Revista Literaria Periódico Cultural

16.8.2007

16.8.2007 GMT

Orìgenes del pàjaro guarandol

Diversiones Orientales (diciembre)

Con el nombre de diversiones pascuales o comparsas se conoce en los estados de la región oriental y en Guayana, una manifestación tradicional de calle, donde música y danza se integran para llevar a cabo representaciones de carácter teatral a lo largo de las festividades navideñas, y en algunos casos hasta el Carnaval.

Sobre el origen de las diversiones existen dos hipótesis, que no obstante sustentarse en distintas premisas en lo referente a su procedencia étnica, no son necesariamente excluyentes, sino más bien podrían complementarse y avalar el origen multiétnico de la manifestación.

Por un lado tenemos la posición de quienes consideran que las diversiones son un legado cultural de las etnias amerindias que poblaron originalmente el oriente venezolano. Relacionan el uso alegórico de figuras de animales con antiguos rituales indígenas, entre ellos el culto a la culebra. También avalan su hipótesis en la presencia del Maremare - canto de origen indígena - en la melodía de muchas de las diversiones tradicionales como el Pájaro Guarandol, la Iguana y el Gallo, entre otras.

Por otro lado está la opinión de quienes mantienen que las diversiones se derivan de rituales paganos europeos que pueden trazarse hasta la antigua Grecia, y que se llevaban a cabo justamente durante el solsticio de invierno, tiempo de la Navidad. Agregan a sus argumentos - además de la coincidencia temporal de las celebraciones - el hecho de que en ambas existen elementos comunes como la presencia de un coro y el desarrollo argumental de la muerte y resurrección de un animal.

Salta a la vista que ambas argumentaciones esgrimen razones de peso, por lo tanto no nos debe extrañar que durante el complejo proceso de mestizaje que signó a nuestro gentilicio, estos elementos culturales de distinta procedencia pudieron fusionarse para dar forma a las actuales diversiones.

En la trama argumental de las diversiones predomina la figura de un animal, que puede ser un pez, pájaro o cualquier variedad de animal terrestre. Pueden también tener rol protagónico objetos como un avión o barco con sus respectivos tripulantes. En todo caso, estos protagonistas están representados por una figura que recibe el nombre de pantomima o símbolo.

De acuerdo al argumento de la diversión pueden intervenir distintos personajes que pueden tener parlamentos. Habitualmente existe un coro femenino que recibe el calificativo de "guarichas", a quienes les corresponde entonar la melodía que identifica la diversión y además dar colorido a la misma con su baile y vestuario.



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16.8.2007 GMT

Serie De nuestros indígenas/Iniciaciòn de la mujer Ye'Kuana

No disponible

CÉSAR RENGIFO
La Ternura de la Tierra
1972 | óleo sobre tela | 85 X 67 cms.

LA BORRACHERA RITUAL EN LA INCIACION DE LA MUJER YE´KUANA.

