Revista Literaria Periódico Cultural

13.3.2007

13.3.2007 GMT

Artículo/La Muerte nOS aMENAZA pERO tAMBIÉN

Arto Paasilinna: "La muerte nos amenaza, pero también nos hace

Enviado por: "fontanamoncada" fontanamoncada@yahoo.es fontanamoncada

Lun, 12 de Mar, 2007 8:06 am (PST)

"La destrucción de la naturaleza debería ser considerada un crimen"

WINSTON MANRIQUE SABOGAL / (c) Babelia/El Pais

Uno de los escritores finlandeses de culto novela uno de los dramas
de su país en Delicioso suicidio en grupo. Con humor, ironía y
sarcasmo, el autor crea una fábula en la que desenmascara los atajos
hacia la muerte. El novelista, ex guardabosques y ex poeta,
reflexiona en esta entrevista sobre el sentido de la vida y la manera
de asumirla, a la vez que denuncia el maltrato a la naturaleza.

Paasilinna. ¿Paasilinna? ¿Quién es ése? Son interrogantes ante los
cuales un finlandés, un nórdico y más de un francés o italiano
subirían las cejas y pondrían cara de ¿cómo, no sabe quién es? Pero
en España la verdad es que es un escritor que se ha editado muy poco
y sin mucha fortuna. En cambio, en Finlandia un nuevo libro de Arto
Paasilinna (Kittila, 1942) es siempre esperado con una sonrisa. Humor
e ironía son sus aliados. El objetivo: denunciar problemas ecológicos
y de la sociedad contemporánea, a la vez que lleva a las personas al
encuentro consigo mismo. Sin temores. Incluso se atrevió con uno de
los principales dramas de su país y que tituló: Hurmaava
joukkoitsemurha. Que en español viene a ser algo así como Delicioso
suicidio en grupo (Anagrama), título con que se acaba de editar en
España.

Los finlandeses sabían que Paasilinna no los iba defraudar. Sabían de
su tradición de ver la vida y escribirla desde su esquina literaria
favorita que le permite abordar el mundo desde lo absurdo. Porque
sólo desde allí alguien puede exclamar que "con la muerte se puede
jugar, pero con la vida no. ¡Viva!".

PREGUNTA. Vaya manera original de abordar un tema tan delicado como
el suicidio.

RESPUESTA. El suicidio como tema de una novela es exigente y
peligroso, ya que la autodestrucció n ha de ser tratada con
responsabilidad y no se puede hacer de ella un chiste. Sin embargo,
esto no significa que haya que desesperarse; al contrario, mi
intención ha sido la de proporcionar a los lectores una esperanza de
vivir.

P. Parafraseando al narrador, ¿está obligado el ser humano a
conformarse con la espera de la muerte?

R. Así es. Los mortales han de conformarse con su destino. Y sin
embargo, la espera de la muerte no le da a la vida el contenido que
yo desearía; el anhelo de la muerte no le da a la vida un contenido
digno ni valioso.

P. Entre tragedia y humor, la novela es una exaltación de la vida y
esperanza en el ser humano.

R. No se puede escribir una novela demasiado sombría sobre este tipo
de tema. No es conveniente hacer de la autodestrucció n un hecho
comprensible ni, bajo ningún concepto, hacer de ella algo digno de
aprobación. Al margen de la tragedia, he intentado de verdad darles a
los lectores esperanza, y de otro modo, con ayuda del humor.

La relación de los finlandeses, y en general los nórdicos, con la
muerte es especial, ya que registra uno de los índices más altos de
suicidio. Incluso hay muchos escritores de novela negra y policiaca.
Paasilinna rompe con tópicos. Es un fanático de la vida. Su tránsito
literario por ese atajo hacia la muerte le ha permitido recordar
que, "en realidad, las personas siempre estaban viviendo el primer
día del resto de sus vidas, aunque no se les ocurriese nunca pensarlo
en medio de tanto trajín". Lo escribió en 1990 en Delicioso suicidio
en grupo. Dejó claro que tenía calada a la taimada muerte que ha
hecho que en Finlandia el suicidio haya adquirido la categoría
de "deporte nacional".

Sus novelas son un viaje. Una aventura en medio de lo desconcertante
que ve desde su singular esquina con algún compromiso, denuncia o
advertencia. Sin temer a muertos ni vivos. Es crítico con la
situación contradictoria de que a mayor calidad de vida y bienestar
social hay más suicidios. Y lanza una idea fundamental: que los
motivos de suicidio son raras veces problemas económicos, y que el
bienestar material por sí mismo no garantizaría la felicidad de la
persona. Lo dice un ex guardabosques, ex periodista y ex poeta.
Experiencias que le permiten denunciar el drama del suicidio y el
drama del suicidio colectivo a que la sociedad y los gobiernos están
llevando al planeta.

