Revista Literaria Periódico Cultural

27.9.2010 GMT

desafíos extremos/ en la antártida/ la tempestad

Amigos: cómo pueden cambiar las cosas, y dar al traste con los planes, aunque nos da igual no poder cumplir el sueño de escalar alguna de estas fabulosas montañas, porque estamos vivos . Os diré porque…

Después de zarpar de la base española antártica Juan Carlos I, nuestra idea era dirigirnos hacia el sur, a lugares más fríos y de mayor belleza aun si cabe, pero al poco de salir, el tiempo empieza a cambiar muy rápido. Las nubes eran muy alargadas, el cielo tenía un color extraño, y el agua del mar se agitaba de un modo diferente, como miles y miles de pequeña olas. Enseguida empezaban a llegar rachas de viento aisladas pero contundentes.

A nuestro capitán esto no le estaba gustando nada. Él es un experto marino que lleva más de 40 años navegando por los mares más difíciles del planeta, y esto definitivamente no le está gustando nada.

Primeros momentos de la tormenta que pudimos fotografiar Roger nos comunica que es mejor que fondeemos en la isla Decepción, que es la mejor bahía de toda la Antártida, pues está completamente cerrada menos por una pequeña bocana, por la que se accede al interior de este cráter volcánico que se hundió y el mar inundó.

Es una isla diferente a todas las que hay en la Antártida: es de origen volcánico, y en la actualidad tiene actividad sismológica continuamente. De echo aquí estaba una de las estaciones balleneras más importantes de la Antártida, y se fueron de aquí en 1967, cuando una violentísima erupción volcánica deshizo parte del glaciar que se encontraba en las inmediaciones y esa mezcla de lodos formados de cenizas, materiales piro plásticos y hielo, destrozó la base ballenera noruega, además de una base científica inglesa. Todavía la última erupción importante fue en el año 1993, teniendo que evacuar las bases española y argentina de urgencia, pues son las únicas que hay en esta isla.

Por cierto: el que se fueran los noruegos y dejaran de matar focas y ballenas, desde mi punto de vista, y supongo el de muchos, ha sido una suerte, la naturaleza se defiende y les echo, ¡¡bien echados!! A ver si hay suerte y tanto noruegos como japoneses dejan en paz a estos espectaculares animales marinos, que mucha educación y cultura ejemplar, pero bien que fastidian con esta sin razón.

En fin, que llegamos sin problemas y fondeamos junto a otro velero de franceses que han oído la alerta general y deciden esperar aquí a que pase la esperada tormenta.

Nosotros cenamos, y me dedico a escribir mi diario, cambiar baterías a los equipos electrónicos, etc., cuando el velero empieza a moverse más de la cuenta. Esto es raro pues es una bahía bastante cerrada y se supone que estamos protegidos. El movimiento va a más y subimos al puente, y ya nos sorprende lo agitado del mar, y los fuertes vientos que soplan. En efecto nos alegramos de haber descendido rápido desde las montañas y glaciares de la isla de Livinsgton, pues si aquí en el mar es fuerte esta tormenta, arriba en las montañas sería aún peor.

Pero esto solo estaba empezando…

Con los movimientos cada vez más acentuados del barco, y las ráfagas que soplan con una fuerza de unos 50 nudos, entorno a los 90 kilómetros por hora, el velero resistía, y estaba bien anclado, por lo que el capitán está seguro de que en esta protección natural de la bahía Fóster en la isla Decepción, no hay que preocuparse de nada. Con esas se va a la cama, y yo me quedo leyendo hasta tarde con María…

En un momento en el que el velero se escora más de lo normal para estar anclados, decido subir al puente con María para hacer mi diario con la cámara, algo que realizo todos los días. La sorpresa se produce cuando estoy describiendo la tormenta tan fuerte que se nos ha echado encima, tal y como se esperaba, pero al describir los instrumentos del barco, observo la posición del barco, según el ploter, que es el instrumento que nos posiciona según el GPS satélite, el punto exacto donde estamos dentro de un mapa digital. Me doy cuenta rápido de que no estamos donde habíamos anclado, y al contrario, estamos alejándonos a cierta velocidad. ¿Qué esta pasando? María dice que estamos "garreando", como se conoce en el argot marinero.

