Revista Literaria Periódico Cultural

14.2.2007 GMT

Artículo/ La Flor Más Hermosa

paisajes

LA FLOR MÁS HERMOSA

La plaza estaba desierta cuando me senté a leer bajo las frondosas ramas del
viejo roble.
Decepcionada de la vida, con buenos motivos de preocupación, el mundo
venciéndome, o tal su intención.
Y como si eso no fuera suficiente para arruinar mi día, un niño agitado se
acercó, cansado de jugar. Se paró frente a mí, con su cabecita en frenético
girar y dijo muy excitado:

-"Mira lo que acabo de encontrar!"
En su mano había una flor... Y, qué triste visión, los pétalos marchitos
-escasa lluvia o escaso sol-.

Deseando se alejara con su flor muerta a jugar, fingí una sonrisa pequeña y
por mis pensamientos me dejé llevar... Pero en vez de marcharse, se sentó a
mi lado y colocando la flor bajo mi nariz, dijo con cierto matiz
sobreactuado: ---- -"Huele de maravilla y es hermosa para mí. Por eso la he
recogido, toma, es para ti".

La hierba que me ofrecía estaba muerta o en agonía, no estallaban sus
colores, no era naranja, roja ni amarilla. Pero
Supe que debía aceptarla, o el niño nunca se marcharía, tomé la flor y dije:



-"Justo, tanta falta que me hacía".
Pero en vez de colocar la flor en mi mano dura, la sostuvo en el aire, sin
razón alguna. Y entonces me di cuenta y sentí un escozor, aquel niño era
ciego: no podía ver la flor.
Sentí mi voz temblar, mis lágrimas brillar; mientras le agradecía por elegir
la mejor flor.

-"De nada", sonrió y entonces se marchó sin saber siquiera, que mi día
cambiaba de color.
Me quedé ahí, preguntándome cómo hacía para ver, bajo un roble viejo, una
patética mujer... ¿Cómo supo el niño de mi autoconmiseració n?

Tal vez desde su alma, bendecida con la verdadera visión.
A través de los ojos ciegos de un niño, finalmente pude ver que el problema,
no era el mundo, el problema era yo. Y por todas las veces que yo misma fui
ciega.
Prometí a la vida, ver las cosas bellas y atesorar cada segundo mío con
profundo amor.
Y entonces, llevé la flor marchita a mi nariz dormida, aspiré la fragancia
de una hermosa rosa erguida. Y sonreí, mirando al niño, con otra hierba en
su mano, a punto de cambiar la vida de un desprevenido anciano.


Graciela E. Prepelitchi
“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los
demás,
también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el
secreto que me permita ponerles remedio.”
Ghandi



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Rubén Patrizi

Venezuela, Venezuela

Las personas que adornan una esquina, dando colorido a su lucha diaria en su eterno vivir, para ellos,...

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