Revista Literaria Periódico Cultural

29.8.2009

29.8.2009 GMT

Serie por nuestros cerros Roraima /Edilia de Borges

Foto: Roraima (Tafelberg) (reitgasse)

Una nueva narración de nuestra aventurera e intrépida amiga Edilia en el Roraima, ni hablar de los ríos y riachuelos del aire límpido, del agua cristalina, de paisajes y vistas espectaculares que no ameritan ningún comentario, todo está dicho con sus palabras y su sensibilidad de poeta.

Rubén Patrizi

Hola amigos todos, les cuento:

No necesité mucho impulso para complacer el deseo de una amiga de conocer el tepuy Roraima, una vez más y van siete mis visitas. Unos días antes de la Semana Mayor ya estábamos en ruta hacia el destino fijado. Una travesía larga desde Caracas nos llevó hasta San Francisco de Yuruany en el estado Bolívar. Como ha cambiado esta Comunidad indígena, lo que otrora eran sólo varias churuatas a orillas de la carretera, destinada una de ellas, la más grande para los turistas que al día siguiente saldrían para la Comundad de “ Paratepuy ”, hoy día es toda una población de muchas casitas y/o churuatas, servicios básicos (menos teléfono) escuela, ambulatorio, mercado, iglesia, ventas de artesanías, venta de hielo, puesto de Policía y de Guardia Nacional. Es el punto de partida de todos los visitantes que desean conocer el Roraima . Por la cercanía de la fecha Semana Santa, bullía de actividad. Una hilera de puestos rústicos de ventas artesanal local, atrae la vista por su colorido variado y vistoso. En su casa buscamos a nuestro guía, 2 porteadores y nosotras, cinco mujeres con todos sus bártulos, ya casi al mediodía subimos en un camión con rumbo a la población de Paratepuy a 45 minutos de distancia por un camino de tierra roja, a principio pasamos por un fresco bosquecillo, atravesamos un puente sobre un río que invitaba a bañarse, para continuar subiendo por un camino que ya no lo es, hay un gran tramo próximo a desaparecer, tal es la erosión que se lo “está comiendo”, solamente queda una franja angosta con un gran cañón a su lado, grieta enorme y profunda, cada vez más la tierra se desploma y se fractura dejando una brecha descarnada de arena imposible de pasar. Si las Autoridades competentes no intervienen en su auxilio pronto ambas Comunidades quedarán aisladas, al menos por tierra, tal es la magnitud del daño.

En Paratepuy el guardaparques nos revisó el equipaje y el permiso para subir, dándonos recomendaciones, cumplidos todos los requisitos comenzamos nuestra caminata por la Gran Sabana. El día estaba nublado sin el castigador sol, era una dicha transitar aquél espacio de cielo y hierba alta solamente, llevamos un alegre y buen paso sin prisa, deteniéndonos para tomar fotografías o simplemente observar el paisaje, un descansito, beber agua, observar un pájaro. Por tres veces atravesamos diferentes riachuelos que corrían entre piedras, cristalinas sus aguas, frías, divinas para beber en el cuenco de las manos, pequeños oasis frescos y sombreados cambiaban el escenario de la Sabana. Llegamos al río Tek, éste es más ancho y lleva mayor caudal, sólo encontramos una carpa en ese momento vacía y excepto los habitantes cuidadores pemones que cuidan el lugar, no vimos otra persona. El río estaba algo dificultoso para atravesarlo con su corriente fuerte y piso de piedras resbalosas, así que en medias y de la mano del guía lo pasamos. Desde allí una fuerte e impresionante cuesta que subimos de a pasitos y retomamos el camino en cosa de unos 20 minutos ya estamos en la loma que desciende ahora hacia el río Kukenán, éste si es impresionante, viendo aquellas frías y furiosas aguas correr ruidosas y desenfadadas entre piedras grandes y brillantes hizo “volar mariposas en mi estómago”. El cruce ahora es más cauteloso debido a que se hace en el sitio donde el río recibe aguas de otro afluente pequeño, la corriente que se forma en ese encuentro empuja e impele mis piernas, me abraza y me arrastra, casi me lleva, por suerte la fuerza con que me agarra, sostiene y ayuda Carlos lo impide. Lagrimeando desimuladadamente, temblándome las piernas por el susto, aterrorizada llego a la orilla. Un breve descanso y proseguimos el caminar hasta llegar a la “Base Militar”, es un descampado en medio de la sabana, piedras ahumadas y negras en círculos atestiguan pasadas fogatas de aventureros anteriores. Escondida entre matorrales apretados una bajada nos sorprende con un pequeño manantial donde nos proveemos del vital líquido aprovechando para bañarnos a “ totumasos ”. Dormimos en nuestras carpas. Esa noche la belleza de las estrellas y el brillar de la luna casi llena fue la última visión que tuve antes de dormirme. Al día siguiente nos tocó cubrir la última etapa del caminar subiendo y bajando colinas no fuertes para llegar al Campamento Base, a los pies del tepuy. Desgraciadamente mi organismo se descompensó, en consecuencia retrasada y casi a rastras por los desagradables síntomas anómalos en mi salud, logré llegar. Decidí en ese momento que allí me quedaba, no subiría a la cima, no estaba bien, Mientras yo descansaba y reponía, mis solidarios compañeros abrieron mi carpa, dispusieron de víveres y cualquier otra cosa que yo pudiese necesitar, ya que acá bien instalada me quedaría por dos días mientras ellos continuaban hacia la meta.

