Revista Literaria Periódico Cultural

Septiembre, 2007

26.9.2007 GMT

Serie Poesìa/*Argentina Mirta L. Urdiroz

atardecer en el malecon habanero

Se cargó 9-abr-2007, Tamaño: 240x160 pixeles

http://espanol.pg.photos.yahoo.com/ph/americaareas/detail?.dir=c00are2&.dnm=dd44re2.jpg&.src=ph

Quiero que me abraces

junto con mis versos
Quiero escucharte
rompiendo
cada vez
el gris de la desdicha
Que sospeches cuánto
te he esperado
y después
el amor nos bendiga
por madrugadas
Mirta L. Urdiroz


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26.9.2007 GMT

Serie por nuestros cerros/ Dia Mundial De Playas Venezuela



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22.9.2007 GMT

Fiordo de Geiranger / Noruega

Geiranger

Fiordo de Geiranger



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22.9.2007 GMT

Cuentos de Marcelo de Ferrer Argentina

Sol de medianoche

Sol de Medianoche en la isla de Senja. En las latitudes superiores al Circulo Polar Ártico no se pone el Sol durante los días anteriores y posteriores al solsticio de Verano.

http://www.terra.es/personal/rod.diaz/noruega.htm

Quedar en alguien

"Si cierras tus ojos para no abrirlos jamás,
se terminarán en el mundo los atardeceres, los ríos y las montañas,
la sonrisa en mi cara y la alegría en mi alma... ".

Oleadas de imágenes llenaban su mente y lo recluían en la insana espera de
la muerte. Se decía a sí mismo que estaba lleno de un amor tierno pero
deshabitado de presencias sobre esta tierra. Cada mañana elevaba una
plegaria a la resurrección para que pusiera el cuerpo vivo de ella junto al
de él, donde quiera que sea. Sólo un ansia mitigaba su pena; a la vez, esa
ansia, agigantaba el perfil de su cobardía terrena.
Los años le habían caído como cenicientas hojas muertas. De la revelación
más sublime, la del amor verdadero, había mutado a la desolación dolorosa de
la pérdida.
Verano de la revelación
Hacía un rato que permanecía recostado sobre una reposera cerca de la
pileta con los ojos cerrados y sus brazos abiertos como abrazando el sol; de
tanto en tanto espiaba. El verano era una delicia, sobre todo para darle
rienda suelta al ocio. Nada podía tener una armonía más perfecta. Percibía
con nitidez los olores de la naturaleza, la exquisita luminosidad del sol, y
la persistente brisa que daba sosiego al caer agobiante de la tarde. El
complemento era aún más perfecto, estaba ella.
En un entreabrir de ojos la había visto cerca de las plantas mirando el
follaje; buscaba vaya a saber qué cosa. Tarareaba algo en voz baja y parecía
concentrada. .. alegre. Ahora venía hacia él; se había puesto una rama de
laurel a modo de corona, un par de anteojos negros y pareo; venía riéndose.
No era un chiste ni pretendía ser ridícula, actuaba con naturalidad. .. vaya
a saber uno qué enjambre químico de sus neuronas la hacían actuar como si
tal cosa. El pelo rubio y lacio sobre los hombros y sus pies acariciando la
tierra; en una mano una botella de cerveza, y en la otra dos copas. Regalaba
ternura. Tenía un aire de inocente ingenuidad que seducía con su sola
presencia. Su figura era delgada y para nada voluptuosa; sin embargo, para
su apreciación, hermosa.
Ella se acercó, vació el contenido de sus manos, y lo miró con curiosidad.
Notó que él tenía sus ojos puestos en ella pero no la miraba. Era cierto,
buceaba en su propio espíritu. Tan pleno estaba que se sintió como la mitad
de un todo. En el mismo instante tuvo la revelación del amor verdadero, amor
que ennoblece con su sola presencia y nos hace mejores; que nos llena de
comprensión y tolerancia, que goza con la felicidad del ser amado, e inmola
el individualismo del solitario. Recordó aquello de las almas gemelas y su
negativa a creer en algo tan intangible y manoseado. Sin embargo, había algo
sublime que los hacía especiales. Nada ni nadie penetraba el halo que los
envolvía. No era una cuestión de la conciencia; iba más profundo.
El privilegio de un amor así, era una bendición, estaba claro, ¿pero cuál
había sido la causa para que ambos coincidieran? Reflexionó súbitamente que
el amor es un estado del alma que no requiere ser asumido ni aceptado por la
razón. Cuando la razón le impone un amor al alma, la aceptación de ese amor
llena sólo un espacio de necesidad para jamás transformarse en verdadero
amor.
Sus sentimientos eran correspondidos. Ambos se potenciaban en un ida y
vuelta de entrega sin reservas. Ambos poseían la libertad de elegir, y
elegían a cada instante permanecer juntos por el simple placer de
compartirse. Paseaban por el mundo tomados de la mano, pero amarrados
fuertemente por el lazo que anudaba sus almas. Desde aquella revelación del
espíritu, sus vidas habían fusionado como parte de un todo que concebían más
allá aún de la muerte. Repetían esta consigna cada vez con mayor misticismo:
en los brindis, sin pronunciar palabra, mirándose fijamente a los ojos y
conscientes ambos de lo que repetían sus mentes en el limbo. A media luz de
velas; a solas, profanando silencios... Cuando lejos los cuerpos, y en
sufrientes horas de orfandad de olores y tramas y risas, y de besos y
caricias, se percibían en el pecho y en el sexo: "Me has acariciado sin
rozarme... ", le susurraba ella cuando las manos de él trepaban los montes
de su cuerpo; entonces, aparecía en su cara la sed de poseerlo. No había
planes de entrometidos hijos: ella era una sacerdotisa consagrada a su amor.
. y él, su fiel adorador.
Ciertas veces descubrían recuerdos y las imágenes de otro siglo se develaban
como una catarsis de sensaciones. Pero la difusa peregrinación al recuerdo
de otros tiempos sabía siempre a incierto, a sueño trasnochado. . a deseo. ¿Y
si las imágenes que sus mentes recreaban en perfecta clonación fueran las de
ellos? Al tiempo debían respetársele sus devaneos; aún urgidos de presencia
y de recuerdos, como pasajeros, deberían algún día aguardar la finalización
de su trayecto.
No fueron años; tan sólo habían pasado meses cuando la migración terrenal
los sumió. Fue entonces que él recordó los devaneos del tiempo y pensó en
las purgas para que les correspondiera el cielo. En esos meses con sus días;
y en esos días con sus horas y minutos; como si el infinito pudiera
resumirse en un segundo de la razón y las huellas del efímero tiempo calar
en lo profundo un rumbo, habíanse elevado más allá, incluso, de su
comprensión. Si existía un modo de quedar en alguien para repetirse después,
ellos estaban seguros de poseer ese destino.
Invierno de la desolación.
El día en que ella murió llovía a cántaros. Era una tarde fría de invierno;
todo lo contrario a aquélla en que ambos habían tomado definitiva razón del
amor verdadero. Ambos estaban en la casa que compartían; él sentado sobre la
cama; y ella, o el espectro de ella, lo abrazaba por la cintura con la
cabeza apoyada entre sus piernas. El silencio era absoluto; sólo el sonido
de una respiración dificultosa quebraba la monotonía. Él la miraba y sentía
que su mirada penetraba por un túnel; al final, la cara enflaquecida de ella
con los ojos entreabiertos. .. sin embargo, dormía.
¡Me has tocado!
-Se repetía a sí mismo como elevando un ruego.
Está en ti mi vigor y juventud,
todo lo que he querido.
Si cierras tus ojos para siempre
y me dejas aquí,
¡si no me llevas contigo!
se terminarán en el mundo los atardeceres,
los ríos y las montañas,
la sonrisa en mi cara y la alegría en mi alma...
La pasión que he sentido al amarte y
la ilusión de verte anciana.
Tu piel te llevarás contigo
y la luz transparente de tu mirada.
Seré, desde ese momento,
una mitad deshabitada.
Como si ella hubiese escuchado su rezo, comenzó a moverse. Él la tomó por
debajo de las axilas y la llevó hasta su pecho. Cerró los ojos. La besó en
los labios deseando con todas sus fuerzas entregarle la esencia energética
de su vida. Cuando los volvió a abrir, ella lo miraba con expresión de
despedida; no tenían más lágrimas... ni palabras. Se quedaron mirándose por
unos segundos eternos.
--¡Hasta la próxima vida mi amor! -susurró ella con la voz entrecortada
regalándole una última sonrisa. Al instante, sus ojos verdes transparentes
de mar, se opacaron irremediablemente en esta.
El continuó abrazándola y balanceándose de su cintura, hasta que finalmente
alguien se acercó y los contuvo a ambos.
.../...
La tarde caía mansa. Un sol radiante le acariciaba la cara y dibujaba
delgadas sombras en el relieve que el tiempo había esculpido con su paso
inexorable. El devaneo del tiempo llegaba a su fin. Por años había regresado
a esos dos instantes inmerso en un retórico arco de sublime revelación y
desolada pérdida. Desde la muerte de ella, su vida había sido la espera.
Jamás un nuevo amor removió de sus entrañas aquella profunda revelación del
alma gemela. Esperando... había estado extrañamente acompañado. Entre las
plantas, hurgando entre el follaje, vio a alguien que sonreía alegre...
ansiosa; traía una corona. Con la agilidad de sus mejores años caminó hacia
donde estaba su imagen resplandeciente. Se asieron de la mano para devorar,
juntos, todas las sombras.






