Revista Literaria Periódico Cultural

18.12.2010

18.12.2010 GMT

Jesus Sanchez/ grupo escursionista Caracas

LA AMISTAD, UN TEMA ELEGÍACO

La amistad es componente del amor sin duda alguna, por lo menos eso creo. Pienso en mis amigos y siento que su amistad forma parte del amor que mutuamente sentimos, aunque ese amor no se exprese con cánticos y fuegos artificiales. En ocasiones es simplemente una tenue luz asumida en nuestras manos para caminar, estar, para reconocer vías desconocidas y posiblemente peligrosas.

Esa amiga desconocida hurga en nuestro interior y nos impregna con su presencia, nos hace saber su constante física, nos colorea y obliga a sentirla, mirarla, y aceptarla en nosotros. No disimula ni transige, solo esta allí cuando la necesitamos y cuando no la necesitamos, ella es una presencia constante, inquieta, linda, definitiva, comprometida, con nosotros y con ella misma, ella es la amistad.

Pero no es sexo y no siempre exige nuestro compromiso. Ella ha gerenciado su propia existencia, su propio árbol de vida, su propio apego a nuestras vidas solitarias, a nuestras fuentes de amor.

Cuando veas a esa enigmática señora no le pidas que se vaya, dile que tu puerta esta abierta esperándola para alimentarla y seducirla con tu propia vida, con tu complejo entendimiento, con tu sabiduría y tu corazón pleno de seducción, porque ella es sensible al galanteo y la entrega, es susceptible de entregarse, de mirar con letras pequeñas; tan intensa es la urdimbre y apretada esta dentro de ella, solo para este ser que la descubre y la admira.

Sin admiración no hay amistad ni amor. Un ser generoso se siente pleno de ella, recorre cualquier recoveco buscándola, construye cualquier intriga exigiéndola, mece suavemente esa cuna de donde salen los sueños en una carrera infinita, teñida, en la nota profundamente conmovida, electrizante, curativa, enigmática.

Pero que me dices del sexto sentido. Que sucede cuando te hablo de amistad y recuerdo tus pasos decididos, tu rostro franco, joven, arrugado a veces, nada. No sucede nada. Por eso brevemente quiero hablarte de ella. De esa rica heredera de nuestros contubernios y complicidades de amor sencillo y sin violencia, sin objetivos, sin miedos, como fué su nacimiento.

La amistad nos sirve para deleitarnos en ella misma. Nos brinda refugio y acuerdos para nunca estar solos, para abrir sigilosamente cualquier regalo, no importa si envuelto con una simple hojita de papel, nos permite regalar una sonrisa pagada al portador, sin recargo por envíos y casi nunca se extravía en equipajes ajenos. Siempre y no se como lo hace, nos llena esa maleta antigua de esta vida que ha pasado con mis amigos y un poco de amor pasionario.

Y si me preguntas cuando la he tenido no deberé vacilar para decirte que ella me ha tenido. No se como hizo pero siempre estuvo a mi lado confortándome, haciéndome su amigo, fugándonos en breves pausas de tiempo cuadrado a veces y otros triángulos no siempre equiláteros, fueron paralelepípedos cuando así lo quisieron y yo aquí estoy mirando a través de esta neblina en mis ojos para preguntarte si pueden ser redondos o cuadrados, porque intuyo que tu sabiduría es inmensamente grande, y la mía es solo una línea de letras rompientes de mar, en silencio.

No es mas que una frase lírica, pero como llena nuestra algarabía humana, como suple una perdida, estruendosa en sus silencios y escandalosa en sus atardeceres, eso es la amistad y fíjate, estoy tratando de explicártelo, porque tengo miedo. Tengo miedo y necesito que seas mi amiga.

Envolveré una piedrita y la lanzare al cosmos. Cuando regreses con ella mis ríos se llenaran y mis océanos plenos estarán de tu órgano y color, y podré verte entonces y porque no, mirarte y sentirme feliz, un poco mas que siempre.

Y podre reir, reir, reir.

adios

Jesus Sanchez

Director de Excursiones



En: No Categorizado
Permaenlace: Jesus Sanchez/ grupo escursionista Caracas
Comentarios: 0
Leído 1851 veces.



