Historias/
Una Historia Zen
Cuenta que un monje estaba trepando por una escarpada montaña. De pronto,
ante él, apareció un tigre que rugía y le cerraba el
Paso.
A su espalda, la pendiente se convertía en un abismo inmenso.
Mientras decidía qué iba a hacer, el monje volvió la mirada a la ladera que
tenía a su lado.
Alli, sus ojos se fijaron en una pequeña planta que había conseguido
arraigar en una grieta. Y del único tallo de la planta colgaba
Una perfecta fresa salvaje, roja y madura, que resplandecía con el rocío.
El Monje extendió la mano, arrancó la diminuta fruta, la saboreó con la
lengua y cerró los ojos extasiado.
Como no tuvo miedo y su atención no estaba en el tigre, éste simplemente dió
media vuelta y se fue...
*La prueba de la Bañera*
Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, una de las visitas le
preguntó al Director qué criterio se usaba para definir si un paciente
debería o no ser Internado.
"Bueno," dijo el Director, hacemos la prueba siguiente:- "llenamos una
bañera, luego al paciente le ofrecemos una cucharita,una taza y un balde y
Le pedimos que vacíe la bañera. En función de como vacíe la bañera, sabemos
Si hay que internarlo o no"
-Ah, entiendo- dijo la visita. - Una persona normal usaría el balde porque
Es más grande que la cucharita y la taza.
-No- dijo el Director. -Una persona normal sacaría el tapón. Usted que
Prefiere: ¿una habitación con o sin vistas?-
Vencer el miedo....
Cuando tenía 10 años, salí a caminar por el barrio con una vecinita a la
cual yo consideraba mi novia.
Al llegar a una esquina donde solían reunirse una serie de muchachos
mayorcitos, uno de ellos levantó la falda de mi amiguita y le acarició la
nalga.
Al ver el tamaño de mi oponente y el festejo de sus acompañantes ante la
hazaña, sólo opté por agachar la cabeza y seguir caminado con ella como si
nada hubiese pasado.
Al llegar a casa mi padre me vio evidentemente preocupado y me preguntó qué
había ocurrido.
Cuando le expliqué lo sucedido, entre lamentos y reproches, me miró
fijamente a los ojos y me dijo:
- "Mira hijo, lo que te acaba de pasar es sumamente incómodo. A mí también
me ocurrió algo similar alguna vez. Si dejas que el miedo te venza, te
cogerá ventaja".
Luego de meditar unos segundos, agradecí el consejo y me levanté rumbo al
televisor.
Mi padre me tomó del brazo y me dijo con voz firme:
- "No me has entendido. Tienes dos opciones. O sales a enfrentar a esos
idiotas o te las ves conmigo".
Realmente no dudé mucho de la elección. Mi padre era un napolitano
inmigrante de la Segunda Guerra Mundial que cuando se ofuscaba pegaba duro.
Opté entonces por la salida más digna, aunque obligada, de salvar el honor.
De más está decir que la hinchazón y el morado de los ojos duró más de una
semana. Pero valió la pena. Mi amiguita descubrió en mí a un verdadero
príncipe azul, levanté prestigio frente a mis amigos y otras niñas
comenzaron a mostrarse interesadas por esa mezcla rara de amante latino y
Bruce Lee. Sin embargo, lo más importante fue la enseñanza que me dejó la
experiencia en el aspecto psicológico. Luego de la pelea mi padre me estaba
esperando con hielo, aspirinas y cierto aire de orgullo.
-"Muy bien.-me dijo-es preferible tener un ojo hinchado y no la dignidad
maltratada".
Esa noche dormí como nunca lo había hecho antes.
Maquiavelo dice: "Los fantasmas asustan más de lejos que de cerca". Eso es
verdad. La única manera de vencer el miedo es enfrentarlo. De igual modo, no
hay otra forma de solucionar un problema que haciéndole frente. No obstante
las ventajas del método, los humanos nos resistimos a pagar el costo de la
superación. Optamos por el camino más fácil: el alivio que nos produce la
evitación y la postergación.
El no encarar las cosas impide que el organismo tenga el tiempo suficiente
para vencer el miedo o solucionar el problema de que se trate. Enfrentarse a
cosas desagradables es incómodo, pero es el precio para modificarlas y
vencerlas.
Walter Riso
Graciela E. Prepelitchi
“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los
demás,
también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el
secreto que me permita ponerles remedio.”
