Revista Literaria Periódico Cultural

26.10.2009

26.10.2009 GMT

La Nana Ian Welden Dinamarca /

Milagro
LA NANA
1
Desde las entrañas de Chile brotó la Nana.
Su destino estaba escrito en las leyes: § 1: No todos los chilenos son iguales.
Algunos estàn destinados a mandar y la mayoria a servir.
Era una niñita de diez años de edad cuando llegó a Santiago con su bolsita de
ropa, un espejo y una peineta. Se llamaba Maria Soto Luna y le faltaba un ojo.
Ella soñaba. En qué soñaría? En una muñeca, un vestido nuevo, amigas? en jugar?
LLegó a la poderosa casona de una familia felíz y adinerada. Le enseñaron
a gritos a despejar la mesa, darle los suculentos restos de comida a los perros,
barrer los pisos y encerarlos, y a sentarse sola en la cocina a comer su comida mientras
los patrones tomaban coñac y fumaban habanos y Lucky Strike en el living.
Le asignaron un cuarto pequeñísimo y sucio al lado de los perros. Jamás colgó un
cuadro. Puso si una estatuilla de la Virgen María en su velador y ahí, en la inmensa
soledad del universo se quedaba dormida. Y soñaba con su pueblito de casuchas
pintadas con cal, en valles y bosques y montañas y en la mamá que murió cuando ella nació.
2
Sorpresa y alegría! La patrona estaba embarazada y dió a luz a una perfecta guaguita de
pelo y ojos negros y blanca como la nieve. Una blancanievecita. Y María la adoró. Le
enseñaron a limpiarle la caca, a darle el biberón porque la patrona no tenía leche y
lavar los pañales. La patroncita fue bautizada Lucía Jane Mary Johnson Larraín pero
la Nana no fue invitada al pomposo bautizmo. Se quedó en la casa haciendo sus labores
y pensando en Luciita a quien ya amaba como si fuera su hermana menor.
3
La Nana no recibía sueldo. Qué iba a ser una rota mocosa con dinero? Techo comida y
trabajo. Que mas quiere? Carajo!
Lucía se transformó en una dama cuya belleza quitaba el aliento a los hombres. Nana
le escobillaba su cabellera larga y negra como el ébano, la vestía, le hacía la cama y también
las camas de los patrones además de pasar la escoba por toda la casa, encerar los
pisos, atender a los patrones, preparar los pisco- sowers para el aperitivo, cocinar el
almuerzo, servir el almuerzo de tres platos y postre y cafés, lavar la losa, limpiar la cocina
y ver que a los perros no les faltara agua o comida.
Los patrones se pusieron viejos por supuesto. Doña Lucía conoció a un funcionario de la embajada
inglesa y se casó. La Nana tampoco fue invitada a la ceremonia, pero tuvo el agrado de vestir
a la señora Lucía de blanco y preparale su ramo de flores. Que dicha para Nana que daría su
otro ojo por servir a Doña Lucía.
4
Lucía mi madre, tuvo cuatro hijos. Ahí conocí a la Nana, quién fue una segunda madre
para mi. Sus ordenes eran ley. Mis abuelos, mi madre y mi padre
le dieron autoridad sobre nosotros los niños. Y sobre la otra pequeña niñita que llegó a la
casona con un bolso lleno de ropa e ilusiones. Se llamaba Bernarda.
Ernest bebía a escondidas y el patrón lo hacía en público.
La Nana le cantaba a Don Charlito para hacerlo dormir:
Estaba la pájara pinta
sentadita en un limón.
Ay ay ay sentadita en un limón...
Ahora aquí debo detenerme a pensar. Qué estoy haciendo? Estoy hablando de mi padre y
de mi abuelo. De mi madre y de mi abuela. Mi familia. Gente amada y venerada por mí.
La Nana era parte de mi familia, mi segunda madre. Y Bernarda era como mi hermana mayor.
