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| La gran Tenochtitlan, mural de Diego Rivera. Foto Ricardo Garibay Ruiz / Gabriel Figueroa. |
Todavía parecen escucharse los fragores de la lucha que los mexicas sostuvieron contra los invasores europeos por salvaguardar la integridad de su ciudad capital; corría el año de 1521 d.C. En la última centuria, todo el territorio mesoamericano había contemplado con asombro el deslumbrante ascenso al poder que los mexicas realizaron desde la humilde y sencilla fundación de México Tenochtitlan en el año 1325 d.C. Asimismo, había presenciado cómo mediante su habilidad en la guerra, su astucia militar y el sentido de grandeza y poder que les habían imbuido sus primeros dirigentes obtuvieron como resultado, primero su independencia política, liberándose del dominio de Atzcapotzalco y más tarde, el establecimiento de un estado militarista mediante la conquista no sólo de los pueblos vecinos, sino también de aquellos que se ubicaban en tierras lejanas.
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| Coatlicue. Diosa de la Tierra. Foto MNACNCA. |
El jerarca supremo de este estado era el Tlatoani o señor. Fueron once de ellos los que gobernaron en sucesión desde Acamapichtli el primero hasta Cuauhtémoc el último, quien muere sacrificado después de haber defendido con todas su fuerzas la herencia de sus padresy sus abuelos.
De acuerdo a las versiones históricas que conservamos de este pueblo, sabemos que fueron muchas las dificultades que tuvieron que enfrentar para edificar en un terreno lodoso situado en medio de los lagos; sin embargo su fe en su destino y su tenacidad, los llevaron a crear una ciudad isla, que junto con su vecina Tlaltelolco adquirió su fisonomía característica y espectacular. Estas ciudades isla se comunicaban a tierra firme mediante calzadas que ingeniosamente fueron construidas en medio de los lagos.
Los señores mexicas recrearon el universo mítico elaborando un plano regulador de su ciudad, dividiendo el terreno en sectores que corresponderían a los cuatro rumbos del universo; estas cuatro divisiones o barrios sirvieron de acomodo a los calpullis, las células sociales básicas de la sociedad mexica.
Al centro de la urbe edificaron las construcciones de mayor jerarquía, su recinto ceremonial y la sede y habitación del grupo dirigente que equivaldría a lo que nosotros conocemos como palacios. Por lo que se refiere al espacio ritual se considera que era un enorme patio cuadrangular que medía más de 400 metros de lado; estaba delimitado por una muralla constituida por cabezas de serpientes llamada coatepantli, la cual tenía tres entradas de donde arrancaban las calzadas que hemos mencionado.
Aquella ciudad extraordinaria fue destruida en la guerra de conquista que comandó Hernán Cortés, quién finalmente la tomó a sangre y fuego el 13 de agosto de 1521. Si bien en tiempos recientes se han rescatado los restos arqueológicos del Templo Mayor, lo que nos permite darnos una idea de la imponente construcción y de su simbolismo, es fundamentalmente mediante su legado escultórico por el cual podemos aproximarnos a la sensibilidad artística, a la impecable destreza técnica y al extraordinario estilo plástico que impuso este pueblo en su tiempo.
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| Piedra de Tizoc. Foto EDITUR, S.A. |
La colección de escultura mexica del Museo Nacional de Antropología es sin duda la más rica, no sólo por el número de ejemplares que posee sino además porque muchas de ellas, casi todas las que se exhiben en la sala mexica, podemos considerarlas obras maestras de los artistas de ese pueblo.
Destacan en primer término el conjunto de monolitos que tienen un carácter ritual relacionado con el dominio y el poder del Pueblo del Sol: la Coatlicue y la Piedra del Sol. Además, crearon modelos arquitectónicos como el teocalli de la Guerra Sagrada en donde los escultores, mediante un fino relieve, representaron el dominio del Sol en el universo, a su dios Huitzilopochtli y la imagen más apreciada por todos los mexicanos: el águila que parada sobre un nopal, lanza el grito de la guerra florida.
Los mexicas crearon un monumento que no tiene antecedentes en todo el arte prehispánico mesoamericano: un monolito de forma cilíndrica en cuya cara superior labraron el relieve del Sol y en la superficie curva representaron las conquistas de los principales pueblos que fueron vencidos, uno a uno, por los poderosos ejércitos de Tenochtitlan.