Un claro ejemplo de ceremonias sociales es este. En la primera menstruación de la muchacha es aislada en el rincón más oscuro de la casa por medio de parabienes, mientras dura el sangramiento no puede comer, ni beber sino aquello que obtenga de la liana del agua. Su cabeza es rasurada completamente y sus adornos femeninos le son quitados. Duerme en una hamaca bastante elevada del suelo y no puede tocar nada sino por medio de una vara.
Diez días después los hombres de la tribu limpian con sus manos el camino del pueblo al conuco y las mujeres y niñas ña esperan a la salida. La abuela de la joven la saca del entierro tirando de uu extremo del palo que ha usado durante ese tiempo y todas las mujeres y niñas las acompañan hasta la entrada del conuco donde no se permiten hombres. La abuela inicia un canto y otra anciana le responde, así continúan quince minutos aproximadamente. La segunda mujer saca un manojo de hierbas y le frota con ellas las manos, recogidas en las espaldas, a la iniciada mientras recita fórmulas en las que indica sus deberes como mujer. Enseguida la joven se pone a recoger yuca. La oficiante repite el proceso con todas las mujeres que asisten a la ceremonia. Luego éstas se dispersan por el conuco e imitan lo que hace la muchacha, el cortejo se dirige al pedazo que la muchacha trabajo mientras que limpia un círculo de dos a tres metros de diámetros. La abuela corta una vara de aproximadamente tres metros de largo, la apoya oblicuamente sobre un tocón viejo del conuco, sobre ella se sienta la muchacha y comienza a dar vueltas sobre si mismo, finge cortar con un machete algo en la tierra y repite el estribillo anterior agregando una parte en la que se habla de raíces que atan a la muchacha. En un momento la joven es arrojada al piso cuando arranca la vara.
Cada mujer representa la preparación de yaraki bebida fermentada de yuca, y la iniciada obsequia a todas, quienes hacen como si bebieran, este licor ficticio. Finalizando esto vuelven al poblado. EN el camino las esperan los hombres con látigos de palma en la mano; al verlos echan a correr gritando y ellos las persiguen golpeándolas hasta las entrada del pueblo que han sido bloqueadas con ramas espinosas y cuerdas tensas para provocar caídas.
Al entrar la muchacha se coloca junto al poste central o Arbol de la Vida, en cuyo pie hay brasas encendidas y un budare; y le son traídas una yuca y un rayador. Comienza a rayarla, a cada golpe el tubérculo le es quitado por otra mujer y ella debe recuperarlo. Cuando ha completado su labor le dan totumas viejas. Ella finge cocinar una torta, rompe las totumas y coloca sobre ellas un poco de harina.
El shamán llama a todos los hombres de la tribu, éstos hacen como que comen lo que la muchacha reparo y al finalizar cada uno repite al padre de ella, que hace las veces de anfitrión, la fórmula: Primo aya comí bastante
Sale toda la tribu. El shamán corta una vara de tres metros de largo que apoya sobre un tronco, y repite la ceremonia anterior realizada por la abuela de la iniciada en el conuco. Esta ceremonia, y la fricción del cuerpo con hierbas, se repite varias veces durante el día.
La ceremonia formal de iniciación tiene lugar después de la tercera menstruación. Esta liberará a la mujer de su encierro y reclutamiento y la colocará en capacidad de enfrentarse al mundo femenino.
Toda la tribu se reúne junto al Palo Central, el shamán fuma. La muchacha está bellamente arreglada, muy seria y algo aparta del Arbol de la Vida. Su padre y el shamán entonan los cantos de la familia de Wanadi ( Máxima deida Ye´kuana), las gestas wanadi en la tierra y el tema de al Yuca y su robo por Kushu (mono sagrado). Al finalizar el canto lleva a su hija y la coloca junto al Poste Central, al que ella se agarra fuertemente con sus manos por detrás. Dos ancianas acercan dos envases donde se reúnen vente litros de yaraki.
El shaman vuelve a entonar el canto de la yuca y comienza a dar a beber a la muchacha del licor, a pesar del fuerte estado de embriaguez y los repetidos vómitos debe completar los veinte litros. De vez en cuando, interrumpen para preguntarle ¿ya estas borracha?
Al finalizar con todo el yaraki cae inconsciente en brazos de su abuela y su madre, a lo que el shaman y el padre repiten: se murió. La madre y la abuela se llevan a su muerta ritual a su hamaca y la dejan descansar. Cuando se despierte seis a ocho horas más tarde, ya será una mujer completa.
En esta muerte y resurrección la niña Ye´kuana se hace mujer.

http://cdvteve.tripod.com.ve/teatrovenezolano/id7.html



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16.8.2007 GMT

Cuentos indìgenas / Mara Josue Villarroel /Cont....

