Revista Literaria Periódico Cultural

22.11.2010

22.11.2010 GMT

Serie de los nuestros/ Escultor en la calle / Julio César Gracia

Debajo del elevado de la avenida Urdaneta en San Benardino encontramos al artesano

Julio César Garcia.

Este señor dedica su tiempo y trabajo a la creación.

Un escultor en ciernes

Figuras que viajan de la imaginación del escultor hasta sus prodigiosas manos, son elaboradas con resina, y en madera, que adornan seguramente algunos de nuestros hogares...

Todos los días va elaborando con marcado esfuerzo, trazando y transformando

el metal, la madera, haciendo de sus manos el recurso diario con su intlecto.

enhora buena para nuestro migo Julio César Garcia.

Rubén Patrizi



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22.11.2010 GMT

Bonsai / Rodrigo Rodríguez Caracas Venezuela/ el arte en la naturaleza

El espetáculo aparece en cuanto ves los pequeños arbolitos, que reverdean

en la avenida...

Son pequeños enano gigantes, o gigantes enanos que han sido transformados por la labor de este artesano creador....

La naturaleza domada en esplendor, las flores, las frutas, el olor, todo un bosque en miniatura, que florece en una primavera casi infinita, con el verde inacabable de selva.

Rubén Patrizi



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22.11.2010 GMT

aventura /cuento de maricela luján mexico...

Aventura

A la mañana siguiente, después de haber dormido la primera noche en Casitas, Veracruz, Remedios Aguirre abrió los ojos y esparció una mirada atónita por la suite equipada con aire acondicionado y cocineta, tratando de asimilar donde se encontraba.

Toda la noche la asaltó la pesadilla de estar huyendo de una enorme rata que la perseguía en un túnel cilíndrico de asbesto. Remedios sobre un patín del diablo entre cientos de autos circulando en el periférico de la ciudad de México a la altura de Barranca del Muerto y huyendo a toda velocidad.

Visiones oníricas en las que el indeseable roedor se acercaba velozmente y se convertía en personaje protagónico del sueño.

Imágenes surrealistas de lucha incansable apurada por el espanto.

Cuando despertó ya completamente y escuchó la respiración acompasada de Celerino, su marido, sintió una inexplicable tranquilidad, mientras que aspiró una bocanada de aire tibio con gusto a sal marina.

Al mismo tiempo le llegó el murmullo constante y casi cercano de las olas que rompían una y otra vez en el acantilado.

La invadió una inesperada euforia, motivada sólo por la conciencia de estar viva.

La sensación de la sangre tibia que corre por las venas, la empoderó de una de vitalidad desconocida, tan desconocida como excitante.

Una casi felicidad le hizo sonreír, mientras su inconsciente programaba aquel bendito mecanismo protector que nos hace olvidar las cosas desagradables.

Esa coraza de protección automática que tenemos las mujeres y que se activa para bloquear experiencias, imágenes, sensaciones, olores, sonidos, ó palabras de aquellas cosas que hemos vivido y no deseamos recordar absolutamente.

Desechó pues de tajo las imágenes del roedor persiguiéndola en el sueño y sólo entonces tuvo la absoluta certeza de estar viviendo su primer día de vacaciones en la Costa Esmeralda.

-Árabes camelleros… se dijo para sus adentros - nos vendieron a Celerino y a mí un paraíso de confort y relajamiento en éste hotel de la playa, y en éste colchón no se descansa como se debe... siento todo el cuerpo molido -

Se acomodó en una nueva posición, tratando de que su espalda encontrara nuevos espacios en la enresortada planicie de aquel colchón que ya había vivido hacía mucho, sus mejores tiempos.

Cierto era que el colchón estaba colocado sobre una base de cemento, y esto, según los expertos de la ortopedia es lo más aconsejable, ya que las superficies duras favorecen la posición de la columna vertebral, solución óptima para el buen descanso del cuerpo.

Claro, - se dijo - esto funciona bien cuando el colchón tiene en su lugar todos los resortes y las capas de hulespuma, luego entonces va bien con la dureza del cemento…

Mientras hacía estas reflexiones, sintió el pico de un resorte que se le incrustaba como un aguijón en la parte baja de la espalda.

- Voy a pedir que cambien hoy mismo el colchón ó voy a demandar a éstos tracaleros - dijo Remedios para sus adentros, hablando consigo misma.

Y se sorprendió súbitamente de su arrojo.

En tanto, empezó a sentir que la sed invadía las paredes de su garganta. Deseó con fruición beber el agua de un coco… toda el agua de un solo trago.

El inimitable agua fresca de un coco verde. Aquel que luego de tomarte el agua, te lo parten con un machete y te comes como si fuera un banquete, el coco tierno, el coco de cuchara.

Celerino despertó desperezándose como un gato siamés.

Sólo deseaba estar cerca de la playa para sentir la brisa del mar y caminar descalzo sobre la arena.

Celerino no quería un coco verde. Y de hecho esto era un tanto extraño, ya que casi siempre él quería lo mismo, lo mismo que a Remedios se le antojaba en cuestiones de antojos repentinos, él sentía la necesidad de compartir con ella el placer de aquella cosa, ya fuera comida, bebida o cualquier otra cosa.

Remedios a veces pensaba que esa inclinación a gustar y hacer las mismas cosas, no nutría su relación de pareja, sino que la encaminaba a la ruina.