Bajo al camarote y llamo a Luis Turi, y decidimos avisar al capitán que esta dormido. El capitán se levanta de inmediato y nos confirma nuestras sospechas, estamos garreando y a qué velocidad. Fuera se ha desatado la tormenta con toda su furia y los vientos son ahora de 100 kilómetros por hora con rachas de 120 Km. /h., por lo que nos arrastra con ancla incluida .

El capitán, preocupado por el viento y la mar de fondo arrastrándonos con ancla y todo, nos dice que le ayudemos a levantar el ancla que hay que intentar fondear de nuevo. Nos ponemos nuestros equipos de agua y le ayudamos a subir la pesada ancla con muchos problemas, pues al garrear es difícil elevarlo.

Según sale, el barco empieza a girar de manera descontrolada. El capitán se emplea con toda su fuerza para dominar el timón, y descarta volver a fondear y tirar el ancla. Está sorprendido de la violencia de la tormenta y es más de lo que se anunciaba . Nos informa de que hay que navegar continuamente dando vueltas dentro de esta bahía que, aunque es pequeña, tiene unos 6 kilómetros de ancha. Nos parece una faena que el capitán no pueda dormir y tenga que estar dando absurdas vueltas aproando el barco contra los feroces vientos para proteger al mismo de embarrancar.

Se echa la noche encima, y el temporal arrecia aún más. Nadie puede dormir y el velero se mueve más que en toda la travesía del paso del Drake. ¿Cómo puede ser? Si estamos a refugio, es incomprensible. En la radio escuchamos que se han metido dos barcos de la armada chilena y argentina además de otros dos veleros más para protegerse, de esta inusual violencia.

Lo más importante en estas situaciones es utilizar el radar para orientarte en la noche y sobre todo en un lugar relativamente pequeño, como es esta bahía. De esta manera giramos en círculos pero controlando a los demás barcos, pues el refugio de esta bahía está a tope...

Intentando arriar las velas La tormenta sigue arreciando y es increíble cómo nos escoramos, cuando de repente, con una fortísima ráfaga de viento, el barco se inclina tanto, que alcanza mas de 50 grados de escoraje, y nos tira de la cama, arrojando todos los objetos por todas partes. Inmediatamente me digo que algo raro a pasado, cuando viene corriendo Any, la ayudante del capitán, y nos dice que nos volvamos a poner la ropa de agua, tenemos grandes problemas.

Nos vestimos después de la alarma general, y al subir al puente me resulta difícil describir lo que vi... Estábamos completamente inclinados, las velas se habían soltado y estaban desarboladas, enganchadas por todo el barco, las olas del mar pasaban de lado a lado del barco, la nieve lo cubría todo, y no se veía nada, excepto nuestro barco iluminado por los focos de los mástiles.

El capitán se afanaba al timón, amarrándose como podía pues el barco ahora está tan inclinado que no somos capaces de sujetarnos. Su cara lo decía todo: estamos fuera de control. El viento era constante de 180 kilómetros por hora ¡¡con rachas de 220!! La estación electrónica no tenía fallos, era verdad, la presión había bajado a 943 milibares y se había convertido en la fuerza de un huracán, pero en la Antártida.

Al soltarse las velas, y enredarse por el barco, estas se hinchaban escorando al límite de lo soportable por la estructura, llegando a meterse literalmente en el mar, al igual que la proa de nuestro velero.

El violentísimo viento hinchaba las inutilizadas velas y nos arrastra inevitablemente hacia los acantilados. Roger nos dice que tenemos que salir a cortar las velas y todas las cuerdas que encontremos o nos iremos a pique. Su cara esta descompuesta y lo dice todo.

Pero la realidad es que ahí fuera hay vientos de mas de 200 Km./h . ¿cómo vamos a salir a ese infierno? Las velas dan sacudidas por todas partes, las cuerdas y poleas se mueven a tal velocidad sin control, que si te pillan directamente te matan. El barco se está destruyendo poco a poco y lo vemos claramente, el capitán decide que hay que salir o estamos muertos .