El árbol de ceniza

Por años la había visto llegar por el sendero que ahora era camino. Ella
misma lo había adornado con las flores de estación que cultivaba en los
fondos de su casa. El camino, haciendo algunos contoneos, conducía al roble.

Era un predio sin cercas. Diez metros por detrás del roble, al
sudeste, una decena de cipreses estaban dispuestos en abanico. Siete metros
por detrás de los cipreses, también en abanico, cedros; luego lambertianas,
y finalmente una veintena de eucaliptos que algún día, al alcanzar su
plenitud, controlarían al viento.
En poco tiempo su siembra fue un pequeño bosque. Uno por uno, desde
su remota juventud, había cuidado esos árboles con exclusiva dedicación:
acarreando la ansiada agua en los días agobiantes de enero, cubriendo sus
raíces de los fríos inviernos, o remozando la tierra con nutrientes para que
en primavera sus tallos crecieran esbeltos. Cumplida la tarea, se sentaba
junto al roble para reiterarse en monólogos.
Quienes pasaban por allí y conocían la historia, luego la recontaban
con angustioso respeto. La curiosidad inducía a algunos a ver por sí mismos
tal que muchos de los que asistían al parque, en cualquier época del año,
venían por ella en una espiral inagotable de difusión. Sabrán ustedes del
poder que encierra el imaginario; así, la fabulación fue de lo más variada.
No faltaba quienes le daban connotaciones espectrales o quienes le asignaban
virtuosismos. Y no era para menos. A veces su imagen no parecía real. Era
cuando surgía de entre los árboles y la brisa la esculpía dentro de su
vestido con su cabellera extendida como presta a volar. Pero como era
probable verla pasearse por el bosque o sentada junto al roble inmersa en
monólogos a cualquier hora del día o de la noche, quienes poseían un sentido
práctico de la cuestión y mostraban poco afecto a las fabulaciones,
sostenían su incordura. Esas mismas personas se sorprendían un día
cualquiera al descubrirla conversando con la gente con absoluta cordialidad
e inteligencia.
La incongruencia entre su vocación y actitud, adquiría consistencia
en su aspecto. Su piel, que blanca casi transparente envolvía una glamorosa
armonía corporal, se sumaba a la lasitud de su cabello prolijamente cuidado
y arreglado. En la redondez del pétreo azul insondable de sus ojos se
apreciaba un inmenso dolor. Pero ellos, sus ojos, poseían la virtud de mutar
de la extrema fragilidad a la dureza reflejando su tesón. La devoción se
señalaba en sus manos: sus herramientas. Se apiadaba de ellas toda vez que
alguien se las quedaba mirando con el rostro asombrado por la incongruencia.
Entonces prometía cuidarlas más. Pero luego, sus ansias por capturar la
energía de la tierra sin intermediarios, la hacían olvidar.
---Aquella vez, hace... años, era otoño. Son melancólicos los
otoños. Todo se serena a ras del suelo. Es un gran labriego el otoño. Como
de a pinceladas, un ocre monocromo se esparce en inerte legado para ser
sepultado... luego. Son mágicos los otoños; desde esa vez, lo son. También
hay magia en primavera: como si se tratara de un talismán bendiciendo la
tierra, la naturaleza plena vuelve su rostro al sol en primavera a medida
que este cambia su ángulo en el horizonte. Aunque la primavera se puebla de
intrusos, benéficos algunos, maléficos los otros, todos responden a un plan.
Entre el letargo y el despertar del fruto, la desolación del invierno y el
agobio del verano. Una estación prepara para la siguiente. Sería difícil
soportar la crudeza del invierno sin el aletargado arrope del otoño; sin la
melancolía llamando a su tristeza, para que meses después, la algarabía de
colores sea bellamente plena. Nuestra existencia está sesgada por las
estaciones; así que... perdonarán ustedes que este relato se mojone de ellas

