Oscar Wilde
[Cuento]
Y el silencio reinaba en la Casa del Juicio, y el Hombre compareció
Desnudo ante Dios.
Y Dios abrió el Libro de la Vida del Hombre.
Y Dios dijo al Hombre:
-Tu vida ha sido mala y te has mostrado cruel con los que necesitaban
Socorro, y con los que carecían de apoyo has sido cruel y duro de corazón.
El pobre te llamó y tú no lo oíste y cerraste tus oídos al grito del
Hombre afligido.
Te apoderaste, para tu beneficio personal, de la herencia del huérfano
Y lanzaste las zorras a la viña del campo de tu vecino.
Cogiste el pan de los niños y se lo diste a comer a los perros, y a
Mis leprosos, que vivían en los pantanos y que me alababan, los perseguiste
Por los caminos; y sobre mi tierra, esta tierra con la que te formé,
Vertiste sangre inocente.
Y el Hombre respondió y dijo:
-Si, eso hice.
Y Dios abrió de nuevo el Libro de la Vida del Hombre.
Y Dios dijo al Hombre:
-Tu vida ha sido mala y has ocultado la belleza que mostré, y el bien
Que yo he escondido lo olvidaste.
Las paredes de tus habitaciones estaban pintadas con imágenes, y te
Levantabas de tu lecho de abominación al son de las flautas.
Erigiste siete altares a los pecados que yo padecí, y comiste lo que
No se debe comer, y la púrpura de tus vestidos estaba bordada con los tres
Signos infamantes.
Tus ídolos no eran de oro ni de plata perdurables, sino de carne
Perecedera.
Bañaban sus cabelleras en perfumes y ponías granadas en sus manos.
Ungías sus pies con azafrán y desplegabas tapices ante ellos.
Pintabas con antimonio sus párpados y untabas con mirra sus cuerpos.
Te prosternaste hasta la tierra ante ellos, y los tronos de tus ídolos
Se han elevado hasta el sol.
Has mostrado al sol tu vergüenza, y a la luna tu demencia.
Y el Hombre contestó, y dijo:
-Sí, eso hice también.
Y por tercera vez abrió Dios el Libro de la Vida del Hombre.
Y Dios dijo al Hombre:
-Tu vida ha sido mala y has pagado el bien con el mal, y con la
Impostura la bondad.
Has herido las manos que te alimentaron y has despreciado los senos
Que te amamantaron.
El que vino a ti con agua se marchó sediento, y a los hombres fuera de
La ley que te escondieron de noche en sus tiendas los traicionaste antes del
Alba.
Tendiste una emboscada a tu enemigo que te había perdonado, y al amigo
Que caminaba en tu compañía lo vendiste por dinero, y a los que te trajeron
Amor les diste en pago lujuria.
Y el Hombre respondió:
-Si, eso hice también.
Y Dios cerró el Libro de la Vida del Hombre y dijo:
-En verdad, debía enviarte al infierno. Sí, al infierno debo
Enviarte.
Y el Hombre gritó:
-No puedes.
Y Dios dijo al Hombre:
-¿Por qué no puedo enviarte al infierno? -¿Por qué razón?
-Porque he vivido siempre en el infierno, respondió el Hombre.
Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.
Y al cabo de un momento. Dios habló y dijo al Hombre.
-Ya que no puedo enviarte al infierno, te enviaré al Cielo.
-Sí, al cielo te enviaré.
Y el Hombre clamó:
-No puedes.
Y Dios dijo al Hombre:
-¿Por qué no puedo enviarte al Cielo? -¿Por qué razón?
-Porque jamás y en parte alguna he podido imaginarme el Cielo, replicó
El Hombre.
Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.
"La dicha de la vida consiste en tener siempre algo
Que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar"
Thomas Chalmers
En: No Categorizado
Permaenlace: Oscar Wilde
Comentarios: 2
Leído 969 veces.

