Por nuestros cerros/Petroglifos en el potrero perdido Edilia de Borges
PETROGLIFOS EN EL POTRERO PERDIDO
Ya tenía conocimientos de que por los lados de Aragua, como en otras
regiones de nuestro hermoso país, aún se conservan vestigios de piedras
grabadas antiguas, petroglífos. Así que con esa curiosidad, mis amigas y
yo este domingo muy temprano para evitarnos las sempiternas y usuales
colas de tránsito, nos fuimos hacia la Colonia Tovar en el Estado
Aragua.
Afortunadamente el día estuvo radiante y soleado, aunque por allá en el
tramo de carretera de El Junquito, siempre se encuentra una con la
maravillosa neblina, que aunque conlleva el ser mas cuidadoso con el
manejo del auto, lo sumerge a una en el ambiente mágico tempranero de la
montaña.
Fue un acierto el viajar temprano, ya que no conseguimos ningún atasco
de vehículos, solamente el refrenado natural en la zona del mercado de
hortalizas, frutas y dulces a la orilla de la carretera, llegando al
pueblo de El Junquito.
Ya en La Colonia, hicimos un primer recorrido de búsqueda gastronómica,o sea, queríamos desayunar bastante y sabroso, el aire montañero abre el
apetito. Eso hicimos, en un sitio pequeño y acogedor, atendidas por una
jovial muchacha, de rosadas mejillas y vestida a la usanza de los
primeros moradores del pueblo, degustamos salchichas variadas, papas,
repollo, pan de horno casero y jugos naturalísimos de mora y
durazno.¿desayuno?..Menos mal que no venimos por acá regularmente,
porque con esta dieta..Susto..Bueno seguimos caminando y sentíamos como
que algo nos faltaba..Claro el postre."Torta tres leches", fresas con
crema, por supuesto con un cafecito..llenaron el vacío..Seguimos
caminando (para bajar la comidita) y ver tantas cosas hermosas que
ofrecen los lugareños al turista, artesanías, recuerditos, tejidos,
etc.En eso se nos fueron algunas horas y ya en busca de la persona que
cervecería..Y ¿Adivinen?..Pues había que probar la cerveza local "Tovar"
y vaya que es buena, la sentí como fuerte y seca.
Pero ya era la hora del encuentro con Gustavo. Él es un joven
universitario estudiante de antropología, enamorado de su pueblo natal,
de su gente, y de la carrera que está estudiando, ya que ella le permite
investigar en muchos sitios no visitados, y a la par que trabaja, se dicivierte montada nosotras ( Rosana Grisel y yo) montadas en un camioncito
pequeño adaptado para viajes turísticos, atravesamos el pueblo con rumbo
al sur, la trayectoria no es larga, al llegar a lo más alto de una
cuesta con mucha comodidad, dado la amplitud que se divisa, pudimos ver
todo el pueblo, con su iglesia, cementerio, el famoso Hotel Selva Negra,
hortales, precioso cual una postal. Lamentablemente al tratar de
disparar mi cámara para una foto, la bendita cosa no
funcionó...jejeje..Las pilas estaban descargadas...Típico de mis salidas
apuradas de casa.
Por una carretera de tierra bastante amplia seguimos en breve
trecho, rodeada aún por espesa vegetación verde y baja, que poco a poco
va cambiando y se traduce en vegetación más seca, lo mismo el suelo el
que originalmente tomamos es de arcilla roja fuerte y ahora transitamos
sobre suelo calcáreo, blanco y seco.
Un amplio espacio despejado es el final, y aun lado del mismo, por un
caminito empinado muy corto en la montaña, encontramos lo que buscamos:
los Petroglifos de Potrero Perdido.
Grandes losas de piedra con las pinturas rupestres encima de ellas.
Gustavo nos fue explicando los pormenores que con el transcurrir del
tiempo se ha investigado sobre ellos, aún así no se pueden leer, sólo
interpretar las figuras. Interesante, la mujer de cabeza redonda, el
hombre de cabeza cuadrada (siempre ha sido así), la coronación en sus
cabezas, el niño, la ofrenda del "hombre-pájaro" de un niño al dios
Sol..Y así, es de bella la leyenda.
Recorrimos el lugar viendo las otras piedras y salimos luego de la zona.
Gustavo hace "acrobacias" con su camión (y nosotras adentro), vueltas
rápidas, descensos vertiginosos, subidas alucinantes..Mis gritos se
oyeron en Caracas, hasta que en un momento dado me bajé del
vehículo..Que vergoña, pero no estoy para esos trotes.
Para conciliarse conmigo, nos lleva ahora por una carreterita perdida
(nublada en su cima, desde acá vemos el pico Codazzi). Hay una pequeña
casita, rodeada de plantas con flores en lo alto de una colinita, una
joven está enfrente de un mostrador y ofrece en ventas delicias caseras
de licores y dulces..Que tentación..De nuevo en el camino, a su lado hay
plantas de moras maduras, que robamos con placer, embadurnándonos los
labios con su sabor dulce/ácido que dejaron huellas viscosas de rojo en
nuestra piel, más allá conseguimos ciruelas maduras también, rojas y
redonditas, que fue un placer saborear..Terminada la "requisa" de las
plantas comestibles gratuitas, regresamos al poblado. Tornando a
regresar a casa, con un tráfico fluido que muy pronto nos trajo hasta
Caracas.
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