Nos cuesta asimilarlo, pero Emilio, María, Marcelo y yo salimos los primeros, para después darnos turnos los siguientes. Fue impactante: el sólo echo de abrir la puerta y golpearnos de repente ese viento endiablado, junto con la nieve y las olas de mar pasando por encima de la cubierta, con un frío aterrador. Creí que era una mala pesadilla, pero teníamos que subir a la parte baja del mástil e intentar cortar las velas.

Conseguimos llegar al mástil y agarrarnos como podemos, pues no llevamos cuerda de seguridad, pues se puede enganchar y llevarnos atados a la vela que se mueve sin control por cualquier lado. No tenemos ideas, y nos agarramos a la vela Marcelo y yo, y ésta juega con nosotros, nos sube, nos baja, el mar entra por el barco, una ola nos atraviesa de lado a lado, la nieve no nos deja ver, y para más desgracias un extremo de una cuerda se engancha en mi tobillo y me eleva por los aires, paseándome por el oscuro mar, para de nuevo la vela me devuelve al interior del barco, mientras grito desesperado, cuando María y Marcelo me sujetan y consigo desprenderme de esa cuerda.

Sí, amigos, me di un paseo viendo la cara a la muerte, y el destino decidió que regresara al barco. Es sin duda la vez que más miedo he pasado en mi vida, estamos sin control.

Después de este susto nos metemos en el velero de nuevo, sin conseguir nada, y el capitán Roger sólo dice una cosa: "O cortáis esa vela, o en 15 minutos estamos todos muertos, el agua del negro océano está entre 2ºC, y -1ºC, el viento es de 200 Km/h, y nos vamos a estrellar contra los acantilados. ¡Por dios cortad las velas!"

Estamos paralizados en el puente de mando, nos miramos empapados de agua, tiritando de frío, y el pánico está en todos nuestros rostros. Nadie de nosotros incluido el capitán ha estado en esta situación, a punto de perder la vida de una manera terrible. Nadie dice nada, todos callamos, y parece que asumimos que todo se terminó, que nada podemos hacer. Las velas son una locura, e intentar sujetarte en el exterior a 200 km/h de viento con el barco escorándose para cualquier parte, nos parece imposible volver a salir al infierno. Estamos seguros que alguno ya nunca más regresará…

Esta vez, tengo que admitir, que me rebelé, no quise aceptar el destino tan tenebroso que se nos venía encima. Grité alto y claro: "¡¡Yo voy a salir, prefiero pelear a dejarme arrastrar a los acantilados, y morir como un perro!! Quien quiera venir que venga pero saldré a cortar las malditas velas."

El motor del barco no puede con la fuerza del viento si estas velas siguen hinchadas, y ahora giramos 360º continuamente sin parar como un tío vivo. María dice que viene, Emilio deja la cámara, pues todo esta documentado, y dice que también viene, al igual que Luis Turi, Any y Marcelo . El pobre Matías esta fuera de combate, el niño no queremos que salga, y Nacho es necesario para ayudar al capitán en el puente. Nos organizamos y nos damos ánimo.

Primeras fotos de la tormenta Salimos al infierno, eso era realmente el infierno. Nos agarramos como podemos, otra vez en el mástil . Las olas nos tapan enteros cuando deciden atravesar el barco, pero nos fundimos con los agarres que tenemos a mano. En una ocasión veo a María, que literalmente hace la bandera agarrada al mástil, ha resbalado y se sujeta con fuerza, pero la brutalidad del aire la levanta como una pluma. Armados con cuchillos de cocina y machetes, rajamos la tela, para hacer jirones a las fuertes velas, cortábamos como podíamos, casi sin poder ver del viento y la nieve directamente sobre los ojos. Yo me agarro como una lapa al mástil y empiezo a rajar como si fuera el asesino de la película viernes trece, y en una de estas le pasa la cuchilla de mi arma directamente por la cara de Any, ella lo esquiva con la mano, y le desgració la palma de la mano de un tremendo corte, que sangra abundantemente. Le digo que lo siento y que entre al puente, ella asombrosamente dice que continúa.

Es terrible la situación, cortamos como podemos, nos caemos por la cubierta del barco y nos agarramos a cualquier cosa. Emilio clava su navaja contra todo, y lo peor de todo es que ahora los jirones se azotan con tanta violencia que si te enganchan te pueden matar sin duda alguna. María nos dice que nos arrastremos por la cubierta para que las poleas, cabos de cuerdas, trozos de vela, y un sinfín de metales que vuelan por todas partes no impacten contra nosotros.

