Revista Literaria Periódico Cultural

18.12.2006 GMT

P`rosa/Estuve Con Tres-Amargado-Amargura/Venezuela 84 años.

ESTUVE CON TRES SIMULTÁNEAMENTE
por el_amargado , 14 Dec 2006
ESTIMADO (A) AMARGÜENSE

Hoy permitiré que me espíes. No habrá distanciamiento.
Serás testigo, como en el teatro donde vemos carne, nervios, alma y voz, en pleno desarrollo de una comedia, drama o tragedia.
O más cerca aún. Podrás descansar tus ojos y tus emociones lascivas, en paroxismal lujuria, para mirarme más que por el ojo de la cerradura.
Mírame a través de la ventana franca y sin cortinas.

Muchos hombres habrán tenido más que la fantasía, la travesura de imaginarse interactuando, compartiendo sin límites con dos; la posibilidad de estar tres en el mismo acto.

El Jueves Santo pasado yo superé cualquier trío. Formé parte de un cuarteto. ¡Cuatro estuvimos juntos! Fue mía la convocatoria. Y la asistencia era tan previsible como la próxima salida del sol.
Para que no adelantes supuestos apresurados, te informo que no soy capaz de compartir cama indiscriminadamente.

Creo que no perderé ciertos principios. Por eso, creo también, que no es conveniente decirte los nombres de ellas. Hay una que, inmediatamente, la asociarías con alguien que te es familiar. No pienso hablarte de ellas en profundidad. ¡Sería como compartirlas!¿O no?
Sin embargo y a pesar de que no pienso hablarte detalladamente de ellas, al menos te contaré lo que pasó esa noche, con las tres.
Para identificarlas, le asignaré por nombres, Carmen, Selene y Alicia.

Carmen es la más frágil de las tres; es como un monumento a la resignación. Mi relación con ella se ha tornado habitual. Ella siempre está dispuesta para cuando yo quiera estar en ella. Soy yo quien se le aparta, aunque siempre, en cualquier momento, la procuro. Repetida pero necesaria, no es capaz de pensar que en cualquier momento la cambiaré por otra. Carmen es distinta a Selene y Alicia, quienes tienen algo en común.
Selene y Alicia, juntas, se complementan. Es como si cada una de ellas representase la mitad de la otra. Sin embargo, cada una, y por separado, ya es un acontecimiento que no pasa desapercibido.
Alicia, la más persistente y activa, es más dominante. Representa la persistente voluptuosidad, con su monumental cuerpo extremadamente insistente.
Selene, es más profunda, y tan presurosa como calmada. Yo puedo hacerla de lado y ella me hará saber que está de cuerpo presente.
Aquella noche, yo hubiese preferido no haber caído en excesos. Porque, a veces, los excesos suelen ser extremadamente dañinos. Habría sido mejor que Carmen hubiese tenido el monopolio para que sólo hubiésemos sido dos. Ella y yo. Sin embargo, ella no hizo uso de imposiciones ni reclamó derecho exclusivo alguno. La invitación tuvo respuesta y no había modo de volver atrás.

Ahora puedo hablar del éxito de mi convocatoria.

Para no incurrir en excesos no te describiré en detalles los momentos previos. Al respecto, sólo te digo que, inicialmente, por separado y todas a su vez, comenzaron la acción.
Carmen, ahí tendida, como en espera expectante, evidentemente pasiva, pero cumpliendo con el ritual. Selene, queriendo abarcarme todo, total y entero, pero sin prisa ni pausa. Alicia de cuerpo total, entregándose toda y abarcándome con sinuosa sabiduría.

Sin medir el próximo exceso, yo pensé que había oportunidad, espacio, para otra más. Un lugar para la ausente, la que no llegó. ¡La que no invité!

Hubo un momento de participación frenética. Alicia, lubrica, con embates ansiosos, se lanzó a engullirme; con vaivén posesivo, como diabla en pleno poseso, me devoraba incontenible. En eso, Selene se apresuró a hacer lo suyo, y reclamó espacio con su cuerpo; simultáneamente, querían una y otra, succionarme totalmente, como buscando vaciarme el alma. ¡Y yo dispuesto a verterles mi alma hasta la última gota! Por momentos, yo sentía que había excesos que no quería transitar.
En pleno apogeo de la contienda Carmen se hizo notar. Como reclamando atención, me pinchó. Pero no me distraje de la acción. Carmen me había pellizcado cuando ya la historia, después de la histeria, había sido consumada. Satisfecha Selene; dos veces harta Alicia. Y, como sintiéndose la dilecta y la predilecta, carmen me atinó un segundo pinchazo.

Ya todo estaba en calma.

Amanecí abrazado a Carmen

En la mañana, ya sólo a ella le pertenecía. A la más frágil. La menos invasora.

Aunque parco, ya compartí contigo sin pudor.

¡Con ausencia de pudor, todas las confesiones no son infieles!

Y sólo falta decirte algo. Para ti voy a ser tres veces impúdico, al develarte los reales nombres de las tres.

Al nombrarte la primera entenderás por qué te indiqué que una de ellas te iba a ser familiar. Pero, no debes tomar esto como una delación. Piensa únicamente que si soy tres veces impúdico, también estoy siendo tres veces sincero.

Para no hacerte esperar más, aquí te digo sus nombres reales:

cama (Carmen), soledad (Selene) y amargura (Alicia).
En ningún momento lo sospechaste, ¿verdad? A pesar de que te di pistas. Te dije que no soy capaz de compartir cama indiscriminadamente.
Cuando estaba negándote los nombres reales, pretexté que a una de ellas ibas a asociarla con alguien que te es familiar.
Por su puesto, cama te es familiar, porque tú tienes una.
También te dije que ella es incapaz de pensar que en cualquier momento voy a cambiarla por otra. ¡Por su puesto!
¡Las camas no piensan!
A mi cama le brotó un resorte, el mismo que me pinchó dos veces aquella noche. Quiero una cama nueva. Voy a cambiar mi cama en cualquier momento.

Si con mi escrito convoqué algunos pensamientos o sensaciones en ti, no pueden ser de otra índole distinta a la inquietud de la piel, o mi amarga soledad. Tal vez ambos.
A mi me corresponde reflexionar sobre la ausente, la que no llegó, la que no invité, la que no existe.

En un ejercicio de imaginación tu pensarás que la ausente no le hubiese dado cabida, ni mayor presencia, a la soledad ni a la amargura. Yo puedo agregar que hubiese habido un trío, porque Carmen hubiese sido una testigo necesaria, aunque no imprescindible.

Ahora te invito a leer de nuevo, si quieres, pero hazlo pensado en cama, soledad y amargura. Sentirás distinto.

Finalmente.
¡Puedes tener la seguridad que, de la ausente, no te hubiese dicho nada! ¿Por qué?


Elemental,

Soy ¡El Amargado!


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Rubén Patrizi

Venezuela, Venezuela

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