Ghandi
Cuenta que un monje estaba trepando por una escarpada montaña. De pronto,
ante él, apareció un tigre que rugía y le cerraba el
Paso.
A su espalda, la pendiente se convertía en un abismo inmenso.
Mientras decidía qué iba a hacer, el monje volvió la mirada a la ladera que
tenía a su lado.
Alli, sus ojos se fijaron en una pequeña planta que había conseguido
arraigar en una grieta. Y del único tallo de la planta colgaba
Una perfecta fresa salvaje, roja y madura, que resplandecía con el rocío.
El Monje extendió la mano, arrancó la diminuta fruta, la saboreó con la
lengua y cerró los ojos extasiado.
Como no tuvo miedo y su atención no estaba en el tigre, éste simplemente dió
media vuelta y se fue...
*La prueba de la Bañera*
Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, una de las visitas le
preguntó al Director qué criterio se usaba para definir si un paciente
debería o no ser Internado.
"Bueno," dijo el Director, hacemos la prueba siguiente:- "llenamos una
bañera, luego al paciente le ofrecemos una cucharita,una taza y un balde y
Le pedimos que vacíe la bañera. En función de como vacíe la bañera, sabemos
Si hay que internarlo o no"
-Ah, entiendo- dijo la visita. - Una persona normal usaría el balde porque
Es más grande que la cucharita y la taza.
-No- dijo el Director. -Una persona normal sacaría el tapón. Usted que
Prefiere: ¿una habitación con o sin vistas?-
Vencer el miedo....
Cuando tenía 10 años, salí a caminar por el barrio con una vecinita a la
cual yo consideraba mi novia.
Al llegar a una esquina donde solían reunirse una serie de muchachos
mayorcitos, uno de ellos levantó la falda de mi amiguita y le acarició la
nalga.
Al ver el tamaño de mi oponente y el festejo de sus acompañantes ante la
hazaña, sólo opté por agachar la cabeza y seguir caminado con ella como si
nada hubiese pasado.
Al llegar a casa mi padre me vio evidentemente preocupado y me preguntó qué
había ocurrido.
Cuando le expliqué lo sucedido, entre lamentos y reproches, me miró
fijamente a los ojos y me dijo:
- "Mira hijo, lo que te acaba de pasar es sumamente incómodo. A mí también
me ocurrió algo similar alguna vez. Si dejas que el miedo te venza, te
cogerá ventaja".
Luego de meditar unos segundos, agradecí el consejo y me levanté rumbo al
televisor.
Mi padre me tomó del brazo y me dijo con voz firme:
- "No me has entendido. Tienes dos opciones. O sales a enfrentar a esos
idiotas o te las ves conmigo".
Realmente no dudé mucho de la elección. Mi padre era un napolitano
inmigrante de la Segunda Guerra Mundial que cuando se ofuscaba pegaba duro.
Opté entonces por la salida más digna, aunque obligada, de salvar el honor.
De más está decir que la hinchazón y el morado de los ojos duró más de una
semana. Pero valió la pena. Mi amiguita descubrió en mí a un verdadero
príncipe azul, levanté prestigio frente a mis amigos y otras niñas
comenzaron a mostrarse interesadas por esa mezcla rara de amante latino y
Bruce Lee. Sin embargo, lo más importante fue la enseñanza que me dejó la
experiencia en el aspecto psicológico. Luego de la pelea mi padre me estaba
esperando con hielo, aspirinas y cierto aire de orgullo.
-"Muy bien.-me dijo-es preferible tener un ojo hinchado y no la dignidad
maltratada".
Esa noche dormí como nunca lo había hecho antes.
Maquiavelo dice: "Los fantasmas asustan más de lejos que de cerca". Eso es
verdad. La única manera de vencer el miedo es enfrentarlo. De igual modo, no
hay otra forma de solucionar un problema que haciéndole frente. No obstante
las ventajas del método, los humanos nos resistimos a pagar el costo de la
superación. Optamos por el camino más fácil: el alivio que nos produce la
evitación y la postergación.
El no encarar las cosas impide que el organismo tenga el tiempo suficiente
para vencer el miedo o solucionar el problema de que se trate. Enfrentarse a
cosas desagradables es incómodo, pero es el precio para modificarlas y
vencerlas.
Walter Riso
Graciela E. Prepelitchi
“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los
demás,
también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el
secreto que me permita ponerles remedio.”
Ghandi
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