Es la situación más desesperante y loca de mi vida. Todos por allí tirados, agarrados como peleles a cualquier cosa, armados con cuchillos y desesperadamente cortando lo que podíamos.

Teníamos las manos heladas, pero conseguíamos cortar cada vez más y más. De alguna manera, la vela de repente dejo de inflarse, para ahora estar hecha jirones. Seguía haciendo resistencia, pero el velero ganó medio nudo de velocidad, suficiente para pasar rozando los acantilados, pero conseguimos meternos de nuevo poco a poco al interior de la bahía. Mientras tanto el velero ¡¡toco dos veces en el fondo con el casco!! y gracias a que es de acero lo soportó.

Nos metemos al puente exhaustos, y el capitán nos dice que hemos librado los acantilados, pero necesitamos quitar más vela para poder gobernarlo, ahora el problema es que todo lo que se movía por cubierta ha destrozado el radar, casi todas las comunicaciones y electrónica, ahora no vemos en la oscuridad al resto de los barcos que están muy cerca, también navegando y capeando el temporal. Además giramos sin control 360º continuamente, y sin duda hemos ganado una batalla pero ni de lejos la guerra.

Tenemos que volver a salir de nuevo. ¡¡Es de locos!! Pero ya no hacemos preguntas, seguimos vivos todos. Luis Turi está desesperado de vernos incluido él, en esa cubierta llena de objetos que salen disparados y barridos literalmente por las olas, cortando hasta la estenuación trozos de velas, cuerdas… Estamos actuando como autómatas, cortar, cortar, cortar,..

Hay una gran superficie de tela especialmente violenta que se abanica sin piedad y hay que cortarla sí o sí. Nos organizamos y subimos al mástil de nuevo Luis Turi y yo. Luis me sujeta y yo, que peso menos, subo algo más y me pongo a cortar un amasijo de tela superresistente, fibra de vidrio y cables acerados. Tengo que utilizar la sierra, y esta parece que funciona. Me empleo con toda mi fuerza, y en un golpe de mar donde el barco se inclinó tanto que casi desde el mástil rozamos el mar, una ola nos cubre por completo y le golpeo fuertemente con la sierra a Luis en la cara. Le he cortado y sangra abundantemente. Me he cobrado la segunda víctima.

Me digo a mismo que tengo más peligro que el de la película de manos tijeras, pero en esta situación le puede pasar a cualquiera. El caso es que conseguimos cortar ese mazo, de telas, kevlar, y acero. Además María y Emilio, junto a Marcelo, conseguimos hacer una labor increíble, aunque ha quedado todavía bastante tela. Mientras tanto el Niño decide por su cuenta salir a quitar un trozo de tela y cuerdas que estaba atascado junto al puente. Nacho hizo una labor tremenda ayudando a gobernar el barco, entre una de sus muchas tareas tenía que mantener limpio los cristales del puente para que el capitán pudiera ver algo, además de ayudarnos a todos con los trajes y herramientas para trabajar fuera. Él quería salir pero necesitábamos su ayuda dentro.

Nos juntamos dentro del puente, extenuados, empapados casi sin visión del agua salada y el impacto de la nieve y hielo que nos golpeaba sin piedad, y todos miramos el ploter a ver en qué punto del mapa estamos, pero seguimos sin radar, y aquí la experiencia del capitán es decisiva, porque desde el barco de la armada chilena nos dice donde nos encontramos con su radar y Roger lo interpreta para poder esquivar al resto de los barcos. Recordad que estamos en una pequeña bahía cerrada, y esto es dificilísimo, teniendo menos de un nudo de velocidad.

Nos llaman asustados desde el buque de la armada chilena y nos dicen que estamos a sólo 200 metros y directos hacia su casco, y en el último momento lo esquivamos .

Todo era una agonía, y se prolongó toda la noche hasta las 8 de la mañana, en el que Emilio consigue ver un poco de la orilla y Roger arrimó el velero aprovechando que el viento había aflojado algo.

