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Considerado como uno de los deportes más completos y populares del mundo, el ciclismo es fuente de inagotables beneficios tanto para los más chicos como para los aficionados de la tercera edad. Por ejemplo, ayuda a prevenir enfermedades como la osteoporosis, contribuye a regular el metabolismo, ayuda a controlar el exceso de secreción pancreática de insulina que afecta a los diabéticos y modifica los factores de riesgo cardiovascular.
Por supuesto, además de mejorar el estado físico y psíquico de quienes lo practican, sus bondades también alcanzan la estética personal, a saber. Con 30 minutos de ejercicio se queman aproximadamente 150 calorías. La actividad ayuda a reducir grasas, combatir la celulitis y bajar de peso, fortalece, modela piernas y rodillas y aumenta la masa y tono muscular, además de trabajar abdomen y glúteos.
Cada fin de semana, distintos grupos de hasta medio centenar de aventureros salen a pedalear y compartir paseos, paisajes e incluso asados para recuperar energías
Sábado, 9.30, estación Otamendi del ex ferrocarril Mitre, a 70 kilómetros de la Capital. Más de cuarenta ciclistas están a punto de comenzar una salida para recorrer 55 kilómetros del denominado Circuito de las Balsas, que comienza en el límite de la Reserva Natural Otamendi y, siempre por senderos de tierra, atraviesa en embarcaciones el río Paraná de las Palmas, el arroyo las Piedras y el río Carabelas, hasta llegar al recreo Blondeau, muy lejos de la ciudad y sus rutinas.
Con un líder que encabeza la marcha, otro que acompaña por el medio y un vehículo de apoyo que cierra el pelotón, la caravana se pone en movimiento y el horizonte se despliega generoso frente a un día de aventura. Los primeros 5 kilómetros hasta el río Paraná de las Palmas transcurren por un camino enroscado que atraviesa un sector de la Reserva Natural Otamendi, con vistas del típico paisaje del Delta, ceibos y sauces al costado del camino, y un concierto de aves. Son kilómetros clave para familiarizarse con la bici -los que no tenían una adecuada, la alquilaron por 15 pesos-, renovar el aire, ajustarse el casco y ensayar los primeros cambios.
Agil, liviana, económica, saludable, silenciosa, no contaminante, fácil de estacionar... Son muchas las virtudes de la bicicleta, tantas como las propuestas que en los últimos tiempos surgieron para hacer turismo en dos ruedas más allá de la General Paz.
El cicloturismo con mountain bike (MTB) es una modalidad de turismo aventura que consiste en recorrer un lugar, preferentemente natural, montado en una bicicleta de características especiales para todo tipo de terreno. A diferencia de la bicicleta de paseo, cuya utilidad está circunscripta a la ciudad y a recorridos cortos, o las bicis de carrera (normalmente, diseñadas para circular sobre asfalto), este tipo de bicicletas puede salir de la ruta e internarse en caminos de tierra y ripio, huellas, sendas peatonales o ir a campo traviesa, subir montañas, cruzar arroyos o trasponer arenales.
Según Ariel Belmonte, de 30 años, uno de los guías de esta expedición que organiza la firma Bike &Trek: "Esto no es una competencia;simplemente se trata de usar la bicicleta como medio para viajar. Cada uno lo hace en el ritmo que se siente más cómodo".
Al llegar al río Paraná, el grupo ya disperso vuelve a reencontrarse para subir a un transbordador que lo conducirá a la otra orilla, donde espera un camino de 8 kilómetros por un terraplén elevado, con tramos arenosos y muy poco transitados.
"Esta salida me encanta. Es como la quinta vez que vengo", cuenta Susana, una experimentada participante de unos 70 años. "Para mí esto es un entretenimiento. Tengo una bici exclusivamente para estas salidas y otra para andar por Buenos Aires, por si me la roban... Salgo todos los días por Olivos y voy hasta el Tigre", sigue Susana, que entre sus peripecias destaca una travesía de tres días por Sierra de la Ventana y otra de Nueva Palmira a Carmelo. "Fueron 40 kilómetros bajo la lluvia todo el tiempo", recuerda.