CÉSAR RENGIFO
La Mariposa Azul
1971 | óleo sobre tela | 59 x 49cms

MARA


Antes Que llegaran los Frailes a sacar los indios de los montes sagrados, las aguas de los caños eran azules como el cielo y sus tierras eran buenas, fértiles y se podí­a caminar con seguridad pues no eran barrosas.
Mara era una hermosa joven indígena de la tribu de los Guaraunos, hija del cacique Guarumo y la cacica Majagua.
Cuando decidieron marcharse de sus tierras que estaban ubicadas entre los caños del Golfo para ir en pos del Fraile Silvestre, Mara la hermosa indí­gena les dijo dulce a sus padres:
Padres mí­os yo no quiero desobedecerles a ustedes, pero yo no quiero marcharme de mis tierras, ¡allá ¡ no es seguro y aquí­ nos protege el Dios de estas aguas que son tan limpias como los ojos del cielo.
Hija mía (le dijo el cacique tratando de convencerla) tu sabes que ese señor de piel blanca ha venido a traernos buenas nuevas y nos ha prometido un Dios de verdad que nos traerá¡ paz, gozo y otras tierras donde podemos cultivar todo el maíz y la yuca que queramos.
Mara se entristeció mucho y enojándose con sus padres les dijo gritándoles.
¡Eso es mentira! ese hombre es un demonio blanco que ha venido desde el sol, disfrazado de Dios para engañarnos y robar nuestras almas, ¡no quiero irme!
El cacique molesto por aquella afirmación de Mara endureció la cerviz y levanta la mano para azotar a su hija, pero se contuvo, porque la amaba mucho. Su esposa la cacica Majagua le dijo, mirando fijamente el suelo.
Yo se que nuestra hija nos está desobedeciendo y eso es contra de nuestras costumbres, me duele mucho el alma y se me parte en pedazos mi corazón. (Al susurrar esto se abraza al cacique para luego terminar diciendo) nuestra hija debe ser castigada con el destierro, si no lo hacemos seremos castigados por el Dios de las aguas y vendrán los dioses de la tierra de los muertos a castigarnos. Nuestra aldea pagará las consecuencias de nuestra desobediencia.
Guarumo se abraza dolido a su esposa y mirando por última vez a su hija Mara dice: desde esta noche haremos una velada que durará tres dí­as y tres noches. Anda ve y dile a la tribu que no reuniremos cuando la luna raye las copas de los árboles y le hablas al piache y le da mis instrucciones para que haga los preparativos, mañana antes que despunte el sol deberá de llevarse a nuestra hija con destino al destierro, allá en la isla Punta de Arena, donde permanecerá hasta que el dios de las almas y del mas allá venga en su busca.
Al escuchar las toscas palabras de Guarumo, su padre el cacique, la tierna Mara se puso muy triste, sintió que el corazón se le desgarraba en pedazo y acurrucándose en el chinchorro donde dormía lloró desconsoladamente.
Su madre cuando se despidió de Mara le dijo con ternura:
Hija mía te llevas mi corazón, aunque te voy a perder para siempre estarás a mi lado. Todas las noches te prenderé una fogata frente de mi Choza, allá en las tierras de los blancos para iluminarte el camino en la distancia y que algún día puedas volver a casa, pero si regresas traerás una maldición contigo, son los designios de nuestras costumbres.
Todos en la tribu se pusieron muy tristes al saber la amarga verdad de Mara. Las mujeres de la tribu fueron hasta la choza de Mara y la consolaron con sus lágrimas, se desgarraron los guayucos del cuerpo, se auto mordieron y aruñaron las carnes y se halaron los cabellos en señal de duelo. Después buscaron las mejores flores de los mangles y tejieron largos collares y vistieron con ellos a Mara, le ungieron con aceite de coco sus cabellos y se lo untaron en su adosada piel juvenil, para protegerla de los mosquitos de los caños, trajeron perlas y le hicieron un cintillo y se lo pusieron como corona, la cubrieron de besos, de palabras retorcidas por la penas y la humedecieron repetidamente con lágrimas de dolor.
En la aldea el Piache tenía un hijo que lo llamaban Ocumo, era un joven guerrero de noble procedencia que estaba enamorado de la hermosa Mara, al saber la noticia se acercó hasta la choza de Mara y esperó que las mujeres se fueran para entrar.
Amada mí­a le dijo, he sabido de tu dolor y he venido acompañarte si es posible hasta la muerte.
Mara le dijo algo confusa. Amor mío ¡déjame! estoy desgraciada para toda la vida, si te ven conmigo sufrirás las consecuencias y tú y tu querido padre, el piache, serán echados a las aguas como sacrificio por tu atrevimiento. Estas en la choza de una doncella.
