Revista Literaria Periódico Cultural

18.3.2007 GMT

Quila Quina

El paraíso queda en Quila Quina

A orillas del lago Lácar y a sólo media hora de barco de San Martín de los Andes se encuentra esta encantadora villa, que esconde entre sus bosques un sinfín de anécdotas

SAN MARTIN DE LOS ANDES.- La llegada a Villa Quila Quina, a unos 18 kilómetros de esta ciudad, es lo más parecido a la idea que uno puede tener de un paraíso. Bañada por las frías aguas del lago Lácar y en tierras de la comunidad mapuche Curruhuinca, Quila Quina parece sacada de un cuento para chicos -pero filmado por Tim Burton-, con playas rodeadas de cipreses enroscados, bosques susurrantes, una cascada cristalina y tanto despliegue de naturaleza que hasta se podría terminar añorando el cemento de Buenos Aires y el carraspeo que hacen los colectivos al arrancar.

Este paseo es uno de los más atractivos para hacer desde San Martín de los Andes. Desde el embarcadero de la ciudad parten lanchas durante todo el día hacia Quila Quina (el boleto de ida y vuelta cuesta 25 pesos) y el tiempo de navegación es de 30 minutos.

Al llegar al puerto de Quila Quina, sobre la izquierda del barco aparece la ladera del cerro Abanico, que se funde en canaletas volcánicas con el lago, en las mismas aguas en las que la abuela de Yolanda Curruhuinca -una de las ancianas de la comunidad Curruhuinca- juró haber visto un pez con cabeza de toro y cuernos de oro. "Era un torito de agua que peleaba con un toro terrestre", cuentan que dijo en 1925 quien fue la esposa de Abel Curruhuinca, lonko ( jefe o cabeza, en mapuche) de la tribu.

Una parte de estas tierras volvió a manos de la comunidad mapuche cuando a principios de los años 90 se entregaron títulos de propiedad a unas 50 familias que vivían y viven ahí en forma permanente, y subsisten gracias a la cría de animales, la siembra y la venta de artesanías.

Mejor a pie

Tras bajar en el puerto, que tiene una confitería renovada y una playa en la que se alquilan kayaks, la mejor opción para recorrer Quila Quina es caminando. Se puede ir por la costa del lago, parar en las playas y admirar desde ahí la montaña, poblada por cipreses, robles, pellín, cohíues, radales, maitenes, raulíes y rosa mosqueta.

Llama la atención la intensidad que cada color impone sobre las laderas, una verdadera paleta de gamas que explota con la luz del sol. Pero también sorprende e inquieta el contraste entre luz y sombras, porque los rayos se filtran intermitentes a través de las perfumadas cortinas de árboles. Todo eso hace que la caminata se vuelva por lo menos intrigante.

Cerca del embarcadero se puede admirar los caserones de verano que fueron levantados en la década del 40, cuando Parques Nacionales cedió esas tierras a las familias porteñas más poderosas. Los Perez Companc y los Zubizarreta, por ejemplo, se cuentan entre ellas.

"Nuestra comunidad perdió estas tierras entre 1940 y 1945 cuando, mediante maniobras no muy claras, nos llevaron a firmar la cesión definitiva de nuestro territorio", se lamenta doña Yolanda, en su casa perdida en medio del bosque, donde curiosamente suena de fondo un tema de los Rolling Stones, en la radio de algún joven de la comunidad con inquietudes roqueras.

La visita a la casa de Yolanda es uno de los circuitos que se pueden hacer con un guía mapuche (el recorrido cuesta 3 pesos). La anciana, con su metro y medio y el pelo blanco largo que asoma bajo una gorra negra, recibe a todo aquel que se interese por historias y leyendas de esta comunidad.

A la vuelta de esta visita se puede pasar por la cascada del arroyo Grande, que asoma retorcida entre rocas enormes y ramas arrastradas hacia abajo por la corriente, una fuente de agua mineral deliciosa para beber. Otro circuito posible es el que lleva a un cañadón de pinturas rupestres y a la cueva del León, refugio de pumas cuando el viento Puelche arrecia.

En el regreso en barco a San Martín quizás haya tiempo para recordar otra historia mapuche de boca de doña Yolanda. Al parecer, existe en el Lácar un animal llamado el Cuerito, un pedazo de cuero de oveja que flota sin buenas intenciones por el lago. "Ataca", jura la anciana, y lo dice tan convencida que uno termina creyendo todo.

Por José Totha
Para LA NACION




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Comentarios: 2
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Comentarios: 2

HOLA YO LA CONOCI ES UNA MUJER SENSACIONAL FUIMOS UNOS DIAS DE VACACIONES Y SUBIMOS AL CATAMARAN QUE TE LLEVA A QUILA QUINA Y AHI ESTABA ELLA ESPERANDO EMBARCARSE AL SENTARNOS ,MI MARIDO LE PREGUNTO SI ELLA VIAJABA SEGUIDO Y NOS EMPEZO A CONTAR SU APASIONANTE HISTORIA NOS CONTO QUE EL LAGO TIENE 300 MTS DE HONDO Y NOS DIJO QUE TODOS LOS CERROS TENIAN NOMBRE. YO REALMENTE BAJO MI IGNORANCIA LE PREGUNTE SI ERA INDIA, Y ELLA ME CONTESTO CON SU VOCECITA PAUSADA Y SERENA ¡¡¡QUE NO CREIA QUE HUBIESE INDIOS, YA QUE ELLOS SON DE LA INDIA!!!Y FUINOA HABLANDO HASTA QUE LLEGAMOS AL MUELLE AHI BAJO Y SE DESAPARECIO HACIA EL CERRO Y ME DIJO QUE AHUN LE QUEDABAN MAS O MENOS 30 MINUTOS HACIA SU CASA CAMINANDO POR LA NIEVE. REALMENTE FUE UNA EXPERIENCIA UNICA Y NO HAY UN DIA QUE NO ME OLVIDE DE SU CARA Y SU GORRITO Y ESOS OJOS TAN TRANSPARENTES Y SINCEROS !!!ESTES DONDE ESTES TE ADMIRO YOLANDA¡¡¡¡

Enviado por: alejandra | 17.8.2008 GMT


cuando vayan a san martin de losAndes no dejen de visitar a yolanda curruHuinca para no olvidarnos de nuestras raices

Enviado por: valeria | 11.6.2008 GMT


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