Revista Literaria Periódico Cultural

14.11.2006

14.11.2006 GMT

Artículo/ La compasión y el Individuo por Dalai Lama

La Compasión y elIndividuo

Por elDalai Lama
Llamamos compasión a la capacidad de sentirnos próximos al dolorde los demás y la voluntad de aliviar sus penas, pero a menudosomos incapaces de llevar a la práctica lo que nos proponemos, yesa hermosa palabra muere sin haber dado susfrutos.
¿Quées la compasión? La compasión es el deseo de que los demásestén libres de sufrimiento. Gracias a ella aspiramos a alcanzarla iluminación; es ella la que nos inspira a iniciarnos en lasacciones virtuosas que conducen al estado del buda, y por lo tantodebemos encaminar nuestros esfuerzos a sudesarrollo.
Sideseamos tener un corazón compasivo, el primer paso consiste encultivar sentimientos de empatía o proximidad hacia los demás.También debemos reconocer la gravedad de su desdicha. Cuanto máscerca estamos de una persona, más insoportable nos resulta verlasufrir. Cuando hablo de cercanía no me refiero a una proximidadmeramente física, ni tampoco emocional. Es un sentimiento deresponsabilidad, de preocupación por esa persona. Con el fin dedesarrollar esta cercanía es necesario reflexionar sobre lasvirtudes implícitas en la alegría por el bienestar de los otros.Debemos llegar a ver la paz mental y la felicidad interna que sederiva de ello, al mismo tiempo que reconocemos las carencias queprovienen del egoísmo y observamos cómo este nos induce a actuarde un modo poco virtuoso y cómo nuestra fortuna actual se basa enla explotación de aquellos que son menosafortunados.

Esfuerzo Comunitario

Tambiénresulta vital reflexionar sobre la amabilidad de los otros,conclusión a la que se llega asimismo gracias al cultivo de laempatía. Debemos reconocer que nuestra fortuna depende realmentede la cooperación y la contribución de los demás. Todos y cadauno de los aspectos de nuestro actual bienestar son debidos a unduro trabajo por parte de otros. Si miramos a nuestro alrededor yvemos los edificios en los que vivimos, las carreteras por las queviajamos, las ropas que llevamos y los alimentos que comemos,tenemos que reconocer que todo ello nos ha sido provisto por otros.Nada de eso existiría si no fuera por la amabilidad de tanta gentea la que ni siquiera conocemos. Contemplar el mundo desde estaperspectiva hace que crezca nuestro aprecio hacia los otros, y conél la empatía y la intimidad con ellos.
Debemostrabajar para reconocer la dependencia que sufrimos de aquellos porquienes sentimos compasión. Este reconocimiento les acerca aúnmás a nosotros si cabe. Hace falta mantener la atención para vera los demás a través de lentes libres de egoísmo. Es importanteque nos esforcemos por distinguir el enorme impacto que los demáscausan en nuestro bienestar. Cuando nos resistamos a dejarnosllevar por una visión del mundo centrada en nosotros mismospodremos sustituir esta visión por otra que incluya a todos losseres vivos, pero no debemos esperar que este cambio de actitud seproduzca de forma repentina.

