Revista Literaria Periódico Cultural

5.10.2010

5.10.2010 GMT

Maricela Luján Mexico....

Llévate ese trailer, cargado de cacahuates.

Por Maricela Luján

Casi nadie tiene un negocio como Hermenegildo Buenrostro, estoy segurísima de ello, uno lo ve con esa rubicundez que no te deja dudas,

luce como un hombre satisfecho… esa cara de luna rosada y aquella sonrisa a flor de piel tan fácil de prodigar luciendo sus dientes pequeños como granos de elote, y esas redondeces que acusan su gusto por los tacos al pastor y seguramente por las siestas de todos los días, y que decir de su bonachonería: es el hombre más bonachón que se haya visto en kilómetros a la redonda y por todo esto jamás uno se podía imaginar que su bienestar económico partiera de las golosinas caducadas que sabritas y barcel han retirado de los anaqueles.

Si, los bubulubus apelmazados, los ositos panda de colores aplastados, las pasitas con chocolate que se han convertido en una plasta a causa del exceso de calor, todo tipo de dulces sonrics y ricolino que estaban a punto de ser incomibles.

Diario, miles y miles de bolsitas regresan a las bodegas del fabricante ya que las tienditas de la esquina requieren se les cambien los dulces amorcillados en el anaquel por productos más frescos y la empresa proveedora acepta tácitamente rembolsarlos por golosinas nuevas, no en balde tienen cientos de camionetas y representantes que visitan a todo changarro ( como se estiló decir en tiempos de Fox ) ó estanquillo más perdido y escondido de todas las ciudades y en cualquier pueblo que tal vez ni aparece en el mapa.

Y aquí es donde entra Hermenegildo: él tiene un trato con el fabricante de todas estas golosinas que él les debe comprar todo lo que le vendan en estado caducado, sin importar que es, tiene que agarrar parejo, de hecho no le dan opción de escoger. Solo le dicen:

"hoy hay colaciones y garapiñados, 300 kilos de cada uno "y a entrarle pagando en la caja lo que corresponde y llevándose sus camiones cargados de saldos de golosinas, y sus camiones son propios ya no renta unidades como al principio, no.

Sus dos choferes son fieles colaboradores que conocen bien la logística, deben quitar primero todas las bolsitas, éste es un trabajo manual que lleva tiempo pero es indispensable, deben desaparecer toda publicidad impresa de las marcas ya que es parte del trato, hasta que todo el producto queda a granel, (¿se lavarán las manos?) Una vez terminada ésta labor artesanal van a descargar a las bodegas de su patrón, en otras ocasiones entregan directo a los dulceros del tianguis de San Felipe de Jesús.

Hermenegildo hoy en día se permite dar crédito a sus clientes, de hecho ha apadrinado a dos de los chamacos de sus principales clientes, es un hombre de ley, devoto guadalupano. A veces se reúnen los domingos para desayunar barbacoa y al terminar se cuentan anécdotas de lo que ha sucedido en la semana, ó a veces aclaran ó liquidan cuentas relacionadas al negocio.

Los clientes de Hermenegildo, tienen a su vez muchos clientes que venden afuera de las escuelas primarias y secundarias, utilizando carretillas para transportar las incontables golosinas, mismas que empacan en pequeñas bolsitas de celofán transparente.

Claro que se dan algunas mañas para disfrazar cuando las botanas, pepitas de calabaza, habas y garbanzos les llegan demasiado secas y desabridas, los pasan en el sartén con aceite hirviendo y santo remedio, agarran nueva consistencia y ni quién se entere.

El año pasado Hermenegildo Buenrostro y su esposa se dieron una escapada al viejo continente, su ilusión era ir al Vaticano y tener la dicha aunque fuera de lejos de conocer al papa. Al principio parecía un sueño irrealizable, pero conforme pasaron los días y el viaje se fue materializando hasta estar subidos en el avión, empezaron a sentir que era de adeveras.

- Hermenegildo - le dijo ella, tú crees que podamos conocer al santo padre? Yo quiero besarle la mano y que nos tomen una foto para luego presumirla.

- No lo sé mujer, hay que tener fe - contestó el buen hombre.

Cuando al fin estuvieron frente a la Basílica de San Pedro, a Hermenegildo le llegó una especie de revelación: no podía creer que su trabajo de las golosinas recicladas les hubiera dado para tanto y sintió una emoción que lo lleno de poder, y en ése mismo instante quiso cumplirle a como diera lugar el sueño que tenía su señora de tomarse una foto con el señor del Vaticano.

Indagó con el guía que los había llevado como se podía hacer para saludar al papa, aunque fuera un instante y éste le pasó un tip: había que llenar un formulario y pagar una cierta tarifa en euros para tener acceso a tal dicha.

Hermenegildo lo hizo. Al regreso del viaje trajeron un grueso álbum lleno de fotografías recibiendo la sagrada hostia con el papa, besándole la mano al papa, descendiendo las escalinatas de la Cúpula para acercarse al papa.

No se acababan nunca las fotos y todos los familiares las tenían que ver cuando llegaban a visitarlos a su casa, durante años fue el tema de conversación preferido de Hermenegildo y su esposa.

Hubo una anécdota que verdaderamente le quitó el sueño a Hermenegildo cuando le llamaron por teléfono de la fábrica de golosinas y le dijeron:

- Ven por cacahuate, hay, y mucho -

Se apersonó con uno de sus camiones de 3.5 toneladas y cuando le echó un ojo a la mercancía que le ofrecían, las manos le empezaron a sudar.

Era un trailer lleno de cacahuates, así literalmente, un trailer completamente lleno de puros cacahuates.

Sabía que no podía negarse, pero trató de negociar con el supervisor en turno:

- No seas gacho, ¿que voy a hacer con toneladas de cacahuate casi rancio?

- Ni modo - le dijo - tienes que apechugar, no hay de otra.

Ese día Hermenegildo no pudo conciliar el sueño, y cuando muy cerca de la madrugada dormitó un poco, se apoderó de él una pesadilla en la que él se veía ahogándose en una montaña de cacahuates.

Después de varios días y de mucho pensarle como iba a colocar semejante cantidad de cacahuates en tal estado, se le iluminó la mente con una idea.

Al día siguiente se encaminó a la ciudad de Puebla y llegó a la central de abastos donde encontró un mayorista en chiles secos al que le propuso el lote de cacahuate, asegurándole que al mezclarlos con todos los ingredientes que lleva el mole poblano, nadie podría descubrir que los cacahuates no eran frescos.

Su oferta fue tentadora y ahí se quedaron todos los cacahuates del trailer.

Hermenegildo Buenrostro y su esposa pudieron hacer éste año un nuevo viaje, ahora escogieron ir a Tierra Santa.

----------------------------------------------------------

lujanmaricela@yahoo.com.mx

foto:

http://www.aceiteoliva.com/wp-content/uploads/2009/04/manies.jpg



En: No Categorizado
Permaenlace: Maricela Luján Mexico....
Comentarios: 0
Leído 1759 veces.



Página 1 de 1. Total : 1 Artículos.

vocessusurrosrumorygritos-vocessusurrosrumorygritos