CÉSAR RENGIFO
La Mariposa Azul
1971 | óleo sobre tela | 59 x 49cms
MARA
Antes Que llegaran los Frailes a sacar los indios de los montes sagrados, las aguas de los caños eran azules como el cielo y sus tierras eran buenas, fértiles y se podÃa caminar con seguridad pues no eran barrosas.
Mara era una hermosa joven indÃgena de la tribu de los Guaraunos, hija del cacique Guarumo y la cacica Majagua.
Cuando decidieron marcharse de sus tierras que estaban ubicadas entre los caños del Golfo para ir en pos del Fraile Silvestre, Mara la hermosa indÃgena les dijo dulce a sus padres:
Padres mÃos yo no quiero desobedecerles a ustedes, pero yo no quiero marcharme de mis tierras, ¡allá ¡ no es seguro y aquà nos protege el Dios de estas aguas que son tan limpias como los ojos del cielo.
Hija mÃa (le dijo el cacique tratando de convencerla) tu sabes que ese señor de piel blanca ha venido a traernos buenas nuevas y nos ha prometido un Dios de verdad que nos traerá¡ paz, gozo y otras tierras donde podemos cultivar todo el maÃz y la yuca que queramos.
Mara se entristeció mucho y enojándose con sus padres les dijo gritándoles.
¡Eso es mentira! ese hombre es un demonio blanco que ha venido desde el sol, disfrazado de Dios para engañarnos y robar nuestras almas, ¡no quiero irme!
El cacique molesto por aquella afirmación de Mara endureció la cerviz y levanta la mano para azotar a su hija, pero se contuvo, porque la amaba mucho. Su esposa la cacica Majagua le dijo, mirando fijamente el suelo.
Yo se que nuestra hija nos está desobedeciendo y eso es contra de nuestras costumbres, me duele mucho el alma y se me parte en pedazos mi corazón. (Al susurrar esto se abraza al cacique para luego terminar diciendo) nuestra hija debe ser castigada con el destierro, si no lo hacemos seremos castigados por el Dios de las aguas y vendrán los dioses de la tierra de los muertos a castigarnos. Nuestra aldea pagará las consecuencias de nuestra desobediencia.
Guarumo se abraza dolido a su esposa y mirando por última vez a su hija Mara dice: desde esta noche haremos una velada que durará tres dÃas y tres noches. Anda ve y dile a la tribu que no reuniremos cuando la luna raye las copas de los árboles y le hablas al piache y le da mis instrucciones para que haga los preparativos, mañana antes que despunte el sol deberá de llevarse a nuestra hija con destino al destierro, allá en la isla Punta de Arena, donde permanecerá hasta que el dios de las almas y del mas allá venga en su busca.
Al escuchar las toscas palabras de Guarumo, su padre el cacique, la tierna Mara se puso muy triste, sintió que el corazón se le desgarraba en pedazo y acurrucándose en el chinchorro donde dormÃa lloró desconsoladamente.
Su madre cuando se despidió de Mara le dijo con ternura:
Hija mÃa te llevas mi corazón, aunque te voy a perder para siempre estarás a mi lado. Todas las noches te prenderé una fogata frente de mi Choza, allá en las tierras de los blancos para iluminarte el camino en la distancia y que algún dÃa puedas volver a casa, pero si regresas traerás una maldición contigo, son los designios de nuestras costumbres.
Todos en la tribu se pusieron muy tristes al saber la amarga verdad de Mara. Las mujeres de la tribu fueron hasta la choza de Mara y la consolaron con sus lágrimas, se desgarraron los guayucos del cuerpo, se auto mordieron y aruñaron las carnes y se halaron los cabellos en señal de duelo. Después buscaron las mejores flores de los mangles y tejieron largos collares y vistieron con ellos a Mara, le ungieron con aceite de coco sus cabellos y se lo untaron en su adosada piel juvenil, para protegerla de los mosquitos de los caños, trajeron perlas y le hicieron un cintillo y se lo pusieron como corona, la cubrieron de besos, de palabras retorcidas por la penas y la humedecieron repetidamente con lágrimas de dolor.
En la aldea el Piache tenÃa un hijo que lo llamaban Ocumo, era un joven guerrero de noble procedencia que estaba enamorado de la hermosa Mara, al saber la noticia se acercó hasta la choza de Mara y esperó que las mujeres se fueran para entrar.
Amada mÃa le dijo, he sabido de tu dolor y he venido acompañarte si es posible hasta la muerte.
Mara le dijo algo confusa. Amor mÃo ¡déjame! estoy desgraciada para toda la vida, si te ven conmigo sufrirás las consecuencias y tú y tu querido padre, el piache, serán echados a las aguas como sacrificio por tu atrevimiento. Estas en la choza de una doncella.