Pude seguir utilizando los binóculos, una parte de su primera subida, pasaron un bosquecillo, un rústico puentecito sobre el agua de un amplio manantial y ya de frente se encontraron que el caminito antiguo es ahora una tragedia total el pisar de tantos pasos en muchos años lo han convertido en una muy delgada franja donde uno de sus lados está cerca de unas esqueléticas plantas y el otro es un profundo hueco, la tierra arcillosa casi greda de color amarillo está vuelta un lodazal resbalosísimo, hay que agarrarse con fuerza de cualquier apoyo, tronco o piedra que alcance y auto empujarse hacia arriba apoyando a veces no sólo pies sino también manos y hasta codos. La erosión continúa a paso vigoroso ayudada con las lluvias que caen casi siempre. Como gracioso vi que los pemones con sus sandalias de suela de goma lisa caminan como balanceándose por allí con su wuayare pesado en la espalda y sostenido por una franja de tela colocado a su frente. Los perdí de vista luego. Lo que sigue lo cuento basándome en mis recuerdos de visitas anteriores, pero primordialmente en los detalles, peripecias, observaciones y vivencias de mis amigas mientras caminaban por ese mágico lugar. ..”Llovió constantemente, la subida fue muy cuidadosa, poniendo la vista antes que los pies en cualquier paso, nos deteníamos para tomar fotografías en cada rincón de la senda o vuelta del camino. Llegar al ”Mirador” fue una odisea precavida, cautelosa por la peligrosidad de piedras sueltas, rocas mojadas y suelo pantanoso ,pero una vez en él y ante el imponente espectáculo a la vista de la Gran Sabana, todo lo pasado se olvidó. El “Paso de las lágrimas” fue la “Cascada del llanto”, (así lo llamó una de ellas), tanta era el agua que caía desde la cumbre, nos dimos “la ducha del año” mientras pasamos bajo los chorrerones de agua helada. Aquí hago una pausa para contarles que yo, desde la base veía con asombro y maravillada viendo caer cascadas por diferentes puntos desde la cima, ese día llovió muy fuerte. Prosigo. ”Asaltamos ahora las rocas dispersas y grandes de la última parte del ascenso. Carlos nos llevó hasta “Arenales”, un “hotel” resguardado y formado por la cavidad de grandes rocas, amplio, seco, suelo de fina arenilla, sitio muy cómodo donde levantamos campamento e instalamos nuestras carpas.