---Ese otoño, con apenas dieciocho centímetros, cubierto de maleza,
sin duda no hubiera sobrevivido a las inclemencias del invierno. Por aquel
entonces no poseía yo tantos recuerdos como para concederme la melancolía.
Quien le puso melancolía a los otoños, no fui yo. Sabía nada acerca de los
árboles aunque les reconocía a todos la misma limitación: si tus pies son
raíces, aún cuando poco profundas, debes prepararte para las inclemencias.
Ignoraba también que esa era una ley para el resto de las criaturas del
planeta.
---Tengo frescas las palabras que en ese otoño espabilaron mi
letargo de muerte. Ella, insondable en su dolor, despejó la maleza de mis
ahogos y carpió la tierra en mi contorno. Escudriñó de mis ramas su palidez
y se compadeció. --¡Tu vivirás! -me dijo-. Luego en tono de conjura,
sentenció: --en ti veré crecer saludable su espíritu. Dirigiéndose luego a
una tercera persona, agregó: --Sé el alma de este árbol que tiene igual de
meses que vos, vendré a visitarte. Seguido: el polvo, denso, que cubrió mi
tallo con vahos de resurrección.
---Hasta lo abstracto tiene un nombre: un nombre para lo que es, un
nombre de lo que fue, un nombre para la idea de lo que se quería que fuera.
Se les da un nombre a las cosas para que nos hagan compañía. Con el tiempo
se hacen familiares esos objetos materiales o abstractos que fueron
bendecidos con un nombre. El camuflaje de una inaceptable realidad es
también un nombre. Por eso tales o cuales cosas son rebautizadas con nombres
más benignos que amortiguan devastadoras consecuencias; la soledad es una de
ellas. Cuando tus pies son raíces..., es una inclemencia la soledad. Pero si
tienes un nombre, no estás tan solo. Por eso ella me dio a mi un nombre y
por él me llamaba, cuando luego de hacer la tarea, se sentaba cerca de mí a
conversarme.
---Me llevó tiempo comprender y aceptar que en realidad no se dirigía
a mí. Mucho más tiempo el captar su esencia desde el dolor insoportable ante
la pérdida. Yo era lo que ella deseaba que fuera; y ella, viéndome, mitigaba
su pena. Hay continuidades difíciles de comprender, todo cambio de esencia
dificulta la percepción. Pero para ella no; yo era una continuidad, si se
quiere espiritual, de lo más querido; entonces, no contaba la apariencia.
---La silla venía y se marchaba con ella; con el pasar de los años, la
dejó. Luego de recorrer el jardín, ahí se sentaba, junto a mí. Me contó que
había vendido su casa, la de los recuerdos; porque era un lugar impregnado
de su desolación. Y como ella la quería, había deseado que otros, sin la
carga angustiosa de sus vivencias, le devolvieran su esplendor. Supe de su
infortunado esposo, que preso de la culpa había huido sin que nadie supiera
jamás de él. Se le notaba el rencor cuando lo mencionaba como un punto de
referencia a su pasado. “Si él no hubiera sido tan testarudo, tan confiado..
tú, tendrías hoy dos años”. Este descarnado reproche se repetía cada otoño
mientras ella, sentada en la silla con sus ojos vidriosos, alargaba el paso
del tiempo sumándole un aniversario a su tristeza. No hubo otros hombres en
su vida... “y no porque no sea bonita, sé que lo soy porque no soy sorda y
porque de tanto en tanto me miro al espejo; incluso así, sin arreglarme, doy
que hablar. Cuando era una niña como tú, soñaba con ser elegante. Yo veía a
las artistas de la tele: tan altas, delgadas y prolijas, con aires de
princesas y quería parecerme a ellas; practicaba en la soledad de mi
habitación como andar, hablar e incluso, algunos ademanes... ¡Pero después
fue todo tan distinto! Mi mundo se fue haciendo pequeño. Ahora, en él, sólo
cabemos tú y yo.”.
---Con el tiempo se degrada tanto el cuerpo como la expectación. Ella
fue hablando cada vez menos de sus instintos de mujer; como una página que
se amarillenta sin perder la esencia de su valor. En su mundo pequeño, sin
embargo, había espacio para todo, incluso para la alegría que mueve a la
risa. Solía reírse de sus torpezas y su risa era más profunda cuando
imaginaba el pensamiento de los visitantes del parque. “¡Flor! –que así me
llamaba- ¿qué crees que piensa esa familia que mira hacia aquí, al verme
reír a boca batiente junto a este roble?”. Poco le importaba que los demás
pensaran en su locura, porque tal vez tuvieran razón; y eso, tampoco le
importaba. “Imaginé muchas veces que en el mundo de la razón, lo que afecta,
no es que uno la pierda, sino, que los demás crean que la hemos perdido; si
esto último nos deja de importar, pues, entonces, da todo lo mismo.”. Esto
fue una conducta progresiva; su mundo, que ya era pequeño en ese otoño
cuando ella tenía veinticinco años, lo fue aún más a los cincuenta y terminó
siendo un grano de mostaza un segundo antes de morir. Pero la gente no le
era del todo indiferente. Si bien le importaba poco lo que pensaran de ella,
en su ostracismo, había tomado la suficiente distancia de los devaneos
humanos como para catalogarlos con toda nitidez. Por décadas, desde que ella
había hecho de ese espacio un bello jardín, había habido visitantes dejando
sus improntas; incluso, luego de que se marcharan. Cuando el predio volvía a
su soledad, o mejor dicho, a la soledad de ella y el bosque; lo recorría
palmo a palmo para recoger hasta el último residuo. Estos le traían el eco
de quienes los habían producido. Con total certeza era capaz de elucubrar
historias y captar la energía de esos visitantes para después venir a
contarme. Le bastaba con ver el modo en que algo había sido arrojado, para
saber del equilibrio emocional de quien lo había tirado: sí muy apretado,
doblado o apenas abollado; sí totalmente vacío o con algo de contenido; sí
en el cesto, o envuelto, o en cualquier sitio. “Todas las cosas hablan de
las personas, hasta las más insignificantes. .. “.
---Un día vimos llegar por el camino coloreado de flores de estación
un cortejo. Al frente una joven mujer acarreando entre sus brazos una
pequeña urna; detrás, el séquito de familiares y amigos dolientes. Ella se
puso de pie de su silla y fue a su encuentro. Sin mediar palabras acompañó a
la joven madre mientras ésta sembraba un pequeño algarrobo. Un sacerdote
impartió consuelo. Luego, la joven, esparció las cenizas en torno al pequeño
árbol. Todos los presentes se arrodillaron frente a él y rezaron una oración
La mujer permaneció arrodillada acariciando el polvo gris mientras sus
lágrimas esculpían en él pequeñísimos cráteres. Una mano de hombre
finalmente la alzó y la guió de vuelta por el camino. Con el paso del tiempo
escenas como esas se fueron repitiendo y el bosque se pobló de diversas
especies. Esa noche, todavía presa de la angustia, ella, que había
permanecido junto a mí en su silla sin decir palabra, se levantó y fue hasta
el lugar donde había sido sembrado el algarrobo; estuvo allí por unas horas,
al regresar, simplemente dijo: “ya se siente mejor...”. A la mañana
siguiente todo rastro del polvo gris en torno al algarrobo había
desaparecido. “Dos límites tiene el universo –me dijo esa mañana-: uno que
se alcanza con la punta de un dedo; el otro, es el infinito; hasta allí,
sólo llega con el espíritu.”. Hasta mucho después no comprendí el
significado de sus palabras.
---No sé si todos lo árboles tienen alma; incluso, ignoro si los
árboles de este parque la tienen. Creo que para que un árbol o cualquier
otra cosa posea una, se necesita la bendición de quien imagine que la tiene.
Algunos árboles de cenizas nunca volvieron a ser visitados. Otros pocos, lo
fueron esporádicamente. Nadie más que ella con su amor e inagotable esfuerzo
mantuvieron la armonía de colores del lugar, que con el tiempo diose en
llamar: "El parque de las cenizas".
---Una primavera, mientras me espabilaba aún del invierno, la vi
llegar por el sendero que ahora era camino. Las rosas parecían reclinar a
medida que sus pasos cortos y lentos la aproximaban a mí. Al llegar, y como
lo hacía cada día, revisó palmo a palmo mis ramas y sus brotes nuevos; se
soslayó de verme saludable. Luego sacó un pañuelo de su bolso y secó
metódicamente su silla del rocío de la noche, después se sentó. Toda esa
tarde estuvo callada, mirando uno por uno y a la distancia el centenar de
árboles de cenizas. Algunos con más de cincuenta años, parecían desbordantes
de vitalidad. Luego, antes de irse, estiró su mano hasta ponerla en esa
porción de universo que físicamente nos unía a ambos; en la redondez del
pétreo azul insondable de sus ojos se apreciaba todavía aquel inmenso dolor.
Sin más, se marchó.

--- o0o ---

Era un predio sin cercas. Ni siquiera demarcaciones o depresiones en
su contorno. Con uniforme verdor se prologaba por detrás del roble en un
bosque de diversas especies que parecía un séquito. Más allá de las
lambertianas, cipreses, cedros, álamos, algarrobos y abetos; gigantescos
eucaliptos se debatían en las alturas con el viento; en silencio. Por
delante, un camino de piedras parecía perderse entre la tierra y el cielo.
Un búho desde la negrura le puso distancias a la noche. El viento era el
gran ausente en ese agobio veraniego; y el aire, suspendido en la gramilla,
se asimilaba denso y seco.
El roble suspiró en medio de la oscuridad. El polvo grisáceo que
esparcieran esa tarde a sus pies, aún conservaba todas sus partículas.

Copyright © 2004



(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos
Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía;
Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G.
dedicadas a la educación y al servicio comunitario.