Yo tendría seis años de edad cuando comenzé a ver mas de lo permitido. Me rebelé contra la
§ Nr. 1 en silencio. No se lo dije a nadie hasta que cumplí los quince años. Ahí comenzó la
intringulis social como cantó Victor Jara.
Pero mi abuelo era jovial, cariñoso y generoso conmigo.
Mi abuela me protegía como una Ángel de la Guarda.
Mi madre se habría sacado el pan de la boca para dármelo a mí.
Y mi padre era manso como una gacela, asombrosamente ingenioso y dulce como el azúcar
cubana.
5
La Nana subió de jerarquía. Ahora trataba a Bernarda como ella fue tratada en su niñéz. Y
nos gobernaba a nosotros. Aún no recibía sueldo y seguía durmiendo en el miserable
cuarto contiguio a los perros. Pero si necesitaba algo, ropa, reparar sus anteojos oscuros,
una pomadita, remedios para sus constantes dolores de estómago, solamente tenía que
pedirle a Luciita, mi madre.
Seguía comiendo en la cocina, ahora junto a Bernarda y ambas nos servían y escuchaban
ocultas tras la puerta las conversaciones de la familia Johnson.
Ellas no tenían familias, esposos hijos. Jamas lo tendrían.
El señor Ernest se emborrachaba en cada comida y el Patrón y él discutían
agresivamente sobre cualquier cosa.
6
Nana odiaba al señor Ernest y él le temía a Nana.
Y Don Charlito miraba todo esto con fruición y horror.
La Nana compró una radio! Y los niños se la pedían prestada. Hasta que se rompió.
Nunca tuvo dinero para comprar otra. Se quedó sin escuchar las novelas de medianoche.
Nana hacía un regalo de frutas de verano para las navidades y a Don Charlito
le hacía una torta de merengue para su cumpleaños. Tenía un sobrino,
Pedro, quien venía a verla todos los meses. Pedro no era admitido en la casona
y tenian que conversar en la interperie. No era decente, es pardo, decían los patrones.
Nana se enfermaba más y más. Sus dolorers de estómago eran insoportables.
Vino un médico, de los baratos, a verla. No nuestro medico de cabecera. Diagnosticó
histeria. "Es histérica Señora Lucía, no le haga caso". Nana consumía anlagésicos
como si fueran caramelos. Y tan solo comía una sopa aguada de maizena.
El señor Ernest sacó la foto de La Nana y Don Charlito. Esta que se muestra aquí. Ella siempre
le decía a Don Charlito " No mire para atrás Don Charlito; no vale la pena".
El alcoholismo de Don Ernest se puso violento. Fue expulsado de la casona por el patrón y por Lucía.
Perdió su trabajo en la embajada inglesa, perdió a su familia. Ahora rondaba por las calles adyacentes
a la Estación Mapocho, mendigando en bares y durmiendo en hoteles de mala muerte.
7
Nana, a pesar de su histeria seguía administrando la casona. Instruyendo a Bernarda en las labores,
enseñándole a los niños a ser buenos cristianos, lavando platos y limpiando suelos. Se levantaba
a las cinco de la madrugada a alimentar a los perros y encender las luces y se acostaba a las doce
de la noche, luego de despertar a los niños para que orinaran en la bacinica porque se mojaban.
Apagaba las luces y se dormía extenuada soñando como siempre con su pueblito, sus valles, sus montañas.
Don Charlito la veía flotar por los oscuros pasillos de la casona, en busca de alguna escoba. Subía
la gran escala flotando para hacer las camas por las mañanas. Bajaba las escalas flotando y entraba flotando
a la cocina. Le decía a Don Charlito que era porque le dolían los pies pero que era un secreto. Que no
se lo fuera a decir a los patrones ni a Luciita.
