Ganador del Concurso Nuevas Letras 2002 Ernesto
La noche le evoca lugares y momentos que fueron pasando clavándole inclemencias sobre el cuerpo y angustias, que en algunas ocasiones, le vencieron.
El arma, instrumento cotidiano, compañera tenaz en la supervivencia entre las calles noctámbulas de la ciudad desvelada continuamente, es también el estigma que le da ahora una forma de subsistir sin limites, pero también sin futuro.
Una bifurcación inesperada en los caminos, que antes de buscarse aparecieron.
Intenta cada vez, como un acto de sadismo involuntario, adivinar los pensamientos que fluyen por sus victimas, cuando sorprendidos, ven el arma apuntándoles desafiantemente, acompañada de su voz enérgica.
.- Esto es un atraco, si no desea ser lastimado colabore.-
Todo un ceremonial, donde se excluyen los clásicos gritos intimidatorios utilizados por la mayoría de sus ahora, colegas.
Busca descifrar en los ojos incrédulos, que no consiguen coincidencia ente el lenguaje y el acto, si todo es una broma.
.- Deme su billetera y el dinero que lleva encima, y no intente engañarme, porque será lo ultimo que haga vivo.-
Es el momento en que parecen regresar de un lapsos y atropelladamente, dejan vacíos sus bolsillos, entregándoles lo pedido.
Allí finaliza la función.
Se escabulle como mago entre las sombras cómplices, que el escaso alumbrado y las figuras de los edificios, dejan.
Ha ido perfeccionando su técnica, desechando trabajos que puedan dejarle consecuencias ingratas, que terminen por hacerlo blanco de las autoridades pertinentes.
No roba joyas, porque eso es como darle el alma a quien deba vendérselas y deja un rastro indeleble para ser descubierto.
También ha ido dejando a un lado, el asalto a las mujeres, porque la sorpresa les proporciona reacciones impredecibles que van desde el desmayo hasta los gritos, con niveles intermedios, en ocasiones risibles, en otras preocupantes; sumado a esto se encuentra que el horario de su trabajo es la medianoche y las féminas que circulan por las calles vacías u oscuras, en su mayoría son prostitutas.
El centro de la ciudad, con sus comercios cerrados y el retumbar del bullicio diurno acallado, ha sido escogido por él para efectuar sus labores.
Han pasado cinco años desde que se inició en el mundo del hampa.
En ese lapso solo ha sido arrestado una vez, consecuencia del ímpetu imberbe que le indujeron a tomar esa vía poco comunitaria.
Antes de eso, era un trabajador normal de la industria de la construcción, un albañil que alquilaba sus conocimientos por menos de la cuarta parte del dinero que consigue ahora, un ciudadano mas que la ley debía proteger.
Un ex soldado, problemático y rebelde, que debió ser expulsado por intentar discernir sobre las ordenes de los superiores, que querían ser obedecidos, sin importar los alcances que eso podría significar o las secuelas que dejaban.
Siempre le pareció el ejercito un lugar hostil, tal vez, la libertad condicionada a parámetros establecidos nunca le gustaron.
Pero como herencia, la institución castrense le dejó la pericia para la utilización de las armas de fuego, actualmente todo un instrumento primario de su profesión.
El nomadismo le ha dejado amores y desamores, afectos que se han mantenido por el breve espacio de vida que posee o volatizados cuando descubren lo sórdido de su actual labor.
No se siente un excluido, tampoco un desecho de una sociedad que canaliza, según conveniencias, los grados de gravedad de las acciones que se cometen, fuera de las normativas, dependiendo el que las cometa.
Por esa razón, ha disfrutado de los beneficios de la duda, cuando le han señalado, ya que sus tiempos libres, los dedica con pasión a la enseñanza, en una escuela de instrucción técnica cercana a su residencia.
Allí, ha intentado por cuatro años, legar los conocimientos adquiridos sobre materiales y técnicas a sus alumnos, pertenecientes al sector mas deprimido de la ciudad.
Un trabajo alterno conseguido tras su arresto y proporcionado como vehículo para ser reincluido entre los parámetros legales.
Ha sido consecuente e hipócrita, porque el paralelismo de sus dos actividades ha quedado seguro, escudado en el silencio y el hermetismo.
Se considera una parodia, menos caricaturesca, de los políticos y empleados públicos de su ciudad, que detrás de trajes costosos y de la diplomacia verbal propia de su status, terminan por dilapidar los dineros de los contribuyentes.
Los diferencia el revolver y las oficinas lujosas, pero en el fondo también son animales de la misma jungla y con intereses comunes.
Su óptica, lo reconoce, está tan errada como la de todos, que intentan convivir sin haber aprendido aun a vivir.
Una vez uno de sus alumnos le preguntó.
