Revista Literaria Periódico Cultural

21.3.2007

21.3.2007 GMT

Cuento/ Chile/ Vida Artificial /Maida Ribeck/

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por magdalena220 , 17 mar 2007
El brillo del sol se filtraba por la ventana, iluminando mi cara. Seguramente la sirvienta había descorrido las cortinas, pensando que ya era hora de que me levantara y empezara el día. Ella jamás entendería que yo no deseaba volver a abrir los ojos. ¿Cómo podía llegar siquiera a imaginar que el hijo de un exitoso empresario podría odiar tanto su vida?
Me di la vuelta y tapé mi rostro con su sábana, pero ya no pude seguir durmiendo. Siempre me pasaba lo mismo: al despertarme, ya no podía volver a dormir, lo que era una verdadera tortura cuando me sucedía en medio de la noche. ¿Qué hacer teniendo tanto tiempo libre? Meditar… meditar sobre la vida, y sentirla cada vez más ausente, más falsa e irreal.
Fastidiado por aquellos pensamientos, y por haber sido obligado a salir de aquel seguro mundo de ensueños en el que me encontraba, me levanté de la cama. Caminé hacia la ventana, y la abrí. A través de aquel marco pude ver el mundo exterior, tan maravilloso como siempre aparentaba ser. El sol brillaba en un cielo celeste, completamente despejado. Si veía hacia la izquierda, podía ver aquellas enormes construcciones que eran las viviendas de los ricos, limpias e inmaculadas. Sus transparentes vidrios reflejaban los rayos del sol, de forma que parecía que sus casas poseían sus propios pequeños soles, que con su luz respondían a los potentes rayos del Sol mayor. Irónico, aquellos soles parecían calentar hogares donde la frialdad y la hipocresía eran pan de cada día. A mi derecha, podía observar el río, grande y poderoso ahora que la temporada de deshielos había comenzado. Y al otro lado del río, veía las pequeñas casas de los más pobres, con sus caminos de tierra. En esas calles veía a niños jugar, seguramente sonriendo y disfrutando de aquel simple juego de golpear a una pelota. Cómo envidiaba a aquellos niños. Podían jugar tranquilos todos los días, sin preocuparse por ensuciarse o despeinarse. Podían comer dulces y cosas no muy sanas, pero de delicioso sabor. Todos los días los veía jugar entre ellos, y disfrutar de su mutua compañía… Disfrutar de todo eso que a mí se me había negado.
Me agradaba mirar por la ventana, pues a través de él no se podía ver maldad ni crueldad. Aquella ventana siempre me mostraba lo mismo, un mundo perfecto donde todos eran felices, y donde todo parecía pintado de mil colores. Pero, aquella ventana era igual a las personas: mostraba algo que no existía. Aquella ventana era hipócrita, engañosa. El mundo jamás sería tan maravilloso ni tan simple como ella mostraba. Mas, a pesar de saber aquello, no podía dejar de mirar por la ventana cada mañana. Ella era mi compañera fiel; siempre me mostraba lo mismo, incambiable, jamás me traicionaba ni me decía que me arreglara para verla. Esta era la amiga que me daba la fuerza para afrontar el siguiente día, que como siempre estaría lleno de penumbras.
Me alejé de aquella, mi única amiga. Había empezado a sentir hambre, y si quería comer debía ir a arreglarme primero. Esas eran las reglas de la casa: nadie puede comer a menos que se encuentre vestido, presentable. Crucé mi pieza y abrí mi armario. Montones de ropa limpia, doblada cuidadosamente, aparecieron ante mis ojos. Ver aquello, por alguna razón, me fastidió. ¿Para qué quería yo tanta ropa? Solo podía usar una combinación al día, y tener tanta variedad solo me traía problemas al momento de elegir. Tantos tipos de ropa, tantas opciones para combinar… y si elegía mal, debería regresar a cambiarme. Y allí empezábamos de nuevo: ¿Qué ropa elegir? ¿Cuál combinar?
