Artículo / Lea, Plagie y hágase millonario
Lea, plagie, y hágase millonario
Se me ocurre que la gran mayoría leyó "El Alquimista" de Coelho. Pero
vayamos a las fuentes (si es que no se rompen.
Leemos en La prueba del Laberinto de Mircea Elíade pág 134:
Recordaré ahora un solo ejemplo, la historia del rabino Eisik de Cracovia,
que el indianista Heinrich Zimmer extrajo de los Khassidischen Bücher de
Martín Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le
exigía trasladarse a Praga, donde, bajo el gran puente que conduce al
castillo real, encontraría un tesoro oculto. El sueño se repitió tres veces
y el rabino se decidió por fin a partir. Una vez llegado a Praga, encontró
el puente, pero éste se hallaba vigilado día y noche por centinelas. Eisik
no se atrevió a cavar. Mientras merodeaba por los alrededores, terminó por
llamar la atención del capitán de los guardias, que le preguntó amablemente
si había perdido algo. Con toda sencillez, el rabino le contó su sueño. El
oficial estalló en carcajadas: «¡Pobre hombre! ¿De verdad que has gastado
tus sandalias recorriendo tan largo camino sólo por causa de un sueño? ¿Qué
hombre razonable creería en un sueño?». También el oficial había escuchado
en sueños una
voz. «Una voz que me hablaba de Cracovia y que me ordenaba marchar allá y
buscar un gran tesoro en casa de un rabino llamado Eisik, Eisik hijo de
Jekel. El tesoro sería descubierto en un rincón polvoriento en que se
hallaba enterrado detrás de la estufa». Pero el oficial no daba ningún
crédito a las voces oídas en sueños. El oficial era una persona razonable.
El rabino se inclinó profundamente, le dio las gracias y regreso
apresuradamente a Cracovia. Cavó en el rincón abandonado de su casa y
descubrió el tesoro que puso fin a su miseria.
«Por consiguiente -comenta Heinrich Zimmer-, el verdadero tesoro, el que
pone fin a nuestras pruebas y miserias, nunca está lejos, sino que yace
sepultado en los rincones más apartados de nuestra propia casa, es decir de
nuestro propio ser. Está detrás de la estufa, el centro dador de vida y de
calor que rige nuestra existencia, el corazón de nuestro corazón, y lo único
que tenemos que hacer es saber cavar. Pero queda también el hecho de que
únicamente después de un viaje piadoso por una región lejana, por un país
extranjero, por una tierra nueva, se nos podrá revelar la significación de
esta voz interior que guía nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y
constante viene a añadirse otro, y es que el sentido de nuestro misterioso
viaje interior ha de sernos revelado por un extranjero, un hombre de otras
creencias o de otra raza.»
Graciela E. Prepelitchi
La felicidad es un bien que se multiplica al ser dividido.
Se me ocurre que la gran mayoría leyó "El Alquimista" de Coelho. Pero
vayamos a las fuentes (si es que no se rompen.
Leemos en La prueba del Laberinto de Mircea Elíade pág 134:
Recordaré ahora un solo ejemplo, la historia del rabino Eisik de Cracovia,
que el indianista Heinrich Zimmer extrajo de los Khassidischen Bücher de
Martín Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le
exigía trasladarse a Praga, donde, bajo el gran puente que conduce al
castillo real, encontraría un tesoro oculto. El sueño se repitió tres veces
y el rabino se decidió por fin a partir. Una vez llegado a Praga, encontró
el puente, pero éste se hallaba vigilado día y noche por centinelas. Eisik
no se atrevió a cavar. Mientras merodeaba por los alrededores, terminó por
llamar la atención del capitán de los guardias, que le preguntó amablemente
si había perdido algo. Con toda sencillez, el rabino le contó su sueño. El
oficial estalló en carcajadas: «¡Pobre hombre! ¿De verdad que has gastado
tus sandalias recorriendo tan largo camino sólo por causa de un sueño? ¿Qué
hombre razonable creería en un sueño?». También el oficial había escuchado
en sueños una
voz. «Una voz que me hablaba de Cracovia y que me ordenaba marchar allá y
buscar un gran tesoro en casa de un rabino llamado Eisik, Eisik hijo de
Jekel. El tesoro sería descubierto en un rincón polvoriento en que se
hallaba enterrado detrás de la estufa». Pero el oficial no daba ningún
crédito a las voces oídas en sueños. El oficial era una persona razonable.
El rabino se inclinó profundamente, le dio las gracias y regreso
apresuradamente a Cracovia. Cavó en el rincón abandonado de su casa y
descubrió el tesoro que puso fin a su miseria.
«Por consiguiente -comenta Heinrich Zimmer-, el verdadero tesoro, el que
pone fin a nuestras pruebas y miserias, nunca está lejos, sino que yace
sepultado en los rincones más apartados de nuestra propia casa, es decir de
nuestro propio ser. Está detrás de la estufa, el centro dador de vida y de
calor que rige nuestra existencia, el corazón de nuestro corazón, y lo único
que tenemos que hacer es saber cavar. Pero queda también el hecho de que
únicamente después de un viaje piadoso por una región lejana, por un país
extranjero, por una tierra nueva, se nos podrá revelar la significación de
esta voz interior que guía nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y
constante viene a añadirse otro, y es que el sentido de nuestro misterioso
viaje interior ha de sernos revelado por un extranjero, un hombre de otras
creencias o de otra raza.»
Graciela E. Prepelitchi
La felicidad es un bien que se multiplica al ser dividido.
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