Bernarda dejó de soñar con muñecas y riquezas. Aprendió rápidamente cual era su posición en
la vida. Sin sueldo. § Nr. 1.
8
Como suele ocurrir, la vida transcurrió. Mansa y rápida para los patrones y su familia y muy lenta y
escabrosa para la Nana y Bernarda.
Los niños crecieron. El mayor se fue para siempre y la Nana lloró amargamente para siempre.
Las niñititas se hicieron señoritas y Don Charlito se transformó en Don Charles.
Las señoritas ya no eran delegadas a la cocina para ayudar a la Nana con las tareas culinarias.
Ahora, aparte de sus deberes colegiales iban a bailes los fines de semanas y tenían novios
que genealmente eran compañeros de curso de Don Charles. Aspiraban a casarse y tener guaguitas
blancanievecitas.
Una noche cuando mi mamá dormía, yo me desperté con los aullidos de mi nana. Intenté
taparme los oidos con la almohada para no saber. Desperté a mi mamá y bajamos las escalas corriendo.
La nana estaba en el suelo, en su cuarto. Gritaba como bestia herida. Estaba empapada en
su orina y olía a excremento. Yo vomité. Bernarda rezaba un ave maría en un rincón. Me
sorprendió su palidéz. Ayudé a mi madre a acostar a nana en su cama. Mi madre me pidió
que me fuera.
Yo corrí a mi cuarto y me escondí en mi cama y me quede profundamente dormido.
No recuerdo donde estaban mis hermanas durante la crisis que se había desatado
y que habría de marcar de por vida a mi familia.
9
La nana murió.
Estaba en su lecho con su pelo canoso cuidadosamente peinado y sin sus anteojos oscuros. Le vi su ojo
ahora tan muerto como ella, por primera vez.
Yo me fuí al living y puse el disco Revolver de Los Beatles en el tocadiscos. Mi madre me
increpó: eres un desalmado! tu nana está muerta y tu lo único que piensas es en ti mismo!
No era verdad. Yo no sabía que hacer ni donde hacerlo. Tan solo tenía la certeza de que ya
no era un adolescente. La muerte de mi nana me transformó, para mi sorpresa y horror, en un hombre.
La misa, organizada por Lucía, fue hermosa. El sermón modesto y adecuado a las circunstancias. Muchas
flores blancas y un coro profesional cantó el Ave María de Franz Schubert.
El entierro en el Cementerio General de Santiago fue muy extraño. Estaba Don Charles y Doña Lucía. Y los
ayudantes. Nadie más. Don Charles abrió la ventanilla del féretro y observó a la Nana. Le llamó la atención que
tenía sus anteojos oscuros. Para qué? Lucia y los ayudantes estaban conversando a un lado de la tumba familiar
y Don Ian vió a la Nana saludándolo y diciéndole: Iancito, no mires para atrás; no vale la pena.
La encerraron para siempre en la tumba familiar. La lápida de la familia Johnson era impresionante
y poderosa. Ahí estaban los nombres de otros cadáveres Johnson Larraín sepultados durante los
pasados años. A la Nana le pusieron una humilde piedra apartada de la lápida, la torpe inscripción NANA
hizo que Don Ian llorara como si jamás antes hubiera llorado en su vida.
Resulta que la autopsia de mi nana indicó cancer al higado. No pudieron detectar la histeria.
Y en esos tiempos yo veia a la nana flotar por los pasillos de la casona cantando:
Estaba la pájara pinta
sentadita en un limón
Ay ay ay sentadita en un limón...
Ay ay ay!
Ya no me acuerdo de los dias posteriores a su muerte. Bernarda asumió el cargo de
asesora del hogar y llegó una nueva nana desde las entrañas de Chile. Los valles y las
montañas. Y así se sigue repitiendo la historia, ad infinitum.
Ian Welden
Copenhague, Dinamarca.
Fotografía: Welden.