Graciela E. Prepelitchi
"Las personas no discuten contenidos, apenas los titulos."
Mario Andrade



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21.9.2007 GMT

Por siempre Poesìa/

Enrique Etievan
Pensamientos
2004 | óleo sobre madera | 25 x 20 cms

Por Siempre Poesía

UN ESPACIO PARA VIVIR EN POESIA... DE MIRTA L.URDIROZ

http://porsiemprepoesia.blogspot.com/

Por qué me soñó Usted

con sombrero

como una pintura

de Chagall

cuando yo sólo pensaba

que el juego era olvidar

Por qué apareció Señor

Por qué

volver a soñar




Mirta L. Urdiroz

--------------------

Llaman desde la casa

y apenas puedo escuchar


Tardes de pan y chocolate

tibieza y olor a madre

Una rama de paraíso repleta de flores azules

en la puerta de entrada

y mis zapatos sucios de barro


Me miro en las relucientes baldosas

sin estrenar todavía

y entro





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21.9.2007 GMT

Poema Marinero del Cielo.Seudònimo/Marinera en Tierra

Enrique Etievan
Luna Nueva
2004 | óleo sobre madera | 25 x 20 cms

MARINERO DEL CIELO

En la superficie del mar,

Un chaparrón de estrellas

En cielo va faneando el verano

El faro es un lucero del alba.

El marinero no sabe,

donde acaba el mar

donde empieza el cielo

El faro es un lucero.

Sobre la superficie del mar,

Un chaparrón de estrellas

En cielo navega un velero

el faro es lucero del alba.

Y el marinero no sabe

Si faena en la mar

O, en olas de cielo

el faro es un lucero.

Un chaparrón de estrellas

En la mar va faneando el verano

el faro es un lucero del alba

con reflejos de cielo.

La mar un chaparrón de estrellas;

El cielo es la mar,

el mar es el cielo,

por faro un lucero,

alumbrando a los marineros.. .

En el cielo va navegando

un barco velero

El marinero no sabe

donde empieza el mar

donde acaba el cielo

faneando va el verano

por faro un lucero.

SEUDONIMO: Marinera en tierra.



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16.9.2007 GMT

Serie Poesía Venezuela/Canción Del Alma mía/Adamis Alonso Barrios León

RAFAEL RAMÓN GONZÁLEZ
Barcas en la Playa
1947 | óleo sobre tela | 51 x 66 cms

Pintor Venezolano

CANCIÓN DEL ALMA MÍA

Canción apasionada, evocación hermosa,
sublime mensajera de tierna inspiración,
ve y llévale a mi amada tus notas melodiosas
y entrégale en sus manos mi triste corazón.

Ve y dile que su ausencia es para mí un nocturno,
melancólico y triste que me hunde en el sufrir,
que en mi apesadumbrado deambular taciturno
sin su amor y sus besos me siento ya morir.

Dile canción eterna que mi alma aquí la espera,
desgarrada en las llamas de mi cruento dolor,
que por piedad regrese antes de que me muera
hundido en este abismo tan solo por su amor.

Y si ella no te escucha, canción del alma mía,
si no escuchara el ruego que contigo le envié
entrégale por siempre tus tiernas armonías,

que yo en mis desconsuelos tranquilo quedaré
porque siendo tus notas su amante compañía
aunque por ella muera, jamás de ella me iré.

Adamis A. Barrios L.
Maracaibo – Venezuela
Sábado 15 de septiembre de 2.007



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15.9.2007 GMT

Orquesta juvenil Simon Bolìvar en Londres.....

Juan Carlos Gayoso

Paisaje andino de Venezuela

Óleo 150 x 90 cm.

Proms 2007 - Orquesta Juvenil Simón Bolivar

http://www.youtube.com/watch?v=S6q7RCAcaBk

http://www.youtube.com/watch?v=2g8Pvd9YFc0&mode=related&search =

Gustavo Dudamel & Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar




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14.9.2007 GMT

Cuento Cuba/ El asunto de los Extraterrestres/Andrès Casanova

CARLOS RIVERO SANAVRIA
Rostro de Niño
1906 | óleo sobre tela | 45 x 35 cms

Pintor Venezolano

EL ASUNTO DE LOS EXTRATERRESTRES (*)

Andrés Casanova

(*) Este cuento obtuvo uno de los premios que otorga la revista literaria Guiacán y además está publicado en la Revista Quehacer de Las Tunas

EL CHEN Y MANO SUAVE ME ESTUVIERON

CONTANDO CUANDO NOS ENCONTRAMOS

EN EL BASURERO Y A NINGUNO DE LOS

DOS LE CREÍ. Era tan poco probable que a

Cuba la visitaran extraterrestres, como el propio

hecho de su existencia.

ç

Después, con el paso de los días, casi llegué a creerlo. Yo estaba acodado contra el mostrador de la cervecera, un lugar que olía a todos los orines del mundo, cuando sentí que me tocaban el hombro.

–Hey, usted, necesito hablarle.

Era un tipo con cara de perro, a al menos a mí me parecía, y yo creí primero que fuese uno de los celadores del lugar, que acostumbraban a enredar en periódicos un pedazo de cabilla para amenazar a los perturbadores del orden. Era la década de los ’70, como se dice ahora del siglo pasado y beberse una mezcla maloliente de cebada con agua de albañal costaba más de dos horas de cola. Así es que yo, siempre pacífico, me dije Pepón, el asunto no es contigo , y traté de continuar disfrutando el contenido de mi jarro metálico sin asa, es decir, una lata de carne rusa que era lo que se usaba en La bodeguita de enfrente para servirle a uno la cerveza.

Al notar mi despreocupación, el tipo volvió a tocarme el hombro.

–Oiga, le dije que quería hablarle.

Me viré por completo y delante tuve ya de veras un verdadero perro vestido más o menos como yo, con una sucia camisa de caqui y un pantalón remendado al nivel de las rodillas. Los zapatos, unos tenis viejísimos, eran casi un calco de los míos. Qué mierda tú te traes conmigo , estuve a punto de gritarle pero no me gustan las peleas, mucho menos en estos lugares donde la policía sabe que quienes nos reunimos somos tipos fáciles de convencer con unos cuantos cachiporrazos y si oímos las sirenas de las perseguidoras preferimos salir huyendo, porque nada que tenga que ver con la ley es de nuestro agrado. ¿El tipo será de la fiana?, volví a preguntarme, porque yo soy de los que siempre se están preguntando lo que sucede. Y apenas veo a un tipo extraño encimárseme pienso que es chivato, o que anda disfrazado de nosotros porque nos vigila a nosotros.

–¿Cuál es tu tema?

–Conversar largo contigo.

–¿Y por qué tendría yo que darte ese tema?

–Porque si no, puedo abrirte la barriga con mi bíper .

–¿Con tu qué?

–Con mi pistola de rayos ultravioletas, comemierda.

La presión de la olla estaba subiendo. Y cuando la presión de la olla sube, habitualmente Pepón, que soy yo, se convierte en Pepe Cuchilla o en Joe el Malo o en José la trampa, que son todos los nombres con que se me conoce no sólo en el barrio de los Melones, que es donde vivo, sino también hacia el sur, en el reparto La Muela, y hacia el norte, en el barrio de los Chivos, y hacia el este, en el Reparto de los Médicos. Hacia el oeste nadie me conoce, porque hacia el oeste de mi barrio queda el mar, un mar bajito que no sirve ni para pescar mojarras.

Yo prefería entenderme con el tipo, a quien le puse en mi cerebro El chino feo. Vaya, no se lo dije de primera instancia, porque me daba gracia aquello de pistola de rayos ultravioletas pero como el individuo tenía cara de te meto un hierrazo por la cabeza preferí no jaranear. Nada de jaranas con El chino feo, porque si llegaba a incomodarse quizás de su hocico de perro iban a salir unos dientes afilados, y si se quitaba su boina de miliciano, la boina que usaron los primeros milicianos, debajo aparecerían unas guatacas de perro. Entonces, mejor era la diplomacia, que con todo y ser Joe el Malo yo estaba alfabetizado, había llegado hasta la secundaria obrera y aunque no me daba la gana de seguir estudiando a pesar de que mi jefe decía que quienes no alcanzaran el preuniversitario segurito los sacarían del trabajo, a mí me parecía que para abrir huecos con un pico y sacar la tierra con una pala no era necesario más que saber firmar la nómina cada quincena.

