Revista Literaria Periódico Cultural

26.2.2007

26.2.2007 GMT

Artículo/ Un orgasmo equivale a dos aspirinas contra el dolor de cabeza

Un orgasmo equivale a dos aspirinas contra el dolor de cabeza

Según científicos, se liberan las endorfinas, equivalente natural a los
opiáceos
26-06-2006 JOSE Mª PATIÑO / CADENA SER (Corresponsal en París )


El sexo es bueno para la salud. Es una medicina paralela. Este es el axioma
que defienden una serie de científicos y especialistas en cardiología,
ginecología y urología franceses reunidos en una conferencia
multidisciplinar que tiene lugar en la localidad vascofrancesa de Biarritz.
Así, el pretexto de "me duele la cabeza" debería dejar de tener sentido.

Para demostrarlo se apoyan en diferentes estudios internacionales que
arrojan conclusiones esclarecedoras: hacer el amor regularmente disminuye el
riesgo de infarto, ya que la pompa cardiaca realiza una actividad similar a
cuando se practica un deporte.
Los preliminares amorosos son una prevención para el cáncer de mama: los
masajes sobre los senos liberan una hormona que juega un papel protector.
Algo similar sucede con los hombres respecto al cáncer de próstata: eyacular
cinco veces por semana –con o sin pareja- reduce en un tercio las
posibilidades de desarrollar la enfermedad.
Por último, el orgasmo equivale a dos aspirinas contra el dolor de cabeza ya
que se liberan las endorfinas que es el equivalente natural a opiáceos como
la morfina que es un potente relajante y analgésico.
De esta manera, el pretexto de "me duele la cabeza" deja de tener sentido.
El mejor remedio es hacerlo.




Graciela E. Prepelitchi
"El corazón es AMOR.
La mente es creación de la sociedad".
el dolor de cabeza

Según científicos, se liberan las endorfinas, equivalente natural a los
opiáceos
26-06-2006 JOSE Mª PATIÑO / CADENA SER (Corresponsal en París )


El sexo es bueno para la salud. Es una medicina paralela. Este es el axioma
que defienden una serie de científicos y especialistas en cardiología,
ginecología y urología franceses reunidos en una conferencia
multidisciplinar que tiene lugar en la localidad vascofrancesa de Biarritz.
Así, el pretexto de "me duele la cabeza" debería dejar de tener sentido.

Para demostrarlo se apoyan en diferentes estudios internacionales que
arrojan conclusiones esclarecedoras: hacer el amor regularmente disminuye el
riesgo de infarto, ya que la pompa cardiaca realiza una actividad similar a
cuando se practica un deporte.
Los preliminares amorosos son una prevención para el cáncer de mama: los
masajes sobre los senos liberan una hormona que juega un papel protector.
Algo similar sucede con los hombres respecto al cáncer de próstata: eyacular
cinco veces por semana –con o sin pareja- reduce en un tercio las
posibilidades de desarrollar la enfermedad.
Por último, el orgasmo equivale a dos aspirinas contra el dolor de cabeza ya
que se liberan las endorfinas que es el equivalente natural a opiáceos como
la morfina que es un potente relajante y analgésico.
De esta manera, el pretexto de "me duele la cabeza" deja de tener sentido.
El mejor remedio es hacerlo.




Graciela E. Prepelitchi
"El corazón es AMOR.
La mente es creación de la sociedad".


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26.2.2007 GMT

Narraración /Venezuela/ Perico/ Rubén Patrizi

Perico

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Después de tomarse unos tragos, sale del bar, prometiendo volver a las mujeres que lo acompañan entre risas, abrazos, y besos.
Perico era vendedor, y uno muy bueno. Su especialidad era venderles mercancía a las mujeres, en los bares y en los burdeles. Vendía por cuotas semanales, iba a los negocios del centro, y a la zona roja. Tenía muchas clientes y casi todo lo que llevaba era vendido con jugosas ganancias para él.
Con su parsimonia, su voz, sus ademanes correctos de gran vendedor y gestos convincentes, lograba vender toda su mercancía.
Vendía; perfumes finos y caros, agua de colonia, de rosas, prendas femeninas de ultima moda. Lo más selecto en el mercado en ropa interior. Vendía joyas, oro y fantasía fina. Lograba conseguir lo que le pidieran, hasta fármacos si fuese necesario, pero eso si con mucha cautela......
Así que Perico era esperado todos lo viernes y sábados. Se formaba un bazar en los negocios, entre risas y jolgorios. Él salía triunfador y con el bolsillo lleno de dinero.

Perico empezó a vivir en la calle desde los diez años, su abuela le conminaba a estudiar, le decía, que aprendiera un oficio, para que se defendiera en la vida.
Perico creció con su abuela. Sus padres fallecieron cuando él tenía cinco años. Ella lo cuidó y lo ayudó a levantarlo, mientras le duraban sus fuerzas para trabajar. Pero el tiempo inexorable, la imposibilitó. Las enfermedades modernas, la esclerosis, la osteoporosis, la tensión, la caída de la columna vertebral, sostén de su cuerpo, imposibilitaron a la pobre anciana, y ya no podía dar más de sí. Lo crió hasta donde pudo, y así,que Perico tuvo que salir a la calle para poder cuidar de los dos.

Al principio trabajaba en una panadería, hacía mandados, atendía mostrador, y aprendía a elaborar el pan. Se juntó con un grupo de vagos que vivían en la calle del barrio. No hacían nada, si no mirar pasar a las mujeres, decirle cualquier cosa, fumar y tomar cerveza, a veces iban a la cancha y pasaban el día jugando, otras, con las barajas en la mano todo el tiempo, haciéndose trampas unos a los otros y empezaban a fumarse los porros. Empezó con algunos de ellos a robar a los obreros que salían de las fábricas los viernes. Escogían a sus victimas, lo seguían hasta que lograban robarlo. Así creció Perico, pasando trabajo con su abuela, el amor de su vida, la única persona que lograba amansarlo. Perico siguió acompañado con sus amigos, robando, asaltando, desvalijando carros. Un día una redada. La policía, lograron apresarlos a todos. Solo dos lograron escapar, recibiendo cada uno un tiro. Perico recibió uno en la pierna que casi la pierde, el otro recibió un tiro en la espalda y apareció muerto el día siguiente en el callejón. Perico logró huir. Su abuela lo curó junto con unos vecinos que lo escondieron y por más de tres meses. Perico estuvo al borde de la muerte. Pero logró salvarse. Perico cambió. Se apartó de la droga, se aparto de la bebida, de las malas compañías. Se ganó un dinero en la lotería. Un día compró un número y lo pegó. No se dio cuenta si no hasta el tercer día y casi no lo cobra. Perico compró mercancía y empezó a trabajar con ella. Primero vendía en el barrio, trabajaba con artículos de primera necesidad, y vendía a plazos. Amenazaba a las personas que no le pagaban con quemarle el rancho, no le robaba a nadie, pero tampoco permitía que lo robaran......
Perico se compró un reloj de oro, un carro grandote. Se mudo de barrio, compró una casa de dos plantas en un sitio más elegante, se llevó a su anciana abuela y consiguió quien la cuidara.
Perico tenía de todo, pero le faltaba algo, Llevaba varios años trabajando, era ya cercano a los cuarenta y estaba solo. Aún permanecía soltero, no tenía hijos, era bien parecido se mantenía bien, su color de piel lo ayudaba. Era de esas personas que el tiempo le pasa por un lado sin rozarlos. Un día la vio, iba sola, con su pelo al viento, negro, largo, vaporoso. Iba con sus libros apoyados en su seno y caminaba lentamente, feliz y despreocupada de la vida. Salía del liceo. Perico se le acerca, la invita a pasear. Ella llevaba su uniforme, aceptó y se monto en su carro.

Todos los mediodías, venía un lujoso carro a las puertas del liceo. Llegaba a buscarla, la llevaba a su casa, la visitaba por las noches, salían, comían helados, iban al cine. Toda una historia de amor. Se casa Perico, hay una gran fiesta, lleva a sus amigos, beben, brindan, son felices. Montó un negocio. Lo llenó de mercancías, allí puso a trabajar a su suegra, a sus cuñados.
Perico continúa con su negocio de los viernes y sábados. Les vende mercancía a las mujeres que trabajan en los bares y en los burdeles. Un día hay una pelea en uno de ellos, estaba en el sitio menos indicado en el día y hora. Una mujer con una navaja muy grande en la mano, gesticulaba y gritaba amenazando a todos,con cortar a quien se le acercara. Estaba loca de rabia, de ira contenida en una vida miserable, llevada muy dentro de sí. Años de rencor, de odio, de dolor.
Perico la conoce, le había vendido por años, es su cliente, se le acerca, le habla suavemente, la convence; solo como perico saber hacer. Le quiere quitar el arma, ella se va dejando, se suaviza mira hacia abajo, sus lágrimas caen por su rostro, sus ojos se ocultan, su pelo enmarañado cae y cubre por instantes su cara, que tiene rictus de sufrimiento, de dolor. De repente en un arrebato de locura, sin pensar y en un segundo, lo hiere, lo ensarta.