P. ¿Cuáles son los principales problemas de la sociedad contemporánea?

R. La desigualdad, ya sea económica, social o educativa. Y recuerda
que el ser humano ha peleado miles de guerras para acabar con ella,
pero sin resultado.

P. ¿Qué hacer ante el persistente ataque de la industria y el
progreso a la naturaleza, y que usted denuncia en la novela?

R. La destrucción de la naturaleza debería ser considerada un crimen
y, en cualquier caso, debería obligarse a las industrias que
contaminan a que pagasen los desastres que provocan.

P. Una de las características de sus novelas es la psicología de sus
personajes y del entorno social, algo que no abunda en la narrativa
de hoy, ¿por qué?

R. La psicología social ayuda a ver la sociedad en sus múltiples
dimensiones y, en ese sentido, la novela puede ser escrita como una
crítica social digna de tener en cuenta.

Vida y novela se trenzan en este escritor que a los 10 años empezó a
enviar sus escritos a publicaciones de Laponia. Ahora tiene casi 40
libros. Fue en 1975 cuando su nombre empezó a sonar con El año de la
liebre (Ediciones de la Torre, en España). Le adjudicaron la
invención de un género: la novela de humor negro ecológico. Su nombre
trascendió en los años noventa a países como Francia e Italia. Y
Finlandia dejó de ser sólo el país del autor de Sinuhé, el Egipcio,
de Mika Waltari. Otras novelas suyas editadas en España son El
molinero aullador y El bosque de los zorros.

Un mundo personal-literario que Arto Paasilinna retrata a través de
nueve palabras a las que les crea su sombra: "La depresión puede
revivirlo a uno si la vence. La alegría da contenido a la vida. La
melancolía es el primer paso hacia la profundidad de ideas. El
silencio serena y es como una fiesta. La muerte nos amenaza, pero
también nos hace libres. La vida es un enorme regalo que no debemos
subestimar. El bienestar sería algo así como un premio. Y la novela,
un pedazo de vida".



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Artículo/La Esclavitud/Camilo Valverde Mudarra/Camilo Valverde Mudarra

Pobreza crónica

En Brasil, continúa latente la esclavitud. Unas cuarenta mil criaturas viven hoy sometidas, a pesar de que, oficialmente, la Princesa, Isabel de Bragança la abolió en 1888. Los esclavos actuales son obreros que malviven en áreas remotas, donde resultan atrapados por las inicuas condiciones del trabajo, en el que contraen, sin saberlo, unas deudas imposibles de pagar con el salario prometido, pero nunca recibido. Y la ciudadanía brasileña vive su vida ajena a la existencia de esta realidad en zonas alejadas, al Norte; pero el presidente, Lula da Silva ha entablado su batalla personal contra esta ignominiosa lacra histórica en su extensa nación.

Con la aprobación de una polémica enmienda de la Constitución, el Ejecutivo Brasileño ha comenzado una cruzada para erradicar definitivamente esta modalidad de esclavitud. La medida contempla la expropiación de las tierras, en que se constate jurídicamente la opresión de los operarios y la imposición de multas gigantescas a los terratenientes que se sirven del esfuerzo esclavo. La enmienda precisa aún la aprobación en su segunda vuelta, pero la iniciativa constituye la mayor audacia del Gobierno en el combate contra los usureros, que actúan en los estados de Para, Mato Grosso, Bahía, Maranháo, Tocantins y Rondonia, al Norte del país, donde la inmunda práctica se hace común y permanente. Los campesinos y braceros, en su mayoría analfabetos, sumidos en tan honda pobreza que no logran llevar el necesario alimento a la familia, se desplazan sin ningún documento oficial, porque jamás lo han tenido y corren subyugados hacia El dorado que ofrece la oportunidad vital de encontrar un trabajo productivo en aquellas zonas de expansión agrícola. Abandonan su hábitat y su vida y andan tras la ilusión, se hospedan donde pueden, buscando siempre las proximidades de los extensos latifundios, en los que, desconociendo su ambicioso lucro y grosero ataque forestal, creen hallar, con su trabajo, la solución del hambre que inveterada los corroe, para caer en la más absoluta de las miserias: la pérdida de su libertad y su dignidad. Son ya muchas las denuncias de estos hechos; se han alzado, por todo el territorio, voces que delatan el trabajo en situaciones similares a la esclavitud; condiciones parecidas, se comprueba, que, incluso, se producen en las grandes capitales.