Decidí hablar como José el diplomático.

–Mira, asere, no jodas y date un buche de la caliente para bebernos otra bien fría.

–Yo no bebo esa inmundicia.

–Yo sé muy bien lo que significa inmundicia . Y si no estuviera en el papel de diplomático seguro te contestaba algo bien feo.

–Contéstalo.

El chino feo se me quedó mirando a los ojos y yo descubrí que de veras los suyos eran redondos, que no tenía cejas y lo que yo creía un hocico era un hocico. Prieto en la punta, baboso, casi lleno de mocos. Era un perro grande lo que me estaba hablando, un enorme perro parado en dos patas y vestido con mi ropa. No soy cobarde, que para eso mis cuchilladas son el mejor antídoto. Pero aquel tipo metía miedo. Ya no era para mí El chino feo sino Cara de perro .

–¿Qué tú quieres conmigo?

Traté de ser Joe el guapetón aunque en realidad me salió la voz finita finita, como si yo fuera una de esas mujeres que hablan por un teléfono público con sus amantes y miran a todos lados por si el marido se acerca cambiar enseguida la voz y decir por ejemplo pues como te iba contando Rosita mi amiga están vendiendo hoy cubos a cinco pesos y chancletas por el cupón siete que son un primor . Cara de perro al parecer se daba cuenta de mi calambrina.

–Si no quieres que te desintegre, camina detrás de mí.

Estuve caminando detrás del chino feo un montón de cuadras, interminables calles que se me parecían a otras de manera que entre Ramón Soriano y Pedro Esquivel se me confundía la llegada al reparto La Mula, como si jamás hubiera desandado las calles de mi pueblo a pie descalzo, desde mi mismo nacimiento, porque jamás me había movido de este lugar. Sabía que hacia el occidente quedaba La Habana porque hacia allá cogían las guaguas Leyland que hacían el recorrido tres veces al día viniendo desde Santiago de Cuba, y habaneros los que conocía eran los que llamábamos de estropajo : pueblerinos que iban a estudiar, o a cumplir su servicio militar obligatorio, y regresaban hablando con el deje cantarino y las palabras recortadas de manera que mar sonaba mal y ya no decían más cutaras sino chancletas . Pura mierda la de este chino más que feo, superextraño, que me ponía a caminar por las calles embarradas de fango y de pronto descubrí que me encontraba en mi casa del barrio de los Melones. Mi casa era en realidad uno de los tantos eufemismos no sólo de los Melones, sino también del reparto La Muela y el barrio de los Chivos. Pedazos de latas claveteados contra horcones conseguidos en la reparadora del ferrocarril. Pencas de guano de las que botaban en el basurero municipal. Algún que otro saco conseguido en la bodega más cercana por dos pesetas. Ladrillos de otros usos que yo buscaba en la carretilla del vecino o la camioneta de alquiler de Pancho Tarafa. Mi casa por dentro estaba irreconocible.

–¿Qué hace toda esta gente aquí?

Llenaban los rincones, estaban encaramados en los pocos muebles que para mí eran un asiento de cuero herencia de mis difuntos padres y una silla reparada con clavos del basurero. Adiviné que también ocupaban mi único cuarto donde yo dormía en mi catre de saco y en el colgadizo que me servía de cocina. Resollaban, con un resuello como de ladridos amenazantes. El chino feo hizo un ademán hacia uno que se encontraba tendido en el viejo sofá de mimbre, única pieza de lujo de mi sala.

–¿Y quién es éste?

–Boos ung dramung.

–¿Cómo dijiste?

–El jefe, como dicen ustedes.

Chino feo me miraba, más que fiero, altanero. Al que había llamado Boos o algo parecido le temblaban las quijadas y entonces yo empecé a acordarme lo que me habían contado no sólo El Chen y Mano Suave, sino también La Polilla y al que llamábamos Bola de Churre, aunque también lo contaron algunos del barrio La Candela y otros que venían a la cervecera desde Buey Adentro: los perros estaban invadiendo nuestro pueblo. Podía vérseles por las esquinas en un grupo compacto, aunque Bola de Churre discutía por su manía de discutir: no caminaban en grupo, sino en correcta formación como si se tratara de militares. Incluso, algunos emitían sonidos que tal parecían voces.

–¿Qué ustedes quieren conmigo?

No dije eso, estoy seguro. Fue dentro de mi imaginación, porque imagino todo, que hablé de esta manera como si yo fuera guapo a reventar. Por fuera, en realidad, estaba temblando. Dígame usted qué haría si un perro de verdad se le planta delante y levantando sus patas se las pone en el pecho mientras lo rasca con sus uñas afiladas.

–Óyeme bien, gato recentino, si no quieres que te devoremos aquí mismo...

El Boos acababa de levantarse del sofá de mimbre y me miraba con sus ojos grises de una tonalidad agresiva. Sin dejar de arañarme con sus uñas me advertía del peligro que yo corría si me ponía a gritar. Habían viajado desde el planeta Fobos con el propósito de tomar la tierra por asalto, y mientras se concentraban en la luna todas las tropas del Emperador Susfadacia un grupo de avanzada exploraría nuestro planeta. No les importaban nuestras armas sino nuestros cerebros.

–Nos interesa saber qué piensan ustedes, cómo usan las ideas que se les ocurren.

En otras circunstancias me hubiese reído.

–¿Y por qué la han cogido conmigo, que no soy más que un bebedor de cerveza?

La pregunta casi llevaba las lágrimas dentro de sus palabras. El Boos señaló hacia el chino feo y éste volvió a acercárseme.

–No estarás solo.

Era absurdo lo que estaba escuchando. Yo siempre había sido un solitario, a pesar de que me juntaba con todos los bebedores del pueblo. El Chen quizás sería mi único amigo, aunque yo siempre trataba de robarle cuando juntábamos el dinero de todos para comprarnos unos pitos de marihuana o una botella de alcohol casero. El Chen me defendía cuando los demás querían abusar de mí porque mis brazos lisiados no me dejaban pelear.

El chino feo no había dejado de hablar. Yo no estaría solo, sino acompañaría por las calles del pueblo a gente como el Chen, Mano Suave y Bola de Churre. Andaríamos en manadas, como perros hambrientos, y les traeríamos la carroña con que se alimentaban ellos. Necesitaban mucho azufre y sales nitrosas para conservar la energía, y según habían estudiado sus científicos en nuestros basureros se producían estas sustancias en tan grandes cantidades que podrían sobrevivir más de un año.

El Boos intervenía de vez en cuando para explicarme cuestiones más fáciles de entender por mí. Ellos no sólo disponían de sus pistolas desintegradoras, sino también de los controladores del cerebro. A partir de ahora, a cada uno de nosotros nos injertarían un pequeño aparatico detrás de una oreja y por ahí se filtrarían nuestros pensamientos que irían a parar directamente a una máquina parecida a una caja de zapatos. El Boos me retó a que pensara cualquier basura.

“Ni que yo fuera comegiña”, pensé.

–¿Qué significa en vuestro idioma la palabra comegiña ?

La caja de zapatos, que en realidad no lo era, tenía una pantalla como la de un televisor y hablaba palabras incomprensibles para mí.

–Así que estás pensando escapar y avisar a la policía, ¿no?

El Boos le ordenó a los que descansaban en el suelo que me sujetaran con firmeza. Hedían a azufre y a orine de caballos. Tuve mi primer desmayo y sentí que me trasteaban detrás de una oreja. Cuando recobré el conocimiento pensaba en salir a la caza de un hueso que había visto tirado en uno de los latones de basura.

–Te pareces a nosotros, con la única diferencia que ya los pensamientos no te pertenecen.

Ahora yo pensaba en el Boos, en no levantarme de las cuatro patas y salir corriendo en busca de un hueso. Me sentía como un perro.

