Revista Literaria Periódico Cultural

20.6.2007

20.6.2007 GMT

Serie Cuento/ La casa de la bruja Colombia/Fabian Guzman Sanchez

CARLOS PRADA
Ancla
1997 | ensamblaje bronce, hierro | 127 x 97 x 23 cms

Artista contemporaneo Venezolano

La casa de la bruja


Tres jóvenes, vendían galletas de puerta en puerta, para recaudar fondos y así organizar actividades en su escuela. En su recorrido por bicicleta, Bruno iba adelante observando la diversa vegetación y maizales prolijamente cultivados, Crisanto contaba historias inspirado en el paisaje, y Aylín lo escuchaba maravillada.

Cuando se aproximaban a la casa más retirada del pueblo Crisanto dijo: -Yo no me acerco allí, esa casa me produce mucho miedo. Se dice que la dueña, fuera de elaborar y vender perfumes y hierbas, sabe de pócimas y encantamientos, siempre viste de negro, además, huele a azufre y vive con un gato que causa temor a quien lo mire, también se dice que su soledad la hace pensar solo en maldad y yo prefiero ser cobarde vivo que valiente muerto. En los ojos de Crisanto sólo había una mirada de susto y perplejidad.

Bruno y Aylín se aproximaron a la casa. Bruno examinaba atentamente aquella vivienda, pero tan sólo vio que era una casa vieja, con varios remiendos pero muy adornada de verde y de atractiva apariencia, para Aylín era una casa sola y triste. Él llamó a la puerta golpeando con un pesado tocador de bronce que tenía la figura de un felino.

La mujer salió a recibirlos y Bruno le ofreció sus galletas. Ella por su parte, los invito a seguir. Se sentaron en un sofá, junto a un gato negro que dormía, y la mujer los hizo esperar un poco.

Bruno no sentía un olor azufre, como Crisanto afirmaba, sino a manzanilla, en aquella sala sólo había velas de diversos colores, tamaños y formas y en un estante frascos lisos de varios colores y conteniendo líquidos en diversas proporciones, sobre las cortinas se habían improvisado unos velos de color púrpura, él se sentía alegre allí.

Bruno dijo Aylín: No creo que sea una bruja, ella nos saludó con una bella sonrisa, y aquel cuya sonrisa le embellece es bueno, yo creo que es una mujer que disfruta de su trabajo, se ve una mujer vigorosa, además se viste muy alegre, todo aquí está ordenado y limpio, es sola pero feliz. Este lugar inspira solo alegría y tranquilidad. Cuando regresó la mujer, le entregó a Bruno el dinero por sus galletas y además les ofreció una taza de chocolate.

Cuando Aylín salía de aquella recordaba que no le había visto sonreír como Bruno afirmaba, además no encontraba ninguna alegría en lucir como una inglesa. Aylín iba mirando los cuadros de aquel pasillo, que retrataban mundos perdidos en el tiempo y el olvido. Para ella, aquella mujer en los ojos delataba una tristeza profunda, y las arrugas verticales dibujadas en su rostro daban cuenta de un pasado tormentoso. La mujer que olía a humedad aparentaba mucha edad, tal vez por que la alegría rejuvenece, y la tristeza envejece, Aylín, estaba segura que esa soledad no le traía felicidad.

Una vez afuera, los tres muchachos se marcharon, la mujer cerró la puerta, y los observaba a través de sus frascos de colores, buscó a su gato para acariciarlo y escrutó el futuro en el poso de las dos tazas de chocolate.


Alias: fabiangs1
Nombre: Fabian Guzman Sanchez
País: Colombia
Ciudad: Bogota
Edad: 29
Sexo: masculino
Ocupación: Comerciante/Artesano
Género Favorito: Cuento


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20.6.2007 GMT

Artículo/ Anabel Guerrero/ Revista Rfi en español

Anabell Guerrero, escultora de la luz

La fotógrafa venezolana Anabell Guerrero
La fotógrafa venezolana Anabell Guerrero

Desde sus primeros trabajos fotográficos sobre desnudos hasta los más recientes sobre inmigrantes en Francia, pasando por sus imágenes de los guajiros de Venezuela, Anabell Guerrero viene construyendo una obra original en la que combina la búsqueda artística con la preocupación social.

Su estética, que se caracteriza por la experimentación con la luz, las transparencias y la fragmentación de la imagen, le sirve para expresar su interés por los seres y las culturas de existencia frágil, que viven situaciones inciertas en zonas de frontera tan reales y geográficas como alegóricas y existenciales. Nacida en Caracas (Venezuela) en 1955, Anabell Guerrero siguió cursos de pintura siendo muy joven, pero luego hizo estudios superiores de Economía y Ciencias Políticas, disciplinas que no ha ejercido nunca. Después de seguir un curso de fotografía con el venezolano Félix Molina, en 1986 se afincó en Francia para trabajar con diversos fotógrafos. Desde entonces, su trabajo fotográfico ha tomado un camino propio a través de series como Ultimos limbos, sobre el tema del cuerpo, Trópico tropismo, sobre los pescadores de Puerto Fermín en Isla Margarita, y retratos de escritores realizados para el Espacio de Literaturas Europeas de Estrasburgo. «Un retrato es interesante cuando muestra algo de la sensibilidad de la persona. El reto es ir más allá», explica Anabell Guerrero.

Algunos de los trabajos más recientes de la fotógrafa venezolana abordan el tema del exilio. Lo hizo en el norte de Francia con migrantes que buscan desesperadamente llegar a Inglaterra con la intención de «hacer presentes a los excluidos, darles dignidad, mostrar que son personas», precisa Anabell Guerrero.

Entrevistada: la fotógrafa venezolana residente en Francia Anabell Guerrero.

Un programa de Hernán Rivera Mejía Realización: Yocasta Gómez




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