Revista Literaria Periódico Cultural

18.3.2007 GMT

Las Siete Palabras

El adolescente abrió el sobre precipitadamente y leyó:

"Carlos: todo ha concluido entre nosotros. Elvira"

Súbitamente quedó helado y estuvo a punto de caerse, como si toda la vida de
su ser, precipitándose de golpe en el corazón, le hubiera dejado vacío el
cuerpo.

¡Concluido, todo! ¡Ya no!. . . Se levantó con la vista extraviada, y miró el
ropero, el mapamundi, sin saber lo que hacía. Vio en el espejo su cara
lívida y descompuesta, y tornó a sentarse.

Carlos: todo ha concluido entre nosotros. Elvira. ¡Oh, qué desesperación!
¡Todo ha acabado, todo, todo muerto! ¡Muerto! ¡Cómo ella, su Elvira, su
Elvira suya, ya no era más de él!

Sentía en las sienes el latido cargado que retornaba por fin del corazón en
plenas ondas de angustia, y respiraba con dificultad. ¡Luego sus ojos, su
voz, su amor adorado e idolatrado, anda ya! ¡Su entusiasmo de triunfar, su
propia vida, nada ya! Y en un solo momento . . . Toda está concluido entre
nosotros . . . ¡No, no, no!

La respiración le faltaba cada vez más, y hacíale daño el corazón hinchado
en sofocante angustia.

Todo está . . . ¡es decir que ya nunca más le hablaría! ¡Es decir que debía
olvidarla del todo! ¡Que ya nunca, nunca más volvería. . . A. . . concluído
entre nosotros!

De golpe, sus cuatro meses de radiante felicidad subieron a su memoria,
vertiendo en el se acabó final la desolación de lo que fue inmensa dicha un
día. Su dolor fue tan grande que perdió un instante la conciencia de esa
atroz realidad, y suspiró hondamente, como al final de una pesadilla que nos
deja ya en paz.

Todo. . . ¡Sí, era cierto! ¡Allí estaban las siete fatales palabras para
recordárselo! ¡Todo pasado! Entonces, ese pasado de muerta gloria ante su
lamentable porvenir pudo más que sus nervios de adolescente, y lo doblegó en
convulsivos sollozos sobre el papel que acababa de tronchar su dicha. Desde
ese instante no fue ya más dueño de sus nervios, y lloró, con los puños
estrujados contra las sienes, la ruina total de su vida.

Concluido entre nosotros. . . Las siete palabras subían insistentemente a
sus ojos, y aun al cerrarlos fugazmente veía nítidos los rasgos sobre un
fondo de tinieblas: Carlos: todo. . .
Todo el llanto de su irreparable desastre surgió desde entonces de aquellas
siete palabras que no podía apartar más de su mente. Cuanto es desolación de
dicha zozobra de golpe, y que por ser única hundió consigo en su naufragio
la vida misma que ya para nada ha de servir; cuanto es amargura de amor
devuelto; dolor de felicidad irreconstruíble y desesperanza suprema de alma
encerrada viva en la tumba de su muerto amor, lloraba incesantemente con las
siete palabras: Carlos: todo ha concluido entre nosotros, Elvira.
No le quedaba un sólo resto de domino sobre sí. Y cuando su cuerpo no fue ya
más que un haz sollozante de nervios, comenzó a escribirle. Nada le pediría,
no; pero que estuviera segura de que si ha habido en el mundo un dolor atroz
él lo sufría en ese instante; y que si a alguien cupo asimismo un poco de
dicha en esta tierra, él también la había tenido inmensa de ella . . . (todo
está concluido. . . )

Las fatales palabras no lo abandonaban más, a tal punto que debía hacer un
profundo esfuerzo para arrancarse a esa idea fija.

Ese momento decidía de su vida de tal modo, que si alguna vez le fuera
posible contarle cuánto la había adorado. . . (Está concluido. Elvira)

Una nueva crisis de sollozos tendióle de nuevo los brazos sobre el papel.
¡No, no! ¡No era posible perder así su dicha! Entonces, recogiendo
bruscamente la pluma, dio cauce a la pasión que deliraba en él. ¡Elvira,
alma adorada! ¡No era posible eso! ¡A todo se hallaba dispuesto, a todo
menos a perderla! ¡Una palabra nada más, que le permitiera irla a ver un
solo segundo, y después, . . . (todo está). . . Sí, lloraba, lloraba en ese
instante y después, y luego. ¡Pero no perderla a ella, alma, vida, amor,
Elvira mía! (Concluido. Elvira)

Fue la carta a su destina y una hora después el adolescente recibía la
respuesta:

"Carlos: No creía merecer esta grosería de su parte. Si no se le ocurría
otra cosa, en respuesta a mis palabras, que escribí en el primer impulso de
una ofuscación, hubiera sido preferible que no se burlase del cariño que
hasta hace un momento pude haberle tenido. Como usted comprende, es inútil
que de aquí en adelante vuelva a hacerme objeto de sus burlas. E."

Incluida en la esquela se le devolvía su carta. No contenía sino siete
palabras: Carlos todo ha concluido entre nosotros. Elvira.

El delirio de su inmenso dolor había convertido al fin aquella sentencia de
muerte en idea fija; y en vez de su desesperado llanto de amor, el
desgraciado no había escrito sino eso.



HORACIO QUIROGA

Graciela E. Prepelitchi
Solo tan solo como quiera puedo crecer.
Solo tan lejos como busque puedo ir.
Solo tan profundo como mire puedo ver.
Solo tanto como sueñe puedo Ser.



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Rubén Patrizi

Venezuela, Venezuela

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