Perico cae, se queda mirando hacia el cielo, hacia arriba, donde titilan las estrellas como va titilando su corazón, que se va apagando. Su palpitar se distancia, se extingue como su vida, que se va sin retorno.

Rubén Patrizi

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26.2.2007 GMT

Artículo/ Los Contadores de Historias de Marrakech

Los contadores de historias de Marrakech

Marruecos, Richard Hamilton/BBC
En la ciudad marroquí de Marrakech todavía quedan contadores de cuentos,
hombre que relatan esas viejas historias que van pasando de generación en
generación.
Pero ahora que la tecnología moderna ofrece nuevas formas de diversión, los
jóvenes han comenzado a ignorar a estos "libros vivientes" y por primera vez
en mil años, esta tradición está en peligro de desaparecer.
Según cuenta la leyenda, el almuecín -el encargado de llamar a los
feligreses a la hora del rezo- apostado en el minarete de la principal
mezquita de Marrakech, tenía que ser ciego.
Porque si no lo era, podía observar desde su altura el palacio del Sultán y,
por ende, a las mujeres de su harén.
Pero también podría ver a los hombres que comen fuego, a los adivinos, los
acróbatas y a los encantadores de serpientes reunidos en la plaza principal
de la ciudad, ya que toda la vida se concentra allí.
Si caminas por el centro de Jemaa al-Fna terminarás rodeado por hombres
-acompañados de sus monos- y mujeres que intentan pintarte las manos con
hena.
Y además está el sonido: la plaza es una cacofonía de tambores, flautas y
canciones interpretadas por músicos del África Sub-sahariana.
Pero si logras encontrar una esquina tranquila, puede ser que descubras uno
de los tesoros escondidos que alberga la ciudad.
"Las mil y una noches"
Tal vez no sean los artistas que más se hacen notar y ciertamente no son los
más vociferantes, pero si puedes encontrar a un contador de historias (o
halaka), prepárate para pasar un momento maravilloso.
Los contadores de historias son tan antiguos como las mismas colinas de
Marrakech o como las montañas Atlas.
Encontré a Moulay Mohammed, un hombre de barba al que le faltaban algunos
dientes sentado en la plaza y rodeado por un círculo de curiosos.
Tiene 71 años y cuenta historias desde hace 45.
Cuando era pequeño, él solía venir aquí a escuchar a los ancianos contar sus
historias y quedó tan impresionado con sus relatos, que luego se transformó
en uno de ellos.
Mohammed dice que se sabe casi todo el Viejo Testamento y "Las mil y una
noches", de principio a fin.
Palabras en el aire
"No es sólo lo que se dice sino cómo se dice", me aclara Mohammed.
Incluso, si uno no entiende una palabra de lo que está diciendo, es
imposible no quedarse fascinado al escucharlo hablar.
Uno puede sentir el drama de la historia y su suspenso. Sus palabras son
valiosas y quedan como suspendidas en el aire.
Hoy en día, más del 40% de los marroquíes no sabe leer ni escribir. De ahí
la importancia vital de la tradición oral.
Claro que el arte de contar historias es una forma de entretenimiento, pero
es mucho más que eso.
Al igual que las parábolas del Nuevo Testamento, las historias son formas de
transmitir ideas, valores y filosofías.
Pero todo esto corre el riesgo de desaparecer. Antes existían al menos unos
20 halakis en Marrakech, ahora apenas queda una media docena y todos ellos
son hombres mayores.
Después de más de un milenio, este arte está a punto de convertirse en algo
del pasado. Los marroquíes jóvenes prefieren mirar telenovelas a escuchar
estos relatos y están menos interesados aún en aprender el oficio.
Cuando le pregunté a Mohammed si estaba preocupado de que esta forma de
tradición oral pueda desaparecer, me dijo:
"Ah, sólo Dios puede saberlo. Hoy existen los hombres que cuentan historias.
Eso es lo único que sé".
Para tratar de salvar esta tradición milenaria, la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha
empezado a grabar algunas de las historias y a colocarlas en la Internet.



Graciela E. Prepelitchi
"El corazón es AMOR.
La mente es creación de la sociedad".


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26.2.2007 GMT

Artículo/ El Relato más Antiguo Del Diluvio

EL RELATO MÁS ANTIGUO DEL DILUVIO
www.temakel. com

Por Jean Bottéro


Tablilla con escritura cuneiforme. Con estos signos fue escrito el Poema del
Muy sabio o Atharasis, el más antiguo relato del diluvio.

Jean Bottéro es un gran asiriólogo francés. Aquí nos guía en el estudio del
Poema del Muy Sabio (Atrahasis), el relato más antiguo del diluvio, que
luego que se refleja en el canto XI de la Epopeya sumeria del Gilgamesh y en
la narración bíblico de la gran inundación universal.



EL RELATO MÁS ANTIGUO DEL DILUVIO
Desde hace ciento cincuenta años, en los países que formaban el marco
geográfico, político y cultural de los antiguos israelitas, autores de la
Biblia, se han sacado a la luz no sólo ciudades, palacios y templos, sino
también las reliquias de grandes civilizaciones y una enorme cantidad dc
documentos escritos y descifrables. La parte del león corresponde a los
habitantes del Irak: sumerios, babilonios,asirios, que en torno al 3000
antes de nuestra era -17 siglos antes de Moisés inventaron la escritura más
antigua que se conoce: medio millón de esas tablillas de arcilla sobre las
que grababan con un cálamo sus pesados e insólitos cuneiformes. En estos
gigantescos archivos hay cientos de obras literarias, "científicas",
religiosas, descifradas y estudiadas por el reducido y casi secreto gremio
de los asiriólogos.

Para quienes gustan de hacerse preguntas, la cuestión es saber si, ante una
documentación nueva tan prodigiosa, que estos historiadores extraen sin
cesar de estos galimatías, se puede leer la Biblia "como antes", cuando se
consideraba el libro más antiguo del mundo, el único que arrojaba luz sobre
las primeras edades del hombre.

Para "demostrar el movimiento andando" y contestar a esta pregunta, no con
un aforismo sino con una demostración y como un método, he elegido el
conocido tema, tan discutido y quizá tan enigmático todavía, del diluvio.


ASSURBANIPAL
Aislado, inesperado, lleno de detalles precisos y vivos, incluido en un
libro en el que se creía que estaban los archivos históricos más viejos del
mundo, el relato bíblico del diluvio (Génesis VI-VIII), como muchos otros
del mismo fondo, se ha visto durante mucho tiempo como la narración de una
aventura completamente histórica. Todavía hoy más de uno la ve así, a juzgar
por y el revuelo que se organizó hace algunos años en torno a una expedición
"científica" que fue a buscar en la cima de una montaña Armenia los
supuestos restos de la famosa arca en la que se habían refugiado Noé y su y
zoológico.

Sin embargo, este relato ni es de primera mano, ni se puede atribuir a
ningún "testigo ocular". Era de suponer, y hoy lo sabemos. Hace más de un
siglo que los asiriólogos empezaron a proporcionarnos la prueba de ello. En
efecto, el 2 de diciembre de 1872 G. Smith, uno de los primeros que se
dedicaron a descifrar y hacer el inventario de los miles de tablillas
cuneiformes de la biblioteca de Assurbanipal encontradas en Nínive, anunció
que había descubierto una narración demasiado parecida a la de la Biblia
para que las coincidencias entre ambas se pudieran atribuir al azar. Este
relato, en unos 200 versos, el más completo que nos ha llegado de
Mesopotamia hasta el momento, formaba el Canto XI de la famosa Epopeya de
Gilgamesh, el cual, en su búsqueda de la inmortalidad, llegó hasta el fin
del mundo para preguntar al héroe del diluvio, quien le contó cómo se había
producido este cataclismo.

Desde luego, la edición de la Epopeya de Gigalmesh encontrada en la
biblioteca de Assurbanipal y fechada, como este rey, en torno a 650 antes de
nuestra era, no podía, en sí misma, ser anterior a lo que según los
historiadores sería el estrato narrativo más antiguo de la Biblia, llamado
el documento yahvista" (siglo VIII) -aunque no podemos imaginarnos a los
escritores y pensadores de la altanera, brillante y formidable Babilonia
mendigando sus temas a los israelitas.. .

Un siglo de descubrimientos en los inagotables tesoros de las tablillas
cuneiformes nos ha permitido ver las cosas con más claridad. Ahora sabemos
que si bien la Epopeya de Gilgamesh tiene tras de sí una historia literaria
muy larga, que se remonta hasta mucho antes de los tiempos bíblicos por lo
menos hasta el año 2000, al principio el relato del diluvio no formaba parte
de ella, pues se incluyó más tarde, tomándolo de otra obra literaria en la
que ocupaba su lugar orgánico, el Poema del Muy Sabio (Atrahasis).