18.12.2010 GMT

René Rodriguez Soriano/El Libro, ese singular universo

Ni el hombre de las cavernas con sus figuras cuneiformes, ni Manuelico con aquella inmensa voz que nos dibujaba el mundo a mitad del siglo pasado, visualizaron jamás un soporte virtual para sus imágenes y sus palabras.

Al cabo de cincuenta generaciones | (Tales abismos nos depara a todos el tiempo) |Vuelvo en la margen ulterior de un gran río |Que no alcanzaron los dragones del Viking, |A las ásperas y laboriosas palabras |Que, con una boca hecha polvo, |Usé en los días de Nortumbria y de Mercia, |Antes de ser Haslam o Borges. - Jorge Luis Borges

De vez en cuando vuelvo a las tandas de maní tostado y Manuelico; no había placebos ni en la radio ni en la televisión, él llenaba de historias y de asombro los umbrales del anochecer. Había fogata, té de jengibre, y eran hondas, remotas y sin protocolo las historias, ¡pero cuánto se gozaba a lomo de la alfombra mágica en la que nos montaba Manuelico: amo y señor de los artilugios para conjurar ese mundo maravilloso que al final de cada día esperábamos con gozosa ansiedad!

¿A dónde iban las palabras y de qué lugar regresaban cada noche? Manuelico volvía con más historias, y nosotros nos internábamos subyugados a los reinos del espanto y de los sueños. A la luz de la leña seca, crujiente y luminosa, la oralidad se apropiaba del instante y del espíritu de niños y mayores, y no había de otra que esperar el atardecer del nuevo día. Ni pensar en Gutemberg, en Borges o en la Biblioteca de Alejandría; Pedro Animal, Juan Bobo y el Sastrecillo Valiente mantenían a raya a Pedro el Cruel y todas sus malvadas huestes.

La memoria era el templo donde oficiaba Manuelico, y cual si fuera un sombrero de copa, noche a noche, por su lengua florecían como conejos los más inimaginables caminos de la magia y la aventura . El libro entraría después, lleno de ilustraciones que sucumbieron cada vez que la abuela descuidó el costurero e, insumisos, alcanzábamos a manipular sus tan vedadas tijeras. Éramos una aldea que apenas alcanzaba para un solo cruce al arroyito que zumbaba por las noches mil tonadas de grillos y cocuyos. Cada historia concluía justo donde iniciaba la otra.

Y habría de llegar la escuela con su arsenal de tizas y creyones para desvelarnos la grafía de las palabras; íbamos hacia ella por los mismos trillos por donde se arreaba el ganado y entraban y salían los trabajadores con sus aperos y arneses. Y aunque Dolores con sus trastos y su entrega, no dominaba el fuego y sus fisuras como Manuelico, nos dotó de destrezas para nadar con tino en las turbias aguas del lenguaje y la memoria: aprendimos las letras y su topografía. Entonces fuimos a los libros, a beber de su savia, a volar.

Cuando llegó el primer libro, me interné entre sus páginas con desmedido encanto. Nacieron cientos y cientos de preguntas, tomaron cuerpo y se esparcieron las dudas y las descreencias; de un tirón, sin respirar, quise leerme entera la exigua Biblioteca Municipal e intenté devolver a sus antiguas páginas cada una de las litografías que antaño trasquilé de los anaqueles de mi hermano. ¿Fue acaso corretear de nuevo por los yaraguales llenos de guarapo y florecitas fucsia tras las mariposas amarillas? Confronté, consentí: leer era viajar un poco más allá del ancho mundo donde había llegado a lomo de la ya cansada yegua del viejo Manuelico.

Y entonces quise más y más.

El libro, sin lugar a dudas, fue la llave para abrirme una ventana a lo desconocido, novedoso. Quiroga, los Andersen, Mark Twain, Salgari, Perrault, Verne y ese inolvidable tomo de Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, de Gustav Schwab, me llevaron y me trajeron por furnias, pantanos, quebradas y senderos de palabras. Leí mi isla, mis contornos, preñados de leyendas y alzados sin camisa corrigiendo la historia a machetazo limpio: Bosch, Cestero, Roumain, Penson, Lacay Polanco, Rijo…

Y las palabras se quedaban allí, página tras página. Podía volver a ellas y encontrarles los mil y un significados; perderme en el armazón del libro, su forma, su peso, su grosor, su densidad. El libro tenía cuerpo, volumen y podía ponerlo y tomarlo de encima de la mesa; acomodarlo junto a otros en pequeños o grandes anaqueles; prestarlo, extraviarlo y recuperarlo, sin que jamás perdiera su contenido, se diluyera en el vacío: tenía vida y había sobrevivido desastres y hecatombes. Alguien me habló de Alejandría, de las llamas, del odio acérrimo de tiranos y patronos por el contenido y continente de los libros.