La esclavitud soterrada se está dando todavía con mucha frecuencia. Mafias constituidas trafican con chicas y niños que, recluidos en prostíbulos, son explotados, vejados y maniatados con contratos en los que garantizan con su propia vida el pago de la supuesta deuda, bajo la amenaza de devolverlos a su país y asesinar a su familia. Los miles de africanos que recorren miles de kilómetros exhaustos, pagan grandes sumas a las mafias que los hacinan en frágiles pateras y los estrellan en la soledad a expensas del bravío oleaje. En nuestro mismo entorno, empresarios codiciosos que comercian y amasan grandes sumas, muchas veces ilegales, mientras mantienen a los empleados en la perentoriedad con salarios básicos de miseria, se aprovechan de la precariedad e impotencia.

Por ello, Naciones Unidas decretó el 2004, «año de conmemoración de la lucha contra la esclavitud», para recordar el uso del trabajo esclavo en varios países y denunciar el tráfico de seres humanos. Informes de organizaciones humanitarias revelan que unas ochocientas mil personas son objeto de comercio y transacción y ejercen, forzadas, trabajos denigrantes en todo el mundo. En Mauritania, más de un millón de personas aún son una auténtica "propiedad" del rico amo. En Tailandia, se estima que unas doscientas mil niñas son obligadas a prostituirse para satisfacer la demanda de los turistas y viajeros.

Un informe del Gobierno, difundido en Brasil, manifiesta que las condiciones de pobreza crónica que soportan los obreros de los latifundios les hacen caer en el mismo horror y aceptar un empleo precario repetidamente. «Incluso tras ser liberados, los trabajadores vuelven a un círculo vicioso. Gastan dinero en alcohol, y, durante las borracheras, les roban los dineros y sus documentos y ya no saben, cómo pagar la cuenta de las noches que pasan en burdeles, lo que les conduce a la cadena de servidumbre». Su desesperación los convierte en presa fácil de los gatos - apodo de los intermediarios-, los agentes buscadores de mano de obra para los explotadores latifundistas. La palabrería de persuasión de los gatos engloba un paquete atractivo: ayudas económicas para sus familias, el pago de las deudas y la oferta de un aceptable empleo, con hospedaje, manutención y viaje gratuito. Pero, al final, les espera el negro terror de la injusticia, la opresión y la avaricia. Cuando llegan a la finca, les presentan la relación de las deudas de que acaban de contraer y, atónitos, se enteran que aún han de pagar los utensilios y los trajes de faena.

Sólo, unos cuantos logran huir y escapar de ese horrible infierno. Todo intento de fuga resulta doblemente penoso, al hallarse trabajando en regiones lejanas y apartadas; los que fracasan en su huida se ven envueltos por las garras de la despiadada crueldad; les infringen tales castigos que terminan muchas veces con su vida. «Las dificultades para liberar a estos trabajadores son innumerables y las frustraciones del Gobierno son, al mismo tiempo, enromes», concluye el documento gubernamental.

Camilo Valverde Mudarra

Camilo Valverde Mudarra

Camilo Valverde Mudarra

Natural de Jaén, vive entre Granada y Vélez Málaga. Está casado y tiene cuatro hijas.

Hizo Humanidades y Filosofía en el Seminario Conciliar de Jaén. En la Universidad de Granada, estudió Filosofía y Letras y obtuvo la Licenciatura en Filología Románica. Es Catedrático de Lengua y Literatura Españolas de Instituto de Bachillerato en Málaga. Diplomado en Ciencias Bíblicas, fue nombrado Profesor de la Escuela Bíblica de la Axarquía, donde imparte clases. La docencia, impartida con vocación y entrega, la lectura amplia y profusa, y la pasión por escribir han sido desde siempre su preferencia y dedicación.

Ha publicado un manual para Bachillerato, un ensayo: “LAS MUJERES DEL EVANGELIO”, un libro de poesía y comentarios: “DEL SONETO AL EVANGELIO”, y otro de poemas. En publicación, “Consideraciones Lingüísticas”, “Reflexiones Bíblicas”, “La religión del amor más grande” y “Cien Sonetos de Amor y Quebranto”. Tiene escritos doce libros de poemas y algunos ensayos más. Ha escrito y escribe actualmente en varios periódicos y revistas: el "Correo de Málaga", la "Prensa de la Axarquía", en la revista poética "Utopía" y colabora en el "Sur" de Málaga. Y también en algunas páginas de Internet, como: www.blog.votoenblanco.com, mediaIsla.gruposyahoo.com, www.autorescatolicos.org y www.autenticapoesia.com.