Durante mucho tiempo sólo se conocían fragmentos sueltos del Poema del Muy
Sabio, pero desde hace ya varios años, gracias a una serie de hallazgos
afortunados, disponemos de las dos terceras partes, unos 800 versos, más de
lo que hace falta para entender su sentido y su alcance. Nuestros
manuscritos más antiguos datan aproximadamente de 1700 antes de nuestra era,
y el poema se debió de componer poco antes, en Babilonia. No sólo contiene
el relato más antiguo del diluvio", que nos permite hacemos una idea mejor
de este fenómeno tal como lo "vieron" y pensaron los que incluyeron en sus
escritos, sino que es una composición admirable, tanto por su estilo como
por su pensamiento, una de esas obras literarias arcaicas que, por su tenor,
su amplitud de miras y su inspiración, merecen ser conocidas.

Empieza en la época en que el hombre aún no existía. Sólo los dioses
ocupaban el universo repartidos según la división fundamental de la economía
de la época y el lugar, entre productores y consumidores: para mantener a la
"aristocracia" de los anunnaki, una "clase" inferior, los igigi, trabajaba
la tierra: "¡Su tarea en considerable, / pesada su pena y sin fin su
tormento!", ya que además, según parece, no eran lo bastante numerosos.
Agorados, acaban iniciando lo que hoy llamaríamos el primer movimiento de
huelga. "Arrojando al fuego sus aperos, / quemando sus azadas, / incendiando
sus cuévanos" e incluso poniéndose en camino, en plena noche, para "cercar
el palacio" de su empleador y soberano, Enlil, con la intención de
destronarle. Entre los anunnaki cunde la preocupación: ¿cómo van a subsistir
si ya nadie quiere producir los alimentos? Se retine una asamblea plenaria y
Enlil trata de reducir a los rebeldes. Pero éstos declaran que están
decididos a resistir hasta el final. Su trabajo es demasiado duro, y están
dispuestos a todo con tal de no reanudarlo. Derrotado, Enlil piensa en
abdicar, un desorden aún más temible, que podría sumir en la anarquía y la
descomposició n a la sociedad divina.

Entonces interviene Ea, uno de los dioses principales que no presenta como
Enlil, la autoridad y la fuerza, sino en calidad de consejero y "visir" de
Enlil, la lucidez, la inteligencia, la astucia, la capacidad de adaptación e
invención y el dominio de las técnicas. Para sustituit a los recalcitrantes
igigi, Ea propone crear un sucedáneo, calculado para soportar el trabajo
impuesto por Enlil / y asumir la carga de los dioses": será el hombre.

No es una idea improvisada. Ea tiene un plan ingenioso y detallado, y lo
expone. El hombre se hará de barro -material que se encuentra en todo el
país-, de esa tierra a la que tendrá que volver cuando muera. Pero para
conservar algo de aquellos a quienes tendrá que sustituir y servir, su
arcilla se humedecerá con sangre de un dios de rango inferior inmolado para
la ocasión. La asamblea aprueba un proyecto tan ventajoso y sabio, y confía
su ejecución, bajo la dirección de Ea, a "la comadrona de los dioses:
Mammi-La Experta". Esta confecciona el prototipo, y luego, con la ayuda de
catorce diosas-madres, prepara otros tantos ejemplares, siete machos y siete
hembras, los primeros "padres" de la humanidad.

LAS TRES PLAGAS
Mammi-La Experta realiza su tarea a la perfección, y todo prospera tanto que
"las poblaciones se multiplican extraordinariamente " y "su rumor se vuelve
parecido al mugido de los bueyes", lo cual molesta a los dioses, que llevan
una vida apacible y despreocupada y les "quita el sueño". Para acabar con el
escándalo, Enlil, tan impetuoso y partidario de soluciones extremas como
siempre, decide diezmar a los hombres con la Epidemia. Pero Ea, consciente
del riesgo que supone una reducción demasiad fuerte del número de hombres,
que sería catastrófica para los dioses, avisa a Atrahasis, el Muy Sabio
-sobrenombre de un importante personaje terrenal-,que goza de su confianza y
tiene una gran autoridad sobre la población humana. Ea le indica cómo podrán
evitar la plaga: bastan con que desvíen todas las ofrendas alimentarias a
Namtar, dios de la Epidemia mortífera, y los dioses, reducidos al hambre, se
verán obligados a interrumpir la plaga. Así sucede, en efecto. Pero los
hombres, otra vez seguros, reanudan sus agitadas y tumultuosas ocupaciones,
e impacientan de nuevo a Enlil, que esta vez les envía la Sequía. Nuevo
quite de Ea, quien aconseja a Atrahasis que reserve para Adad, señor de las
precipitaciones atmosféricas, la vitualla de los dioses. Las lagunas del
texto nos hacen suponer que no cede fácilmente, pero al final se restablece
el orden y al final se restablece el orden y la humanidad vuelve a florecer.


De los restos de la tablilla se desprende por lo menos que el rey de los
dioses, firmemente decidido a eliminar a los hombres, que no cesan en su
alboroto, recurre a una catástrofe aún peor: el Diluvio. Como se ha vuelto
desconfiado, toma todas las precauciones posibles para que su funesto plan
no sea conocido por los humanos y ninguno de ellos se libre de la muerte.
Pero Ea, haciendo un alarde de ingenio, se las arregla para anunciar
disimuladamente a Atrahasis el desastre inminente y la estratagema que ha
preparado para salvarle (esta vez, sólo a él y a los suyos). Atrahasis tiene
que "construir un barco de puente doble, sólidamente aparejado, debidamente
calafateado, y robusto" y Ea "dibuja el plano en el suelo". Atrahasis
avituallará y, en cuanto su dios le dé la señal, embarcará "(sus) reservas,
(sus) muebles, (sus) riquezas, (a su) esposa, (a sus) parientes, (a sus)
maestros de obras (para salvar los secretos técnicos adquiridos), así como
animales domésticos y salvajes", después de lo cual sólo tendrá que "entrar
en el barco y cerrar la escotilla". La continuación es fragmentaria en lo
que nos ha llegado del Poema, pero se puede suplir fácilmente con el relato
de la Epopeya de Gilgamesh, varios siglos posterior pero inspirada en el
primero.

Atrahasis, que ha encontrado la forma de explicar su extraño comportamiento
a los que le rodean sin alarmarlos, ejecuta las órdenes, "embarca la carga y
a su familia" y "ofrece un gran banquete". Pero durante el mismo no puede
disimular su ansiedad: "No hace más que entrar y salir, / sin sentarse ni
quedarse quieto, / con el corazón roto, enfermo de impaciencia", esperando
la fatídica señal.

Por fin ésta llega: "¡El tiempo cambió de aspecto / y la Tormenta tronó en
medio de la nube!". Hay que zarpar: "Cuando se escucharon los fragores del
trueno / le llevaron betún, para que taponara su escotilla. / Y, cuando la
hubo cerrado, / mientras la tormenta seguía retumbando en la nube, / se
desataron los vientos. / ¡ Y cortó la hubo cerrado, / mientras la tormenta
seguía retumbando en la nube, / se desataron los vientos. / ¡Y cortó las
amarras, para soltar la nave!".

El diluvio, una enorme inundación causada por las lluvias torrenciales, se
prolongó durante "seis días y siete noches: la tempestad causaba estragos. /
Anzu (el Ave Rapaz divina gigantesca) laceraba el cielo con sus garras: /
¡Era, desde luego, el diluvio / cuya brutalidad se abatía sobre las
poblaciones como la guerra! / ¡No se veía nada/ y nada se podía identificar
en la matanza! / El diluvio mugía como un buey; / ¡el viento silbaba, como
el águila cuando chillaba / Las tinieblas eran impenetrables: ¡ya no había
sol!".

Cuando el cataclismo hubo "aplastado la tierra, al llegar al séptimo día, /
el belicoso huracán del diluvio se paró, / después de asestar sus golpes (a
diestro y siniestro), como una mujer con los dolores; / la masa de agua se
calmó; la borrasca cesó: ¡el diluvio había terminado!".

Entonces, cuenta el héroe, "¡Abrí la escotilla, y el aire fresco me dio en
la cara! / Luego busqué con la mirada la orilla, en el horizonte de la
extensión de agua: / a varios cables, entrada una lengua de tierra. / La
nave atracó allí: ¡era el monte Niçir, donde hizo por fin escala!".