En ese momento no me sentía con ánimos para preocuparme por la elección de mi ropa. Solo metí mis manos, y saqué la primera polera y el primer pantalón que toqué. Me quité el pijama con rapidez, y cubrí mi cuerpo con aquella ropa recién seleccionada. Luego me dirigí a mi baño. Abrí el grifo y con el agua me lavé la cara, y peiné un poco mis cortos cabellos. Examiné mi reflejo en el espejo ubicado sobre el lavamanos. Aborrecía peinarme así, con el pelo pegado a mi cabeza, mas si no bajaba así tampoco me dejarían comer. En ese momento, me percaté de que había algo más en mi reflejo, algo que me sorprendió encontrar. Allí estaba aquella mirada vacía, ausente, que me invadía siempre que me sentaba junto a aquella gente rica, los amigos de mi padre, o junto a aquellos petulantes que eran sus hijos. Esa era la mirada de alguien que ya no espera nada de la vida, de quien se ha rendido. La mirada de un muerto. Y ahora, simplemente al despertar estaba allí, como una maldición. ¿Se convertiría aquella en mi mirada, la que tendría por siempre? Preferí no darle más vueltas al asunto. De todas formas, si es que pasaba, aquello no me afectaría en nada.
Bajé y llegué al primer piso. En el comedor encontré mi desayuno servido: cereales y tostadas. Y, al igual que todos los días, allí se encontraba aquel odioso José. Él es otro de los sirvientes, pero este está encargado principalmente de mí. Siempre vigila que este vestido “presentable”, que estudie y de que no me pase nada. Absolutamente nada, ni peligroso ni divertido. Me obligaba a llamarle Señor José, y a tratarlo de “usted”. Decía que aquello me recordaría que era la autoridad, y que debía obedecerle. Yo le aborrecía, y estaba seguro que él sentía lo mismo por mí. Pero lograba ocultarlo perfectamente frente a mi padre.
- Veamos, Manuel, cómo te has vestido hoy. – me dijo apenas me vio.
Me revisó con la mirada. Una sonrisa maligna apareció en su rostro, y yo supe lo que sucedería sin necesidad de que me lo dijera.
- No me gusta cómo se ve esa polera con ese pantalón. Anda a cambiarte.
Subí corriendo las escaleras, y me puse una polera blanca. Ahora no podría decirme que la ropa no combinaba, pues la sirvienta me había contado que el blanco combinaba con todo.
Al volver donde él, ya no tuvo ninguna escusa para evitarme el desayuno, así que pude comer. Aunque claro, no tenía ninguna esperanza de pensar en que me dejara comer tranquilo: no, él estaría vigilando que comiera con lo que según él eran buenos modales.
No creo necesario contarles los comentarios que me hizo, pues les puedo asegurar que nada de lo que diga José les interesará. Prefiero saltarme aquella parte, y volver a relatar desde el momento en el que finalmente logré salir de mi hogar. No tenía ningún interés por quedarme allí, encerrado junto a José, por lo que apenas vi la oportunidad escapé. Corrí por el patio y llegué hasta la entrada antes de que alguien me viera. Salí a la calle, donde empecé a caminar. Nadie corría por esos lugares, y no quería atraer la atención.
¡Por fin paz y soledad! ¡Tranquilidad! Salir de aquella cárcel que era mi hogar causaba aquel cambio inmediato en mí. Poder escapar de José, de estar limpio, de las reglas, de la gente hipócrita... era lo mejor que me podía pasar.


