Revista Literaria Periódico Cultural

20.11.2006 GMT

Cuento/taita y las Conchas /Venezuela/Yolanda Abreu

EL TAITA Y LAS CONCHAS
Publicado por yoly , 07 Nov 2006
Y pateaba las calles el viejo descalzo, apuntando con su ojo bueno el horizonte…
Tres décadas y media atrás, empezó Emiliano (conocido como “El Taita”), con el asunto de las conchas.
Un día de Enero por la noche, con la niebla espesa y un guayoyo en la mano izquierda, El Taita reunió a sus tres hijos alrededor del fogón y empezó su historia. Todos le escuchaban con atención, el preámbulo fue bueno, ya tenían dieciséis días esperando por la fulana historia.
Carlota –la menor- yacía en el piso con la cabeza apoyada en las rodillas de Jeremías, que ya empezaba a sacudirse de los calambres, mientras Ismael les hacía señas con la mano y los miraba con el seño fruncido y orbitando su ojo bueno para que estuvieran atentos.
El Taita con uno de sus lecos: “Trinidaaaaaaaaaaaaaaaá, me le pusiste azúcar al guayoooyo”. Y es que 43 años no eran suficientes para saber que a Don Emiliano le gustaba el café recién colado y sin azúcar???. Bueno, llevándole Trinidad el nuevo cafecito y El Taita soltando el cuento…
Miren muchachos, esto que les voy a contá es la puritica verdá, más verdá que’l Ave María y El Padre Nuestro junticos, ansina mismitico e’!!!
Ustedes se acuerdan del cuartico que queda por allá detrás del solar al que les tengo prohibido dentrá??? –todos asintieron con la cabeza, Carlota y Jeremías se habían sentado con las piernas cruzadas como indiecitos- Bueno, allá las tengo toiticas, vengo recogiéndolas desde hace un cerro de años, porque jallarlas como El Divino me encomendó no ha sido tarea fácil.
Y Don Emiliano se sentó y le pidió la pipa a Trinidad, se quitó el sombrero para espantar dos moscas que llevaban rato revoloteando, Ismael estaba entre asustado e incrédulo, pensaba que eso que había visto un día a escondidas no era real, los dos pequeños creían que se trataba de otra de las historias domingueras del Taita. Encendió la pipa y siguió.
Un día me jallaba yo caminando por la vereda que da hacia el río, venía pensando en las reses, no podía ser que tuviéramos al Maligno viviendo en la hacienda, me hice la cruz y recé Dos Padres Nuestros y Dos Ave Marías, con esas cosas no se juega y aonde un viejo les diga que El Maligno está metío es porque lleva rato güeliéndole los pasos. El viejo Chano había ido pa la hacienda unos días atrás, le dijo al capataz que nos reuniera a toitos, cuando tuvimos todos empezó a preguntarnos uno a uno sobre las reses, la carne y la leche. Ninguno quería soltá prenda, todos habíamos pactao que ni una sola palabra iba a salir de nuestra jeta y que si así era la maldición le caería completica, es que teníamos que guardarle lealtá al patrón –explicó-.
Carraspeó dos veces, escupió y siguió contando.
Cuando trabajaba yo en La Hacienda “El Mogote”, el patrón Tiburcio Arenas –que Dios lo tenga en su gloria- había hecho mucho real con la cría ‘e ganao, ese si era un buen patrono, no le faltaba una sonrisa y una palmada en el lomo pa sus peones, el tuvo dos hijos, Martín y Tobías, esos críos eran bien lidiosos, sobretodo el Martín, era un carajito mal portao y respondón, el otro era rebelde pero se acomodó y se fue a estudiá por allá lejos, pa Londres creo yo, bueno, de ese no se supo naita, ni cuando el funeral de Don Tiburcio se le vió por estos lares. Pero el Martín, na guará!, ese si era un carajito malo, resabiao y con la sangre como la misma hiel…
A Don Tiburcio Arenas lo atacó la peste, y lo bañaron con malva y lo rezaron cruzao y tó, le dieron a beber ojo ‘e buey y nada, naita funcionó y el pobre viejo terminó muriendo. Era un viejo duro, pero murió igualito, parecía un papel de estraza ya pa sus últimos días, pero esa no es la historia. El le dejó a Martín, que era un manganzón, la hacienda pa que se pudiera sostener, pero él ya desde muy pichón estaba enredado en cosas de bebida y de juego, así lo fue perdiendo casi todo, cuando le quedaba una res no más decidió llamar a uno que le apodaban Mandinga, que vivía a las afueras del pueblo, ese remoquete se lo ganó gracias a los negocios sucios que hacía, se decía que ese tenía un pacto con El Maligno, porque todo asunto que empezaba bien terminaba en desgracia.
Ismael, que ya tenía sopotocientos años oyendo los cuentos del Taita, escuchaba con tal asombro y concentración que empezó a asustar a los pequeños, que interrumpieron a Don Emiliano para preguntarle si lo que hablaba era verdad o era otra historia (como ellos pensaban al principio) dominguera de espantos y aparecidos. El Taita prosiguió el relato sin hacerles el menor caso e Ismael no apartaba su ojo bueno de su padre…
