Revista Literaria Periódico Cultural

7.4.2007

7.4.2007 GMT

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA/enviado por Marco T Valera

Es urgente que sepamos que la humanidad vive con la conciencia dormida. Las gentes trabajan soñando, las gentes andan por las calles soñando, las gentes nacen, viven y mueren soñando.

Cuando hemos llegado a la conclusión de que todo el mundo vive dormido, comprendemos la necesidad de despertar. Necesitamos el despertar de la conciencia, queremos el despertar de la conciencia.

Las gentes confunden a la conciencia con la inteligencia o con el intelecto y a la persona muy inteligente o muy intelectual, le dan el calificativo de muy consciente. Nosotros afirmamos que la conciencia en el hombre es fuera de toda duda y sin temor a engañarnos, una especie muy particular de "aprehensión" de conocimiento interior, totalmente independiente de toda actividad mental.

La facultad de la conciencia nos da conocimiento integro de lo que es, de donde está, de lo que realmente se sabe, de lo que ciertamente se ignora.

La psicología revolucionaria enseña que sólo el hombre mismo puede llegar a conocerse a sí mismo. Sólo nosotros podemos saber sí somos conscientes en un momento dado o no. El hombre mismo y nadie más que él puede darse cuenta por un instante, por un momento de que antes de ese instante, antes de ese momento, realmente no era consciente, tenía su conciencia muy dormida, después olvidará esa experiencia o la conservará como un recuerdo, como el recuerdo de una fuerte experiencia.

Es urgente saber que la conciencia en el animal racional no es algo continuo, permanente. Normalmente la conciencia en el animal intelectual llamado hombre, duerme profundamente.

Raros, muy raros son los momentos en que la conciencia está despierta; el animal intelectual trabaja, conduce carros, se casa, muere, etc., con la conciencia totalmente dormida y sólo en momentos muy excepcionales despierta.

La vida del ser humano es una vida de sueños, pero él cree que está despierto y jamás admitirá que está soñando, que tiene la conciencia dormida: si alguien llegara a despertar se sentiría espantosamente avergonzado consigo mismo, comprendería de inmediato su payasada, su ridiculez. Esta vida es espantosamente ridícula, horriblemente trágica y rara vez sublime. La enseñanza gnóstica tiene por objeto despertar conciencia. De nada sirven diez o quince años de estudios en la escuela, el colegio y la universidad, si al salir de las aulas somos autómatas dormidos. No es exageración afirmar que mediante algún gran esfuerzo puede el animal intelectual ser consciente de sí mismo tan sólo por un par de minutos.

SAMUEL AUN WEOR



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7.4.2007 GMT

Friedrich Nietzsche /Citas

Friedrich Nietzsche






El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a
inventar la risa.


Sólo aquel que lleva un caos dentro de sí puede alumbrar una estrella.



Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla.



Sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder.



Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando
miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.



No puedo creer en un Dios que quiera ser alabado todo el tiempo.



No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de
meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien
levantada.



¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales:
el que siente de otro modo va de buena gana al manicomio.




La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad



El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una
tontería.



El Hombre, enfermo de orgullo y vanidad, creó a Dios a su imagen y semejanza




Friedrich Nietzsche



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7.4.2007 GMT

Mexico/poesía/Aún Suceden Cosas/Salvador Pliego

Imagen
savasppcc
Salvador Pliego
49 Años
Aún suceden cosas
I
En tu ausencia,
aún suceden cosas:
Hay pájaros serpientes devorando colosales piedras.
Árboles de gubia que se talan a sí mismos.
Andrómedas que bajan a la tierra
y escupen fuego de la cornisa de sus alas.
Mil ciempiés de lunas y de agave saturando
resquicios de una historia que fuera de batalla.
Olímpicos diablillos que son como arbustos
picoteando cuanto objeto pasa por sus manos.
Todo pasa
mientras yo me escondo y mi piel se vuelve colorada.
Estoy, y sin quererlo me desprendo de mi espacio…
A fin de cuentas mis raíces se expanden en el suelo
buscando líquidos vitales.
En tu ausencia,
aún suceden cosas.
¿Lo ves?. ¿Lo notas?.
Y regresas y todo vuelve a estar en calma.
Entonces me acurruco en tus brazos
a seguir soñando mil batallas.
II
En tu ausencia,
has de notarlo,
aún suceden cosas.
Y el soñarte es vital cuando te ausentas.
El decirte que tus rasgos aún de noche no terminan
y se expanden como luces por mi mente.
Yo lo noto,
has de saberlo,
que me llueven las sonrisas
y cada una se exalta si la miras.
Aún sucede que tu voz me arrima.
¡Yo lo sé!… Y que me aviva.
Y que tus ojos me abren los espacios,
me cierran más miradas,
me nutren de campanas,
me hierven en las manos.
Aún sucede que te llevas mis caricias
y son devueltas de tus brazos más crecidas.
¡Yo lo sé!… ¡Lo he notado!...
Aún suceden cosas cuando digo que te amo.
III
Aún sucede
que detrás de ti
te llevas estos ojos para cultivarlos.
Me pinta tu silueta el iris de avellanas.
Me siembra de montañas las curvas de tus faldas.
Me satura de equinoccios tu forma sin tocarla.
Me llevas por los fresnos cultivando tus meneos.
Aún sucede, tras de ti,
que me llevas de la boca
y no encuentro forma de cerrarla.
IV
Y el amor tiene esa picardía de tu lengua:
fresca, aromática y con fermento de existencia.
Aún suceden cosas,
¿lo sabias?:
Que tu lengua a mí me sabe a alegría.
Salvador Pliego


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