Sanamente, en familia
Según el nivel y la distancia, el cicloturismo comprende salidas de nivel avanzado (de 80 a 100 kilómetros), medio (entre 50 y 80) o principiante (no más de 50). También están las salidas de fin de semana largo y las de las vacaciones de verano, que pueden extenderse por 10 o 15 días, y otras de máxima aventura, como el doble cruce de la cordillera de los Andes. Por supuesto, según la dificultad del circuito, pueden participar chicos a partir de 7 años y hasta mayores de 70.
"Tengo intención de hacer alguna salida más larga, pero por ahora, por cuestiones de tiempo, no se dio. Claro que las ganas siempre están. El cruce de la Cordillera es tentador, pero son 10 días y lo tengo que dividir con las vacaciones de mi novia, porque a ella no le gusta. Es cero bicicleta", dice Alberto Bua, comerciante, de 33 años, con alguna experiencia en cicloturismo.
Según los organizadores, los circuitos alrededor de Buenos Aires ya están agotados . Por eso se buscan alternativas un poco más alejadas, sobre todo hacia el Norte, cerca del Delta, por lugares más verdes. También hay otras salidas de perfil más cultural, por pueblos centenarios, con viejos ramales y estaciones de tren abandonadas o sitios donde se libraron batallas históricas. Cada salida tiene su detalle particular.
Claro que, además del entretenimiento, los paseos son recomendados para tratar enfermedades tan diversas como el asma bronquial, la obesidad, la hipertensión, los problemas en las articulaciones y los cuadros cardiovasculares.
"En mi caso hago esta actividad a partir de una afección cardíaca. Y me viene bárbaro. Desde 2003 estoy haciendo vida sana, dejé el cigarrillo y la bicicleta es ideal para bajar revoluciones. Otra forma de vida muy sana, desde lo físico y lo mental", dice Víctor Pietropaolo, que participa de las salidas junto con Norma, su esposa.
"A veces hay que dejar la rutina de lado y animarse a algo distinto -dice Norma-. Nosotros ya pasamos los 40, pero a esta edad también se puede. No soy muy exigente con el entrenamiento, aunque hago spinning (bicicleta fija) tres veces por semana, y esto me gusta porque es al aire libre, puedo estar con mi marido, conversar, pasarla bien... Ya desde el día anterior disfrutamos con los preparativos."
Hasta cansarse 
Con el entusiasmo intacto, el grupo avanza hacia la segunda balsa. El paisaje agreste, el sol tibio y el aire en la cara son el mejor regalo en las primeras horas de la mañana.
"Me gusta esta propuesta porque es muy organizada, lo que me hace sentir contenida. Son salidas que están pensadas tanto para el que se inicia como para el que tiene un buen entrenamiento", dice por su parte Gabriela Maltz, una arquitecta que viaja sola. Y sin dejar de pedalear agrega: "Si alguien quiere venir por primera vez y se cansa mucho, hay un vehículo de apoyo. A mí me pasó. Me cansé, así que los últimos kilómetros los hice sentada en la combi y lo disfruté igual".
Las paradas para cruzar los ríos dan un respiro para recuperar fuerzas y volver al sendero con las ganas renovadas. Por el borde del arroyo Las Piedras, y entre las forestaciones de álamos, el último tramo hasta el recreo Blondeau -destino final antes de emprender el regreso- es el más largo, unos 15 kilómetros por un terraplén elevado, más angosto y paralelo al río Carabelas.
"Además de ser un entrenamiento, de mantenerte en forma, de brindarte los beneficios aeróbicos para la salud y demás, acá se hacen amigos, se charla, se toma un buen vino y se comparte", dice Héctor Areco, ingeniero, de unos 65 años, que comenzó a practicar cicloturismo hace media década.
Entonces sí, después de comer un asado y de un bien ganado descanso, la lluvia sorprende a los ciclistas en los primeros kilómetros del camino de regreso, aunque a los pocos minutos de pedaleo la tormenta queda atrás.
Con el viento en contra y el cansancio acumulado de todo el día, los kilómetros finales hasta la estación Otamendi son los más duros de la jornada.
Ya se sabe, el esfuerzo físico por llegar a destino le da al paseo un valor agregado, satisfacción personal que sólo los participantes compartirán al final del recorrido, alrededor de las 18.30, felices de haber completado los 55 kilómetros en bicicleta y entre amigos.
Por Alejandro Rapetti
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