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21.3.2007 GMT

Fabula/Venezuela/LOa Indígena Mara/Jhosue Villarroel

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La Indigena Mara

Publicado por jhossue , 28 sep 2006

Los cuentos indígenas siempre me han gustado porque son muy especiales, me hacen viajar astralmente con su literatura sorprendente a su pasado y eso me hace recordar que yo también soy un indio, mi padre era uno de ellos pero misturado. Como me considero un indio, hoy escribo las historias de mi tribu Guarauna:

MARA
Antes Que llegaran los Frailes a sacar los indios de los montes sagrados, las aguas de los caños eran azules como el cielo y sus tierras eran buenas, fértiles y se podía caminar con seguridad pues no eran barrosas.
Mara era una hermosa joven indígena de la tribu de los Guaraunos, hija del cacique Guarumo y la cacica Majagua.
Cuando decidieron marcharse de sus tierras que estaban ubicadas entre los caños del Golfo para ir en pos del Fraile Silvestre, Mara la hermosa indígena les dijo dulce a sus padres:
Padres míos yo no quiero desobedecerles a ustedes, pero yo no quiero marcharme de mis tierras, allá no es seguro y aquí nos protege el Dios de estas aguas que son tan limpias como los ojos


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21.3.2007 GMT

Minicuento/Venezuela/ Réquien para un Caido/Participación Resurgida

Réquiem para un caído
sexxxtosentido , 25 ago 2006
No se sabía a ciencia cierta cómo había llegado a esa triste situación. El siempre creyó que sería un fiel servidor a la hora de los sagrados alimentos pero su futuro nadie podía garantizarlo en esta, su hora trágica. Ensangrentado, recordaba con angustia las horas íntimas en que conoció las mieles de un beso apasionado. No fueron pocas las veces que entró en fricción con sus hermanos inferiores demostrando así un gran coraje. Ya no se sentía firme como antes, sabía que en cualquier momento caería en una incipiente orfandad, lejos de su raíz, la misma que le diera origen y presencia. Moriría sin que nadie recordara las múltiples batallas que libró majando la carne enemiga. Presentía en el cadalso, que su lugar –espacio de toda la vida- no duraría mucho tiempo vacío. Nadie le extrañaría en el devenir de los tiempos. Temporalmente, su ausencia sería notoria en el reflejo de espejos vitales y arrancaría tan solo gestos de rabia y vergüenza.
La sangre continuaba manando a borbotones y solo una delgada nervadura le sostenía en sus últimos momentos. La medicina moderna no podría hacer nada por él, acaso la tecnología de punta se encargaría de echarle tierra a su recuerdo.
No se escuchan repicar las campanas por él, ni siquiera un solitario rezo de despedida. Llorar no podía, aunque quisiera. El único hilo que lo mantuvo aferrado inútilmente al terminar su vida se rompió. Fue cayendo al vacío como quien en profunda pesadilla jamás despertara… Yacía inerte en medio de un charco de sangre.
Con su triste e inevitable partida, y luego del pleito callejero en que estuve yo mezclado, mi encía perdió uniformidad y me apodaron “chimuelo” mientras vencía el miedo de ir al dentista


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21.3.2007 GMT

Relato/ Mexico/ Espérame/ Lety XXXX

lety , 20 mar 2007

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Que triste recordar todo lo que pasó, a partir del día en que nos dijimos adiós; Que difíciles pruebas tuvimos que afrontar para estar de nuevo juntos como hasta el día de hoy.

Recuerdo el día en que llegamos a la central, los dos con una gran sonrisa que disfrazaba el dolor que sentíamos por la separación, mas nuestros corazones no querían soltar el recuerdo amargo de una separación inminente.


Al llegar la hora de partir, ¡¡ahh!! Ese beso que nos dimos quisimos que fuera eterno, y el sabor a sal que corría por mi rostro llegaba a mis labios separándonos, mientras el llanto ahogaba la voz, sentía que moriría sin él; mi mano sujetaba fuertemente su mano, entre lagrimas, sobraron los te amo, ¡¡no quería partir!!!.

Con una sonrisa que aprisionaba su tristeza, dijo: te amo, espérame. ..Que pronto a tu lado estaré, ¡para no separarnos jamás!, nuestros brazos se aprisionaron en un fuerte y tierno enlace; mientras besabas mis lagrimas secándolas con sus labios.

A bordo del bus traspasé fronteras alejándome más del hombre que amaba dejando atrás la mitad del corazón, ¡¡Dios permíteme mirarle de nuevo!! Rogaba se me concediera estrecharle nuevamente.

En el camino a casa mi mente parecía una película muy bella donde los protagonistas sólo eramos los dos ; cada segundo, cada momento cada beso, cada caricia, venia a mi mente,¡¡Quiero dormir y despertar teniéndole a mi lado sabiendo que este adiós solo fue un mal sueño!!.

Llegue a casa siendo otra, mi vida cambio de manera sorprendente, mi alegría quedó a miles de kilómetros detrás de esa frontera que un día fue deseada, pero ahora por tan odiada.

Oraba rogando poder verle, tocarle, oírle, tenerle, ¡¡como me haces falta!!¡ ¡dios como le amo!! . Mis ojos perdieron su brillo apagando se de tanto llorar, de extrañarle, de añorar la hora de volverle a ver.

Sin saber que el se encontraba igual, se sentía solo, su casa no era igual, faltaba la luz de su vida, nada tenia sentido sin su otra mitad.