Reconocer el Sufrimiento deOtros

Tras eldesarrollo de la empatía y la cercanía, el siguiente pasoimportante para cultivar nuestra compasión consiste en penetrar enla verdadera naturaleza del sufrimiento. Nuestra compasión portodos los seres debe emanar del reconocimiento de su sufrimiento.Una característica muy específica de la contemplación de esesufrimiento es que tiende a ser más poderosa y eficaz si nosconcentramos en el dolor propio y luego ampliamos el espectro hastaalcanzar el sufrimiento de los otros. Nuestra compasión por elloscrece a medida que reconocemos su propio dolor.
Todossimpatizamos de forma espontánea con alguien que está pasando porel sufrimiento evidente asociado a una dolorosa enfermedad o a lapérdida de un ser querido. Es un tipo de sufrimiento que en elbudismo recibe el nombre de sufrimiento delsufrimiento.
Sinembargo, resulta más difícil sentir compasión por otro tipo desufrimiento —el sufrimiento del cambio, según los budistas—,que en términos convencionales consistiría en experienciasplacenteras tales como disfrutar de la fama o la riqueza. Se tratade otro tipo muy distinto de sufrimiento. Cuando vemos que alguienalcanza el éxito mundano, en lugar de sentir compasión porquesabemos que un día ese estado acabará y esa persona deberáenfrentarse al disgusto asociado a toda pérdida, nuestra reacciónmás habitual suele ser la admiración y a veces incluso laenvidia. Si hubiéramos llegado a comprender de verdad lanaturaleza del sufrimiento, reconoceríamos que esas experienciasde fama y riqueza son temporales y portadoras de un placer fugazque se esfumará y dejará al afectado sumido en elsufrimiento.
Existetambién un tercer nivel de sufrimiento, aún más profundo y mássutil, que experimentamos constantemente, como consecuencia delcarácter cíclico de nuestra existencia. El hecho de estar bajo elcontrol de emociones y pensamientos negativos está en la mismanaturaleza de esa existencia; mientras sigamos bajo su yugo, vivires ya una forma de sufrimiento. Este nivel de sufrimiento impregnatodas nuestras vidas, condenándonos a girar una y otra vez encírculos viciosos llenos de emociones negativas y acciones novirtuosas. Sin embargo, esta forma de sufrimiento resulta difícilde reconocer, pues no se trata del estado de desdicha evidenteimplícito en el sufrimiento del sufrimiento, ni lo opuesto a lafortuna o al bienestar, como apreciábamos en el sufrimiento delcambio. Este tercer tipo de sufrimiento, sin embargo, alcanza unnivel más profundo y se extiende a todos los aspectos de lavida.
Una vezque hemos cultivado una profunda comprensión de los tres nivelesde sufrimiento en nuestra propia experiencia personal, resulta másfácil desviar el foco de atención hacia los otros. Desde ahípodremos desarrollar el deseo de verles libres de todosufrimiento.
Cuandoconseguimos combinar un sentimiento de empatía por los otros conuna profunda comprensión del dolor que sufren, llegamos a sentiruna verdadera compasión por ellos. Es algo en lo que debemostrabajar continuamente. Podemos compararlo con el proceso deencender un fuego frotando dos palos: sabemos que hay que manteneruna fricción constante para prender fuego a la madera. De la mismaforma, cuando trabajamos en el desarrollo de cualidades mentalescomo la compasión debemos aplicar las técnicas mentalesnecesarias para provocar el ansiado efecto. Abordar esta cuestiónde modo fortuito no comporta ningún beneficio.

Amor-Bondad

Al igualque la compasión es el deseo de que todos los seres queden libresde sufrimiento, el amor-bondad es el deseo de que todos disfrutende la felicidad. Como en la compasión, el cultivo del amor-bondaddebe comenzar tomando a un individuo específico como centro de lameditación, y luego ir extendiendo el alcance de nuestrapreocupación hasta que este llegue a abrazar a todos los seresvivos. De nuevo, debemos empezar eligiendo a una persona neutral, aalguien que no nos inspire fuertes sentimientos, como objeto denuestra meditación; luego lo ampliaremos a personas que formannuestro círculo familiar o de amigos y, por último, a nuestrosenemigos.
Debemosusar a un individuo real como centro de nuestra meditación, ydespués volcar toda nuestra compasión y benevolencia en estapersona para poder experimentar ambos sentimientos hacia otros. Hayque trabajar con una persona en cada ocasión, ya que, de otromodo, la meditación adquiriría un sentido muy general. Cuandorelacionamos esta meditación específica con individuos que no sonde nuestro agrado, podríamos pensar: «Oh, es solo unaexcepción».

