la muerte, y dotados de
poderes muy superiores a los nuestros. En tal caso, ¿qué mejor modelo para
sus personas que la propia flor de la humanidad, la aristocracia de la
clase dirigente"?


UNOS DIOSES «ARISTÓCRATAS»
En un sistema como este, la especie humana en conjunto, frente al mundo
divino, no podía desempeñar otra función que la de los súbditos para con los
gobernantes: la de trabajadores a su disposición y abastecedores de todos
los bienes indispensables para llevar una vida opulenta y sin más
preocupación que mandar. Dado que los hombre debían su existencia a los
dioses, de quienes no podían ser antepasados- eso por descontado- ni tampoco
contemporáneos independiente, era obligado pensar que el mundo divino ames
debió de bastarse a sí mismo, necesariamente dividido, como el terrenal en
una categoría de productores y otra de consumidores y que debió de verse
obligado a poner fin a esta situación a causa de alguna crisis semejante a
las que estallan en nuestra sociedad entre los empleados y los empleadores
cuando los primeros están hartos de explotación. El hombre pues, era un
servidor de los dioses "de nacimiento". Y los dioses, al fabricarlo,
procuran que tuviera algo de ellos, de su duración, de su inteligencia, de
su poder (pero todo ello limitado: inferior, débil, transitorio) . Esta es la
se tenía de la naturaleza y de las condiciones humanas.

Con esta solución no tendría que haber surgido el menor problema entre los
dioses y los hombres, siempre que estos últimos -como sucedía por regla
general- cumplieran exactamente con sus deberes hacia sus amos. Entonces
¿cómo se explican, no ya la muerte, la enfermedad las desgracias de cada
individuo, que están implantadas en nuestra naturaleza y nuestro destino,
sino los enormes sobresaltos de las grandes catástrofes inesperadas y
aparentemente sin motivo que se abaten de vez en cuando sobre los hombres y
los eliminan en masa? ¿Cuál era la razón de unas calamidades "cósmicas" como
las epidemias, las hambrunas las embestidas devastadoras y repentinas de la
naturaleza? Los dioses, sin los cuales no podía suceder nada importante,
tenían que ser la causa. Pero ¿por qué? Ante este problema, los autores del
Poema no lograron encontrar otra explicación que el capricho de los dioses
soberanos. Ciertamente, hallaron un móvil -¿un pretexto?- en el mundo de los
hombres: éstos, al prosperar y multiplicarse y con el propio trajín de su
actividad servil, podían llegar a molestar a sus gobernantes, como turbaría
el descanso de un soberano irritable un personal demasiado numeroso y
bullicioso. Pero en un universo tan teocéntrico y tan ajeno a toda idea de
«oposición» y rebelión contra el poder, ¿no era lo más sabio aceptar la
dependencia, conformarse con el propio estado, aceptar su destino, la
resignación, el fatalismo? Al mostrar, desde los primeros tiempos de la
humanidad -desde esa "época mítica" anterior a la historia, en la que toma
forma el "mundo histórico"-, a los dioses periódicamente obsesionados por el
deseo diezmar o incluso aniquilar a los hombres, enviándoles calamidades
colectivas, los autores del Poema no sólo daban a su público una explicación
suficiente de estos azotes cíclicos, sino que destacaban su carácter en
cierto modo tradicional -desde la "noche le los tiempos"- y, por lo tanto,
inevitable, ante el que había que
resignarse.

Pero esta lección de prudencia también tenía su contrapeso de esperanza. En
medio de estas desgracias, los hombres habían tenido un defensor y un
salvador: el dios Ea, su "inventor", enemigo de la violencia inútil, el
mismo que (según otro ciclo de mitos) difundido entre los hombres todos los
conocimientos útiles. Precisamente con uno de ellos enseñó a los nombres a
protegerse de las grandes desgracias universales. Ahora, en el "tiempo
histórico", podían aplicar enseñanzas y luchar contra las catástrofes para
salvarse. Esta es la "filosofía" que el Poema del Muy Sabio -buen nombre-
quería inculcar a través de sus fábulas y mitos.


¿EL DILUVIO O LOS DILUVIOS?

