Mié, 24 de Ene, 2007 9:31 am (PST)
Paul Auster, Ricardo Piglia, Alberto Manguel, Alberto Fuguet y Hernán
Rivera Letelier se cuentan entre los casi cien autores que representa
este prestigiado agente literario.
MARÍA TERESA CÁRDENAS
"Por culpa de los libros", a los 20 años el argentino Guillermo
Schavelzon dejó sin terminar dos carreras universitarias:
medicina, "a la que me obligaba la tradición familiar", y cine, por
la que sentía un auténtico interés. Comenzó entonces a trabajar en la
pequeña editorial Jorge Alvarez, que por esos años - los sesenta-
estaba revolucionando la edición en su país. Tiempo después, pudo
abrir su propia librería en un local que le arrendó su abuelo en el
centro de Buenos Aires. "La llamé Galerna, y a los seis meses ya
estaba publicando libros", cuenta, recordando los románticos inicios
de la que sería una brillante carrera. Tras el exilio en México,
donde funda la editorial Nueva Imagen junto a Sealtiel Alatriste,
vuelve a Argentina para hacerse cargo de la sucursal de Santillana.
El éxito de su gestión lo lleva a Madrid, ahora en Ediciones El País.
Regresa y asume la dirección de Espasa Calpe, la nueva adquisición de
Planeta. Pasan seis o siete años, él cumple 50 y toma una decisión
clave: "Fue un deseo de cambio, una nueva etapa vital, una reacción
frente a la nueva concepción del negocio editorial, un deseo de estar
más cerca del autor que de la gestión empresarial, pero sin olvidar
ni desvalorizar todo lo que aprendí durante treinta años". Ha
transcurrido una década y Willie - "así me conoce todo el mundo"-
está feliz. "En la agencia los éxitos han sido más que los fracasos.
De los dos ha habido, y de los dos seguirá habiendo. Lo bueno es que
la proporción es razonable", cuenta desde su oficina, ahora instalada
en Barcelona.
- ¿Crees que se terminó el tiempo de los editores, en el sentido
tradicional, y ahora es el de los agentes literarios?
- No hay agentes literarios si no hay editores. Los
agentes "vendemos" a los editores, no llegamos al público
directamente. Los editores han cambiado, tienen roles y demandas
diferentes, pero siguen siendo editores.
- ¿De qué manera te afectó la polémica desatada por el Premio Planeta
1997 a Ricardo Piglia, en circunstancias que tú eras el editor y
ahora eres su agente?
- Me dio mucha tristeza, porque se centró en una tontería formal sin
el suficiente fundamento, y no en el valor de la novela premiada. Me
resultó incomprensible que se atacara a Piglia más que a Planeta, me
pareció un antiguo ajuste de cuentas extraliterario. Lo tomé
como "gajes del oficio". Lamentablemente nadie está exento de
momentos desagradables en la vida, lo importante es poder
relativizarlos. Un escritor que no ganó, impugnó una decisión tomada
por Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, Tomás Eloy Martínez, María
Esther de Miguel y yo. Me pareció que creer que estos escritores eran
manipulables en su fallo, fue algo - por lo menos- excesivo. Piglia y
yo siempre estuvimos cerca, y a medida que pasan los años lo estamos
más. Lo que importa, y en lo que hay que centrarse, es en la obra de
Piglia, y después de leer El último lector cualquiera podrá darse
cuenta de que su vuelo narrativo y su capacidad de reflexión son cada
día mejores.
- En 1999 afirmabas que el mundo de los agentes literarios es de
mujeres, ¿ha cambiado esa realidad en los últimos años?
- Sigue siendo un mundo de mujeres, en España hay 21 agencias, de las
cuales 20 están dirigidas por mujeres. En el mundo no hispanohablante
es diferente. Ellas saben hacer su trabajo, y mantenemos una
excelente relación personal y profesional.
- ¿Cuáles son los grandes cambios de tu agencia desde que te
trasladaste a Barcelona?
- Un agente literario necesita estar en un espacio cultural central,
en especial cuando la mayoría de sus representados pertenecen a
países y culturas excéntricas, como es mi caso. Yo soy el mismo de
siempre y trabajo igual que antes. Lo que ha mejorado es mi visión
del mundo internacional de la edición, y lo que más ha cambiado es la
visión que ese mundo tiene de mi agencia. Todo ha sido a favor. Mi
relación con los escritores y el mundo editorial latinoamericano
sigue siendo estrecha y muy buena.
- Tú has destacado la conveniencia de que el agente esté cerca de sus
autores, ¿cómo ha sido esa experiencia desde Barcelona?
- Lo que sucede es que en diez años lo que ha cambiado es la
tecnología. Hoy estoy más lejos geográficamente, pero muy cerca de
todos. Ha sido el paso del antiguo correo con cartero al correo
electrónico. Hoy, mis autores prefieren que yo esté cerca de los
centros de decisión de las grandes editoriales más que de cada uno de
ellos.
- ¿Cuáles son las editoriales más importantes para tu agencia en
cuanto a volumen de negocios?
- Una agencia no mide su acción solo por el volumen de negocios. A mí
me entusiasma tanto una gran cifra de facturación como una pequeña
edición de una excelente novela que no implica negocio. Responder con
datos y cifras concretas no sería correcto de mi parte.
- ¿Y los escritores? ¿tienes un ranking entre ellos ahora que tienes
casi cien representados?
- Yo represento exclusivamente a escritores y escritoras a los que
quiero representar. Ni uno solo por obligación o conveniencia. Por lo
tanto no hago evaluaciones ni rankings. Cada uno tiene algún mérito
que me satisface en algo, a mí o a mis colaboradores. Me siento tan
orgulloso de representar a una gran novelista, como a un gran
cocinero (que los tengo). Leo todo lo que escriben los escritores que
represento, y el número de "casi cien" me asusta, pero muchos son
patrimonios literarios, legados.
- ¿Todos los escritores deben tener agentes literarios?
- El mundo internacional de la edición no es accesible para un
escritor, todo está muy pautado hoy en día: ferias, catálogos,
reuniones con editores o productores de cine. Pero lo que sucede es
otra cosa, y tiene que ver con un tema nunca hablado con claridad:
¿de qué vive un escritor? Hace diez o quince años, el destino único
de un escrito era el libro, y el 100 por ciento de la remuneración
económica de un escritor provenía de los derechos por la venta de
libros. Hoy, los nuevos medios de comunicación, los diferentes
canales comerciales y soportes en que se puede difundir un mismo
contenido, hacen que los ingresos de un escritor se hayan
diversificado, y mucho. En Europa, más de la mitad de lo que gana un
escritor proviene de otros aprovechamientos de ese mismo contenido, a
través de los llamados "derechos subsidiarios" : ediciones especiales
para quioscos, cine, TV, prólogos, presentaciones, artículos de
prensa, traducciones y ediciones en otros idiomas... un sinfín de
posibilidades. El equipo de trabajo y el costo operativo de estas
gestiones no los puede afrontar un escritor, se requiere un grupo
numeroso para financiarlo, y por eso funcionan las agencias
literarias. Pero muchos escritores hacen su carrera sin necesitar
nunca a un agente literario. Son decisiones personales y
profesionales, no generalizables.
© El Mercurio S.A.P