Durante días planeo su viaje, sin importarle que no contara con los recursos para emprender su viaje, el amor le llamaba y no le importaba traspasar fronteras, ni lo que le esperaba, seria muy largo, el mas largo de su vida, pero ella lo valía.

Un día se levanto con la firme decisión de partir y hablo con su madre, se despidió de ella con el llanto en sus ojos, ¡¡ perdóname mamacita!!ella es el amor de mi vida y me esta esperando, sin ella no puedo vivir . Déme su bendición y pídale a Dios que me ayude a llegar con bien.

Tomo su morral, en el cual llevaba la esperanza, y muchísimo amor. Camino rumbo a el llamado, a paso firme y seguro, sin dar marcha a tras, camino por días, ocultando se al pasar la frontera, logrando pasar sin ser visto, para el fue su primer logro, el siguiente era aguantar el largo camino que le esperaba, mas el recuerdo de esa mirada, de esa sonrisa, le daba fuerzas para continuar.

El sol era su compañero de caminote día, mas el calor era tan intenso que lo hacia desfallecer haciendo sus pasos lentos, mientras la sed secaba sus labios dejándolos pálidos y agrietados.

Por la noche su única luz era la luna que alumbraba su camino hasta que ya no podía seguir mas, quedando se a dormir donde el cansancio no le dejaba seguir mas, su cobijo era la oscuridad de la noche.

Por muchos, muchísimos días esto fue su vida, sin contar las veces en que abrazaba a su estomago tratando de detener el hambre que le mataba.

El amor que sentía le daba fuerzas a sus quebrantos, viajaba con la ilusión de ver el rostro de su amada, al mirarle llegar, el deseo de probar de nuevo sus besos, y de vivir de nuevo junto a ella.

Después de caminar hasta muy tarde se quedo dormido sin saber donde, la desesperación comenzaba a ganarle, y sentía que perdía sus fuerzas. Quedo dormido bañado en llanto y fatigado, pero al despertar miro con alegría que al fin había llegado a su destino.
Busco agua para asearse, y saco de su morral una playera limpia, tratando de lucir bien, no quería que ella le viera la cruz que había cargado durante todo su viaje.

Muy temprano llego a la casa de su amada¡¡ahhh!! Inhalo aire soltándolo con agradecimiento¡¡ gracias Dios!!.
Súper nervioso toco la puerta, mas nadie le respondió, el nerviosismo se apodero de el y temblaba de miedo de imaginar que había llegado demasiado tarde, toco de nuevo mas fuerte con la esperanza de que respondieran su llamado.
Despertando de su sueño, mas dormida que despierta fue abrir la puerta y al mirar a quien estaba del otro lado, creyó que aun dormía, no podía creer que fuera realidad ¡ debo estar dormida! Sin poder moverse ni hacer nada lo miraba asombrada. Mientras el la tomo en sus brazos diciéndole : te amo te dije que llegaría !!y con un beso tierno se unieron para no separarse mas.

La fuerza del amor puede mas que todo.




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21.3.2007 GMT

Narración/España/ Hubiera Querido /Yolanda Gutiérrez Martos

Hubiera querido...

por enna , 05 mar 2007

Imagen Barcelona España

Hubiera querido deslizar suavemente mis dedos sobre tus labios y besarlos, y arrebatarte así un poco de aliento de vida, esa vida que lentamente me abandona cada día. Si no hubiera bebido una vez del manantial de tu boca, no estaría volviéndome loca por no poder volverlo a hacer. Si no hubiese avivado las ganas de fundirme en tu cuerpo, hoy todo tendría remedio aunque no hubiese apagado mi sed. Si no me hubieses mostrado el camino, de los senderos prohibidos que recorrí por tu piel, hoy yo podría vencer... vencer esta maldita enfermedad a la que llaman Amor, y que no había padecido jamás. Hoy al verte de nuevo, hubiera querido por última vez, envolverme en tu cuerpo y morirme muy despacio dentro de él.


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21.3.2007 GMT

21 de Marzo Día Internacional de la Poesía

Me pierdo
en cada palabra
y me descubro
más tarde
nómbrandote
y tú callas
temes herir a la noche
con tu gemido de amor
Mirta L. Urdiroz
Disfrutemos la Poesía


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