Lo cierto es que el Martín, se reunió con el Mandinga y un día trajieron pa la hacienda un padrote que agarró a Claribel –la única vaca que quedaba- y la montó, ahí mismitico la empreñó y Claribel parió 20 becerros y yo mismitico lo vi con estos ojos que se han de tragar los gusanos, pero en el parto se murió. Luego nosotros criamos a los becerros, pero de un principio sabíamos que la cosa no iba bien, los becerros no se les veía el sexo y crecían muy rápido con poco alimento, los pastizales de la Hacienda estaban resecos y el poquito ‘e verde que había les alcanzaba, de chiquiticos comenzaron a pastar, porque no aceptaban el tetero con el preparao ‘e las vacunas y esas cosas que les ponemos a los recién paríos, ya creíamos que todos se nos morían, pero no, pa nuestra sorpresa crecieron, rápido y desarrollaos. Luego cuando se les vió el sexo, las hembras tenían las tetas flacas manque estuvieran empreñás, los becerros nuevos si mamaban, y cuando cagaban no cagaban las bostas a las que uno acostumbra usá como abono, no tenía ni olor lo que ellos botaban. Cuando estuvo dispuesta la cría y ya teníamos ejemplares grandes y formaos, queríamos usar los productos pues, como se hace con el ganao, pero la leche era agria manque estuviera recién ordeñá, dos peones la probaron y cayeron con peste y se murieron a los tres días, atrás habíanos querido matar una vaca y cuando la abrimos estaba llena de gusanos, cosas del Maligno pues. Y fue ahí cuando tuvo que dir El Chano pa la hacienda y nos reunió a todos, ninguno quería perder el trabajo porque esa y la del Mandinga eran las únicas haciendas grandes de por ese entonces y fue cuando acordamos no abrí la jeta manque nos pincharan con una vara caliente.
Y fue ahí cuando estando yo por la vereda que va a trancá pal río y rezando tuve la Revelación. Fue El Divino mismitico el que me habló y me dio esta encomienda que hoy les doy yo a ustedes…
Los muchachos no salían de su asombro, ésta no se parecía a esas historias de domingo que acostumbraba El Taita, Carlota tenía ganas de llorar, Jeremías se quedó sin habla, tragando grueso mientras esperaba y el pobre Ismael, el único que entendía…
Continuó Don Emiliano.
Bueno, El Divino aquel día me habló, me dijo que si yo quería el bien y la Salvación del pueblo, tenía que reuní, una a una y noche a noche, las conchas que El iba a dejá en el río, que las guardara en un lugar secreto, en un lugar protegío y santo, que las viera y las estudiara una a una, le contara las espirales y que cada una valía por un mes, si elegía la buena, sería un mes de abundancia y si elegía la mala sería un mes más de desgracia. Ese era el precio que había que pagá por haber metido al Maligno en estas tierras y me eligió a mi porque sabía que yo como buen creyente iba a seguí su mandato. Les cuento esto a ustedes porque yo mismito los crié y se que son muchachos de bien y que van a seguir el mandato Divino cuando yo falte, párensen, véngansen pa que miren tó lo que he hecho.
Los llevó detrás del solar.
En el mismo momento en el que Ismael escuchó “Párense, Vénganse”, le vino el mismo dolor de todos los años, de todas las malditas noches de enero en la que iban a visitar al Taita, y les recitaba la misma historia, palabra por palabra de aquel día virulento en el que todo acabó, en el que todas las esperanzas de un viejo alegre se fueron por el caño, aquel día en el que Ismael, quemó el cuarto de atrás del solar, en el que tiñó de amargura los rostros de sus hermanos, aquel día en el que El Taita, vivió la locura en carne viva y quedó sumergido en el pasado.
Aquel mismo maldito día en el que se fueron para jamás regresar del pueblo “Tres Pasitos”, que quedó sumergido en la más profunda de las miserias.
Nunca supieron si la historia era sólo eso.
El Taita pasó a tener una blanca vestidura que le ataba los brazos hacia atrás y que se la quitaban sólo la misma noche de enero de cada año.
Carlota iba cargada de conchas y de lágrimas a la “nueva casa” del Taita.
Jeremías perdió el habla aquel domingo de enero hace muchos años atrás.
Trinidad murió tratando de salvar el cuarto del Solar para que El Taita se quedara con los niños.
Ismael, ah! Pobre Ismael…
Ismael, sobrevive, vive, reencarna en cada uno de nosotros, Ismael tiene mil historias y mil disfraces, Ismael le heredó un ojo al Demonio para que no lo desamparara.
Y así va el viejo pateando las calles, con su ojo bueno apuntando el horizonte, ofreciendo sus servicios y acechando como un cazador de almas…

YOLY.-
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