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13.3.2007 GMT

"la Leyenda del Lagarto de Jaén"/Carmen Maria Camacho Adarve

Cuenta la leyenda que muchos años atrás, había un lagarto que vivía en una gruta, situada en un barrio de Jaén, llamado La Magdalena. Dentro de la gruta había un nacimiento de agua y junto a él vivía un lagarto de enormes dimensiones, el cual tenía aterrorizados a los habitantes del lugar, era muy feroz y nadie se atrevía a pasar por esa zona, tal era el temor que el gobernador pensó: ¿Qué puedo hacer ante tan espantoso monstruo, que tiene, a todos los habitantes horrorizados?

Pasado un tiempo apareció la respuesta, había un reo en prisión condenado a muerte, y decidió darle una oportunidad: le perdonaría la vida si ingeniaba algún plan para matar al lagarto. El reo, después de mucho, mucho, meditar, ya que de ello dependía su vida, ingenió un plan para dar muerte al lagarto. Llenó una oveja con explosivos, se vistió de caballero poniéndose su coraza, envainó su espada y se fue cabalgando con su fiel corcel hasta la gruta, vio al lagarto acercarse y le tiró la oveja a las terribles fauces. Cuando el lagarto se la comió, después de unas horas, fermentó dentro de su tripa y el lagarto reventó, dejando a los habitantes del lugar en paz y felices otra vez. Así pues, el reo, tras su heroica hazaña, quedó libre de su condena. Y, aquí acaba la leyenda del lagarto de Jaén. ... colorín colorado el lagarto ha reventado.

Carmen María Camacho Adarve

Carmen María Camacho Adarve


Nacida en Torredonjimeno (Jaén) el 19 de mayo del año 1960

Narradora y poeta, de profesión Terapeuta en drogodependencias y adiciones.
Trabajos publicados en distintitos medios de comunicación, poemas y relatos publicados en papel, relato finalista en el concurso por la igualdad de sexos NADIE PERTENECE A NADIE, TITULO DEL RELATO NOMEOLVIDES, RELATO BLANCO Y NEGRO FINALISTA EN LA EDITORIAL NUEVO SER BUENOS AIRES, relatos publicados en periódico Ideal (España), en Atina Chile, colaboradora de Mundo Cultural Hispano, pagina personal de relatos y cuentos, bitácora personal, fotoblog en HoyCinena del grupo vocento EL REINO AZUL.

En la actualidad reside en Jaén.
E-mail:
cmcamacho@telefonica.net ; carmencamachoadarve@gmail.com
Tfno: 953 270 977 / 679 152 103

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13.3.2007 GMT

El Santo Rosario/ César Rubio Aracil-augustus

Quienes hayáis leído mis cosas sabréis que no soy católico, y de mis escritos puede deducirse que no practico ni creo en ninguna religión. Aún más, siento una visceral antipatía hacia los eclesiásticos. No obstante, para mí el antiguo Santo Rosario tenía magia, aunque hoy ya no. Me explicaré con algún ejemplo.

De niño, en casa de mis padres, se rezaba el rosario todos los días del año. Mi progenitor, tolerante por motivos democráticos, nunca opuso la mínima resistencia a los rezos, ni sostuvo competencia alguna con mi madre para que sus tres hijos no fuesen a misa. Yo, que por aquellos tiempos practicaba a diario… Lo diré sin rodeos: me masturbaba. Pues bien, después de cada orgasmo, sensación de pecado mortal. Durante la maniobra (porque de “mano” y “obra” se trataba), una angustia, una sensación de culpabilidad. Hasta que en cierta fecha, todavía vistiendo pantalones bombachos, después de haber estado haciendo cosas feas con una muchacha de mi edad, comencé a perder el temor a las calderas de Pedro Botero. Claro, no podía, cada vez que Pepi y yo, en un corralón, “jugábamos” a médicos y enfermeras, imponerme la consabida penitencia de rezar 50 credos además del propósito de enmienda. Así las cosas, poco a poco, hasta dejar de ir a misa, fui perdiendo mi fe en el Dios personal que me vendían los padres franciscanos, luego los salesianos y, todavía antes, las hermanas carmelitas. Sin embargo… Lo cuento ya:

Virgo prudentísima, ora pro nobis; virgo veneranda, ora pro nobis; virgo predicanda, ora pro nobis…

¡Cuánto echo de menos la letanía lauretana! No por su significado, que nunca entendí, sino por la sedancia de su música. En cierta medida la comparo a los sones marinos, siempre los mismos y siempre diferentes a cada golpe de mar. La letanía del Santo Rosario es un auténtico mantra. Un estilo musical que nada tiene que envidiar a los recitativos hindúes. Tal es así que, hasta su traducción al castellano, muchas tardes me personaba en la concatedral de Alicante para escuchar el ora pro nobis y los acordes del órgano.