Por prudencia, Atrahasis espera una semana más antes de utilizar una
estratagema de los primeros navegantes de altura. "Cogí una paloma y la
solté; / la paloma se fue, pero volvió: / ¡al no ver nada para posarse, dio
la vuelta! / Luego cogí una golondrina y la solté; ¡ la golondrina se fue,
pero volvió: ¡al no ver nada para posarse, dio la vuelta! / Por último, cogí
y solté un cuervo: / el cuervo se fue, pero al encontrar la retirada de las
aguas, / picoteó, graznó, y no volvió". Es la señal de que puede abandonar
su refugio. Hace que los pasajeros salgan del barco y los "dispersa a los
cuatro vientos". Reanudando la función principal de la humanidad (de la que
él y su familia son los únicos representantes), prepara un banquete para los
dioses, que después de un ayuno tan largo se apiñan a su alrededor "como
moscas".

Entonces, mientras la Gran Diosa, la que había participado en la creación de
los hombres, reclama en vano que se desautorice a Enlil, responsable del
desastre, éste, viendo que su plan de aniquilación de la humanidad ha sido
burlado, se pone hecho una furia. Pero Ea le hace ver que nunca debía haber
recurrido a un medio tan brutal y extremo y "sin reflexionar haber provocado
el diluvio". Porque al fin y al cabo, si los hombres hubieran desaparecido,
¿acaso no habrían caído ellos en la situación sin salida que, precisamente
había sido la causa de que los crearan: un mundo sin productores? Y para
mostrar lo que se tenía que haber hecho, el sabio Ea propone que en la nueva
generación procedente de Atrahasis, se introduzca una especie de
malthusianismo natural" que limite los nacimientos y la supervivencia de los
recién nacidos y así modere la proliferación y el tumulto. Por eso desde
entonces algunas mujeres son estériles, otras son víctimas de la implacable
Diabla-Apagadora, que les arranca los niños del vientre, y otras toman un
estado religioso que les prohíbe la maternidad.

Aquí, con la úlrima rotura, que nos impide conocer el desenlace, termina la
tercera y última tablilla del Poema.

Pese a la concisión del resumen que acabamos de hacer, vemos que no es tanto
una verdadera historia antigua de la humanidad (es decir, un relato bastante
fiel de los acontecimientos sucedidos en sus orígenes y de sus primeras
vicisitudes) como una explicación de crónica su naturaleza su lugar y su
función en el universo. Más que una crónica es, en realidad una exposición
teológica que, a pesar de su estilo vivo y descriptivo no pretende aportar
datos, sino inculcar definiciones, puntos de vista, todo un sistema de ideas
acerca del universo y el hombre. Es lo que se llama un relato mitológico.

UNA FILOSOFÍA EN IMÁGENES

A pesar de su viva inteligencia, de su curiosidad universal de los enormes
progresos intelectuales y materiales que realizaron durante esos tres
milenios (por lo menos) durante los cuales se desarrolló su civilización y
su influencia, los antiguos mesopotámicos no accedieron al pensamiento
abstracto. Como muchos otros pueblos antiguos, p incluso modernos, y a
diferencia de lo que hacemos nosotros, nunca disociaron su ideología de su
imaginación. Al igual que en sus tratados de matemáticas sólo proponían y
resolvían problemas concretos, sin jamás extraer y formular los principios
de solución, no presentaban sus ideas generales en su universo, sino
vinculadas a algún dato singular.

El mito, expresión favorita de ese pensamiento especulativo, era
precisamente lo que les permitía materializar sus concepciones y pasarlas a
imágenes, escenas, encadenamientos de aventuras; creadas por su imaginación,
pero para contestar a algún interrogante, para aclarar algún problema, para
enseñar alguna teoría (como los autores de fábulas construyen sus historias
para inculcar una moraleja).

Toda la literatura sumeria y babilonia está llena de es a "filosofía en
imágenes" que es la mitología, y el Poema de Atrahasis es un buen ejemplo,
de ella, notable por la amplitud del asunto abarcado y por la inteligencia y
el peso de las cuestiones que expone. El problema que aborda, desde la
perspectiva de sus autores, es el de la condición humana. ¿Cuál es el
sentido de nuestra vida’? ¿Por qué nos vemos obligados a realizar un trabajo
que no se acaba nunca y siempre es agotador? ¿Por qué hay esta separación
entre la multitud, que está condenada a realizarlo, y un grupo selecto que
lleva una vida tranquila, garantizada precisamente por las penalidades de
los demás? ¿Por qué, conscientes de la inmortalidad, tenemos que morir? ¿ Y
por qué esta muerte se acelera de vez en cuando con plagas inesperadas, más
o menos monstruosas? Y muchos más enigmas, como limitaciones, inexplicables,
a la función esencial de las mujeres la de traer hijos al mundo y criarlos.

Había que formular todas estas aporías, y resolverla en el mismo marco en el
que se planteaban: en un sistema teocéntrico. Para estas personas el mundo
no se explicaba por sí solo. Su razón de ser estaba en una sociedad
sobrenatural, la de los dioses, cuya existencia era indudable. Para hacerse
una idea de estos personajes que nadie -con razón- había visto nunca, se
proyectaba en un plano superior lo que se tenía alrededor: toda la
organización material, económica, social y política de este mundo. Los
dioses estaban concebidos como hombres, y con todas las necesidades de los
hombres; pero eran hombres superlativo, dispensados de las servidumbres
fundamentales que nos abruman, como la enfermedad o la muerte, y dotados de
poderes muy superiores a los nuestros. En tal caso, ¿qué mejor modelo para
sus personas que la propia flor de la humanidad, la aristocracia de la
clase dirigente"?


UNOS DIOSES «ARISTÓCRATAS»
En un sistema como este, la especie humana en conjunto, frente al mundo
divino, no podía desempeñar otra función que la de los súbditos para con los
gobernantes: la de trabajadores a su disposición y abastecedores de todos
los bienes indispensables para llevar una vida opulenta y sin más
preocupación que mandar. Dado que los hombre debían su existencia a los
dioses, de quienes no podían ser antepasados- eso por descontado- ni tampoco
contemporáneos independiente, era obligado pensar que el mundo divino ames
debió de bastarse a sí mismo, necesariamente dividido, como el terrenal en
una categoría de productores y otra de consumidores y que debió de verse
obligado a poner fin a esta situación a causa de alguna crisis semejante a
las que estallan en nuestra sociedad entre los empleados y los empleadores
cuando los primeros están hartos de explotación. El hombre pues, era un
servidor de los dioses "de nacimiento". Y los dioses, al fabricarlo,
procuran que tuviera algo de ellos, de su duración, de su inteligencia, de
su poder (pero todo ello limitado: inferior, débil, transitorio) . Esta es la
se tenía de la naturaleza y de las condiciones humanas.

Con esta solución no tendría que haber surgido el menor problema entre los
dioses y los hombres, siempre que estos últimos -como sucedía por regla
general- cumplieran exactamente con sus deberes hacia sus amos. Entonces
¿cómo se explican, no ya la muerte, la enfermedad las desgracias de cada
individuo, que están implantadas en nuestra naturaleza y nuestro destino,
sino los enormes sobresaltos de las grandes catástrofes inesperadas y
aparentemente sin motivo que se abaten de vez en cuando sobre los hombres y
los eliminan en masa? ¿Cuál era la razón de unas calamidades "cósmicas" como
las epidemias, las hambrunas las embestidas devastadoras y repentinas de la
naturaleza? Los dioses, sin los cuales no podía suceder nada importante,
tenían que ser la causa. Pero ¿por qué? Ante este problema, los autores del
Poema no lograron encontrar otra explicación que el capricho de los dioses
soberanos. Ciertamente, hallaron un móvil -¿un pretexto?- en el mundo de los
hombres: éstos, al prosperar y multiplicarse y con el propio trajín de su
actividad servil, podían llegar a molestar a sus gobernantes, como turbaría
el descanso de un soberano irritable un personal demasiado numeroso y
bullicioso. Pero en un universo tan teocéntrico y tan ajeno a toda idea de
«oposición» y rebelión contra el poder, ¿no era lo más sabio aceptar la
dependencia, conformarse con el propio estado, aceptar su destino, la
resignación, el fatalismo? Al mostrar, desde los primeros tiempos de la
humanidad -desde esa "época mítica" anterior a la historia, en la que toma
forma el "mundo histórico"-, a los dioses periódicamente obsesionados por el
deseo diezmar o incluso aniquilar a los hombres, enviándoles calamidades
colectivas, los autores del Poema no sólo daban a su público una explicación
suficiente de estos azotes cíclicos, sino que destacaban su carácter en
cierto modo tradicional -desde la "noche le los tiempos"- y, por lo tanto,
inevitable, ante el que había que
resignarse.

Pero esta lección de prudencia también tenía su contrapeso de esperanza. En
medio de estas desgracias, los hombres habían tenido un defensor y un
salvador: el dios Ea, su "inventor", enemigo de la violencia inútil, el
mismo que (según otro ciclo de mitos) difundido entre los hombres todos los
conocimientos útiles. Precisamente con uno de ellos enseñó a los nombres a
protegerse de las grandes desgracias universales. Ahora, en el "tiempo
histórico", podían aplicar enseñanzas y luchar contra las catástrofes para
salvarse. Esta es la "filosofía" que el Poema del Muy Sabio -buen nombre-
quería inculcar a través de sus fábulas y mitos.


