Revista Literaria Periódico Cultural

28.3.2007

28.3.2007 GMT

Cuentos de Maricastaña/Recopilación Carmen María Camacho

Cuentos de Maricastaña
Recopilación de Carmen María Camacho

El gallo kiríco
Este es el cuento del gallo Quírico que fue a la boda de su tío Perico muy arregladito y muy peinaico. Por el camino se encontró un montón de estiércol donde estaba gusanito. El gallo Quírico que tenía mucha hambre pensó: si pico me llenare el pico. Pico o no pico..., pico o no pico... y picó y el pico se lo llenó.

Siguió andando y andando hasta que se encontró con la malva y le dijo:

- No, no quiero.

Y el gallo Quírico siguió andando y andando hasta que se encontró a la cabra y le dijo:

- Cabra comete a la malva que no ha querido limpiarme el pico que voy a la boda de mi tío Perico muy arreglaito y muy peinaico.

La cabra le contestó:

- No, no quiero.

Y el gallo Quírico siguió su camino hasta que se encontró con un palo y le dijo:

- Palo pégale a la cabra que no se ha querido comer a la malva que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

- No, no quiero – contestó el Palo.

Y gallo Quírico siguió andando hasta que se encontró con el fuego y le dijo:

- Fuego quema al Palo que no ha querido pegarle a la cabra, que la cabra no se ha querido comer a la malva, que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

- No quiero, respondió el Fuego.

Y gallo Quírico siguió andando y andando hasta que se encontró con el Agua y le dijo:

- Agua apaga al Fuego que no ha querido quemar al Palo, que el Palo no ha querido pegarle a la cabra, que la Cabra no ha querido comerse a la malva, que la malva no me ha querido limpiarme el pico para ir a la boda de mi tío perico.

- No quiero – dijo el agua.

Y el gallo Quírico siguió andando, andando, andando... hasta que se encontró con el Sol y le dijo:

- Sol evapora el agua que no ha querido apagar al fuego, que el fuego no ha querido quemar al palo, que el palo no ha querido pegar a la cabra, que la cabra no se ha querido comerse a la malva, que la malva no me ha querido limpiar el pico para ir a la boda de mi tío Perico.

- Esta bien amigo gallo, hoy te voy ha hacer este favor ya que tu me saludas muy temprano todas las mañanas con mucha alegría.

Entonces el agua dijo:

- Está bien apagaré el fuego

Y el fuego dijo:

- ¡No, que yo quemaré al Palo!

El palo dijo:

- ¡No, que yo pegaré a la cabra!

Y la cabra dijo:

¡No, que yo me comeré a la malva!

Y la malva dijo:

- ¡No, que yo le limpiaré el pico! Y se lo limpió.

Y así el gallo Quírico se fue a la boda del tío Perico muy arregladito y muy peinaico. Pero cuando llegó no quedaba triguito, y este es el castigo que recibió por comerse a gusanito, que era lo prohibido.



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28.3.2007 GMT

Relato/UN PARAGUAS VERDE

UN PARAGUAS VERDE
Por: Carmen María Camacho Adarve,
© Copyright 2007

Ilustración: Cartel de la película "Los paraguas de Cherburgo"

Érase una vez la ciudad de los paraguas negros, cuando llovía, todos sus habitantes caminaban por las calles a sus quehaceres diarios cubriéndose con aquellos paraguas. Rigurosamente, siempre negros.

Y bajo sus paraguas todos los habitantes mostraban una cara ceñuda, triste, oscura... ¡no puede ser de otro modo bajo un paraguas negro!

Un día que llovía a cántaros, de improviso, apareció un señor algo extravagante que paseaba con su paraguas verde chillón. Y para colmo de males, aquel señor sonreía.

Los transeúntes lo miraban escandalizados bajo el paraguas negro que los cobijaba, y refunfuñaban:

“¡Mirad qué indecencia! Es verdaderamente ridículo con ese paraguas verde limón.

¡No es serio! ¡En cambio, la lluvia es una cosa muy seria “y un paraguas sólo puede ser negro!”.

Otros montaban en cólera y se decían unos a otros:

“Pero ¿qué clase de persona es ésa? Es Impropio y poco serio ir por ahí con un paraguas de color tan estridente. Ese hombre es sólo un exhibicionista, quiere hacerse notar a toda costa. ¡No tiene formalidad alguna!

Así era, no había nada de divertido en aquella ciudad, donde llovía siempre y los paraguas eran todos negros.

No sabía qué pensar la pequeña Carlota de todo aquel guirigay, que habían, formado por un paraguas, diferente de color muy alegre.

Un pensamiento le rondaba la cabeza con persistencia:

“Cuando llueve, un paraguas es un paraguas. Que sea verde limón o negro... lo que cuenta es tener un paraguas que te cobije de la lluvia”.

Además, la pequeña se daba cuenta que aquel señor bajo su paraguas verde chillón tenía aspecto de sentirse perfectamente a gusto y feliz.

Se preguntaba el porqué.

A medio día, al salir de la escuela, Carlota se dio cuenta que había olvidado su paraguas negro en casa.

Sacudió los hombros y se encaminó hacia casa con la cabeza descubierta, dejando que la lluvia empapase su negra melena.

Quiso la casualidad que al poco se cruzase con el hombre del paraguas de color indecoroso -le dijo- el hombre sonriendo:

“Chiquilla, ¿quieres cobijarte?”

Dudó Carlota. Si aceptaba, todos le tomarían el pelo. Pero en seguida se acordó:

“Cuando llueve, un paraguas es un paraguas.