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| Asiento ceremonial que muestra el diálogo entre los guerreros águilas y los guerreros jaguares. Valle de México. Foto MNACNCA. |
Sabemos que a estas creaciones pétreas las denominaron temalacatlcuauhxicalli y servían como altares donde se desarrollaban los encuentros entre prisioneros y guerreros victoriosos; ahí se realizaba el sacrificio humano y el desollamiento de las víctimas.
Con este carácter histórico fueron labradas la piedra de Tizoc y el nuevo cuauhxicalli de Moctezuma Ilhuicamina, que llegó a la sala en 1989 a raíz de su descubrimiento en los cimientos del antiguo palacio arzobispal de la Ciudad de México. La Piedra del Sol, monolito que relata el predominio del Quinto Sol OlliTonatiuh como el sol que les iluminaba (y antes del cual habían existido cuatro soles anteriores en un temalacatl inconcluso), es la escultura mexica más famosa y apreciada de tiempos prehispánicos mexicanos.
Era muy importante para los dirigentes mexicas dejar testimonio de su existencia sobre la tierra, por ello reconstruyeron sucesivamente su Templo Mayor y lo fueron decorando con esculturas humanas y de los animales de guerra: serpientes, águilas y jaguares; también labraban lápidas con fechas calendáricas conmemorativas y en ellas se inscribían imágenes de los tlatoanis y de sus hazañas de conquista.
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| Piedra del Sol. Foto MNACNCA. |
Los mexicas utilizaron la escultura monumental también como vehículo de enseñanza de sus mitos y leyendas religiosas, ahí está presente Coyolxauhqui, que fue vencida por su hermano Huitzilopochtli, el astro rey, quien la decapitó, haciendo huir para siempre la oscuridad. Éste es el trasfondo mítico de la monumental cabeza de la diosa lunar, cuyo nombre deriva de los cascabeles que luce en las mejillas, que hoy es el orgullo del Museo del Templo Mayor.
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Lápida conmemorativa del Templo Mayor, con fecha “8 caña” donde se reconoce a los Tlatoanis Tizoc y Ahuizotl. Ciudad de México. Foto MNACNCA. | Venus de Texcoco, escultura femenina de cánones humanos. Texcoco, Edo. de México. Foto MNACNCA. |
Hacia el siglo XV, cuando este pueblo alcanzó su máximo desarrollo y esplendor, la simbología que definía a cada deidad estaba claramente estructurada, de ahí que las esculturas que representan imágenes de sus dioses se integren en grupos simbólicos definidos claramente.
Las imágenes relacionadas con la muerte y el inframundo presentan individuos de cuerpo esquelético, rostro descarnado, pelo enmarañado y las manos como garras de animal feroz en actitud de ataque. Ellos imaginaban que estos seres regían el inframundo, aquel oscuro destino del viaje final, donde perdemos la piel y sólo nos quedan los huesos.
Tláloc, la ancestral deidad de la lluvia, luce su impresionante máscara fantástica con anteojeras y narices que se entrelazan y una boca mostruosa con enormes colmillos curvos a manera de un ofidio. A este dios se le asociaba con otros fenómenos de la naturaleza como el rayo y el trueno y el pueblo creía que el dios guardaba el agua, líquido precioso, en ollas sagradas que esculpían en rocas volcánicas y decoraban con la máscara fantástica del Tláloc.
La escultura mexica, cuando trata temas religiosos, define a los dioses por su programa iconográfico, que inclusive se aprecia en otras regiones de Mesoamérica como un estilo artístico llevado a sitios conquistados o influidos por Tenochtitlan.
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Serpiente de cascabel que muestra sus escamas y la lengua bífida.Ciudad de México. Foto MNACNCA. | Ocelotl Cuauhxicalli. Recipiente ceremonial con la forma de un gran jaguar. Templo Mayor. Foto MNACNCA . |
Los mexicas utilizaron como patrón artístico fundamental en su producción escultórica la figura humana, con la que logran un retrato de su sociedad. Este pueblo consideró que la etapa ideal del hombre era la juventud, porque reunía la fuerza física y la potencialidad en la reproducción; la mayoría de las imágenes escultóricas así representaron a los hombres y mujeres de MéxicoTenochtitlan.
Indudablemente que es mediante las esculturas monumentales en piedra de los mexicas que podemos identificarnos con nuestros ancestros indígenas que establecieron los cimientos de nuestra nacionalidad.
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