Sólo en ese momento pudimos decir que estábamos salvados.

Estábamos rotos, extenuados y algunos en estado de shock. El velero estaba que daba pena verlo: hemos perdido el radar, la electrónica, las antenas y comunicaciones, parte de las barandillas, poleas, cuerdas, las velas, nos hemos quedado sin la planta de desalinización, sin agua, bombas estropeadas; en fin, que los destrozos son graves, y superan los 25.000$, pero todos estamos extrañamente relajados, ¡¡estamos vivos!! Hemos pasado la peor de las pesadillas.

Por la mañana nos dirigimos a la base española Gabriel de Castilla en esta isla, ellos estaban informados de nuestra situación y estuvieron pendientes toda la noche, porque mientras tuvimos radio dimos la alarma general al resto de los barcos, y estaban muy preocupados por nosotros. Nos ofrecieron toda su ayuda.

Antes de ir a verlos, ayudamos al velero francés que también tuvo muchos problemas e incluso pedieron su bote para saltar a tierra. La radio informa de que hay un gran crucero de turistas encallado y el barco español Hespérides va en su ayuda . Otro velero inglés ha encallado. Una pequeña base americana ha sido totalmente destruida y los científicos estaban en la playa sin nada. El buque de la armada Las Palmas les brindó ayuda y les indicó dónde los españoles tenemos un refugio cerca de su base destruida, y que utilicen todo lo que quieran, hay dormitorios, sacos de dormir, comida, etc...

Primeros momentos de la tormenta Ha sido terrible, nos informan en la base, ellos también han tenido problemas, con un domo que les ha salido volando una parte, también una antena muy grande se les ha caído, etc... y en la otra base española Antártica Juan Carlos I, se les ha volado muchas cosas, entre ellas la moto de nieve. ¡Imaginaros llevar en volandas una moto de nieve!

Los de la base española antártica Gabriel de Castilla nos han invitado a paella para que se nos pase el susto. Nos han dado víveres, nos han regalado la antena de comunicaciones que nos falta, y nos facilitaron lo necesario para reparar el velero.

Ahora estamos frente a la base española reparando el velero, aunque definitivamente no tendremos velas, pero sí motor, por lo que seguiremos navegando más hacia el sur, hacia el interior de la península antártica, para visitar los canales helados más espectaculares de esta parte antártica.

Lo que tenemos claro es que la posible escalada en la isla de Amber se ha esfumado. Estamos agotados, muy impresionados por lo que nos ha pasado, y lo peor de todo es que tendremos que alterar nuestro calendario.

Por un lado perderemos mucho tiempo arreglando el velero, y por otro anuncian para el día 24 de este mes de febrero otro huracán más grande que el que hemos pasado, incluso dicen que en el Paso de Drake las olas podrían alcanzar los 20 metros de altura, y nos lo confirma el comandante de la armada española Las Palmas. Nos dice que ni locos nos metamos en el Paso Drake con esa tormenta sería casi la muerte, pero el caso que ese es el día que en teoría empezaríamos el regreso a Tierra de Fuego.

Ahora no podemos pensar, pero hay que condicionar nuestro regreso a las tormentas antárticas. Estamos en época muy avanzada y esto ahora es frecuente. Nos queda el regreso por los mares más terribles del planeta: Paso de Drake, y Cabo de Hornos . Este es sin duda un verdadero Desafío Extremo, pues lo haremos en un velero tocado por este temporal infernal, y nos anuncian peores tempestades.

Sinceramente estamos asustados, después del lo que nos ha pasado, y sólo queremos regresar, cuando la Antártida nos deje, mientras tanto intentaremos disfrutar de este lugar tan increíble, y seguro que algo se nos ocurrirá, no somos de quedarnos pardos, y eso ya lo sabéis...

Sólo pido poder seguir escribiéndoos crónicas más agradables y perdonad que esta haya sido monotemática de la tormenta, pero desde el día 17 de febrero, celebraré mi segundo cumpleaños. ¡¡Ha sido terrible, infernal esta experiencia huracanada en la Antártida!!

Estad atentos, que os seguiré informando .

Desde la furiosa Antártida, Jesús Calleja.

http://blog.cuatro.com/desafioextremo/2009/02/index.html



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