Meditar sobre la Compasión

Si nosmueve el sincero deseo de desarrollar la compasión, es preciso quedediquemos más tiempo a ello del que requieren las sesiones demeditación habituales. Es un objetivo al que debemoscomprometernos con todo nuestro corazón. Si disponemos de unperíodo de tiempo diario para sentarnos y dedicarnos a lacontemplación, perfecto. Como ya he sugerido, las primeras horasde la mañana son ideales para ello, ya que en esos momentosnuestras mentes se encuentran especialmente claras. Sin embargo, lacompasión requiere una dedicación mayor. Durante las sesionesmás formales podemos, por ejemplo, trabajar en la empatía y laproximidad hacia otros, reflexionar sobre su desdichada situación.Una vez que hemos generado un genuino sentimiento de compasión ennosotros mismos, debemos aferramos a él, limitándonos aobservarlo, utilizando la meditación contemplativa que he descritopara mantenernos centrados en ello, sin aplicarle ningúnrazonamiento. Esto ayuda a enraizar esta actitud; cuando elsentimiento comienza a debilitarse, aplicamos de nuevo razones quevuelvan a estimular nuestra compasión. Nos movemos entre ambosmétodos de meditación, al igual que los alfareros trabajan laarcilla, primero humedeciéndola para luego darle la forma quenecesitan.
Normalmentees mejor no dedicar mucho tiempo al principio a la meditaciónformal. En una noche no generaremos compasión por todos los seresvivos, ni tampoco en un mes o en un año. Solo con ser capaces dereducir el alcance de nuestros instintos egoístas y desarrollar unpoco más de inquietud por los otros antes de morir, ya podremosdecir que hemos aprovechado esta vida. En cambio, si nos empeñamosen conseguir el estado del buda en poco tiempo, pronto noscansaremos. La mera visión del lugar donde nos sentamos parameditar estimulará nuestra reasistencia.

La Gran Compasión

Se diceque el estado del buda puede alcanzarse en una sola vida. Solopracticantes extraordinarios que han dedicado muchas vidasanteriores a prepararse para esta oportunidad pueden conseguirlo.Solo podemos sentir admiración por esos seres y tenerlos comoejemplo para desarrollar la perseverancia en lugar de situarnos enposiciones extremas. La mejor actitud se halla a medio camino entreel letargo y el fanatismo.
Deberíamosasegurarnos de que la meditación ejerza algún efecto o influenciasobre nuestras acciones cotidianas. Gracias a ello todo lo quehacemos fuera de las sesiones formales de meditación se convierteen parte de nuestro entrenamiento de la compasión. No nos resultadifícil simpatizar con un niño que está en el hospital o con unamigo que llora la muerte de su pareja. Debemos empezar aconsiderar cómo mantener el corazón abierto hacia aquellos a losque normalmente envidiaríamos, aquellos que disfrutan de riqueza yde un excelente nivel de vida. Solo mediante la profundizació n enel concepto de sufrimiento obtenida durante las sesiones demeditación somos capaces de relacionarnos con esas personasmediante la compasión. En realidad, deberíamos entablar este tipode relación con todos los seres, advirtiendo que su situaciónsiempre depende de las condiciones del círculo vicioso de la vida.En este sentido toda interacción con los demás actúa comocatalizador en el desarrollo de nuestra compasión. Es así comomantenemos los corazones abiertos en la vida diaria, fuera de losperíodos formales de meditación.
Luchar porPerfeccionar Nuestra Virtud y NuestraSabiduría
Laverdadera compasión posee la intensidad y la espontaneidad de unamadre cariñosa que sufre por su bebé enfermo. A lo largo deldía, todos los actos y pensamientos de la madre giran en torno asu preocupación por el niño. Esta es la actitud que deseamoscultivar hacia todo ser. Cuando la experimentemos, habremosalcanzado ya la “gran compasión”.
Cuandoalguien consigue sentir esa gran compasión y la bondad que laacompaña, cuando su corazón se agita en pensamientos altruistas,puede emprender la tarea de liberar a todos los seres delsufrimiento que soportan en su existencia cíclica, el círculovicioso de nacimiento, muerte y renacimiento del que todos somosprisioneros. El sufrimiento no se limita a nuestra situaciónactual. De acuerdo con el enfoque budista, nuestra situaciónactual como humanos es relativamente cómoda. Sin embargo, siechamos a perder esta oportunidad, nos arriesgamos a experimentarmuchas dificultades en el futuro. La compasión nos permite evitarel pensamiento egocéntrico. Experimentamos una gran alegría ynunca caemos en el extremo de buscar solo nuestra felicidad osalvación personales. Luchamos a todas horas para desarrollar yperfeccionar nuestra virtud y nuestra sabiduría. Con ese nivel decompasión, llegaremos a poseer todas las condiciones necesariaspara alcanzar la iluminación. Por lo tanto, la compasión debe sernuestro objetivo desde el inicio del viajeespiritual.
Hasta elmomento, hemos tratado de las prácticas que nos permiten frenarlas conductas poco íntegras. Hemos discutido cómo trabaja lamente y cómo debemos trabajar en ella de la misma forma en que loharíamos sobre un objeto material, aplicando ciertas acciones conel fin de provocar los resultados deseados. Reconocemos que elproceso de abrir nuestro corazón no es diferente. No hay ningunareceta mágica que haga brotar la compasión o la bondad; hay quedar forma a nuestra mente de manera hábil, y con paciencia yperseverancia veremos cómo crece nuestra preocupación por elbienestar de los otros.
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14.11.2006 GMT