El relato del Diluvio tiene el mismo valor, el mismo sentido que los de la
Epidemia y la Sequía que lo precedieron. Como sabemos por nuestra
documentación histórica, estas calamidades se abatían de vez en cuando sobre
el país, todavía mal defendido sanitariamente y con una planificación
económica rudimentaria. Mediante un procedimiento corriente en la literatura
sobre todo en el folclore y la poesía, los recuerdos personales se
mezclaron con muchas experiencias, transmitidas por la tradición o vividas,
de enfermedades que se propagaban como incendios y causaban una gran
mortandad, o de malas cosechas que extenuaban a la gente, para concentrar
todos esos horrores en la Epidemia y el Hambre -lo mismo que los cuentistas
hablan del León o el Ogro—, y proyectarlas en ese tiempo mítico de "antaño".
El Diluvio, que viene a continuación, se imaginó y construyó de la misma
manera: en este país, centrado en el Tigris y el Éufrates que reaccionan
enseguida a los excesos de precipitaciones eran frecuentes las inundaciones
más o menos mortíferas más o menos espectaculares (conocemos muchos
ejemplos). Los arqueólogos han encontrado sus huellas, a veces
impresionantes, sobre todo en Ur, Kish y Fara-Shuruppak, en varios estratos
de los milenios IV y 111. A partir de cierto número de catástrofes que
habían asolado tal ciudad o comarca, se compuso el Cataclismo que sumergió a
todo el país, y en torno a este hecho se formó una gran leyenda la cual
desembocó en la "historia", que se cuenta en Atrahasis y más tarde apareció
simplificada por los autores del canto Xl del Gilgamesh.

Es posible que en el lujo de detalles, y sobre todo en la importancia
atribuida a este diluvio por la tradición babilónica (para la cual, como
hemos visto en el Poema y reaparece con frecuencia en otros documentos, es
el último acto de los tiempos míticos y el umbral de la era histórica),
perdure el recuerdo más o menos vago de uno de estos cataclismos, de
especial gravedad, aunque hay que ser muy ingenuo para imaginarlo tal como
se describe. Pero el recurso a un desastre así no es inevitable: el papel de
bisagra en el tiempo que tiene el diluvio podría deberse, no ya a su
carácter histórico, sino al lugar que ocupaba en la mitología tradicional
reflejada en nuestro Poema. Era la última y la más peligrosa de las
calamidades enviadas por los dioses a los hombres para adaptarlos y
reducirlos a la escala que tienen desde el comienzo de la historia.

Volvamos al relato de la Biblia, con el que empezamos pues ahora nos
resultará más fácil entenderlo como es debido. Cualquiera que lo haya leído
y haya reflexionado un poco tendrá que reconocer, de entrada, que semejante
inundación no parece demasiado propia de un país de colinas y arroyos como
Palestina, sin ningún río digno de este nombre, sin ningún valle ancho donde
puedan acumularse las aguas. Lo más razonable, a priori, es pensar que el
relato es un préstamo del mesopotámico. Pero aunque no cabe duda de que hay
claras coincidencias con el diluvio babilónico también hay demasiados
detalles distintos entre ambos como para considerar que el relato del
Génesis es una simple transcripción al hebreo del texto acadio de Atrahasis
o de Gilgamesh.