TODOS ESTOS AÑOS HE ESTADO PENSANDO. Después de mucho merodear por las calles, alguien me metió en una jaula a empujones mientras me golpeaba con una especie de escoba y me gritaba ofensas.

Luego nos trasladaron en vagones de ferrocarril, metidos dentro de jaulas donde podía leerse EXPOSICIÓN CANINA. Dormí un sueño apacible durante el viaje y al despertar, manos de uñas afiladas trasladaron las jaulas hacia los camiones.

El proceso de selección me parecía estúpido.

–A los rayados en negro los envían al reparto Santos Suárez.

–Los de color blanco pertenecen a La Víbora.

–Los peludos, aunque sean satos, los envían a El Vedado.

Cuando llegaron a mí, el chino feo se me quedó mirando a los ojos. Los suyos reflejaban los míos, redondos y sin cejas.

–Este es el mío.

–Señor Boos alt deman, no creo que llegue a ser un pura raza.

–Lo estoy tratando con mi pantalla celular desde nuestra llegada a la tierra. Si bien no tiene pedigrí, es fiero. Lo único que me interesa es la protección de mi familia.

Viajé durante poco menos de media hora por una ciudad bulliciosa, extraña para mí. El humo de los vehículos se me metía por la nariz y cuando intenté cubrírmela con una mano, descubrí la verdad de una manera más completa: ahora mi mano se había convertido en una garra de cinco dedos con uñas afiladas.

En los días siguientes, traté de aceptar lo que veían mis ojos redondos y lo que escuchaban mis orejas recortadas. El hombre no tan joven que trabajaba en los jardines cuando veía salir al señor Boos alt deman en el Sedán gris metálico se quedaba observándolo. Una mañana quizás la tristeza fue demasiada para ese hombre de ropas elastizadas con una jota en el medio del pecho y mientras vaciaba la comida en mi plato, dijo:

–Quizás tú no sepas, Demar, que ese automóvil era mío. Sí, no te asombres. Yo vivía en esta casa rodeada de jardines y protegida por esta misma cerca de alambres trenzados. Cada mañana, un chofer venía a recogerme en otro automóvil y desde que yo llegaba al edificio donde trabajaba, todos trataban de entrar a mi oficina. Yo llamaba a mis secretarias, a mis asesores, a mis jefes de despacho, y les decía hagan esto y allá iban ellos a hacerlo. Ahora mi esposa es la cocinera de estos malditos.

El hombre suspiró y se fue retirando con sus pasos cansados, yo diría que iba llorando. Mientras tanto, acabé de comerme todo lo que él me había traído porque se trataba de algo bien exquisito, algo que yo jamás comí mientras vivía en el barrio de los Melones. Cuando terminé, le gruñí altanero a Bola de Churre, a quien tenían amarrado con una cadena porque acostumbraba a agredir a los que se encimaban a la cerca. A mí, en cambio, me dejaban vagar por los jardines, porque sólo atacaba cuando alguien intentaba cruzar la cerca, como una noche que sorprendí a dos tipos vestidos con sucias camisas de caqui y pantalones remendados al nivel de las rodillas.

Jamás he vuelto a saber del Chen ni de Mano Suave y a Bola de Churre lo veo desde la cerca de alambres que separa las residencias donde vivimos. Somos Doberman, pura raza, y nos miramos el uno al otro con deseos de atacarnos pero sabemos que estamos allí para cuidar a nuestros dueños. Solamente.

Andrés Casanova: Las Tunas, Cuba, 1949. Narrador, poeta y crítico literario. Escritor de libretos radiales. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado las siguientes novelas : Hoy es lunes (Letras Cubanas, Cuba, 1995); Tormenta tropical de verano (Sanlope, Cuba, 2000 y Coyoacán, México, 2003); Las trágicas pasiones de Cándida Moreno ( Sanlope, Cuba, 2001); La jaula de los goces (Editorial Oriente, Cuba, 2001); Las nubes de algodón (Sanlope, Cuba, 2005), La fiebre del atún (Editorial Oriente, Cuba, 2005) y No somos aquellos niños (Sanlope, Cuba, 2007).

http://http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php



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13.9.2007 GMT

Relatos de Africa/Los ojos del sol/ Carmen Maria Camacho Adarve

Oswaldo Vigas
El Espectro del Músico
1945 | óleo sobre tela | 60 x 50 cms.

Pintor Venezolano

Èrase una vez un príncipe llamado Sakaya Macias que viajaba por placer. Y he aquí que llegó a una ciudad en un día de feria.

Al apearse de su caballo oyó a un viejo que voceaba:

-¿Quién quiere, por una jornada de trabajo, ganar cien monedas de oro?

Sakaya se acercó al anciano y le dijo:

-Yo estoy dispuesto a trabajar todo un día por ese salario.

El viejo era un guinarú que frecuentaba los mercados con el único propósito de engañar a algún forastero y llevárselo a su choza para comérselo.

Respondió:

-Pues bien, Sakaya Macias. Deja tu caballo aquí y ven conmigo hasta el pie de aquella alta montaña. Allí encontrarás la faena que has de hacer.

Sakaya siguió, sin pronunciar palabra, al guinarú, que había tomado el camino de la montaña indicado. Así que llegaron a las estribaciones del monte altísimo, el guinarú dijo:

-Sube a la cúspide. Arriba hallarás a tus compañeros ocupados ya en la labor.

-Pero, ¿por dónde puedo escalar la cima? -preguntó Sakaya-. No veo la posibilidad. ¡Si está cortada casi a cuchillo!

-Yo te proporcionaré una montura que te llevará a destino -respondió el viejo guinarú.

Palmoteo éste y al punto apareció una tórtola gigantesca ensillada.

-Monta este corcel -ordenó el viejo.

Sakaya obedeció y el pájaro se elevó hasta la cima de la alta montaña. Una vez allí, depositó a su jinete sobre una enorme roca y desapareció.

Sakaya miró en derredor y vio una choza amarilla. Esta choza era de oro puro.

Se aproximó y con asombro observó a un anciano cuyos ojos eran tan grandes y amarillos como el sol de mediodía.

Y divisó, cuando se dirigía hacia este viejo, a lo lejos y por encima de él, el Universo entero, pues la montaña sobre la cual se encontraba era la más alta de toda la tierra.

Muy cerca de este viejo de "los ojos de sol" vio una gran cantidad de cráneos humanos esparcidos por el suelo.

Preguntó al viejo de quién era la choza de oro y quién había matado a los dueños de aquellos cráneos.

Le preguntó también por qué razón un hombre tan viejo como él se encontraba en un lugar tan espantoso, mayormente cuando, según todas las apariencias, era el único ser que moraba en aquella soledad altísima.

-Sakaya Macias -respondió el anciano- yo soy el guardián de esta choza. Los que aquí habitan son yébem, devoradores de hombres. ¡He aquí que tú estás en poder de ellos y no te escaparás! El padre de ellos te ha encontrado en el mercado y te sedujo con la esperanza de poseer el oro que te ofreció por un jornal. En consecuencia, espera aquí tu fin, porque dentro de un instante caerás en sus manos, donde hallarás la muerte. Te devorarán tan pronto el yébem que te ha encontrado esté de regreso. ¡Y no tardará mucho!

-¿Tú también eres un devorador de hombres? -le preguntó Sakaya.

-¿Yo? -exclamó el anciano-. ¡No! Yo soy un yébem, pero en ningún modo de los devoradores de hombres. Yo pertenezco a otra raza diferente. Me obligan a permanecer aquí en virtud de un sortilegio que me priva del uso de las piernas; a no ser por esto, hace mucho tiempo que habría regresado al lado de los míos. Delante de la choza les sirvo de guardián y me es imposible escapar.

-Muy bien, anciano. ¿Y dónde están en este momento esos ogros propietarios de la choza de oro y dueños de tus piernas?

