Revista Literaria Periódico Cultural

17.9.2008 GMT

Cuento Argentina Gloria Benitez / La gacela y el DRAGÓN

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LA GACELA Y EL DRAGÓN

Una vez más, el atardecer la sorprendió junto al ventanal enrejado de

su habitación, nada ni nadie podía rozarla. Educada y resguardada para

reinar, no conocía otra vida que el entorno de sus doncellas y su familia en

ceremonias privadas u oficiales, ése era todo su mundo.

Una vez más, el atardecer la sorprendió junto al ventanal enrejado,

pero hoy no era igual, nadie sabía, que sus miradas furtivas a través de

una puerta entreabierta, habían logrado violar lo inviolable. Sólo él.

La vista se perdía detrás del último rayo de sol y sus pensamientos no

podían apartarse de aquellos ojos que penetraron en los suyos. De aquel

torso desnudo, con un dragón tatuado en el centro de su pecho, y de

algunas voces de mando como un guerrero.

Ese pensamiento la hacía sentirse enferma, ¿ qué le pasaba?.

su cuerpo estaba inquieto, el alma ansiosa, su corazón se aceleraba y las

mejillas le quemaban. Su mirada de gacela asustada rehuía la de sus

compañeras para no ser descubierta.

Esa noche, cuando hasta la nodriza, que velaba su sueño dormitaba,

sintió sobre su boca la presión de una mano viril. Abrió los ojos espantada.

Otra vez, los ojos de él se apoderaban de los suyos. Temblaba, abandonó

el forcejeo, y susurró,

- ¿Quién es usted? –

-

- El que estás esperando, tu verdadera vida en libertad. - le respondió.

La tomó de la mano, ella se dejó llevar sigilosamente hasta un

vestidor, volvió a sentir inquietud, ansiedad y rubor. Él le acarició la

cabeza, (¡ nunca nadie la tocaba!), lloró en silencio, sin saber bien por

que.

Cada noche se repetía la escena, él le contaba el mundo del que ella

sólo tenía imágenes ilusorias, lo escuchaba encandilada.

Sus miradas y sus manos se fueron conociendo. En la magia de esos

momentos se encontraron sus labios y se elevaron en espirales de colores

hasta el infinito sin tiempo. El éxtasis, ahogaba sus gargantas. En cada

encuentro se les iba la vida.

Cada vez que él ondulaba su torso, se movía el dragón, que en vez de

tatuado parecía vivo tratando de atrapar a su gacela.

Una noche, la espera fue interminable, el sol de la mañana la

sorprendió dormida en el suelo, y ella no pudo explicarse la ausencia.

Las sirvientas en revuelo se contaban unas a otras la desaparición del

maestro de los hijos varones del señor. Decían que la guardia lo había

encontrado la noche anterior, merodeando para entrar en las habitaciones

prohibidas y que a la voz de alto, logró esfumarse entre las sombras.

Comprendió lo sucedido, se fingió enferma, pidió permiso para

permanecer en su cama, y siguió escuchando los corrillos.

La criada recibió órdenes de su padre de dormir encadenada a

ella, hasta que “se aquietaran las aguas.”

Sintió que ése era el fin.

Una mañana un grito despertó a la servidumbre, la doncella se

levantó agitando la cadena que llevaba ceñida a la muñeca que del otro

lado y cerrada, estaba vacía.

Dieron vuelta el cuarto y en el piso del vestidor, sólo encontraron una

manta con dos figuras estampadas... una gacela y un dragón.

Nadie encontró su cuerpo.

FÍN

Premio “Cuento Fantàstico”

Biblioteca Popular de San Isidro.

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