Pequeñas historias de la sabiduría sufí
Dar lo que se tiene.
Un sabio llegó a la ciudad de Akbar, pero la gente no le dio mucha
importancia. El sabio sólo consiguió reunir a unos pocos jóvenes, mientras
el resto de los habitantes se reía de su trabajo.
Paseaba con su pequeño grupo de discípulos por la calle mayor, cuando un
grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En lugar de fingir que no se
daba cuenta, el sabio fue hacia ellos y los bendijo.
Al irse de allí, uno de sus discípulos comentó:
-Te dicen cosas horribles y les respondes con bellas palabras.
El sabio respondió:
-Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene.
El Mayor Lujo
Al lado del monasterio de Ibak vivía un sabio sufí, excelente negociante,
que había acumulado una gran riqueza.
Un visitante del monasterio, al ver los altísimos costos de los trabajos de
renovación del templo, dijo para quien le quisiera escuchar:
-¡He aquí que los caminos de la sabiduría se transforman en la senda de la
ilusión! He encontrado a alguien que dice buscar la verdad, y sin embargo
está podrido de dinero.
Las palabras llegaron a oídos del sabio. Cuando le preguntaron qué tenía que
decir, comentó:
-Pensaba que lo tenía todo, y acabo de descubrir que me faltaba una cosa.
Ahora sé que soy realmente un hombre rico, pues he conseguido un lujo más
sofisticado.
-¿Y cuál es ese lujo más sofisticado?, quiso saber uno de los monjes.
-Ver a alguien que tiene envidia de ti.
La Hora de la Decisión
Un vendedor de camellos llegó a una aldea para vender bellos animales a un
precio excelente. Todos compraron, salvo el señor Hoosep.
Pasado un tiempo, llegó a la aldea otro vendedor. Traía camellos excelentes,
pero a un precio bastante más alto. Esta vez, Hoosep compró algunos animales
-No compraste los camellos que eran casi gratis, ¿y ahora los adquieres por
casi el doble?, le criticaron sus amigos.
-Aquéllos que eran baratos a mí me resultaban muy caros, pues en aquella
época tenía muy poco dinero, respondió Hoosep. Estos pueden parecer más
caros, pero para mí son baratos, ya que tengo dinero más que suficiente para
comprarlos.
Distinguir lo Bueno de lo Malo
Un panadero quería conocer a Uways y éste fue a su panadería disfrazado de
mendigo. Cogió un pan y empezó a comérselo. El panadero lo golpeó y lo echó
a la calle.
-¡Loco!, le dijo un discípulo que llegaba. ¿No ves que acabas de echar al
maestro, a quien querías conocer?
Arrepentido, el panadero salió a la calle y preguntó qué podía hacer para
que lo perdonase. Uways le pidió que los invitase a comer a él y a sus
discípulos.
El panadero los llevó a un restaurante excelente y pidió los platos más
caros.
-Así distinguimos al hombre bueno del hombre malo, dijo Uways a sus
discípulos en mitad de la comida. Este panadero es capaz de gastar 10
monedas de oro en un banquete porque soy célebre, pero no puede dar pan para
que se alimente un mendigo hambriento.
.
Graciela E. Prepelitchi
Cuando me apropie del significado del camino,
Comprendi que para que un acto sea completo,
debe ser realizado con autentico Amor
Un sabio llegó a la ciudad de Akbar, pero la gente no le dio mucha
importancia. El sabio sólo consiguió reunir a unos pocos jóvenes, mientras
el resto de los habitantes se reía de su trabajo.
Paseaba con su pequeño grupo de discípulos por la calle mayor, cuando un
grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En lugar de fingir que no se
daba cuenta, el sabio fue hacia ellos y los bendijo.
Al irse de allí, uno de sus discípulos comentó:
-Te dicen cosas horribles y les respondes con bellas palabras.
El sabio respondió:
-Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene.
El Mayor Lujo
Al lado del monasterio de Ibak vivía un sabio sufí, excelente negociante,
que había acumulado una gran riqueza.
Un visitante del monasterio, al ver los altísimos costos de los trabajos de
renovación del templo, dijo para quien le quisiera escuchar:
-¡He aquí que los caminos de la sabiduría se transforman en la senda de la
ilusión! He encontrado a alguien que dice buscar la verdad, y sin embargo
está podrido de dinero.
Las palabras llegaron a oídos del sabio. Cuando le preguntaron qué tenía que
decir, comentó:
-Pensaba que lo tenía todo, y acabo de descubrir que me faltaba una cosa.
Ahora sé que soy realmente un hombre rico, pues he conseguido un lujo más
sofisticado.
-¿Y cuál es ese lujo más sofisticado?, quiso saber uno de los monjes.
-Ver a alguien que tiene envidia de ti.
La Hora de la Decisión
Un vendedor de camellos llegó a una aldea para vender bellos animales a un
precio excelente. Todos compraron, salvo el señor Hoosep.
Pasado un tiempo, llegó a la aldea otro vendedor. Traía camellos excelentes,
pero a un precio bastante más alto. Esta vez, Hoosep compró algunos animales
-No compraste los camellos que eran casi gratis, ¿y ahora los adquieres por
casi el doble?, le criticaron sus amigos.
-Aquéllos que eran baratos a mí me resultaban muy caros, pues en aquella
época tenía muy poco dinero, respondió Hoosep. Estos pueden parecer más
caros, pero para mí son baratos, ya que tengo dinero más que suficiente para
comprarlos.
Distinguir lo Bueno de lo Malo
Un panadero quería conocer a Uways y éste fue a su panadería disfrazado de
mendigo. Cogió un pan y empezó a comérselo. El panadero lo golpeó y lo echó
a la calle.
-¡Loco!, le dijo un discípulo que llegaba. ¿No ves que acabas de echar al
maestro, a quien querías conocer?
Arrepentido, el panadero salió a la calle y preguntó qué podía hacer para
que lo perdonase. Uways le pidió que los invitase a comer a él y a sus
discípulos.
El panadero los llevó a un restaurante excelente y pidió los platos más
caros.
-Así distinguimos al hombre bueno del hombre malo, dijo Uways a sus
discípulos en mitad de la comida. Este panadero es capaz de gastar 10
monedas de oro en un banquete porque soy célebre, pero no puede dar pan para
que se alimente un mendigo hambriento.
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Graciela E. Prepelitchi
Cuando me apropie del significado del camino,
Comprendi que para que un acto sea completo,
debe ser realizado con autentico Amor
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