-Están de caza y volverán al mismo tiempo que su padre, a quien tú ya conoces.

-Entonces, ¿ahora no hay nadie en la vivienda?

-Nadie, a excepción de unos yébem muy jóvenes que se distraen jugando a las conchas.

-Entraré, pues, y me esconderé en algún granero, en espera de la noche para escapar.

-Te suplico que no hagas tal cosa -gritó el viejo-. Tú serías la causa de mi perdición, pues los yébem, a su regreso, me matarían sin compasión al oler carne humana en su casa.

Sakaya , que sabía que el guinarú de los "ojos de sol" no podía nada contra él, porque el sortilegio le impedía el uso de las piernas, entró precipitadamente, sin hacer caso de sus advertencias y súplicas.

Al ver al intruso, los jóvenes yébem, que estaban jugando y se habían quitado las alas para estar más desembarazados, se asustaron y se metieron de un salto en un gran agujero que había en el centro de la guarida. Pero tuvieron tiempo de recoger sus alas.

Tan sólo la hermana, una muchacha muy jovencita, abandonó las suyas en la precipitación de la huida.

Cuando ella se encontró en medio de sus hermanos, éstos le dijeron:

-Pequeña, has dejado tus alas a la discreción del intruso. Anda por ellas, aunque ello te cueste la libertad. Debes intentar recuperarlas, pues jamás se ha dado el caso de que una yébem haya dejado sus alas en poder de un humano.

La joven yébem, a pesar de su espanto, regresó a la choza y, dirigiéndose a Sakaya, le dijo:

-¡Humano, yo te suplico que me devuelvas mis alas!

-Te las devolveré con una condición -respondió el príncipe-. Quiero que me lleves a mi pueblo.

-Te lo prometo -dijo ella.

Entonces Sakaya le devolvió las alas y ella se las puso en lugar adecuado. Hecho esto, el príncipe montó sobre la espalda de la joven yébem y voló tan alto, tan alto, que ya no podía distinguir siquiera la tierra.

Ella lo depositó delante de la puerta del palacio del rey y quiso, inmediatamente, regresar a la choza de la alta cumbre, pero Sakaya la retuvo a la fuerza. Para lograrlo, le quitó las alas y las escondió en los almacenes del rey.

Y acaeció luego, que la tomó por esposa. Desposados, vivieron así algunos años, y la joven yébem dio a luz tres hijos, todos derechos como un huso y lindos como flores.

A pesar de la alegría que ella sentía de ser madre, la yébem tenía el corazón apesadumbrado. Añoraba y sentía nostalgia de la soledad de las altas cumbres.

Una noche, mientras su marido y sus hijos dormían, se transformó en un ratoncillo y, por un diminuto agujero, penetró en el almacén de su suegro el rey. Cogió las alas y se las ajustó en los hombros. Luego, volvió para buscar a sus hijos, los ocultó bajo sus alas y, remontando el vuelo, se dirigió rauda hasta la montaña la más alta de toda la tierra.

FIN



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12.9.2007 GMT

Caracas la que se fue......./Viejas fotos actuales org.

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Caracas en 1922

Av. Casanova 3. 1948.JPG (42984 bytes)

El Frutero en la Av Casanova 1948. Cracas, Venezuela

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Plaza Altamira1947

" ELGA LOBOFF "

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Caracas Vista desde el Parque el calvario 1911

Crònicas caraqueñas del pasado


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PANORAMA DE CARACAS. 1897


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CARACAS VISTA DESDE EL PARQUE EL CALVARIO.1911


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AVENIDA NORTE CALLE EL PANTEON.1903


ccs14.JPG (71930 bytes) A3357A

TEATRO NACIONAL Y CIRCO METROLPOLITANO. 1919. FOTO MULLER.


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VISTA AL CENTRO DE CARACAS DESDE EL NOR-OESTE DE CARACAS


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A33676A

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A3397A

A3361A

CARACAS VISTA DESDE LA IGLESIA NUESTRA SRA DE LOURDES. 1953

A3362A VISTA DEL OESTE DE CARACAS 1901
A3333A BARRIO EL GUARATARO. 1953
A3367A VISTA PARCIAL DE CARACAS 1920
A3366A VISTA DE CARACAS. 1924
A3364A PARQUE EL CALVARIO, VISTA DE VARIOS DE SUS MONUMENTOS. 1903
A33676A VISTA DE CARACAS HACIA MIRAFLORES. 1904
A3397A ENTRADA A CARACAS POR LA AVENIDA CASTRO 1906

8/29/2003 5:09 PM

CRÓNICAS CARAQUEÑAS DEL PASADO ............

.- Debido a una tuberculosis dejó de existir una señora de 26 años. Fueron infructuosas las labores de los médicos ante tan cruel enfermedad. Paz a sus restos

.- En horas de la tarde de ayer se registró un robo en la casa Nº08-04 del Sr. Díaz en el Guarataro. Con éste ya son 10 los casos de robo en los últimos dos años, por lo que se requiere mayor presencia policial y que los dueños de casas cierren sus puertas.

.- Un "Choque" se produjo entre un automóvil y una carreta. Estos nuevos vehículos -cuyas velocidades alcanzan los 50 y 60 km/h se han convertido en una verdadera calamidad para la comunidad. Hasta que no haya un muerto no van a parar.

.- Se solicita Director de Telegrafía. Se requiere tener 6º grado aprobado y que sea de buenos principios.

.- Se informa que el Sr. Luis busca al Sr. Pérez. Dirección: callejón 41, La Pastora, Caracas. Teléfono: 2551.

.- Mucha alegría y satisfacción tiene la familia Ruiz por el arribo de su hijo a los Estados Unidos. Tras un mes de viaje, el joven llegó sin problemas y envíole un cable expreso a sus familiares participando su llegada sano y salvo.

.- Los periódicos tienen cada vez más fuerza para la comunicación. Hoy se puede saber lo que ocurrió hace tan sólo dos semanas en sitios tan distantes como Japón o Australia.

.- Mami, Papi, ¿Cómo se conocieron?

Bueno mi amor, era una fiesta, en un lindo jardín, con la noche llena de estrellas.....

.- De Luna de Miel para Maracaibo irán los nuevos esposos García. El barco partirá desde el puerto de la Guayra a las 8 am y el viaje será de 24 horas. Le auguramos una feliz estadía...........

Eduardo Alomá


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11.9.2007 GMT

Aera Revista de Poesía

Oswaldo Vigas
Diablos

1979 | caseína sobre cartón | 79 x 60 cms
Pintor Venezolano
Del libro “La Musa Mistonga” de Julián Centeya (Ediciones Freeland, Buenos Aires, 1964)
PÉCORA
Con este idioma lunfa y bulinero
te deshojo el sover de mi chamuyo.
Pa empilcharme de afeto dominguero
me pongo en el ojal la flor de un yuyo.
Y te la parlo, Pécora, de frente
pa batir que en los pocos vos, sos uno.
No es que me chapen cosas de repente.
Pero igual como vos, no hay ninguno.
Qué te van a empardar esos manuses
que no te llegan a los camambuses
y envidian tu prontuario de Armenón.
No se hace un bobina con manija,
ni una caricia con papel de lija
ni se compra en Cacuri un corazón.
Del libro “La Musa Mistonga” de Julián Centeya (Ediciones Freeland, Buenos Aires, 1964)
COSTITA
Vengo a darte con todo por polenta
viejo gomía que el ñorica emparda.
Qué importa que la vida sea una parda
y la suerte le deba alguna cuenta.
Bobina como sos no te empavura
el que usa la gualén como matraca.
A la cuenta’e tu mano, cuando atraca
se manca un fato limpio: tu ternura.
No me digás, hermano, que es fulero,
si bato que tu cuore es un brasero
que alivia el ofri azul del que tirita.
Calavera fichao del año uno
con vos se rompió el molde. ¡No hay ninguno!
Te lo bato de frente ¡así! Costita.
Enviado Por Rolando Revagliatti.