¿EL DILUVIO O LOS DILUVIOS?

El relato del Diluvio tiene el mismo valor, el mismo sentido que los de la
Epidemia y la Sequía que lo precedieron. Como sabemos por nuestra
documentación histórica, estas calamidades se abatían de vez en cuando sobre
el país, todavía mal defendido sanitariamente y con una planificación
económica rudimentaria. Mediante un procedimiento corriente en la literatura
sobre todo en el folclore y la poesía, los recuerdos personales se
mezclaron con muchas experiencias, transmitidas por la tradición o vividas,
de enfermedades que se propagaban como incendios y causaban una gran
mortandad, o de malas cosechas que extenuaban a la gente, para concentrar
todos esos horrores en la Epidemia y el Hambre -lo mismo que los cuentistas
hablan del León o el Ogro—, y proyectarlas en ese tiempo mítico de "antaño".
El Diluvio, que viene a continuación, se imaginó y construyó de la misma
manera: en este país, centrado en el Tigris y el Éufrates que reaccionan
enseguida a los excesos de precipitaciones eran frecuentes las inundaciones
más o menos mortíferas más o menos espectaculares (conocemos muchos
ejemplos). Los arqueólogos han encontrado sus huellas, a veces
impresionantes, sobre todo en Ur, Kish y Fara-Shuruppak, en varios estratos
de los milenios IV y 111. A partir de cierto número de catástrofes que
habían asolado tal ciudad o comarca, se compuso el Cataclismo que sumergió a
todo el país, y en torno a este hecho se formó una gran leyenda la cual
desembocó en la "historia", que se cuenta en Atrahasis y más tarde apareció
simplificada por los autores del canto Xl del Gilgamesh.

Es posible que en el lujo de detalles, y sobre todo en la importancia
atribuida a este diluvio por la tradición babilónica (para la cual, como
hemos visto en el Poema y reaparece con frecuencia en otros documentos, es
el último acto de los tiempos míticos y el umbral de la era histórica),
perdure el recuerdo más o menos vago de uno de estos cataclismos, de
especial gravedad, aunque hay que ser muy ingenuo para imaginarlo tal como
se describe. Pero el recurso a un desastre así no es inevitable: el papel de
bisagra en el tiempo que tiene el diluvio podría deberse, no ya a su
carácter histórico, sino al lugar que ocupaba en la mitología tradicional
reflejada en nuestro Poema. Era la última y la más peligrosa de las
calamidades enviadas por los dioses a los hombres para adaptarlos y
reducirlos a la escala que tienen desde el comienzo de la historia.

Volvamos al relato de la Biblia, con el que empezamos pues ahora nos
resultará más fácil entenderlo como es debido. Cualquiera que lo haya leído
y haya reflexionado un poco tendrá que reconocer, de entrada, que semejante
inundación no parece demasiado propia de un país de colinas y arroyos como
Palestina, sin ningún río digno de este nombre, sin ningún valle ancho donde
puedan acumularse las aguas. Lo más razonable, a priori, es pensar que el
relato es un préstamo del mesopotámico. Pero aunque no cabe duda de que hay
claras coincidencias con el diluvio babilónico también hay demasiados
detalles distintos entre ambos como para considerar que el relato del
Génesis es una simple transcripción al hebreo del texto acadio de Atrahasis
o de Gilgamesh.


EL DILUVIO, LA BIBLIA Y MESOPOTAMIA

En realidad, el diluvio forma parte de una abundante cosecha de textos
mitológicos, ideológicos y de otro tipo elaborados por esa Mesopotamia
eminente y prodigiosa que sembró de ellos todo el Oriente Próximo desde
épocas muy remotas. Baste pensar en los recientes hallazgos, increíbles, de
Ebla, en Siria, correspondiente al III milenio. Como muchos otros temas -la
Creación del Mundo, los Orígenes de la Historia antigua de los hombres, el
problema del Mal y la Justicia divina-, el del diluvio también fue recogido
por los israelitas, que estuvieron expuestos a esa extraordinaria
irradiación cultural de Sumer y Babilonia. Incluso lo adoptaron con su
marco: aparentemente -como en Atrahasis-, la "historia" primitiva del hombre
y en realidad la descripción teológica de su condición en este mundo.
Porque los once primeros capítulos del Génesis pretenden inculcamos, para
nuestro gobierno, cómo fueron modelados y remodelados el universo y el
hombre, cómo se prepararon y fueron puestos en «funcionamiento» antes de que
con Abraham se inaugurase la historia propiamente dicha. Pero no conservaron
la visión ni teología originarias. Como todo lo que tornaron de los antiguos
babilonios, lo modificaron profundamente, impregnándolo de su propia
ideología religiosa. Su sistema también era teocéntrico. Pero, como
inventores" del monoteísmo, su mundo divino se centraba en Dios único y
trascendente, sin el menor rasgo antropomórfico, sin menor necesidad de
servidores" para garantizar su vida. Por eso en el diluvio imaginado por
ellos no hay una multitud de divinidades, sino un Dios único, y en vez del
capricho y la futilidad de los amos del universo, unas exigencias morales:
si Dios envía ese cataclismo a los hombres es a causa de su "corrupción"
(Génesis VI, 5s), para propagar una humanidad nueva, capaz (por lo menos sus
mejores representantes, el pueblo descendiente de Abraham) de llevar una da
conforme a un elevado ideal ético y religioso...

Es este diluvio, el de la Biblia, el que tenemos grabado en la memoria, ya
que estamos imbuidos -nos guste o no - de las escenas y enseñanzas de este
viejo libro. Pero el propósito de la historia es tratar de entender
remontándonos" por "lo que había antes" los hijos por sus padres y los ríos
por sus fuentes. Por eso los asiriólogos, además de realizar unos
descubrimientos cada vez más numerosos acerca de nuestros parientes más
antiguos en línea directa, esos incomparables civilizadores sumerios y
babilonios, y de su herencia llegada hasta nosotros, filtrada, alterada,
enriquecida y a veces empobrecida por los milenios, también pueden arrojar
luz sobre la Biblia, insertando el contenido en su "continuo histórico", que
la ilumina de forma tan singular. Pacífico y discreto, el oficio de estas
personas no es precisamente fácil: pasarse la vida descifrando, analizando
escudriñando miles de galimatías de arcilla erizada de áridos cuneiformes.
Pero cabe preguntarse si
esta ardua inmovilidad no es más fecunda que esos grandes despliegues para
traerse unas maderas carcomidas tomándolas, con una ingenuidad enternecedora
por la reliquia y los restos de un "arca" tan fabulosa como las botas del
ogro.


Otra tabilla sumeria con escritura
cuneiforme.


ORIENTACION BIBLIOGRAFICA
Podemos encontrar una discusión detallada y comparativa sobre la cuestión
del diluvio en Mesopotamia y en la Biblia en las páginas 224-269de la obra
de A. Heidel The Gilgamesh Epic and Old Testament Parallels, The University
of Chicago Press, 2 ed., 1949 reimpr. en 1963.
También se puede consultar el artículo de J. Bottéro "Le Déluge", en On a
marché sur la terre, Museum national d’historie naturelle, Ed. IOS, 1991, pp
61-68.
El texto de los cuatro relatos mesopotámicos del diluvio está traducido y
comentado en Lorsque les dieux..., pp. 526-601, "La grande Genése
babylonienne: la création de l' homme au Déluge".
Otro asunto que se presenta de un modo parecido al del diluvio -con
intervenciones de la mitología mesopotámica en el pensamiento bíblico-, el
de los mitos de la creación del mundo, se comenta con cierto detalle en "Les
origines de l’univers selon la Bible", en Naissance de dieu, la Bible et l
historien, Gallimard, París, 1986, pp. 155-201. (*)
(*) Fuente: Jean Bottéro, "El relato más antiguo del diluvio", en
Introducción al antiguo Oriente. De Sumer a la Biblia, Barcelona, Grijalbo
Modadori, pp. 209-221.




Graciela E. Prepelitchi
"El corazón es AMOR.
La mente es creación de la sociedad".

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26.2.2007 GMT

Artículo/ La Lejana Sabiduria de la India

LA LEJANA SABIDURÍA DE LA INDIA
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A propósito de la filosofía del Bhágavad Gita

Por Esteban Ierardo

Imagen de la adaptación cinematográfica del Mahabharata por Peter Brook. El
dios Krsna (izquierda) revela las enseñanzas fundamentales del Bhágavad Gita
al príncipe Arjuna (derecha).