No puedo permitirme la memez de afirmar que todo lo realizado por la fe católica es detestable, porque pecaría de cerrazón mental e intolerancia. El rosario, en conjunto, merece mi aprobación. Insisto una vez más: no por su significado, válido para los respetables creyentes de buena fe, sino por lo manifestado hasta el momento, cuyo desarrollo me permito contemplar a continuación.

Si en mi casa materno-paterna tuve con el rosario instantes de magnífica placidez espiritual, las iglesias que a lo largo de mi vida he frecuentado me han dejado una impronta feliz. En ellas no recuerdo haber maldecido a los curas; por el contrario, los influjos positivos de la sillería catedralicia, impregnada de amor durante centurias, me han permitido ser comprensivo con los eclesiásticos. “Comprensivo”, manifiesto, dentro de los templos. Fuera de ellos, ¡a muerte con la curia! al comprender las interesadas intenciones clericales.

Claro que saben los mitrados cómo pulsar las fibras sensibles del sentimiento religioso. Conocedores de los efectos musicales sobre las conciencias humanas, la letanía lauretana magnifica las emociones más restrictivas. No obstante, pagaría 20 euros por cada sesión de órgano y ora pro nobis, porque merece la pena sentir a la divinidad cósmica en la profundidad de nuestros arcanos. Aunque nos engañen. Aunque la Santa Sede, nido de corrupción, conozca como nadie, incluyendo a los científicos vendidos al poder, cuáles son las vías neuronales para burlar a los ingenuos.

"Merece la pena", decía, entre otras, por la siguiente razón: faltos de sensibilidad en un mundo como el nuestro, el espíritu, alma, psique o como queramos denominar a esa cosa que nos inclina a veces a buscar en la mar, en el campo o en la montaña el “eso” desconocido de nuestra esencia, se complace, a través del sonido, en hurgar allí donde palpitan los arquetipos humanos. La música gregoriana, verbigracia, además de contener notas uniformes en cuanto al tono y duración se refiere, “huele” a soledad umbría.

En idéntica medida, el sonido del Santo Rosario me sumerge, en vez de elevarme, en los místicos espacios subterráneos de la existencia. Allí, ovillados mis sentimientos y plegadas mis emociones, siento que Dios es el átomo ultérrimo de mi naturaleza mortal.

César Rubio (Augustus)

César Rubio Aracil

César Rubio Aracil


Nacido en Alicante (España) el 31 de mayo de 1935 Amante de la Literatura. Durante veinte años ha estado dedicado al sindicalismo, habiendo sido el impulsor de la U.S.O. en Alicante y posteriormente dirigente de CC.OO. Sus aficiones: Literatura, música y teatro. En la actualidad dirige la tertulia literaria del Casino de Alicante y, en colaboración con Raimundo Escribano y Pedro Fuentes-Guío está poniendo en marcha el Círculo de Bellas Artes de Alicante.

Publicó, en el año 1992 Crepúsculos y alboradas . En 1997, uno de sus más tiernos relatos fue incluido en la antología Nueva Narrativa Alicantina, de Ediciones Tucumán.
Además de colaborar en dicersas revistas y periódicos, César Rubio tiene tambien editados dos libros de poesías: Soy un círculo eterno y Sombras de mi soledad, ambos en 1991, y otro de breves ensayos La sombra del resplandor, publicado en el año 2000.

Ganador de varios premios literarios, este incansable escritor -que cultiva con igual maestría la narrativa, la poesía y el ensayo- tiene a punto de concluir una novela El vuelo de la Gaviota, e inéditos dos poemarios y un ensayo ( Karma, reencarnación y panteismo ), como asimismo un libro de relatos y otro de cuentos infantiles.

Autodidacto, su pasión es la literatura, poniendo especial énfasis en los temas trascendentes: la vida contemplada desde la dimensión cósmica, en su obsesiva búsqueda de la integridad existencial.