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26.10.2009 GMT

Desertikon / Antología / Narrativa Mendocina Contemporanea

DESERTIKÓN

Antología y de poesía y narrativa mendocina contemporánea

Eloísa Cartonera - 2009

Prólogo

Hay que mirar al libro como árbol si y sólo si se necesita desesperadamente una sombra bajo tanto sol desértico. En una aldea del farwest argentino, se convoca –mediante gritos, humo, migraciones de pájaros- a poetas, cuentistas, patógrafos, en fin, sedientos de literatura en general: target sinuoso sin duda, pero que implicaba un haberse mandado alguna en el pueblo, cierto no haberse quedado en casa... Con pala y pica de alquimista y chupayas de lector herbolario, se empiezan a seleccionar no tanto raíces subjetivas, nervaduras estilísticas o frutos maduros, como semillas multisensoriales, texturas vivientes que conecten (al texto) con la lengua, el cuerpo, la política, el deseo y la cultura, de modo que con ellas nos sea posible hacer llover en medio de la sequía: chamanismo urbano, conjuro político contra la sed. Ah, el problema de las literaturas " TEXT-ALIGN: justify"> Esta antología no es, claro, la que cada alquimista-herbolario –incluido el lector- hubiera sostenido con su sola firma, pero sí una que viene a traer, por primera vez en décadas, el futuro de una literatura otra de Mendoza (y de Argentina). Una mansa literatura de frontera, oblicua, “border”, en el sentido de que su práctica –excéntrica, gozosa, ardua- y su distribución se urden al margen de las instituciones políticas, los criterios mercantiles y los ámbitos de recepción de la patética “cultura oficial”. O sea, no hay hoja de esta antología que haya sido escrita desde –o para - ningún poder. Por eso mismo, quizá, todas juntas producen no sólo la misma lluvia que las hará seguir creciendo fuera de la encuadernada fronda: también logran que goterones de tierra sísmica suban hacia el cielo abierto de las lecturas remotas. Hipertelia de la letra colectiva: ¡llueve hacia arriba!

Un árbol, en el desierto, imanta con sombra. La de este libro es transparente y húmeda, para que la mirada viaje por la distancia del presente.

Gastón O. Bandes

Me preguntaba qué podría hacer yo por ustedes,,, a falta de ocurrencia mejor, les cuento una historia.

¡Oh, Casa de imprecisos muros!

Al comienzo la discusión giró entorno a cómo justificar la antología o, más precisamente, la selección que ésta presupone. Podía ser un tópico o un criterio. No se encontró ni una ni otra cosa.

Entonces –muchos días transcurrieron- se optó por el consenso entre un grupo de invitados.

En la inesperada mañana –tras merodear la Casa- se nos convida participar en la condición del invitado.

Luego se leyó. Y luego se votó.

Esto es el consenso directo entre seis invitados.

El consenso no siempre fue unánime.

Antes, mucho antes, se habló del año dos mil, de las intervenciones urbanas, de la ruptura con los paradigmas provinciales, del ajornamiento, del estudio, del estudio de los contemporáneos, de la no identificación con tradiciones locales, etc.

Ahora es esto.

Nos une -al entrar en la Casa- la común condición del invitado.

Una antología es siempre un recorte arbitrario. Hay arbitrariedades valientes y consecuentes y otras cobardes y condescendientes. El arbitrio de esta antología se ejerció desde la común condición no poderosa del invitado .

Ningún invitado gestionó su entrada, de manera que –al permanecer en la Casa- nos une la común condición sin más salvaguarda que la de nuestros dispares dones.

(Un prólogo –a mi juicio- debe favorecer la lectura posterior, estos datos –al tiempo que encuadran el trabajo- pretenden ese cometido) .

¡Oh, Casa! ¡Oh, Local lengua!

Darío Zangrandi

       
       
     -Como un     mandala le dije esa noche a M., porque, corte que somos seis, juntándonos una vez por semana, desde septiembre. Arrimando escritos nuestros y de otros, textos, poemas; y claro: la moneda para comprar unas cervezas o un vinito, en algún quiosco por ahí. Leyendo;... y hablamos: bocha de cosas,y hablamos mucho,con deleite, sedientos; íbamos por el trayecto alternante al sopor y la severidad insaciable del paisaje; que han definido la identidad de esta ciudad con nubes agoreras de la academia o los gusanos de una cultura colonoregional.   
    Antologogente que media comunera; y con la cartonera oportunidad ahí, claro. Qué mansas noches ! : atinando o no, pero pillos a la hora de elegir el contenido del envasado. Y a veces E. nos cocinó pastas. Una tarde de sábado L. hizo un asadito…, ese día :manso calor loco. Otra vez  en el auto de D. todos fuimos a comer pizza hasta la casa de G., que después como a fines de marzo y en la mesita del Bar Babylón, dijo: - Esta antología chicos; vieron no!?no hay nadie que ejerza poder. ninguno tiene un poder total. Y, corte que no sé ; a mi me gustó ( el poder todo lo empobrece y aquieta); me lo tomé para el lado que en esas juntadas, hubo por ahí un nosotros como deseo anhelante,… un  inminente espejismo al medio de la calle; sucia de papeles y envases vacíos y caras de turistas diciendo:- ya paso el desfile ?!. Un  desafiar la desidia e inquina que nos viene empobreciendo más, y a full, a este destino provincial, de borde, de frontera.   
     