Entristecido se acerca con ternura a Mara, le besa tiernamente los labios temblorosos y le susurra al oÃdo. Mara eres lo único que me sustenta en esta vida, sin ti no podrÃa vivir, yo mismo me tirarÃa al agua para sacrificarme por tu amor, pero déjame decirte algo. Cuando te lleven en la madrugada y aun no se vea el sol, quiero que me guÃes donde te llevan, para eso te traje este cocuyo, cuando estés en la curiara lo tomas fuerte en tus manos, lo pones en alto, hazlo que mi padre no te vea, entonces podrÃa seguirte en la oscuridad y llegare donde tú vas a llegar. Allá nos uniremos y haremos muchos hijos, nos multiplicaremos en todo los manglares para que nadie sea desterrado en estas tierras.
Mara asienta con la cabeza y tomando el cocuyo la aprieta contra su pecho y le dice a Ocumo emocionada. Lo harÃa asà nunca me sigas. Ocumo la abraza con fuerza y mara le corresponde con tierna pasión, ocumo herido de dolor le estampa un beso emocionado y le expresa con orgullo. Déjame marchar, voy a preparar mi cayuco, las vituallas y algo de seco con casabe y agua para llevar.
Esa noche el Cacique Guarumo y la Cacica anunciaron la velada y cuando salÃa la luna resplandeciente e ilumina las copas de los árboles y el calor enfurecÃa la tierra, la aldea se reunÃa a orillas de las aguas para llorar el destierro de mara.
En la madrugada, todavÃa en la oscuridad reinante, el piache vestido con su atuendo de costumbre, tomando a Mara le amarra por los pies y manos y tapándole los ojos con un buhito le dijo amargado. Mara perdóname! pero tengo que taparte los ojos para que no veas la luz del camino y te guÃes por ella y regreses de vuelta a la aldea.
Ocumo se monta en su curiara y seguÃa un tanto lejano a la curiara del piache, sin embargo la oscuridad era poca por la claridad de la luna y ocumo distinguÃa a los viajeros, mientras escuchaba el vaivén de las olas y el canto de las aves nocturnas. Para su desgracia una nube negra oculta la luna y una oscuridad se abatÃa sobre los caños. Ocumo trata de apresurar su canoa pero ya no veÃa nada, solo esperaba la señal de Mara, el cocuyo que él le habÃa entregado en la Choza.
Mara pensó en su amado pero iba amarrada de pies y manos en el fondo de la curiara y no pudo hacer nada por darle la señal a Ocumo. Gruesas lágrimas le partieron el espÃritu quebrantado.
Ocumo se extravió en la oscuridad y no lo vieron más.
Durante tres dÃas y tres noches El Cacique Guarumo y la Cacica Majagua en compañÃa de toda la tribu lloraron sin parar que convirtieron aquellas hermosas tierras en un barro azulado y pegajoso y las aguas se tornaron turbias y terrosas, por eso es que todas las tierras de los caños son barrosas y las aguas turbias.
Mara en su destierro querÃa convertirse en una mariposa para volar en busca de su madre, pues todas las noches veÃa la señal que ella le hacÃa en la aldea. Fueron tan fuertes sus sueños y su embargable tristeza que se convirtió en una oruga pequeña y peluda y comenzó alimentarse de las hojas de los mangles.
La Cacica Majagua durante todas las noches en la nueva Misión de Capuchinos aragoneses de Yaguaraparo, frente a su choza encendÃa una hoguera como le habÃa prometido a su hija Mara, para que ella lograra ver el camino y regresara a casa.
Mara convertida en oruga tejÃa su manare de noche para salir de la pupa en horas nocturnas, querÃa convertirse en una mariposa nocturna para llegar hasta su casa y ver a su madre querida. Y asà sucedió, Mara nació una noche como una hermosa mariposa y viendo la luz de la fogata de su madre que le alumbraba el camino, voló hasta la aldea, cuando logré llegar a la nueva misión de capuchinos aragoneses y la aldea de guarauna, sus hermanos no la reconocieron como la hermosa Mara y la identificaron como una paloma nocturna de mal agüero y trataron de matarla. Mara al ver esta acción de sus hermanos juró volver para vengarse de todos sus hermanos y descendencia.
Huyendo de los indÃgenas se encontró en la oscuridad y no podÃa ver nada, presa del pánico vio a una lucecita y comenzó a seguirla, dándose cuenta que una mariposa igual a ella también seguÃa al cocuyo, era ocumo convertido en una mariposa que siguiendo al cocuyo, estaba tratando aun de hallar a Mara.
Mara y Ocumo se emparentaron y han poblado los caños de con miles de sus hijos cumpliendo la promesa de Ocumo, para evitar el destierro. Mara regresa buscando siempre la antorcha de su madre en el pueblo de Yaguaraparo acompañada por miles de sus hijos para vengarse de los descendientes de sus hermanos, la maldición que vaticinó su madre, la Cacica Majagua se habÃa cumplido.
Por eso es que las Palometas peludas, buscan siempre la luz y sueltan sus vellos envenenados para vengarse de sus hermanos, la gente del pueblo de Yaguaraparo, y aunque siempre tratan de extinguirla, aun no han podido lograrlo.