La conferencia que aquí presento fue dictada en el contexto de la exhibición
de la versión cinematográfica del Mahabharata de Peter Book. Para discutir
sus presupuestos filosóficos y estéticos, la Fundación Centro Psicoanalítico
Argentino organizó una mesa redonda a la que fui invitado a participar. Aquí
edito el texto corregido de aquella conferencia a la que he incluido, por
estimarlo conveniente, un aparato de citas. El centro de gravedad de mi
exposición son las enseñanzas del Bhágavad Gita, célebre brillo del antiguo
pensamiento hindú, incluido en el Mahabharata cuyos principales momentos,
relacionados con el diálogo entre el dios Krsna y el príncipe Arjuna, son
reflejados en el film del director teatral inglés.
E.I

El Mahabarata es la obra más extensa en los anales de la literatura. La
compone más de doscientos mil versos. Parte de la historia que tintinea
entre sus poéticas estrofas ha sido adaptada al cine por el director teatral
Peter Brook. En la esencia de este gran poema, vibra la llama de la
filosofía metafísica hindú. Hoy quisiera explorar junto a ustedes algunos
diamantes de esta sabiduría de la India. Para cristalizar este propósito,
pensé que el camino más atinado es invocar primero un relato preñado de
significado.

Revivamos la historia de un sabio cuyo hijo se llama Svetaketu Aruneya.
Aruyena recibe la formación de brahmán, obligatoria para todos los jóvenes
de su casta. Se retira de su hogar a los 12 años y regresa al duplicar esa
edad. En ese largo arco de tiempo, de meditaciones y lecturas, cree haber
estudiado la totalidad de los Vedas (1). Cree haberse impregnado de toda su
sabiduría.

Aruyena se manifiesta soberbio, presuntuoso. Su padre, al percatarse de este
comportamiento, le dice: "Svetaketu, querido mío, puesto que ahora eres
presumido, te crees docto y eres orgulloso, ¿pediste también esa enseñanza
por la cual lo que no ha sido oído llega a ser oído, lo que no ha sido
pensado llegar a ser pensado, lo que no ha sido comprendido llega a ser
comprendido? " (2).

El hijo manifiesta su perplejidad; admite no conocer esa enseñanza. Entonces
el padre le revela que, a través de cualquier parte de la arcilla, podemos
conocer toda la arcilla; a partir de cualquier fragmento de cobre, podemos
conocer las propiedades de todo el cobre; a través del hierro utilizado en
la construcción de una tijera para uñas, podemos conocer todo el hierro. De
la misma manera que a través de un fragmento de cada una de estas sustancias
podemos conocer su totalidad, lo mismo ocurre con la realidad. A partir de
cada forma, de cada fragmento, de cada singularidad, podemos intuir o
experimentar la totalidad.

Y, luego, el padre pregunta a su hijo: "Ves aquella sal"; Aruyena asiente.
Entonces le pide que disuelva o arroje la sal en el agua y, que al día
siguiente, vuelva. Cuando padre e hijo se reencuentran en la mañana, el
primero le pide al segundo que beba del agua, en un principio de la parte de
la izquierda; luego de la derecha y, después, del área central. Tras esto,
pregunta el hombre mayor qué es lo que experimenta el joven. La respuesta
que se repite siempre es: "un mismo sabor, el agua salada".

Pues bien, la realidad que el sabio debe intuir desde una filosofía
metafísica como la hindú es esa realidad sutil en principio imperceptible
que trasciende las formas, que escapa a los nombres, pero que, sin embargo,
secretamente lo impregna todo. Así como la arcilla impregna cada una de las
cosas arcillosas, así como el cobre o el hierro hacen otro tanto respecto de
los objetos particulares que participan de estas sustancias, lo mismo ocurre
con la sal. Luego de diluirse, la sal parece ya ausente, imperceptible y,
sin embargo, perdura en la totalidad del agua. La sal que se diluye es
metáfora de una esencia sutil; del ser que se disuelve en la totalidad y
palpita en cada cosa.

La mente del sabio debe estar abierta a la intuición de ese ser que en todo
bulle. Esta realidad única, le revela finalmente el padre a su presuntuoso
vástago, arde en cada hebra de existencia. Ese ser, por tanto, es también
nuestro yo (el atmán). "Ese ser eres tú" sentencia, al final, el sabio padre
a su hijo (3).

La historia de Aruneya forma parte del Upánisad, libro esencial de la
antigua sabiduría védica (4). En este universo de creencias, el yo
individual es idéntico al espíritu universal, Brahman, lo absoluto. Es la
exacta igualdad entre lo particular y el todo. Lo pequeño reverbera dentro
del cuerpo de una realidad única, total, absoluta.

Desde la antigüedad, la India es santuario del monismo, de la idea de que lo
real es un solo ser manifestado en múltiples formas. Es así lógico que esta
unicidad de la realidad, esta continua fusión de lo particular en la
totalidad cascabelee también en el Bhágavad Gita, que forma parte del
Mahabharata y del que luego hablaremos.

Como ya comentamos, el Mahabharata ha sido adaptado por Peter Brook, uno de
los principales realizadores teatrales del presente. A partir de la década
del '60, Brook innova en las formas de la expresión escénica. Su principal
camino experimental en este sentido es el grupo del Teatro de la crueldad,
llamado así por el famoso manifiesto de un nuevo teatro gestado por Artaud
en la década del '30 (5).

Lo mismo que a Artaud, al director teatral británico lo mueve, al menos en
parte, la nostalgia por el teatro sagrado. Este gesto nostálgico lo plasma
Brook en El espacio vacío (6). En esta obra le dedica un capítulo íntegro al
teatro sacro. Esta modalidad teatral es la que busca hacer visible aquello
que, en principio, es invisible y distante. Ahora bien: ¿cuál es el
contenido de aquello invisible que el teatro sagrado busca hacer presente,
patente? La realidad invisible en cuestión consiste en el hervidero de
fuerzas cosmológicas, divinas, que atraviesan la materia, el tiempo, el
cuerpo, la vida humana y los fenómenos naturales. Esta multiplicidad de
fuerzas es, en realidad, una sola potencia sutil y creadora y, en principio,
imperceptible, que atraviesa el universo. El teatro sagrado anhela convertir
en un ostensible fuego presente esa fuerza de absoluto poder creador. Para
esto, el teatro necesita nutrirse del rito.

En sus comienzos, el teatro sagrado en Occidente estuvo asociado al rito de
adoración a Dioniso. Pero para que haya rito, previamente debe haber mito,
una narración mítica.

¿Y qué es lo propio de este narrar mítico? Es una narratividad donde laten
dos presupuestos. El primero involucra al lenguaje. El mito supone que el
lenguaje puede expresar lo real, puede manifestar o sugerir el ser. El mito
presupone una identidad entre el lenguaje y las cosas.

El segundo presupuesto de la narración mítica afecta al tiempo. El pathos
mítico traspasa la sucesión temporal y regresa a una escena eterna donde la
realidad no sufre los procesos del desgaste, de la muerte corrosiva y lenta.
En esta escena atemporal, en este otro tiempo sin corrosión, es donde
suceden los hechos narrados.

Vaysa es el narrador del Mahabharata. Es quien narra la guerra entre dos
familias fuertemente unidas por lazos de parentesco. Pero esta contienda no
transcurrre en un pliegue determinado del tiempo histórico, cronológico.
Ocurre en la atemporalidad mítica. En un eterno presente donde los hechos
nunca pierden su vitalidad, su intensidad, y una fecunda irradiación de
símbolos.

Vaysa, el narrador del Mahabharata, esculpe un relato mítico; despliega una
urdimbre de hechos que fluyen en una escena eterna. Y lo eterno respira
alrededor de un ser u origen divino de la realidad. Ese ser en el
Mahabharata que inspira la adaptación de Brook, es Visnu. Como el Hijo de
Dios en el cristianismo, Visnu se manifiesta en el tiempo; se encarna en una
figura humana; consuma una divina misión entre los hombres. Es un dios
proclive a las metamorfosis. Visnu, en el Mahabharata, es Krsna (7).

Visnu trae en el Bághavad Gita el camino hacia la verdad mediante el
conocimiento. En el primer estadio de la religión védica, el hombre se
aproxima a lo divino mediante los sacrificios. Pero Krsna trae una sabiduría
que sólo se revela a través del agua honda del conocimiento. El momento
preciso de esta revelación en el Bhágavad Gita es el siguiente: en el norte
de la India, estalla la guerra entre dos familias, los pandavas y los
Kaurava, ligados por fuertes parentescos familiares. El líder de los
pandavas es el príncipe Arjuna. Antes del inicio de la batalla, Arjuna le
ordena a su cochero que le conduzca hasta la línea divisoria que separa a
los dos ejércitos para revisar sus propias fuerzas. Al arribar a ese sitio,
el príncipe ve que entre los guerreros enemigos se hallan muchos maestros
amigos, hijos, abuelos, tíos, sobrinos, hermanos. Entonces, sopla un viento
de conmoción en su espíritu. La indecisión, el temor, trituran su alma.
¿Cómo podrá atreverse el
príncipe Arjuna a cargar sobre los de su propia estirpe? ¿Cómo hundir sin
vacilar su espada en el pecho de un ser amado que comparte con él una misma
sangre?