    Claudio Rosales   

Cuando veo una muestra colectiva de artistas plásticos contemporáneos tengo como método observar detenidamente los cuadros antes de ver el nombre del autor, esto me da una visión más directa de la obra, me permite evaluar los efectos que producen en mí sin la contaminación que supone conocer con anterioridad el trabajo del artista.

En esta antología el proceso fue todo lo contrario, pero la idea fue lograr la misma impresión final, ver cada texto como un objeto artístico bien realizado, pensado como una obra de arte en si misma. Lo difícil fue tratar de consensuar una visión única entre todos los participantes de este proyecto, que al final no conseguimos. Como curadores con criterios muchas veces diferentes logramos una muestra democrática. Al momento de seleccionar, cada texto fue analizado desde distintos ángulos, hubo largos debates que sólo pudimos resolver a través de la votación, aunque al principio esta metodología fue lenta y trabada tuvimos la capacidad de transformar nuestras discrepancias en una sumatoria de voluntades.

Leonardo Pedra

Escribir un prólogo como traición nunca venganza.

Como dice Facundo López en uno de los poemas no incluidos en ésta: “que vivamos en traición, nunca en venganza”

La cuestión de lo de afuera, de lo dea dentro, y dios oh dioso, de los límites que no aplican ni apelan, pero molestan el hágase desbordándose.

La traición es acción, la venganza, reacción.

Con que: en el haciéndose hubo Ensayos, amplios, blandos, inesperados, Traiciones a la tradición y el escepticismo, la Hiperlegibilidad de la experiencia cutánea, y mucho Explota-explota-que-expló, explota nuestro corazón. Agüita y azúcar en la olla de campaña de ésta, la escuela del pedemonte.

A por la jalea dijimos, alegres como abejas zumbonas.

El profesar directo, sin rebotes /ensimismada/: la lengua al mismo tiempo, sin antenas /babélica/.

¿Corazones como bombones? ¿Ricos? ¿Sabios? Cosas que te jalan, otras sólo se jalonan. Fichas del apetito y no del hambre a fin de cuentas.

Haremos lo que pudimos, todo lo dicho podrá ser tachado de… jalea al fin, nuestra jalea.

María García

Hay un desierto. Pero tampoco tendría sentido decir que estoy en el desierto... ese desierto no es trágico ni está deshabitado, sólo es desierto por su color ocre y su luz, ardiente y sin sombra. En él hay una multitud bulliciosa... *

De las muchas líneas que atraviesan, de un texto a otro, esta antología, la experiencia del desierto conecta este viaje por 25 escrituras muy diversas. Sin contar con un mapa previo, el único modo de saberlo era salir a explorar el territorio propio con una horqueta de rabdomantes, aguzar el oído a las vibraciones, y entonces aparecen aquí napas subterráneas, allá un río o manantial, y en la superficie, dispersos, cactus que rinden su trago amargo, toda una vegetación enrevesada y espinosa que guarda durante años, como en un relicario, su pequeño y altivo corazón de lluvia. Y todo eso es bueno para la sed.

Desertikón , decimos de este sitio que ya no es la palabra del enemigo, que inmoviliza al asignarnos una identidad determinada en esa borradura nacional -la conquista del desierto, se decía con violencia de algo que estaba lleno de poblaciones con sus cultivos, su flora, su fauna, sus civilizaciones, su arte, sus lenguas. En la torsión irreverente de la palabra, aparece nuestra área encantada de registro, donde se inscriben múltiples nuestros trazos: todo está por decirse desde esa suerte de página en blanco. Que tampoco está tan blanca, vamos.

