| Cuando tratamos de conceptualizar la creatividad como la capacidad que permite encontrar nuevas relaciones para crear nuevos productos tomando como base material a la realidad, estaríamos indefectiblemente ante el juicio de que la creatividad es un acto que parte de los objetos, para crear otros nuevos. Esta cualidad, no se puede tomar como la derivación de productos ya existentes, ni como el extremo de que el objeto creado tenga que ser original y auténtico. Es pues un problema dar solución a la interrogante de si realmente existe algo original. La originalidad creadora, va más allá de lo científico y también más allá de su supuesto contrario, lo probable o empírico. La materia es siempre transformada. Es imposible decir que algo se mantiene constante. La esencia es una cualidad que en estos tiempos apenas logra ser conceptualizada como algo convencional y no como algo concreto. Entonces basándonos en la idea de que la materia creadora son los objetos, podemos afirmar que al tener una experiencia senso-reflexiva con su contexto (es decir con dichos objetos y su relación entre sí) el hombre puede crear otros nuevos que satisfagan las necesidades que exige dicho contexto. Esta concepción sería muy difícil de representar en los artistas. Un ejemplo es que el pintor, el escritor, el músico, el poeta, no hacen más que sugerir un cambio a través de una representación estética y que deja de ser un acto individual (artista-obra), para convertirse en una ceremonia colectiva del pensamiento creador (obra-sociedad). Una pintura, un cuento, una canción, un poema, al ser creaciones, incitan en el receptor una invitación a la imaginación, que puede madurar en la creación material de un objeto dentro de éste. Es decir un nuevo objeto. El contexto cumple un papel determinante en el proceso creativo. Las diferentes realidades crean diferentes objetos. La magnitud del contexto dentro del creador es en sí su universo, pero no sólo eso, sino también su limite. El creador limita su infinita imaginación y pensamiento, en la creación de objetos, en sus representaciones simbólicas o materiales de un producto nuevo. Esto es una verdad a gritos, ya que sin estos límites la creación jamás se expresaría de un modo digamos más "estable". Ahora bien, la necesidad de crear se iguala a la necesidad de existencia. Sin creación, sin utilizar este ente para la satisfacción, para la resolución de problemas, sería por tanto una traba en la evolución del hombre como ser racional y también como ser social. El creador no es un ser dogmático. Y es un tanto difícil generalizar el concepto de flexibilidad, ya que el acto creativo no se guía de procesos arbitrarios, sino de asociaciones que siguen un orden personal. Hablar de su habilidad como engendrador es en sí hablar de su incapacidad como limitador. Es por tanto que el ser creativo no puede vivir al margen de su propios objetos creados. Un poeta, por ejemplo, sabe muy bien que lo creado, es y será algo suyo, ya sea que no guarde relación directa con él, es en sí el objeto ya algo propio. La creatividad por tanto, no es un fin material. Si así lo fuera, este fin se reduciría a la producción de objetos con una determinada representación o utilidad, que como se sabe, es imposible de concretizar. Es por esta razón que un poema (objeto), jamás tendrá una representación rígida, sino generalizada y de cierta flexibilidad dependiendo del contexto humano y capacidad interpretativa del lector. Entonces nace otra vez esa paradigmática pregunta de fondo: ¿Por qué la creatividad? Porque sin ella el sentido existencial del ser humano se reduciría a una mecanización de conductas, una problematización infinita e inconclusa, un vasto universo que jamás se podrá ver, sentir, morder. Paolo Astorga Director y editor de la Revista Literaria Remolinos Revista Remolinos...Literatura para los creadores y libre pensadores del mundo.... Rubén Patrizi |