El tiempo brumoso y la pertinaz lluvia no impidieron que Carlos nos llevara a conocer algunos “rincones” hermosos. Estuvimos en la “Cueva Guácharo” que no pudimos atravesarla en su totalidad por falta de luz. (Es curioso como todas mis compañeras coincidieron en sus impresiones de este lugar). ”Hermosa, limpia, inolora al entrar se siente como” una presencia etérea”, hay una sensación de paz y calidez interior, de sosiego, tiene una especie de “aura” que nos hace felices, dijeron”.

También tuvimos la oportunidad de darnos “un baño” de lujo, lo hicimos en piscinas de piso y paredes de cuarzo, con agua transparente y helada, vivificante, repotenciadora, algunas bastantes profundas. Es la zona llamada “ Jacuzzis ”. Hicimos otros paseos cortos por la brevedad de tiempo que disponíamos y luego bajamos”. Sus fotografías hicieron gráfico su relato.

Ellos al bajar, me encontraron ya sana, lista y dispuesta para unírmesle en el regreso. Esta vez atravesar el río Kukenán fue más “ pelúo ” estaba crecido y la fuerza del agua se podía ver, rugía ¿O fue mi pensamiento? Asustaba. Asistida por una cuerda amarrada a cada lado del río y ayudada con los fuertes brazos del guía con seguridad logré “encallar” en la orilla opuesta. Estaba salva. ¡Aleluya!

De nuevo en el río Tek que en comparación al que terminamos de pasar, parecía que sus aguas se mecían arrullando las piedras. Ahora acá si nos regalamos con un sabroso y delicioso baño. Dormimos esta noche en este sitio sin disturbio alguno, luego de comer la exquisita pasta a la “ Grisel ” de su propia inventiva. ¡ Ummm !.

Al otro día con un amanecer esplendoroso, desayunamos y nos devolvimos hasta Paratepuy donde nos esperaban en un camión para traernos de vuelta a San Francisco de Yuaruaní, recogimos nuestros enseres y nos trasladaron hasta Santa Elena de Uairén donde tomamos el autobús para la capital, luego de pasar una odisea por irresponsabilidad de los conductores llegamos al Terminal de Oriente donde ya nos esperaban nuestros familiares.

Pienso que fue una muy agradable excursión y un muy buen bautizo para las amigas que lo hacían por primera vez, para ellas es una experiencia que les abre las puertas a muchas otras en nuestras montañas y me siento feliz en haber contribuido a ello.

Nos vemos en la próxima,

Participantes: Marta Matos, Grisel Urdaneta, Karla Gil, MªEugenia Sánchez

Fotografías: El Roraima, La pared, Gran Sabana y tepuyes al fondo, esculturas en la cima, Las Torres, Hotel Arenales (carpas),El Maverick,Las Pagodas, Punto Triple y El foso.

Carlos Lombardo – Guía

* No importa cuantas veces hemos subido al Tepui Roraima, el más alto de todas las Guayanas (2.810m. s.n.m .) al sur de Venezuela. El pisar de nuevo su cumbre es rendir un renovado culto a la Diosa Ruin (mitología indígena) que allí reina. Abuela de los civilizados a los que obsequia con bebidas y música cuando acuden a visitarla. Visitar Roraima es convivir con seres mágicos, es saberse observada por centinelas pétreos que se confunden y difuminan en la neblina. Esconderse entre grandes, negras y silenciosas rocas que como casillos emergen de la rosada arena. Estar allá es participar en la danza transcendente donde el agua se transforma en viento y la infinidad de riachuelos y cascadas nos incitan mostrando su luz, su magia, su infinita fantasía que nos hace volver allá una y otra vez.

Foto Roraima

http://www.reisebank.de/sixcms/detail.php?id=1019&country=ven&section=TravelWarnings



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29.8.2009 GMT

Pasaje

Atrapada luz en los espejos
despliega su abanico
se ha derramado
sobre el agua de la tarde.
Quema su vuelo un pájaro
sobre plano en reverso
las bisagras se cierran
a las sombras.
Una mirada
apenas
se conmueve.
Dejarse estar
dejar
que nada se detenga
mientras el ancla ríe.
© Silsh
(Silvia Spinazzola)
-Argentina-


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