Desde acá escribimos, contra la aridez de políticas culturales abocadas exclusivamente al próximo guión de la Fiesta de la Vendimia, mientras la marca registrada de la S.A.D.E. entona loas al vino del turista en un paisaje folk hecho de retóricas ya cristalizadas. Al mismo tiempo, una Facultad de Filosofía y Letras controlada por el catolicismo siniestro -cómplice de la dictadura y sicaria del neoliberalismo- conserva sus momias de lenguaje por deshidratación a secas. Sumemos los espejismos de actualidad de una prensa servil a las mafias mediáticas, y pará de contar.

Demasiados años de sequía: nos precede una antología editada por Colihue, en 1991, con fines pedagógicos, y una antología temática de Alfaguara, organizada según criterios regionalistas: Mitos y leyendas cuyanas, de 1998. Entretanto, en las calles, en los bares, la multitud bulliciosa iba haciendo sentir sus voces. Esta antología que está ahora en tus manos, lector, sale de nuestro deseo de dar cuenta de esa movida, que excede el marco del regionalismo: latinoamericana por derecho de lenguaje, desertikón entra en la zona de confluencia de ese margen con el que Eloísa Cartonera construye su catálogo. Escrita para ningún poder, desde ningún poder, es la afirmación gozosa de un poder-hacer, poder-decir aquello que cada texto localiza : conexiones muy particulares con el cuerpo, la política, el deseo, el paisaje: otros recorridos ahí, donde se tejen nuestras micro-historias.

Un mapa posible : nada más lejos del trabajo de Eloísa Cartonera como editorial, y del nuestro como antólogos, que intentar erigir un monumento de o a la cultura, porque, como decía Artaud, “No me parece que lo más urgente sea defender una cultura cuya existencia nunca ha liberado a un hombre de la preocupación de vivir mejor y de tener hambre sino extraer de aquello que se llama cultura ideas cuya fuerza viviente es idéntica a la del hambre”.

Antes bien, de las más de sesenta escrituras que acudieron al llamado, éstas son las que imantaron, de un modo u otro, nuestras varillas de rabdomantes. No es una antología exhaustiva, no se trata, entonces, de la clausura de un conjunto, sino de echar una mirada en ese espacio que nos decían desierto, para establecer ahí nuestro campo de juegos, abierto a los horizontes de la escritura por venir, la que deseamos.

Eugenia Segura



* Citado por Deleuze, Mil mesetas, Valencia, Pre-textos, 2006, p. 36



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26.10.2009 GMT

Trova a la Añoranza / Maritza Alvarez

Trova a la añoranza

Canto I

Cuando la tarde cae cansada

Y frágil entre mis manos blancas

Cuando hasta el reloj se paraliza

A beberse un segundo, sediento y moribundo

Me detengo y sumerjo en un sinfín de emociones

Y en los rumores que me llegan distantes

En el tráfico que aún ruge sus trayectos

En el ladrido de los perros encerrando coloquios

Que no entiendo ni pretendo

En las voces que por mi calle pasean

Pongo entonces mi pensamiento

Afiebrado, inquieto y difuso

En lo logrado en la jornada

Y a veces duele y arde aquí adentro

Porque tú sigues en el mismo sitio

Interminable historia de diez páginas

Multiplicando por treinta las quimeras

Canto II

Das vueltas dentro mío,amado

Me rondas cabal y pleno

Me estremece profundamente este sentimiento

Tan desconocido y diferente a todo

El amor es siempre el amor

Pero tú me has enseñado más

Y me sacude ese sólo pensamiento

Me conmueves grandemente tú, todo tú

Y mi tierra se vuelve extraña, amor

Silente y meditabunda

Porque ya no tiene secretos que contarme

Porque ya no le pertenezco

Y aquellas “oscuras golondrinas”