El príncipe se despeña en la inacción. Permanece ahogado en la confusión.
Entonces, su cochero inicia palabras de una visceral sabiduría. El cochero
no es otro que Krsna, la encarnación o avatar de Visnu.

La música de las enseñanzas de Krsna resuena en el Bhágavad Gita. Para
rescatar algunas de ellas, leeré ciertos momentos de esta obra en la
traducción incluida en Filosofías de la India, del reconocido orientalista
alemán Heinrich Zimmer.

"Ahora- le dice Krsna a Arjuna- escucha mi suprema expresión: porque deseo
tu bien te lo proclamaré. Ni las huestes de los dioses, ni los grandes
videntes conocen mi fuente. Muchos más antiguos que ellos soy Yo. Quien me
conoce como el No nacido, el Sin principio, el Gran señor del mundo, ése
entre los mortales, libre de ilusión es el liberado de todos sus pecados. De
Mí sólo surgen los múltiples estados mentales de los seres creados (...)
Quien conoce en verdad esta manifestación de mi potencia y de mi poder
creador está armado de inconmovible constancia. Yo soy la fuente de Todo, de
Mí todas las cosas nacen. Todos los que tienen conocimiento lo saben. Y con
este conocimiento los sabios me adoran sobrecogidos de sacro terror.

"Soy el tiempo, el destructor grande y poderoso que aquí aparece para barrer
a todos los hombres. Aún sin ti y tu liderazgo, ninguno de estos guerreros,
formados en sus filas, quedarán vivos. Por lo tanto, levántate, gana gloria,
hiere al enemigo, goza con prosperidad tu señorío. Por Mí, sólo por mí, ya
han sido derrocados hace mucho. Sé tú nada más que mi instrumento. " (8)
En este primer momento trascendente de la enseñanza de Krsna a Arjuna se
apretuja una exaltada síntesis de la filosofía monista india. Todo es
exhalación de un único ser. Entre las formas naturales, los cuerpos y las
palabras del lenguaje, no hay diferencia esencial: todo es uno.

"Ni las huestes de los dioses ni los grandes videntes conocen mi fuente".
Palabras éstas que revelan que el ser florece desde un secreto incognoscible
En su primera raíz, el ser originario es enigma. Es anterior a toda
diversidad, a toda dualidad. Es también previo a la contraposició n
tiempo-eternidad. El ser nunca concluirá porque nunca ha nacido (9). Y el
ser nunca nacido es la fuente única que todo lo produce. "Yo soy la fuente
de todo, de Mí todas las cosas nacen". El ser es así el único verdadero
manantial creador. Todo es grito dentro de su gran e ilimitada fiesta
creadora.

Pero, a su vez, el ser flamea en el tiempo. Y las ráfagas del devenir
temporal son garras que despedazan, matan. Dentro del tiempo, Krsna ha
decidido la muerte de numerosos guerreros que se aprestan a combatir.

Lo divino crea y aniquila. La unidad del ser es lo que incluye todos los
estados posibles. El estado creador y el destructor. Al abrigo del ser uno,
estos estados no son ya opuestos sino los dos momentos de un mismo aliento.

El monismo que profesa Krsna no brilla sólo en la India antigua. La creencia
de que una sola fuerza es arquitecta de la totalidad responde a una
intuición arcaica del ser muy extendida. Solemos creer que lo
judeo-cristiano es la inventora de un monismo filosófico bajo su forma de
monoteísmo religioso. Pero, en realidad, existen numerosos antecedentes de
esta visión del mundo. Por ejemplo, en la antigua ciudad egipcia de Menfis,
hacia el 2500 a.C, resplandeció la teología menfita. En ella, reina el dios
Ptha. Es una divinidad que, en principio, es pensamiento puro. Mediante el
lenguaje, a través de palabras, Ptha se piensa a sí mismo. Y habla y dice. Y
al decir, crea las distintas partes del universo, los diversos dioses y los
seres (10).

Detrás de la multiplicidad de las ciudades sagradas y templos, tras la
diversidad de los cuerpos terrestres y estelares, titila un único dios. Un
solo pensamiento que, al hablar, crea las selvas diversas del mundo.

Ejemplo de nítido monismo religioso, paralelo e independiente al
cristianismo, es la doctrina de la diosa Isis en El asno de oro de Apuleyo.
Apuleyo se transforma en asno. Pierde su dignidad humana. Pero no renuncia a
la recuperación de su integridad y a las joyas de la inmortalidad y la
sabiduría. Por eso, busca el auxilio de Isis. Durante la noche, arriba a la
orilla del mar. Entre las penumbras nocturnas, invoca a la diosa. Que,
radiante, emerge de las aguas y le asegura a su implorante que "...las
luminosas bóvedas del cielo, los saludables vientos del mar, los silencios
desolados de los infiernos, toda está a merced de mi voluntad; soy la
divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas,
variados ritos y los más diversos nombres" (11).

Un segundo momento de gran trascendencia en las revelaciones o enseñanzas de
Krsna a Arjuna ocurre cuando el dios quiere torcer la indecisión del
príncipe, su deseo de no participar en la batalla, su temor a matar a sus
parientes. Krsna, como suprema divinidad, es el "poseedor de los cuerpos"
(saririn). Es energía infinita, insondable. Puede alojarse en un cuerpo como
atmán, el alma o principio viviente individual. Pero es inmune a la eventual
muerte corporal. Por eso, Krsna le asegura al confuso guerrero Arjuna:

"Quien piensa que él mata y quien piensa que Él es muerto, esos dos carecen
de verdadero conocimiento; porque no mata ni es muerto. No nace ni muere en
ningún momento; no llegó a ser en el pasado ni volverá a cobrar existencia
en un momento futuro. Es no nacido, eterno, perdurable, y le dicen "el
antiguo" (purana); Él no es muerto cuando se da muerte al cuerpo. El hombre
que sabe que Él es indestructible, eterno, sin nacimiento e inmutable ¿cómo
puede matar? ¿a quién? Así como un hombre tira las ropas viejas y gastadas y
se pone otras nuevas, así el "Poseedor de los cuerpos" arroja los cuerpos
gastados y entra en otros nuevos" (12).

"El poseedor de los cuerpos" nunca ha nacido. Por lo tanto, nunca morirá. El
atmán, el alma o yo trascendental, es un latido del corazón incandescente
del dios. Es en realidad energía, poder eterno que no podrá disiparse por la
muerte corporal. Así, nadie puede realmente matar la vida del otro, porque
lo más profundo de esa vitalidad es la propia divinidad indestructible. El
universo deviene así una constante música de transformaciones. Nadie puede
silenciar definitivamente ningún sonido de la música universal y eterna.

Lo que no debemos perder de vista es que Krsna entiende la vida desde una
dimensión impersonal. Ninguna vida personal o individual puede existir fuera
de la previa vida divina que refulge por encima de todos los yoes. Entonces,
el temor de Arjuna a matar a alguno de sus parientes es infundado. Es un
temor que nace del no-conocimiento, del no-saber. Arjuna aun cree que la
vida necesita de un rostro individual. Si ese rostro se disgrega, la vida
desaparece. Pero, en realidad, la vida no es rostro personal sino la
corriente, sin nombre, sin rostro, de la que emergen todos los cuerpos
individuales.

Una tercera exhalación esencial de la sabiduría revelada por Krsna en el
Bhágavad Gita, contenido en el Mahabharata, estimo que es la doctrina de la
acción desinteresada o karmán. Es la acción que busca su cumbre en el
desinterés o desapego. En relación a esta instancia, Krsna ahora sentencia:

"Contemplando los objetos sensibles internamente, analizándolos y meditando
sobre ellos, creamos el apego a los objetos; del apego viene el deseo; del
deseo, la furia, la pasión violenta; de la pasión violenta, el aturdimiento,
la confusión; del aturdimiento, la pérdida de la memoria y del autodominio
consciente; de esta turbación o ruina del autocontrol viene la desaparición
del entendimiento intuitivo; y de la ruina del entendimiento intuitivo viene
la ruina del hombre mismo". (13)

En este razonamiento de Krsna, podemos advertir un rumor constante en la
historia de las religiones y de la filosofía. El siseo de la angustia que
ambiciona comprender y ejercer la libertad. Nuestro primer estado es la
no-libertad. Nuestra sujeción al mundo tiene variados perfiles como un
prisma. Durante muchos momentos de la historia, como lo testimonia Rousseau,
en El contrato social, el hombre ha nacido esclavo. En las sociedades
modernas, parecería, que esto ya no es así. Pero seguimos viviendo
profundamente constreñidos a las condiciones que cada sociedad nos impone
para sobrevivir. Es evidente también nuestra no-libertad en relación al
cuerpo y sus procesos fisiológicos y nuestra dependencia en relación a la
naturaleza y sus recursos, al sol y su energía vivificadora.