Reflexión/comentario/ Argentina/daniel almiron

Juf, cantón de los Grisones, la población más alta de Europa que está permanentemente habitada durante todo el año.
El ultimo que apague la luz.
Publicado por el_analista, 09 Nov2006
Cuantas veces, caminando por la calle, sumidos en nuestrospensamientos, problemas si hemos de ser enteramente honestos, nosacudimos vigorosamente la cabeza y tomamos conciencia del entorno.Claro, el entorno es la calle en la que caminamos, los autos anuestro alrededor en un semáforo, los demás transeúntes oconductores que están como nosotros antes del sacudon decabeza.
Que bárbaro que con tan simple movimiento exorcicemos el seudoapabullamiento interno, prospera cosecha de la vida común. Cuantosmomentos perdemos a diario buscando soluciones para, la mas de lasveces, lo insolucionable. Desde ya que no apunto a la resignación,dios me libre, diría mas bien que hablo de compartímentalizacióncerebral, un pequeño ejercicio intelectual en el que leasignaremos un momento determinado del día, para analizar,revolver, masticar y buscarle una solución a los problemascotidianos y no cotidianos.
Ah bueno, miren la panacea, dirán con sonrisas burlonas, yo haríalo mismo, con mi afecto a la ironía. Bueno, no, no es una panacea,es un simple ordenamiento de ideas y acciones que encierran un parde sencillísimos objetivos.
Primero, no perderse la vida, pasan miles de cosas maravillosas anuestro alrededor y la mayoría de las veces apenas las notamos,acotada nuestra percepción por ese grueso velo de laspreocupaciones, ando metafórico hoy. El sol de las mañanas, elsutil cambio de las estaciones con sus colores propios, la magia dela lluvia, las palomas de la plaza y cualquier cosa que a nuestroalrededor significa vida, esa misma vida que dejamos que se nosescurra de las manos y que, cuando caemos en la cuenta de esedetalle, es, en general, muy tarde.
Segundo, como una buena forma de hacerle burla a la depresión, tanaguerrida en estos tiempos para cazar victimas incautas. Silogramos tomarle de nuevo el gustito a las cosas, volvemos adisfrutar de lo que nos estamos perdiendo a diario, le haremos unabuena finta la depresión, algo que desde ya nos hará sentir muchomejor, quien lo discute.
Bueno, si bien no resulto una panacea tampoco es una mala idea,como toda nueva actividad no acostumbrada, requiere un mínimo deentrenamiento, al igual que con toda actividad con la práctica seperfecciona y si que vale la pena hacerlo. Tal vez no sea unabrillante solución, pero como usuario de la vida, ya que tanto mecuesta tenerla, decidí que lo mejor que puedo hacer esdisfrutarla, aprovecharla.
No me lo agradezca, pruébelo sin cargo, si no le funciona legarantizamos la devolución de sus preocupaciones continuas,hágalo ya. Ah, me olvidaba, si todos compran esta sencilla idea,si todos nos redescubrimos de repente en la calle, no se olviden,el ultimo que salga de la abulia, por favor, que apague laluz.


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