Se elevan y se agitan en mi alma

Transparente, ligera, volátil en esta hora

Con ella me veo aferrada a ti y a tus caprichos

Sujetando tu alma frágil

Amando tus ciclos

Como si fuera mi último grito

El último sueño que voy a soñar

La última canción que en mi alma voy a entonar

Canto III

Tu alma,

Tu alma es un pájaro que sueña

Y encuentra sus raíces en la tierra

A veces se encumbra a las alturas

Buscando nuevos horizontes azules, creadores

Como águila sagaz y certera

Que lucha y aprovecha las corrientes de aire

Otras, cae en picada como Juan Salvador

En su aprendizaje duro y febril

Expectante

Y es ahí cuando tengo que sujetar mi estrella

Que se me va de mi lado

A calmar las heridas de un corazón agraviado

Entonces aquieto

Curo

Sano

Y vuelvo

Más enamorada

Y más completa

Canto IV

A la vida he dado mi sangre

Han latido mis sienes hirientes tantas veces

He dado pasos que mi propia alma desconoce

He alimentado pájaros y perros

Me he visto criando hijos sin saber nada

Sin tener el talento siquiera

Cuidando de ellos como de mi vida

Aún en la incomprensión

Mi alma se ha aferrado a hacerlo

Como un grito desesperado

Un grito a la vida que canta al amor

He trazado líneas fuertes y otras

No tanto, pero han sido hechas

He podido hablar de Dios

He amado desde lejanas latitudes

Comprobando de lo que soy capaz

Y de todas las veces que he amado

Aún en la no correspondencia

Saco cuentas positivas

Y apunto una estrella en mi alma

Canto V

Me encuentro y me asusto de mis hallazgos

Me despierto y me resultas intenso

Me siento llena de vida

Vaporosa y excedida

Y mendigo entonces

En las esquinas y en las plazas

En el estacionamiento y en la playa

En el ocaso y en el mediodía

Mendiga soy de las primeras luces

Que encuentran su descaro

De la noche que choca con la pasión

Mendiga del amor y sus señales

Mendiga de este sentimiento tan real

En mis venas que aglutinan de sangre

Que ahora quema y hiere

Desbordante de deseos

Materialmente indispuesta

Fundamentalmente apartada

Helénica de guerras no peleadas

Argumentada de sobra

Sobrante de argumentaciones

Paralíticamente estática

Suntuosamente adornada para nadie

Sintéticamente esclavizada a lo creado

Contagiadamente enamorada

Canto VI

Vínculos

Son vínculos que nacen entre tú y yo

Son amalgamas insustituibles que alargan la pasión

Llevan referencias de otras vidas

Y se empinan en mis órganos vitales

Augurando prodigios, señales y misterios

La calma de esta hora lo hace todo leve

Pero en mi instinto de mujer

Amante e intensa, sé

Que una y mil veces será “la” historia

Penetrante hasta el exceso

Que va a traspasar las emociones conocidas

Brutalmente urgente, intencionalmente viva

Porque ya empezó a abonarse el tesoro

Y crece, se intensifica y da voces de júbilo

Ante la llegada de su amado

Daré pues la venia a lo inevitable

A este desgarrado deseo que yace

En estado vegetal esperando lo despiertes

Anónimo

Pero muy tuyo

Canto VII

En tu tarde nórdica

Volando libre

Como un globo que escapa al cielo

Pienso en tu motivo presente

En la visita fraternal y de despedida

Que te debes y mereces

Te retengo en mi pensamiento

En esta mañana llena de piedades

Y me alzo contigo

Y te observo desde las alturas de mi cielo

Que es el tuyo también

Y te bendigo, hombre de contrastes

Sereno y angustiado

Pasos de luces y noches

Mente surrealista y cierta

Tan cierta como tu existencia

http://verbal-maritza.blogspot.com/

mary2764@gmail.com

maritza_alvarez_vargas@hotmail.com

Fotografia de orquideas

http://www.maphi-sto.de/flohmarkt/ansichtskarten/venezuela/bilder/Venezuela_058.jpg



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