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13.3.2007 GMT

Historias/

Una Historia Zen
Cuenta que un monje estaba trepando por una escarpada montaña. De pronto,
ante él, apareció un tigre que rugía y le cerraba el
Paso.
A su espalda, la pendiente se convertía en un abismo inmenso.

Mientras decidía qué iba a hacer, el monje volvió la mirada a la ladera que
tenía a su lado.
Alli, sus ojos se fijaron en una pequeña planta que había conseguido
arraigar en una grieta. Y del único tallo de la planta colgaba
Una perfecta fresa salvaje, roja y madura, que resplandecía con el rocío.
El Monje extendió la mano, arrancó la diminuta fruta, la saboreó con la
lengua y cerró los ojos extasiado.

Como no tuvo miedo y su atención no estaba en el tigre, éste simplemente dió
media vuelta y se fue...


*La prueba de la Bañera*

Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, una de las visitas le
preguntó al Director qué criterio se usaba para definir si un paciente
debería o no ser Internado.
"Bueno," dijo el Director, hacemos la prueba siguiente:- "llenamos una
bañera, luego al paciente le ofrecemos una cucharita,una taza y un balde y
Le pedimos que vacíe la bañera. En función de como vacíe la bañera, sabemos
Si hay que internarlo o no"
-Ah, entiendo- dijo la visita. - Una persona normal usaría el balde porque
Es más grande que la cucharita y la taza.
-No- dijo el Director. -Una persona normal sacaría el tapón. Usted que
Prefiere: ¿una habitación con o sin vistas?-


Vencer el miedo....
Cuando tenía 10 años, salí a caminar por el barrio con una vecinita a la
cual yo consideraba mi novia.
Al llegar a una esquina donde solían reunirse una serie de muchachos
mayorcitos, uno de ellos levantó la falda de mi amiguita y le acarició la
nalga.
Al ver el tamaño de mi oponente y el festejo de sus acompañantes ante la
hazaña, sólo opté por agachar la cabeza y seguir caminado con ella como si
nada hubiese pasado.
Al llegar a casa mi padre me vio evidentemente preocupado y me preguntó qué
había ocurrido.
Cuando le expliqué lo sucedido, entre lamentos y reproches, me miró
fijamente a los ojos y me dijo:
- "Mira hijo, lo que te acaba de pasar es sumamente incómodo. A mí también
me ocurrió algo similar alguna vez. Si dejas que el miedo te venza, te
cogerá ventaja".
Luego de meditar unos segundos, agradecí el consejo y me levanté rumbo al
televisor.
Mi padre me tomó del brazo y me dijo con voz firme:
- "No me has entendido. Tienes dos opciones. O sales a enfrentar a esos
idiotas o te las ves conmigo".
Realmente no dudé mucho de la elección. Mi padre era un napolitano
inmigrante de la Segunda Guerra Mundial que cuando se ofuscaba pegaba duro.
Opté entonces por la salida más digna, aunque obligada, de salvar el honor.
De más está decir que la hinchazón y el morado de los ojos duró más de una
semana. Pero valió la pena. Mi amiguita descubrió en mí a un verdadero
príncipe azul, levanté prestigio frente a mis amigos y otras niñas
comenzaron a mostrarse interesadas por esa mezcla rara de amante latino y
Bruce Lee. Sin embargo, lo más importante fue la enseñanza que me dejó la
experiencia en el aspecto psicológico. Luego de la pelea mi padre me estaba
esperando con hielo, aspirinas y cierto aire de orgullo.
-"Muy bien.-me dijo-es preferible tener un ojo hinchado y no la dignidad
maltratada".
Esa noche dormí como nunca lo había hecho antes.
Maquiavelo dice: "Los fantasmas asustan más de lejos que de cerca". Eso es
verdad. La única manera de vencer el miedo es enfrentarlo. De igual modo, no
hay otra forma de solucionar un problema que haciéndole frente. No obstante
las ventajas del método, los humanos nos resistimos a pagar el costo de la
superación. Optamos por el camino más fácil: el alivio que nos produce la
evitación y la postergación.
El no encarar las cosas impide que el organismo tenga el tiempo suficiente
para vencer el miedo o solucionar el problema de que se trate. Enfrentarse a
cosas desagradables es incómodo, pero es el precio para modificarlas y
vencerlas.

Walter Riso



Graciela E. Prepelitchi
“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los
demás,
también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el
secreto que me permita ponerles remedio.”
Ghandi


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