Poesía/ El silencio/Rep Dominicana/Alvaro Chatyane Camaño Collado
El silencio
Hola silencio! Estoy aquí contigo, mientras la tímida luna se asoma a mi ventana, y platea con su sombra el semblante de mi cara. Te saludo, esposa fernanda fiel de mis noches y amiga madrugadora de mis jornadas. Eres el compañera inseparable de mis proyectos y de mis luchas, el confesor atento de mis fracasos y cansancios, el confidente de mis temores. Eres el cómplice de mis pecados y el aliento de mis ideales.
Te hablo muchas veces, y muchas de ellas sin decirte nada, pero sabiendo que me escuchas siempre, sin reprocharme nunca.
¿Sabes? Tengo la mirada puesta ya en la belleza que, ciertamente, todavía no disfruto, pero se que se está fraguando. Yo se que aún no está, que mis ojos, tal vez, no la verán, pero yo sé que nacerá. Esa esperanza me hace caminar, y con esa ilusión vivo. Yo sé, y te lo confieso, que un mundo nuevo va a nacer. Será un mundo en donde las relaciones humanas sean de igualdad, en donde se vayan derrumbando esos muros que dividen a los hombres en ricos y pobres, en blancos o negros, en buenos o malos...
Yo sé que una sociedad más justa está por venir en donde cada uno guarda un sitio a su hermano, en donde cada uno impide que esté vacío el plato de su vecino o desnudo el vientre de su igual.
Yo sé que una Iglesia, obra del Espíritu, va a empezar. Una Iglesia nueva en donde el hombre esté por encima de la ley, en donde la transformación del mundo sea la verdadera causa de pertenecer a ella, en donde la diversidad sea el único estandarte de la unidad. Me lo dice algo que mariposea insistentemente dentro de mí desde hace algún tiempo. ¡Yo sé que algo nuevo va a nacer!
Te cuento todo esto, silencio, porque se que de ti no saldrán palabras para argumentarme tus temores o tus ilusiones, tus excusas o tus resitencias, porque se que tu no sabes de argumentos. Te cuento todo esto porque se que tu silencio será mi mejor apoyo.
...pero ¡que curioso! Hoy, hasta el silencio me habla.
Te hablo muchas veces, y muchas de ellas sin decirte nada, pero sabiendo que me escuchas siempre, sin reprocharme nunca.
¿Sabes? Tengo la mirada puesta ya en la belleza que, ciertamente, todavía no disfruto, pero se que se está fraguando. Yo se que aún no está, que mis ojos, tal vez, no la verán, pero yo sé que nacerá. Esa esperanza me hace caminar, y con esa ilusión vivo. Yo sé, y te lo confieso, que un mundo nuevo va a nacer. Será un mundo en donde las relaciones humanas sean de igualdad, en donde se vayan derrumbando esos muros que dividen a los hombres en ricos y pobres, en blancos o negros, en buenos o malos...
Yo sé que una sociedad más justa está por venir en donde cada uno guarda un sitio a su hermano, en donde cada uno impide que esté vacío el plato de su vecino o desnudo el vientre de su igual.
Yo sé que una Iglesia, obra del Espíritu, va a empezar. Una Iglesia nueva en donde el hombre esté por encima de la ley, en donde la transformación del mundo sea la verdadera causa de pertenecer a ella, en donde la diversidad sea el único estandarte de la unidad. Me lo dice algo que mariposea insistentemente dentro de mí desde hace algún tiempo. ¡Yo sé que algo nuevo va a nacer!
Te cuento todo esto, silencio, porque se que de ti no saldrán palabras para argumentarme tus temores o tus ilusiones, tus excusas o tus resitencias, porque se que tu no sabes de argumentos. Te cuento todo esto porque se que tu silencio será mi mejor apoyo.
...pero ¡que curioso! Hoy, hasta el silencio me habla.
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