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5.9.2007 GMT

Copia/ formato papel./Revista voces ejemplar año 2 #19/Septiembre

Pintor Invitado Manuel Cabre

Venezuela

MANUEL CABRÉ
Paisaje de Caracas
1940 Circa | óleo sobre tela | 50 x 60 cms.

Voces susurros
Rumor y Gritos
Periódico Cultural
Director Editor: Rubén Patrizi
Septiembre 2007.AÑO 2 #19
Blog: revistavoces.ohlog.com/profile
http:elsaltodelarana.blogia.com
:revistavocessusurrosrumorygritos.blogia.com
¡Ah los libros!. El placer de un buen libro . L eer con el entusiasmo de encontrar en sus páginas, la historia, el artículo, la reflexión, los pensamientos, que los diferentes autores plasman en las palabras que son escritas desde la más remota antigüedad.
Aristóteles, Sócrates, Platón, los filósofos que nos hablan desde el principio de los tiempos, los pensadores como: Cicerón, Séneca, Maquiavelo, Spinosa Nieztche, kant, Erasmo de Rotterdam; muy actual en sus planteamientos. Libros de todas las época y latitudes, Dotoviesky, Dikens, Wilde, Salgari, Verne, Gallegos, Márquez, Onetti Borges.Quién no ha disfrutado de las aventuras e historias descritas en esos libros, Los viajes a islas ignotas, la vida a bordo de un galeón, descubriendo universos, galaxias, o viviendo las proezas de un personaje, héroe por la virtud de sus principios.
¿Pero y los libros malos?..... ¿Quién dice que son malos, quién les da esa connotación?, los que son quemados en las hogueras, o los que dañan mente y espíritu. Tengo uno de ellos y me es de gran utilidad . S uelo eliminar los mosquitos que se adhieren a las paredes. ¡Y no los pelo!.
MANUEL CABRÉ
Paisaje

1944-1945 | óleo sobre tela | 90 x 80 cms.

Serie poesía

Sed de Reptil ¡!!! Daanroo México.

Tú sabes de sobra, el poder que tiene mi arrebato!

Puso en mis manos, el fuego y el aroma de tus besos,
pero olvide la labia, que me embota por nombrarte
¿Encubrirlo?, ¡Si sabes que repta dentro de mí
como el reto absurdo de mentirnos frente al espejo!

¡Tú sabes que te quiero, más allá de mis instintos!
que soy de agua y de sed, brusca locura de la enagua.
Que quiero verte caer de rodillas en mis piernas,
te quiero dentro de mí, repicando entre mi sangre
y tomando como hombre, lo que a ti te pertenece.
__________
Fábulas Chinas

El Hombre Compasivo

Una vez un hombre cazó una tortuga. Deseaba hacer una sopa con

ella pero no quería que alguien pudiera decir, que él había dado muerte a un ser viviente. Encendió su fuego e hizo hervir agua en una olla. Colocó una caña de bambú encima de la olla a manera de puente y le hizo a la tortuga esta pérfida promesa:

--Si consigues atravesar este punto, te dejaré en libertad.

La tortuga no se dejó engañar por esta trampa: Ella no quería morir: De esa manera, poniendo toda su voluntad, hizo lo imposible: atravesó el puente son accidentarse.

--¡Bravo!--dijo el hombre--pero ahora te ruego que regreses a tu punto de partida para ver mejor como conseguiste hacer esta travesía.

Cheng Shi4

Tragarse la Azufaifa Entera

Un día un tonto oyó esta conversación:

--Las peras son buenas para los dientes pero son perjudiciales para el bazo. Las azufaifas, por el contrario, no sirven para los dientes pero hacen bien al bazo.
Después de reflexionar largamente dijo:

--Mascaré las peras pero no me las tragaré, de esa manera no podrán dañarme el bazo.

Me tragaré las azufaifas sin mascarlas, así no echarán a perder mis dientes.

Uno de sus amigos declaró:

--Esto es lo que se llama “tragarse la azufaifa entera” *

Todos soltaron la carcajada.

Chang Yuang Chin Yu

* “Tragarse la azufaifa entera”! expresión corriente que significa obrar sin reflexión

Serie poesía Rolando Revagliatti Argentina

Destinos

Mi vida un poco deshilachada

Cuenta mi madre

No está muy segura

de nada

Erra entre mi destino

Y el suyo

Soy su compañía en la noches

De día

Trabajo

-----------------------

Posee más

Cada vez

Posee más

De lo que no dispone

Un sexo inmóvil

Sobre ruedas

Viaja.

------------------------

Albañilería

Construyo

Durmiendo

Sólidas paredes

Con rajaduras

A través de las cuales

Me espían

No disponible

MANUEL CABRÉ
Vista al Ávila desde la Estación del Ferrocarril. Maripérez

1931 | óleo sobre madera | 46 x 33 cms.

Serie Poesía/ Argentina –Mirta L. Urdiroz

Amo

todo lo que rozas porque le das

un color que es sólo tuyo

Amo

tu mirada que transforma

lo simple en amado

Amo

tu abrigo que calma

mi desnudez con caricias

Amo tus calles tus aromas

tus amores tus declives

Simplemente te amo-

Serie Mini cuento A sus altas cumbres nevadas


En esa época no se conocía eso de "compañero" o "compañera" la función neta entre los sexos consistía en apareamiento.
El interés que podía haber de un sexo por otro sexo era netamente la función de tener hijos, dependiendo de la personalidad del hombre, se quedaba o no se quedaba por un tiempo en la educación del hijo; las mujeres eran independientes y la mayoría podía educarlos solas. El hombre lo más seguro era que se iba a hacer sus cosas en el bosque.
No había familias, todos eran independientes y desconocidos pero lo más seguro era que a todos les gustaba ver a la prole crecer. Siempre había algún nuevo.

Después de un tiempo el otro contestó :

- Es que ustedes no tenían el invierno. No conocen lo que es pasar largas temporadas en una cueva. De allí que no saben lo que es el compañerismo y todo os consiste en apareamiento, en el acto de crecer tropical.

Luego uno se fue al trópico y el otro regresó a las nieves.

El uno retornó a sus mujeres, el otro se fue a su esposa.

La ribera estaba tibia.

Fueron las primeras playas nudistas.

* Tomado de apuntes sobre el Diablo y Satán de Nagal.

Alias: supersick
Nombre: Supel Guai
Edad: 16

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Serie Personajes.

Guiglielmo Marconi

Marconi. Inventor italiano.

Nacido en Bolonia Italia en 1874 y muerto en la ciudad de Roma en el año de 1937

Realizó las primeras transmisiones a larga distancia por telegrafía sin hilos.

A los 23 años, Marconi que se encontraba en Inglaterra, consigue una comunicación sin hilos entre dos puntos situados a cinco kilómetros uno del otro. Era el inicio de una serie de investigaciones que habrían de culminar en una transmisión sin hilos a través del océano Atlántico.

El 18 de mayo de 1899, cuando el inventor realizó su experimento a través del canal de la Mancha, a partir de Dover.

Serie En Peligro de Extinción

El Águila Real ( Aquila Chysaetas ) Un Ave Imponente.

Su Infabilidad es debida a sus características, Su visión, la efectividad para cazar y su fuerza.

Anida en árboles o en los riscos de las montañas, la anidada es de dos a cuatro huevos y su incubación demora cuarenta y cinco días.

Se alimenta de aves, reptiles, y peces y en el invierno, consume carroña.

Habita entre las zonas montañosas y sitios no muy densos en vegetación. Se encuentra en Norteamérica, Europa, Asia y Norte de África.

Su vista es excelente, logra ver s sus presas estando a cientos metros de distancia.

Su pico es ganchudo y muy fuerte, lo usa como lanza para desgarrar a sus presas

En un vuelo puede alcanzar los 200 kilóme