EL DILUVIO, LA BIBLIA Y MESOPOTAMIA

En realidad, el diluvio forma parte de una abundante cosecha de textos
mitológicos, ideológicos y de otro tipo elaborados por esa Mesopotamia
eminente y prodigiosa que sembró de ellos todo el Oriente Próximo desde
épocas muy remotas. Baste pensar en los recientes hallazgos, increíbles, de
Ebla, en Siria, correspondiente al III milenio. Como muchos otros temas -la
Creación del Mundo, los Orígenes de la Historia antigua de los hombres, el
problema del Mal y la Justicia divina-, el del diluvio también fue recogido
por los israelitas, que estuvieron expuestos a esa extraordinaria
irradiación cultural de Sumer y Babilonia. Incluso lo adoptaron con su
marco: aparentemente -como en Atrahasis-, la "historia" primitiva del hombre
y en realidad la descripción teológica de su condición en este mundo.
Porque los once primeros capítulos del Génesis pretenden inculcamos, para
nuestro gobierno, cómo fueron modelados y remodelados el universo y el
hombre, cómo se prepararon y fueron puestos en «funcionamiento» antes de que
con Abraham se inaugurase la historia propiamente dicha. Pero no conservaron
la visión ni teología originarias. Como todo lo que tornaron de los antiguos
babilonios, lo modificaron profundamente, impregnándolo de su propia
ideología religiosa. Su sistema también era teocéntrico. Pero, como
inventores" del monoteísmo, su mundo divino se centraba en Dios único y
trascendente, sin el menor rasgo antropomórfico, sin menor necesidad de
servidores" para garantizar su vida. Por eso en el diluvio imaginado por
ellos no hay una multitud de divinidades, sino un Dios único, y en vez del
capricho y la futilidad de los amos del universo, unas exigencias morales:
si Dios envía ese cataclismo a los hombres es a causa de su "corrupción"
(Génesis VI, 5s), para propagar una humanidad nueva, capaz (por lo menos sus
mejores representantes, el pueblo descendiente de Abraham) de llevar una da
conforme a un elevado ideal ético y religioso...

Es este diluvio, el de la Biblia, el que tenemos grabado en la memoria, ya
que estamos imbuidos -nos guste o no - de las escenas y enseñanzas de este
viejo libro. Pero el propósito de la historia es tratar de entender
remontándonos" por "lo que había antes" los hijos por sus padres y los ríos
por sus fuentes. Por eso los asiriólogos, además de realizar unos
descubrimientos cada vez más numerosos acerca de nuestros parientes más
antiguos en línea directa, esos incomparables civilizadores sumerios y
babilonios, y de su herencia llegada hasta nosotros, filtrada, alterada,
enriquecida y a veces empobrecida por los milenios, también pueden arrojar
luz sobre la Biblia, insertando el contenido en su "continuo histórico", que
la ilumina de forma tan singular. Pacífico y discreto, el oficio de estas
personas no es precisamente fácil: pasarse la vida descifrando, analizando
escudriñando miles de galimatías de arcilla erizada de áridos cuneiformes.
Pero cabe preguntarse si
esta ardua inmovilidad no es más fecunda que esos grandes despliegues para
traerse unas maderas carcomidas tomándolas, con una ingenuidad enternecedora
por la reliquia y los restos de un "arca" tan fabulosa como las botas del
ogro.


Otra tabilla sumeria con escritura
cuneiforme.


ORIENTACION BIBLIOGRAFICA
Podemos encontrar una discusión detallada y comparativa sobre la cuestión
del diluvio en Mesopotamia y en la Biblia en las páginas 224-269de la obra
de A. Heidel The Gilgamesh Epic and Old Testament Parallels, The University
of Chicago Press, 2 ed., 1949 reimpr. en 1963.
También se puede consultar el artículo de J. Bottéro "Le Déluge", en On a
marché sur la terre, Museum national d’historie naturelle, Ed. IOS, 1991, pp
61-68.
El texto de los cuatro relatos mesopotámicos del diluvio está traducido y
comentado en Lorsque les dieux..., pp. 526-601, "La grande Genése
babylonienne: la création de l' homme au Déluge".
Otro asunto que se presenta de un modo parecido al del diluvio -con
intervenciones de la mitología mesopotámica en el pensamiento bíblico-, el
de los mitos de la creación del mundo, se comenta con cierto detalle en "Les
origines de l’univers selon la Bible", en Naissance de dieu, la Bible et l
historien, Gallimard, París, 1986, pp. 155-201. (*)
(*) Fuente: Jean Bottéro, "El relato más antiguo del diluvio", en
Introducción al antiguo Oriente. De Sumer a la Biblia, Barcelona, Grijalbo
Modadori, pp. 209-221.




Graciela E. Prepelitchi
"El corazón es AMOR.
La mente es creación de la sociedad".

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Rubén Patrizi

Venezuela, Venezuela

Las personas que adornan una esquina, dando colorido a su lucha diaria en su eterno vivir, para ellos,...

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