Narración /Navegantes/Jesus Alejandro Godoy
NAVEGANTES
Autor:
© Jesús Alejandro Godoy...Y se mantuvieron unidos mirando al hombre que estaba cerca de las aguas. Sabían que estaban perdidos, no tenían nada, no había nada.
"Las voces del alma, son las justicieras de vuestros actos" les había dicho el hombre; pero en ése momento, poco importaban las voces del alma, y menos la justicia.
—¿¡Que hacemos, que hacemos?! —gritó uno de los hombres desaforadamente—.
—¡No sé! ¡Por todos los dioses no sé! —le gritó el otro mirándolo directamente al rostro.
"Y pacientemente, los días se van descubriendo uno a uno, como velos eternos; y al momento de caer el último, queda revelada la verdad cierta desnuda, sin prisas, sin ataduras. Y ése día, es cuando seréis libres como aves del cielo" había dicho el hombre.
—¡Para allá, para alláaaaa! —gritó otro de los hombres desesperado.
—¡No hay nada...! ¡Maldita sea! ¿Acaso no ves que no hay nada? —respondió otro con las venas de su cuello a punto de estallar—.
"Cuando vais en procesión decís en vuestro corazón: hoy diré las oraciones más alegres, y perdonaré a todo el que me haya hecho mal. ¡Hipócritas! ¿Cómo mataréis vuestras palabras de sus labios, si sus corazones aún piden venganzas? ¿Y como arroparéis la multitud de vuestros deseos más bajos, sino podéis cubrir ni siquiera vuestro cuerpo desnudo?" había dicho el hombre.
—¡Al revés, al revés! —señaló urgente el muchacho.
—¡No puedo idiota! —respondió el más viejo.
—¡No griten así...! ¡No se griten entre ustedes! —exclamó otro.
"Porque muchas veces oirán decir: Ustedes son poca cosa, no valen nada, y nada harán bien... Pero yo les digo: el Maestro ama a todos sus discípulos, ríe con los aventajados, pero más ríe con aquellos que sin entendimiento se fuerzan para quebrar sus dificultades; por que en ellos, vive el ansia divina de la realización del ser. Y les digo, que el ansia infinita de la verdad vive dentro de ustedes. Nada de lo que hagáis quedará sumiso a un camino olvidado. Nada de lo que digáis quedará oculto a los vientos del tiempo. Porque todas las obras buenas que hacéis son las obras del Maestro que habita en vosotros... ¿Y que no podéis realizar, si el Maestro vive en ustedes? ¿Qué no podéis alcanzar, si el Maestro murmura complacido por vuestros actos?" les había dicho
—¡Cuidado! —gritó otro de los hombres—.
Fueron sacudidos como muñecos de trapos; y varios cayeron al suelo. El más joven gritaba como un desgraciado: de su antebrazo se veía sobresalido un hueso astillado.
Otro, había perdido un diente cuando había resbalado y caído de bruces a uno de los asientos de madera. Uno de ellos tenía un dedo quebrado que había quedado señalando en una dirección extraña.
"Cuando un hombre lastima su conciencia está matando su crecimiento, y cuando eso sucede, es mejor que se acerque el funebrero y os corte un brazo, porque una conciencia herida, contamina el corazón, y éste estropea el alma. Por eso les digo: cuando un alguien os pregunte: ¿Cuánto vales? No digan: yo valgo esto o aquello porque ni uno de vuestros cabellos tiene el suficiente valor para ser comprado porque vosotros sois como las piedras más extrañas y hermosas como obras de arte invaluables, como días que jamás volverán... sois únicos; y nadie, más que vosotros mismos os podéis valorizar los dones y el ser" les había explicado.
—¡Cuidado, cuidado! —gritó el más viejo.
Ésta vez, la embestida fue terrible; los había lanzado a todos uno contra otro haciendo que sus cabezas chocaran e hiciesen un ruido seco. Enseguida se cubrieron las cabezas con las manos. Parecían monos de circo.
Insultaron en todos los idiomas, y en todos los estilos posibles.
—¡Vamos otra vez, vamos todos! —gritó el hombre más confiado—.Los otros lo miraron y lo siguieron.
"¿Cuántos días pasarán? ¿Cuántos años vendrán? ¿Cuántas vidas revisarán para que os deis cuenta y entréis en razón de que todo los que es del Maestro es de vosotros también?. ¿Cuál es el maestro que no deja algo de sí en un discípulo que ama? ¿Y cual es el discípulo que no deja sus vivencias en las esperanzas del maestro, cuando poco a poco enfrenta sus limitaciones y va creando su camino?
Os dijeron, esto es mío, y esto es tuyo. En realidad yo les digo: tomáis de vuestro espíritu lo que desees, porque en él vive la fe Dios, y cuando tomáis de vuestro aprendizaje podéis levantar vuestro castillo, y miles de castillos si así lo quisiereis. Realmente os digo: si la piedra bruta se doblega ante la mano del artista, ¿Cómo no vuestro propio corazón, y deseo se doblegará ante ustedes? Y si me decís que el alfarero crea su obra maestra a patadas y puñetazos del día a la noche, os diré que no existe artista de valor que deje sin pulir las formas de su obra hasta el último detalle; y, aún así, consiguiendo la perfección a los ojos ajenos con su arte en el mercado, él seguirá disconforme y volvería a su taller a superar su obra maestra.
¿Y que hacéis vosotros con vuestra vida, y vuestros dones? ¿Os dejáis de lado y os escupís a patadas y puñetazos? ¿O los vais dejando hábilmente pulidos al detalle como un gran artesano? Les digo que el Maestro os ha dejado el taller bien surtido hasta de las más finas y extrañas herramientas para la creación de vosotros mismos; y, sin embargo, vosotros cerráis la puerta del taller, y vais a esculpir a patadas, y a detallar a puñetazos... ¡Entonces es mejor que no pidáis nada al Maestro, porque jamás seréis oídos! ¡Si vosotros sois lo más grande que existe, y hasta el mismo Dios vive en sus almas, sin que vuestras almas den fe de ello, y vuestra lengua lo sepa" les había dicho.
El hombre los miró: sus acompañantes estaban desconcertados, gritando y asustados.
Se puso de pie haciendo equilibrio entre una red y un remo; sus heridas sangraban aún por los golpes que había recibido dentro de la barca por las enormes olas que embestían sin cesar. Miró el mar, miró el cielo. Sonrió. Con una parte de sus vestiduras, se secó el rostro empapado, y cubrió una de sus heridas
Miró el cielo una vez más, extendió los brazos, y las aguas se calmaron.
"Y ciertamente les digo, que así como el Padre que todo lo labra finamente, así os ha dejado a ustedes sus enseñanzas, y les digo que con vuestro poder, hasta el mismo mar os obedecería si así vosotros quisierais" les había dicho el hombre...
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