Pero que se le iba a hacer, de alguna forma ella se había acostumbrado a esa especie de mimetismo emocional que provocaba Celerino en su

"diaridad"

Más tarde cuando paseaban por el malecón, Remedios dijo de repente:

- me duele la espalda como si hubiera cargado una tonelada de plomo -

- ¿Quieres un masaje? - le preguntó Celerino.

Con ésta observación él hubiera ganado un concurso de comprensión si es que existen estos concursos en algún lugar del planeta.

- Si, un masaje sería maravilloso y también quisiera dormir en un colchón nuevo - contestó Remedios

y volvió a decir, pero en voz alta y con Celerino enfrente:

Árabes camelleros… nos vendieron un paraíso de confort y comodidad.

-Si no nos cambian hoy el colchón, nos vamos a otro hotel y que nos regresen nuestro dinero - dijo Celerino ya inmerso de lleno en el problema a pesar de que él si había dormido lo suficiente.

Al regresar al hotel se dirigieron a la oficina de administración.

Una secretaría joven, morena, delgada, sin expresión en el rostro, atendió la queja de Remedios y Celerino acerca del colchón incómodo.

"O nos cambian el colchón, ó abandonamos el hotel y nos regresan el dinero pagado"

La secretaria prometió informar al arquitecto, su jefe, el propietario de las suites amuebladas "Casitas del Tajin "de la Costa Esmeralda, quién se encontraba en su oficina en la ciudad de Puebla.

La respuesta llegaría por la tarde.

"se han mandado a hacer colchones nuevos a la fábrica., estos los diseñan a la medida y los entregarán dentro de dos meses. El arquitecto dice que si desean que les devolvamos su dinero, lo haremos sin problema"

Se dedicaron esa misma tarde a buscar otro alojamiento en la Costa Esmeralda, que tuviera al menos un colchón cómodo, cocineta y aire acondicionado

No había nada. Ni un solo hotel disponible.

Se atravesaba el puente del 15 de Septiembre, Día de la Independencia, (y peor aún el aniversario del Bicentenario) el día que los mexicanos no perdonan el grito aunque al día siguiente inmersos en la cruda, olviden por completo la euforia patriótica de la noche anterior.

¿Qué hacer? Era el segundo día de vacaciones y todavía faltaban 13 largas noches que se podían volver un tormento en el colchón asesino.

- Vamos a comprar un colchón nuevo y cuando terminen nuestras vacaciones nos lo llevamos a casa - propuso Remedios, y su mirada acusaba un brillo desconocido.

- Es una locura - dijo Celerino al tiempo que veía volar al menos $ 900 pesos.

- Mi descanso no tiene precio - le contestó ella, sintiéndose Totalmente Palacio.

Fueron al pueblo a buscar una mueblería. Ni una sola.

La gente de Casitas iba a la ciudad de Martínez de la Torre a comprar camas, colchones y todo lo necesario para amueblar una casa.

Encontraron un colchón de $ 400 pesos a rayas anaranjadas y verde aceituna que tenía una etiqueta de satín brilloso que ostentaba una sospechosa marca, mundialmente desconocida;

"TRE FIORI " y más abajo decía:

MATRIMONIAL/ HOTELERO / ORTOPEDICO.

¿Sería verdad tanta belleza por 400 pesos?

Decidieron comprarlo luego de que Remedios se recostó un poco y comprobó que no se hundía en absoluto.

El vendedor de la mueblería se ofreció a amarrarlo en el techo del auto. Trajo unas cintas de tela resistente y se puso a atarlo con tal convencimiento que su cara se transformó mientras hacía los nudos, sacando la lengua de lado, como hacen los hombres al clavar un clavo en la pared.

Tomaron la carretera a una velocidad razonable y cuando menos se lo esperaban, con la fuerza del aire, el colchón empezó a moverse, amenazando con salir volando.

Se detuvieron en medio de la autopista y Celerino volvió a reforzar los nudos que sujetaban el colchón.

Avanzaron un poco más y fue peor, ya que el viento arreciaba y empezaba a llover. Por fortuna, un buen hombre que conducía una camioneta cerrada se detuvo. Venía vacío de la central de abastos del puerto de Veracruz, había dejado su carga de brócoli congelado. Aceptó seguirlos y recibir una compensación monetaria por llevar el colchón ya que le quedaba de paso, cuando llegaron Celerino cargó el colchón en su espalda, pareciéndose al Pípila y lo subió al cuarto.

Acto seguido sacaron al pasillo el colchón incómodo.

En poco tiempo alguien de mantenimiento se apareció y se lo llevó.

El descanso que les proporcionó el colchón "Tre Fiori" fue memorable.

Hasta la noche del día 7º en que el cómplice de sus sueños se empezó a abrir en uno de los costados y, oh sorpresa! salieron incontables bolsitas llenas de un sospechoso polvo blanco.

A la madrugada siguiente Celerino y Remedios salieron a la carretera federal con el colchón recién adquirido, amarrado con gran fuerza en el techo del auto.

Se estacionaron cerca de un precipicio, cuando todavía no amanecía, la obscuridad, cómplice, los protegió cuando lanzaron al vacío el "Tre Fiori" testigo mudo de su aventura veracruzana.

Una lágrima se le escapó a Remedios al ver de muy lejos, en el fondo de la barranca, el colchón de sus sueños, completamente despanzurrado y rodeado de partículas blancas como la nieve.

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