Que sea verde o negro, ¿qué importa? ¡Siempre es mejor tener el paraguas que empaparse de lluvia!”.

Aceptó y se metió debajo del paraguas verde al lado de aquel señor gentil.

Entonces comprendió por qué era feliz:

Bajo el paraguas verde limón ¡el mal tiempo ya no existía!

Había un gran sol en el cielo azul, donde los pajarillos volaban gorjeando.

Carlota tenía una cara tan de asombro que el señor se echó a reír a carcajadas:

“¡Ya lo sé! También tú me tienes por loco, pero quiero explicarte todo.

Durante algún tiempo, estaba tan triste como todos, en esta ciudad donde llueve siempre. ¡Y por supuesto también tenía un paraguas negro!

Hasta que un día, saliendo de mi despacho, me olvidé el paraguas y me encaminé a casa. Mientras caminaba, encontré a un hombre que me ofreció cobijarme bajo su paraguas verde limón.

Como tú, dudé porque tenía miedo de ser diferente, de hacer el ridículo. Pero luego acepté, porque tenía aún más miedo de pillar un resfriado.

Y me di cuenta – como tú – que bajo el paraguas verde el mal tiempo había desaparecido.

Aquel hombre me enseñó por qué bajo el paraguas negro las personas se volvían hurañas y con ese aire tan triste:

El repitequeo de la lluvia y el negro del paraguas les ponían la cara larga, y no tenían ninguna gana de hablarse.

Improvisamente, el hombre se fue y yo me di cuenta de que tenía en la mano su paraguas verde.

Lo busqué, pero no logré encontrarlo:

Había desaparecido.

He conservado hasta hoy el paraguas verde y el buen tiempo no me ha dejado nunca”.

Carlota exclamó:

“¡Qué historia!

Pero –añadió- ¿no se siente mal al tener el paraguas de otro?”.

El señor respondió:

“No, porque bien sé que este paraguas es de todos.

Aquel hombre lo había recibido también él sin duda, de algún otro”.

Cuando llegaron hasta la casa de Carlota, se despidieron.

El hombre,se alejo, esfumándose, la muchachita se dio cuenta que sujetaba en la mano el paraguas verde.

Pero aquel señor gentil ¿quién sabe dónde estaría ya?

Y Carlota se quedó con el paraguas verde chillón, sabiendo que pronto cambiaria otra vez de propietario; ya que el paraguas verde estridente tenia que pasar a otras manos, para proteger de la lluvia y llevar el “buen tiempo” a otras personas.



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28.3.2007 GMT

Artículo España/Domingo de Ramos... Josep esteve Rico S.

Domingo de Ramos en Elche, símbolo de ilicitanismo

Tras unas ‘Palmas Doradas’ -premios del Grup Cultural Ilicit ‘Tonico Sansano’ del 25 de marzo- vienen otras. A siete días de diferencia. Son las espigadas palmas amarillas, -blancas, doradas- y los artesanales ramos trenzados a mano, de iguales colores y que el Domingo de Ramos llenan las calles. El premio ‘Palma Dorada’ -concedido al pueblo de Elche y a su Ayuntamiento y que recogió el concejal de Cultura- tomó su nombre y su aspecto de la palma de domingo de ramos. La larga palma y el ramo artesanal procesionales que la gente lleva acompañando a la imagen de Cristo montado en una burrita, se realizan en Elche. Una artesanía única en el mundo y por tanto 'sui géneris' como autóctona y local ‘denominación de origen’ gracias a la milenaria actividad de las familias hortelanas ilicitanas, tradicionalmente, de generación en generación y cuyos origenes se remontan a 1371, cuando el Cabildo del Consell de la Vila (Consejo Municipal o Ayuntamiento antiguo) se une a la festividad repartiendo limosnas. El comercio o venta de la palma blanca -dorada- de Domingo de Ramos en Elche es una actividad que se viene realizando durante siglos hasta hoy, como se demuestra en los libros de actas municipales de 1429, siendo las palmas doradas ilicitanas exportadas a todo el mundo cristiano desde la antigüedad.

La espigada palma se logra tras ocultar del sol las hojas de la palmera, lo que la dora, quedando blanca o amarilla mediante ‘encaperusament’, capucha o funda de plástico principalmente, conteniendo el cogollo y que se ata con cuerdas. El ramo artesanal se hace trenzando, enlazando las hojas de palma y rizándolas –parecido a hacer cuerda de esparto -, dándole formas geométricas, ornamentales, monumentales y simbólicas, destacando la figura de la Patrona de los ilicitanos, la Virgen de la Asunción. Mención merecen los espectaculares ramos que compiten en concurso y aquellos que se envian a diversas personalidades como jefes de Estado y presidentes de Gobierno. El Domingo de Ramos de Elche, -procesión y artesanía- como celebración popular es también único en el mundo. Miles de ilicitanos damos comienzo a la Semana Santa llenando las céntricas calles y ofreciendo así un precioso mosaico dorado. Los turistas extranjeros se hartan a hacer fotos, se maravillan de las excelencias de la ciudad -gracias a la promoción desarrollada desde la declaración de Fiesta de Interés Turistico Internacional- y se empapan de ilicitanismo. Por ello, el Domingo de Ramos de Elche es signo de identidad totalmente propio, auténtico, autóctono. Los ilicitanos, con palma y ramo, demostramos en la calle nuestra ilicitanía, el identitario sentimiento cívico de pueblo diferenciado en esta fiesta digna de contemplar y que invita a ser visitada.Conocerla vale la pena.

Josep Esteve Rico Sogorb

Escritor, periodista y blogger



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