Entristecido se acerca con ternura a Mara, le besa tiernamente los labios temblorosos y le susurra al oí­do. Mara eres lo único que me sustenta en esta vida, sin ti no podrí­a vivir, yo mismo me tirarí­a al agua para sacrificarme por tu amor, pero déjame decirte algo. Cuando te lleven en la madrugada y aun no se vea el sol, quiero que me guíes donde te llevan, para eso te traje este cocuyo, cuando estés en la curiara lo tomas fuerte en tus manos, lo pones en alto, hazlo que mi padre no te vea, entonces podría seguirte en la oscuridad y llegare donde tú vas a llegar. Allá nos uniremos y haremos muchos hijos, nos multiplicaremos en todo los manglares para que nadie sea desterrado en estas tierras.
Mara asienta con la cabeza y tomando el cocuyo la aprieta contra su pecho y le dice a Ocumo emocionada. Lo haría así nunca me sigas. Ocumo la abraza con fuerza y mara le corresponde con tierna pasión, ocumo herido de dolor le estampa un beso emocionado y le expresa con orgullo. Déjame marchar, voy a preparar mi cayuco, las vituallas y algo de seco con casabe y agua para llevar.
Esa noche el Cacique Guarumo y la Cacica anunciaron la velada y cuando salía la luna resplandeciente e ilumina las copas de los árboles y el calor enfurecía la tierra, la aldea se reunía a orillas de las aguas para llorar el destierro de mara.
En la madrugada, todavía en la oscuridad reinante, el piache vestido con su atuendo de costumbre, tomando a Mara le amarra por los pies y manos y tapándole los ojos con un buhito le dijo amargado. Mara perdóname! pero tengo que taparte los ojos para que no veas la luz del camino y te guíes por ella y regreses de vuelta a la aldea.
Ocumo se monta en su curiara y seguí­a un tanto lejano a la curiara del piache, sin embargo la oscuridad era poca por la claridad de la luna y ocumo distinguí­a a los viajeros, mientras escuchaba el vaivén de las olas y el canto de las aves nocturnas. Para su desgracia una nube negra oculta la luna y una oscuridad se abatía sobre los caños. Ocumo trata de apresurar su canoa pero ya no veía nada, solo esperaba la señal de Mara, el cocuyo que él le había entregado en la Choza.
Mara pensó en su amado pero iba amarrada de pies y manos en el fondo de la curiara y no pudo hacer nada por darle la señal a Ocumo. Gruesas lágrimas le partieron el espí­ritu quebrantado.
Ocumo se extravió en la oscuridad y no lo vieron más.
Durante tres dí­as y tres noches El Cacique Guarumo y la Cacica Majagua en compañí­a de toda la tribu lloraron sin parar que convirtieron aquellas hermosas tierras en un barro azulado y pegajoso y las aguas se tornaron turbias y terrosas, por eso es que todas las tierras de los caños son barrosas y las aguas turbias.
Mara en su destierro querí­a convertirse en una mariposa para volar en busca de su madre, pues todas las noches veía la señal que ella le hacía en la aldea. Fueron tan fuertes sus sueños y su embargable tristeza que se convirtió en una oruga pequeña y peluda y comenzó alimentarse de las hojas de los mangles.
La Cacica Majagua durante todas las noches en la nueva Misión de Capuchinos aragoneses de Yaguaraparo, frente a su choza encendía una hoguera como le habí­a prometido a su hija Mara, para que ella lograra ver el camino y regresara a casa.
Mara convertida en oruga tejía su manare de noche para salir de la pupa en horas nocturnas, querí­a convertirse en una mariposa nocturna para llegar hasta su casa y ver a su madre querida. Y así­ sucedió, Mara nació una noche como una hermosa mariposa y viendo la luz de la fogata de su madre que le alumbraba el camino, voló hasta la aldea, cuando logré llegar a la nueva misión de capuchinos aragoneses y la aldea de guarauna, sus hermanos no la reconocieron como la hermosa Mara y la identificaron como una paloma nocturna de mal agüero y trataron de matarla. Mara al ver esta acción de sus hermanos juró volver para vengarse de todos sus hermanos y descendencia.
Huyendo de los indígenas se encontró en la oscuridad y no podía ver nada, presa del pánico vio a una lucecita y comenzó a seguirla, dándose cuenta que una mariposa igual a ella también seguía al cocuyo, era ocumo convertido en una mariposa que siguiendo al cocuyo, estaba tratando aun de hallar a Mara.
Mara y Ocumo se emparentaron y han poblado los caños de con miles de sus hijos cumpliendo la promesa de Ocumo, para evitar el destierro. Mara regresa buscando siempre la antorcha de su madre en el pueblo de Yaguaraparo acompañada por miles de sus hijos para vengarse de los descendientes de sus hermanos, la maldición que vaticinó su madre, la Cacica Majagua se habí­a cumplido.
Por eso es que las Palometas peludas, buscan siempre la luz y sueltan sus vellos envenenados para vengarse de sus hermanos, la gente del pueblo de Yaguaraparo, y aunque siempre tratan de extinguirla, aun no han podido lograrlo.



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