El Mango/
Qué mango!
Idalia De León. Fotos: Contratipo
Desde abril y hasta septiembre las calles regalan el olor y el color de uno de los frutos de la naturaleza que más adeptos posee. Un manjar que vino de Asia y que América hizo suyo. El mango es la fruta de la temporada.
El consenso es absoluto. La tentación es, por estos días, irresistible. No existe alguien que no se rinda ante el inigualable sabor de un suculento mango, ni quien se atreva a renegar de su dulce sabor. Las calles, hoy adornadas con el amarillo de esta generosa fruta, son una permanente invitación al paladar. Le dicen el melocotón de los trópicos.
Este manjar, tan familiar para todos, tuvo que viajar mucho, sin embargo, para encontrar el lugar que lo recibiría y lo haría suyo. Países como México, Brasil, Venezuela y las Antillas, en general, lo producen y consumen durante los meses de temporada con golosa fascinación, olvidando o ignorando, probablemente, que la fruta no nació por estos predios.
Y es que es tan popular que su nombre también está presente en el refranero venezolano. Todos saben, por ejemplo, que cuando en el rito del cortejo uno de los dos involucrados demuestra ser presa fácil de los requerimientos del otro, se dice que "está como mango bajito". O también, cuando una situación se presenta confusa o muy enredada, se afirma que es "un arroz con mango".
Son múltiples sus variedades, pues se conocen más de mil. El científico y explorador Henry Pittier menciona en sus escritos especies como el mango jobo, el mango camburito, el mango piña y el mango de pico de loro. Sin embargo, se identifican tres tipos: el mango de bocado, que como su nombre lo sugiere puede comerse por bocados, el de hilacha, por las finas hebras que conforman su pulpa, y la manga, que se caracteriza por ser más grande que los dos anteriores y por sus tonalidades rojizas.
También son variadas las formas de consumirlos, virtud que no le es exclusiva, ciertamente, pero es de reconocer que su textura y sabor permite degustarlo en forma de jalea, jugo, carato, mousse, mermelada o compota; hay quienes prefieren comerlo verde y aderezado con sal, o bien, preparando la salsa "chutney", que contiene azúcar moreno, jugo de limón, ajo, cebolla y picante.
Sin embargo, la fascinación por el mango va más allá de sus cualidades gustativas, y de las numerosas propiedades medicinales que se le atribuyen. En India posee una significación especial; se le llama "fruta del cielo", y el árbol de los deseos. Las antiguas leyendas hindúes dan fe de la antigüedad del mango y de su importancia. Por ejemplo, se sabe que el rey Akbar, quien gobernó India hacia el siglo XVI, supuestamente poseía una plantación de cien mil árboles de mango. Pero hay una leyenda que pone el acento en su supuesto carácter sagrado, y es aquella que sostiene que Buda se sentaba a meditar a la sombra de un árbol de mangos. Rafael Cartay, en su libro El pan nuestro de cada día, no alude a esta leyenda, pero confirma que la planta es originaria de India y, especifica, que en la península de Malaya es donde se encontraba la mayor variedad de especies. También agrega que el cultivo de esta planta se extendía hasta las Filipinas. Por otra parte, la literatura china del siglo VII constata que el cultivo del mango era tradicional en las zonas cálidas de China e Indochina.
A pesar de las leyendas sagradas que adornan al mango, y de sus reconocidas virtudes, el botánico Pittier llegó a señalar que "el mango incita a la ociosidad, a la invasión de la propiedad ajena y a la vagancia, además, por bueno y saludable que sea, cuando se goza de él con moderación, provoca a veces desórdenes en el sistema digestivo y dista mucho de ser un alimento completo". Afortunadamente, lo anterior sólo permite demostrar que el investigador no era muy afecto del muy codiciado fruto, actitud que hoy en día, seguramente, le hubiese granjeado muchos enemigos al insigne científico.
La historia: un arroz con mango
La vía que tomó el mango para llegar a América, es un punto en el que los historiadores todavía no se ponen de acuerdo. Algunos sostienen que fue a través del Galeón de Manila, el cual viajó de Filipinas a México por iniciativa de los españoles hacia mediados de 1500. Otra tesis muy difundida afirma que gracias a los navegantes portugueses es que los americanos podemos degustar del sabroso fruto amarillo. Sin embargo, la fecha es imprecisa, pues no se sabe si fue en el siglo XVI o en el XVIII que el mango descubrió América. Según Cartay, algunos estudiosos se atreven a afirmar que la primera mata de mango se sembró en Bahía, Brasil, hacia 1700.
A las costas venezolanas se cree que llegó en el siglo XVII: "La referencia más antigua que sobre el tema tenemos es la que cita Codazzi, en 1841. Appun en 1849 lo señala en las cercanías de Puerto Cabello, y Adolfo Ernest lo observó en 1869 en el valle de Caracas", advierte el botánico Jesús Hoyos, en Frutales de Venezuela . Este dato confirmaría que Gabriel García Márquez no estaba equivocado cuando en el manuscrito de su novela El general en su laberinto, puso a Simón Bolívar a comer mangos. Se cuenta que el historiador Vinicio Romero, corrigió al Premio Nobel de Literatura, con el argumento de que para la época de la Independencia el mango no había llegado a Venezuela. Así pues, al Gabo no lo quedó otra que cambiar de fruta, y puso al Libertador a degustar unas deliciosas guayabas. Pero como vimos, las investigaciones se orientan a demostrar que Romero estaba equivocado, y que, por lo tanto, Bolívar pudo comer, no sólo uno, sino cientos de mangos. La historia, más tarde, dejaría claro que el padre de la patria no los cogió bajitos. l
| Fruto medicinal |
| Son tantas sus virtudes que casi se puede catalogar de planta medicinal. Sus beneficios son infinitos y atañen a tantos problemas y afecciones de diferente índole, que conviene tener claramente identificadas sus cualidades terapéuticas: |
| Palabra magica. Su nombre original no es uno sino varios: rasala o sahakara en sánscrito, y mankay en tamil, refiere el gastrónomo José Rafael Lovera. Pero, específicamente, el término con el que lo identificamos proviene de mangga, palabra de origen malayo. Su denominación científica, por otra parte, es mangífera indica, y según revela Jesús Hoyos en Frutales de Venezuela, el término aclara su origen: mangífera proviene del griego y significa "que lleva mangos", y el vocablo indica denota el país del cual proviene: India. |
| Un postre tradicional |
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