Y entonces llegué a Borges, Novalis, Flaubert, Goethe, Mallarmé y Calvino en su afán de infinito: escribir el libro absoluto que traspasara la inmensa llanura que es una misma en cualquier lugar de la tierra, del tiempo y de las lenguas. Y en esas andaduras, tropecé con Cortázar, García Ponce, Elizondo, Felisberto, Musil, Proust y el viejo de los Garmendia, administrando con mesura los signos y los símbolos convencionales de la lengua; dejando vida y piel en cada renglón, a toda página, y en cada libro que, a su vez, engendraba y procreaba cientos de cielos y universos.

Sé que hay un infierno. Vive en las palabras de Dante y nos asaetea con su presencia cotidiana en una realidad que, además de chata y monda, se empecina en imitar la fantasía. Y, como fuente de las palabras que se suceden y se suceden, desde dentro de sí mismo, el libro se reinventa, se cuestiona, se retroalimenta y da nueva vida a infinitas posibilidades del libro que, palabra en ristre se yergue airoso contra todo vaticinio apocalíptico, ni el fuego ni el desdén ni la apatía ni la sevicia ni el odio darán al traste con una de las herramientas más singulares de la humanidad. Su importancia no sólo radica en las horas de placer y de vuelo que nos brinda su lectura; el libro, desde sus primeros soportes en tablillas de arcilla o sobre las rocas, nos posibilita salvaguardar y propagar la historia, viabilizando de manera muy puntual y precisa, la comunicación en el sentido más amplio.

Cada etapa del desarrollo de la humanidad, con sus limitaciones y sus luces, amplía el abanico de posibilidades. Viniendo desde el papiro de los egipcios, pasando por el papel de los chinos y auxiliándose de la imprenta de tipos móviles de Gutemberg, el libro en soporte de papel que conocemos hasta hoy ha llenado sus cometidos: enseñarnos a pensar, hacernos libres .

Ni el hombre de las cavernas con sus figuras cuneiformes, ni Manuelico con aquella inmensa voz que nos dibujaba el mundo a mitad del siglo pasado, visualizaron jamás un soporte virtual para sus imágenes y sus palabras que no se almacenarían ni encima ni una detrás de la otra. El libro digital es una realidad de la era tecnológica que comenzó a tomar control de las cosas desde el momento mismo en que la casi subutilizada máquina de escribir se viste de obsolescencia, y se convierte en simple objeto coleccionable.

Y el Blogger, ¿no será acaso un descendiente lejano de Manuelico que nos visita puntualmente con toda su música de luciérnagas, fantasmas e imaginería suelta a toda cancha? Cambian los tiempos; cambian las formas y se acortan las distancias, y se es gato o se es liebre, simplemente. Tanto el libro físico, ese de variadas formas y tamaños, con el que hemos andado y desandado tantas leguas, en tantas lenguas y lenguajes, como el ingenioso engendro con el que nos seduce en estos días el amplio espectro de la red, son alas de un mismo pájaro: dulce y mansa agua para la misma sed de conocimientos y libertad.

De la misma manera que el nombre no es el hombre, el soporte no es el libro en sí. Hablo del libro que contiene ese texto o tejido con ese poco de neurosis necesario del que con tanta pasión y placer hablara Barthes; ese jaguar que nos consume en las llamas de su goce de entregarse o engullirnos es más fuego aún, llama ardiendo en las arenas del tiempo, coexistiendo, auxiliándose, confabulándose; engendrando nuevos tramos, nuevas vías y soportes, dotándonos de alas para abordar los retos, los páramos, las taras y las innovaciones con el placer lector que nos libera más allá del divino laberinto de los efectos y de las causas .~

Media Isla

http://mediaisla.net/revista



En: No Categorizado
Permaenlace: René Rodriguez Soriano/El Libro, ese singular universo
Comentarios: 0
Leído 1666 veces.



Página 1 de 1. Total : 2 Artículos.

vocessusurrosrumorygritos-vocessusurrosrumorygritos