.- Profesor Ernesto, ¿Cree usted que la albañilería me dará suficiente dinero para mantener a mi familia?.-
Una visión clásica de lo que significa para un sector mayoritario de la población, el trabajo y la consecución del dinero para satisfacer primarias necesidades.
.- Eso dependerá de ti, según puedas tomar las oportunidades y valorar tus conocimientos, podría servirte o no para eso.-
En ocasiones filosofar le parecía patético, y hacerlo públicamente peor.
¿Qué puede pensar un ladrón callejero, a quien no puede temblarle el pulso a la hora de tener que disparar su arma, sobre oportunidades sociales?
¿Qué sus victimas forman parte de esa sociedad que busca mantener un nivel?
Por mas que lo ha intentado, colocarse en la posición de ellos le ha sido difícil, sobre todo cuando ve sus rostros impotentes y el fruto de su trabajo, hurtado por un pillo que sin razones que explicar, en pocos minutos los despoja de semanas, quincenas o meses de trabajo.
Quizás es la misma reacción que tuvo él, en las tres ocasiones que fue asaltado.
Rabia, abandono, dolor.
Inconformidad proporcionada por el desamparo de los poderes públicos que deberían cuidarle y defenderle.
MEA culpa por su irresponsabilidad al circular por lugares que no ofrecen protección, dado la oscuridad o la inseguridad.
Ayer vivió con amargura esos trances, hoy los proporciona, como si hubiese dado vueltas al tablero para convertirse en el ganador de la partida, tras ser vencido repetidamente.
Su historial homicida es tan pobre que daría vergüenza a cualquier juez.
Ha disparado su revolver solo en dos ocasiones, una para disuadir a una victima de la seriedad de sus intenciones y la otra para defenderse de un rival callejero, que intentaba colocarse en el lugar equivocado.
Pero se conoce muy bien y sabe que es capaz, dada las condiciones y el momento, de accionar su arma y sesgar la vida de alguien.
Es un instinto animal que le envuelve y lo deja sin opciones.
Mientras liba licor, antes de comenzar su faena nocturna acostumbrada, siempre intercambia algunas palabras con Randolfo, el cantinero.
.- ¿Qué opinas de las políticas económicas Ernesto?.-
.- Prefiero ni opinar, si no trabajo, no como.-
.- ¿Mucho trabajo?.-
.- A veces, sobre todo los fines de semana.-
“Son los días de tragos, juergas e irresponsabilidades”. Piensa.
.- Las cosas están duras, los negocios cada vez peores, fíjate lo que han bajado las ventas en pocos años. ¿Recuerdas cuando comenzaste a venir?. Todo era diferente.-
Lo recuerda perfectamente, pero prefiere no comentarlo.
Ha seguido visitando el lugar porque su interlocutor posee el don de navegar por temas opuestos sin llegar a profundizar en ellos, y eso es perfecto, como comienzo de un menú donde el plato principal, será el miedo.
Jamás le ha preguntado que hace para subsistir.
Para Randolfo, él es un cliente mas entre ese enjambre de beodos que le visitan.
Solo una vez salió de su acostumbrada cotidianidad y le preguntó.
.- ¿Tienes familia?.-
.- Sí, un niño de 8 años.-
.- ¿Vive contigo?.-
.- No. Con su madre.-
Movió su cabeza en señal de aprobación y se marchó a atender a otro.
Ciertamente, solo Ernesto Segundo, era su familia.
Quedó huérfano desde muy pequeño y una tía lo crió, hasta que se marchó al ejercito.
Ella murió en un accidente de transito sin dejar hijos, y su esposo, causante de su inscripción militar, quedó con sus bienes.
Nunca volvió a visitarlo, siempre fueron agua y aceite, y ya no habían motivos para soportarse.
Siguieron años de erratibilidad entre ciudad y ciudad, con trabajos para sobrevivir y pensamientos cónsonos con los de sus alumnos presentes.
Marta, la madre de su pequeño, lo dejó cuando le arrestaron y se mudó lejos.
Tiene tres meses sin verlo pero sabe que esta bien y eso le alegra, pero no lo desmotiva a la hora de buscarle explicaciones a los problemas.
Tal vez sea una especie diferente, nacida de una mutación genética de la sociedad desbocada o deslindada del alma real de sus pobladores, pero sabe que no es único, que muchos poseen la misma piel de camaleón y se camuflan para no ser reconocidos.
Es sincero consigo mismo y cuando se canse, a lo mejor, escoge además de ser maestro y ladrón, ser diputado o presidente. Al fin y al cabo solo la vestimenta cambia.
O pudiera ser que el destino, le tenga reservada una celda o una fosa en el cementerio.
Total, para esta noche sus pensamientos solo giraran en torno a la próxima victima y la cantidad de dinero que posea.
En esto del hampa parece que nunca es suficiente para un retiro.
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