Pero nuestra no-libertad también es construida por una interpretació n
errónea de la existencia. Mediante el deseo nos sometemos a las cosas porque
a través de ellas, estimamos que podremos realizarnos y alcanzar la
felicidad. Sin embargo, el deseo golpea siempre las puertas del palacio de
la pasión violenta porque nunca puede ser plenamente satisfecho, calmado. La
cadena de los deseos posibles es infinita. Actuar sometido a las exigencias
del deseo, por ejemplo del deseo de autorrealizació n, nos arroja a la
frustración, al aturdimiento, la confusión, la pérdida del autodominio. Y a
la desaparición de lo que Krsna llama "el entendimiento intuitivo". Una
facultad que, mediante los claros rayos de un candil, permite ver que la
verdadera acción libre es la acción desapegada.

En esta visión, la libertad adquiere dos expresiones: la liberación de la
frustración del deseo (es el momento de la libertad negativa, consistente en
la liberación de lo que nos oprime), y la libertad como ejercicio de la
acción desinteresada (el momento de la libertad positiva, la libertad no
sólo como un liberarse de una opresión sino como un hacer). En la doctrina
hindú de Krsna entonces, liberarse del apego o dependencia y de la desazón
que generan los deseos insatisfechos no equivale a un no actuar. Desde una
dimensión estrictamente psicológica, sabemos que es imposible no desear. Lo
que se sugiere entonces es un cambio del timón del deseo y la acción. Lo que
ahora se desea no es la acción como medio para un logro personal. Lo que
ahora se quiere es la acción desapegada. Un actuar que danza en el mundo.
Que genera hechos y realidades pero no como instrumento para la propia
satisfacción, sino por el valor radiante de la acción, por la gracia o
nobleza inherente a
la acción misma.

El hombre así ya no es siervo de sus deseos. Ahora es señor de sus actos
libres.

Hay cierto curioso parentesco entre el panegérico hindú del desapego y la
obra del místico alemán, dominico, del siglo XIII, Meister Eckhart.

La acción desapegada es defendida por Eckhart en su Tratado del desapego
(14). El actuar por la dignidad de la propia acción, ya no como medio para
una satisfacción egocéntrica, nace de una previa renuncia. La renuncia a la
posesión conceptual de dios. Para esta renuncia, según el teólogo dominico,
se debe entender que Dios no es el supremo ser. Dios no es porque es
indecible. No puede ser reducido a ninguna palabra. Lo divino no puede
apegarse, fijarse al entendimiento, al lenguaje. No puede decirse nada sobre
Dios entonces. Ni siquiera que es "supremo ser". La oración no debe buscar
así un control o apego sobre Dios. Según Eckhart, no se debe orar a la
divinidad para poseerla y obligarla a cumplir nuestros deseos. Por el
contrario, se debe orar a dios sólo como expresión de un amor desinteresado.


Como vemos, las revelaciones de Krsna son diversas. Sin embargo, en ellas
resopla una aspiración humana esencial: la necesidad de emanciparse de la
erosión orgánica, del envejecimiento, del tiempo. Parte del destino humano
es liberarse de la navaja de la erosión. Del tiempo que erosiona y mata.

En la antigua India, una de las formas más poderosas que la humanidad ha
generado para esta liberación es la alianza con un extraño dios bailarín
(15). Un dios danzante que obliga al mundo a la danza del continuo cambio,
del nacer, el debilitarse y extinguirse.

El mundo que danza se erosiona en ese danzar.

Pero el mundo no danza en el vacío.

Baila dentro del cuerpo invisible de un dios cuyos movimientos no se
desgastan.

El mundo baila en el tiempo que cercena y debilita. Pero también lo hace
dentro de la danza sin erosión del dios.

Y lo mismo ocurre con el hombre.

Y es el hombre quien según la lejana filosofía de la India, puede trascender
el baile agotado del mundo y aprender la danza sin fatiga. Porque el hombre
es uno de los pasos del abismal dios danzante que nunca se agota.


Citas:
(1) Los Veda son los textos de la antigua religión aria de la India. Lo
componen himnos y normas de liturgia ritual, y los Upásnidad, la parte
especulativa, filosófica, metafísica.
(2) Heinrich Zimmer, Filosofías de la India, Buenos Aires, EUDEBA (Editorial
Universitaria de Buenos Aires), 1965, p. 266.
(3) "Eso eres tú" (tat tuam asi, en su fórmula sánscrita) es la "gran
fórmula" (mahavakya) de los Vedas por la cual todo lo diverso que los ojos
ven debe ser reducido a una sola esencia universal y sutil.
(4) Ver Upanisads, con prólogo de Raimon Panikkar, Madrid, Ediciones Siruela
1997.
(5) Artaud, es el pionero, tiende a buscar desde fuentes no occidentales,
una experiencia otra de la escena; precisamente Artaud en la década del 20’
presencia las representaciones teatrales de una compañía teatral balinesa, y
a partir de ese contacto con Balí como un ejemplo de teatro oriental, accede
al ejemplo de un teatro sagrado. Sobre su Teatro de la crueldad, Antonin
Artaud, "El Segundo manifiesto del Teatro de la Crueldad", en el El teatro y
su doble, Ed. Fahrenheit.
(6) Peter Brook, El espacio vacío, Arte y técnica del teatro (trad. Ramón
Gil Novales), Barcelona, Ed. Península, Colección Nexos, 1994.
(7) El dios Visnu es uno de los tres dioses del trimurti o trinidad del
panteón del hinduismo clásico. Es la divinidad que crea al mundo como un
sueño de su mente (ver por ejemplo en Mitos y símbolos de la India, de
Heinrich Zimmer, Ediciones Siruela, el mito de la creación del mundo por
Visnu). Visnu se caracteriza también por su carácter proteico, por sus
metamorfosis y su encarnación o avatar en alguna forma de vida particular
humana o animal. Krsna, el principal personaje de la Bhágavad Gita junto con
el príncipe Arjuna, es la encarnación o avatar humano de Visnu.
(8) H.Zimmer, Filosofías de la India, op.cit.,p.203. También es muy
recomendable la traducción directa del sánscrito del gran hinduista peruano
Fernando Tola. Bhágavad Gita. El canto del señor, Buenos Aires, Colección
Continentes, Monte Ávila Editores, 1977.
(9) Esta posición coincide en su tono general con el pensar de Parménides.
Según el filósofo presocrático, el Ser es siempre, nunca ha nacido, porque
si alguna hubiera nacido eso significaría que, antes, no habría existido y,
por lo tanto, el Ser estaría dividido entre el Ser de ahora y el no-ser del
pasado. Ver G.S.Kirk, J.E. Raven, Los filósofos presocráticos, cap. Xl.,
Editorial Gredos.
(10) Ver Henri Frankfort, La religión del Antiguo Egipto, Barcelona, Ed.
Laertes, 1998, pp. 102-106.
(11) Apuleyo, El asno de oro, Barcelona, Ed. Planeta-Agostini, 1997, p.301.
(12) Filosofías de las India, op.cit.,p.304.
(13) Ibid., p.318.
(14) Puede consultarse principalmente: Meister Eckhart, "Sobre el
desprendimiento", en Los tratados, Buenos Aires, Editorial Hastinapura, pp.
167-184. La ética del desapego se entronca también con el pensamiento de
Schopenhauer quien, durante un periodo de su obra, bregó por la supresión de
los deseos irrealizables bajo el influjo de sus lecturas de los Upánisad,
obra a la que accedió mediante el orientalista alemán Meier.
(15) En la religión védica, el dios de la danza es puntualmente Siva. Esta
divinidad refleja aun con más nitidez la complementariedad entre la
destrucción en el tiempo y la creación en la eternidad que presentamos aquí
como un atributo del ser a través de las revelaciones de Krsna. Mediante su
danza en el tiempo, Siva destruye el mundo pero sólo como preámbulo para su
regeneración dentro de una inagotable eternidad creadora.






Graciela E. Prepelitchi
"La dicha de la vida consiste en tener siempre algo
que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar"
Thomas Chalmers



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26.2.2007 GMT

Poesía/Argentina/Siniestra/Rolando Revagliatti

Galeria Fotografica de Manos en Accion, Fotografia en Blanco y Negro

Siniestra

Mi mano de 11 años de edad, diestra, se estuporiza:

lo que mi amiga de toda la vida, Eufemia

mientras merendamos solos en su casa

tiene y no tiene

son recién cumplidos 13 años

y bombacha

Que lo afirmen los dedos de esa mano:

se le fue la infancia a mi amiga

¡oh, su néctar!



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