Reflexión / Rutina.
Delta del río Orinoco
Un enemigo silencioso
“Habito adquirido de hacer las cosas por mera practica, inveteradamente y sin razonamiento.”
Conviviendo dentro de nosotros está un enemigo, que acechante y sigiloso, espera el momento oportuno de atacar. El momento que se adecue a las circunstancias, aprovechando entonces el instante para aflorar.
Este enemigo es el causante de pesares, tristezas y futuras angustias, va acompañado de ellas y en su transcurrir, va actuando, socavando las raíces del amor. Va de la mano con la desidia, el fastidio, la costumbre, en la cotidaniedad de la vida y uno de sus resultados finales: el deseo de no vivir
Las personas para combatirlo usan fármacos, otros se refugian en el alcohol y por instantes efímeros sienten mejoría, pero no se dan cuenta, que son pequeños momentos de triunfo que se dan en las grandes batallas que se van perdiendo a lo largo del camino.
Este enemigo es el causante de la destrucción de las relaciones humanas, de las relaciones de pareja, el trato con los semejantes, la perdida del deseo del trabajar, de perder la ilusión, de perder la amistad. Es la primera causa de divorcios de la destrucción de la ilusión. Es un enemigo que roe el espíritu, es como una enfermedad que corroe la familiaridad, el trato, la intimidad. Pasa desapercibido y como no está ligado a ningún sentimiento, va pasando por nosotros indiferente, socavando lo mejor, llenando de monotonía de tedio y aburrimiento nuestras vidas.
Este mal se llama rutina.
Existe un alivio, una cura y está dentro de nosotros. Vive consustanciado con la realidad y esta ligada a la armonía y a las ganas de vivir, aunada al amor, está en la sonrisa, en la diversión y en la actividad, en la forma de querer hacer las cosas diferentes. En esta vida que evoluciona y cambia.
La cura viene de dentro de nosotros no de afuera. El diálogo con nuestra pareja, con nuestros amigos, el entusiasmo en el trabajo en el diario quehacer dando todo de nosotros, poniéndole chispas, pasión, emoción, exaltando nuestro yo. Tratando de ser diferentes, experimentando la novedad.
Este enemigo se combate con la originalidad, con la capacidad de asombro, que tengamos para con las cosas nuevas, y ver a las viejas de modo diferente y tener aptitudes positivas para con la vida misma. Ahogando el aburrimiento. Teniendo nuestro espíritu abierto a lo nuevo.
Siendo como niños.
Así lograremos combatir a este mal.
Rubén Patrizi
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