Revista Literaria Periódico Cultural

22.6.2010 GMT

revista inventiva social argentina

Feriante*


Desde que él
partió ella
acomoda las frutas en los tablones
escribe el precio de cada cual en
las pizarras
resalta las ofertas
atiende, a todos, con leve sonrisa.

Desde que él
partió
un cierto dejo
de tristeza asoma.
Asoma en sus ojos
en su leve sonrisa.

Debo seguir,
dice.
Trabajo de esto
y vivo de esto, dice.
Buenos días,
dice.
¿Qué se le
ofrece?


*de Oscar A. Agú . cachoagu@yahoo.com.ar
COMO HILACHAS DE BLANCAS MANOS...
CÓDIGOS*

Abrázame, mi amor que hoy tengo frío.
Abrázame, hoy huelo a ausencia.
Amor de antes, de aquí, de allá.
Amor que viene desde los desiertos más puros.
Desde los salitrales, de los ríos de azufre.
De las serenas muertes.

Abrázame mi amor que hoy me duelen los rostros.
Plurales, singulares.
Las manzanas de yeso, las estatuas.
El sudor y la frente y la boca y las naranjas agrias.
Cubre mis pechos una viudez insomne.
Una orfandad. Una patria desnuda.
Lloviznas, ácidas, turbias.
Dioses de arpillera que huyen.
Y los busco y los persigo y doblan en la esquina del deseo.

Abrázame amor, que tengo frío.
Que me duelen las goteras del techo.
La lengua descalza hasta la pantorrilla.
El olor a moho, en el pelo.
En las sábanas .En las sienes.
El olor a rosa madre de carne deshojada.
A las urgentes batallas perdidas.

Abrázame mi amor que hoy tengo frío de sus manos.
Manos que casi se disuelven en ceniza.
Y aun no he podido descifrar sus signos.
Y no encuentro sus códigos secretos.
Y añoro, y me arrodillo.
Y una flecha de luz emerge.
Y se detiene. Allí mismo. En el mismo lugar.
Se detiene.
*de Amelia Arellano . arellano.amelia@yahoo.com.ar




Bahía Bombihnas*


Como hilachas de blancas manos
sobre un inmenso teclado,
las olas avanzan sobre la arena.
Un mudo allegro vivace de Schubert
se diluye lentamente en la orilla.

Pero ya vuelven.
sigue el concierto
y seguirá por siglos.

Algunas veces las manos hilachas
golpearan con bríos el teclado
otras en suaves y somnolientas
notas, se dejaran mecer entre caracolas

En esta pequeña bahía, el mar,
invade los sentidos,
su continuo murmullo musical
aquieta la sangre, serena el corazón,
y la respiración marca el compás
*de Elsa Hufschmid elsahuf@yahoo.com.ar
Damiana*



*Por Osvaldo Bayer
Otra vez tengo que repetir algo que siempre sostengo con aire de triunfo: "puede tardar mucho, pero finalmente en la Historia triunfa la Etica". Acaba de ocurrir algo que tal vez para muchos es un "hecho menor". Pero que tiene una honda significación emocional. Acaban de ser devueltos al pueblo Aché,
pueblo originario del Paraguay, los restos mortales de Damiana.
El acto de la entrega se llevó a cabo en el Museo Antropológico de La Plata, por iniciativa del Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social en la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena en la Argentina. ¿Pero quién era Damiana?
Los datos sobre ella fueron posibles de obtener debido al trabajo de la antropóloga Patricia Arenas. El 25 de septiembre de 1896, los científicos norteamericanos Ten Kate y Charles de la Hitte viajan al Paraguay a estudiar a un pueblo originario de esa región conocido con el nombre de Guayaquí. Ese
mismo día, unos colonos blancos de la zona de Sandoa (Paraguay oriental) realizan una expedición porque les ha sido robado un caballo e inmediatamente acusan a un grupo cercano de guayaquíes. El colono y tres de sus hijos marcharon con armas de fuego y descubrieron a un grupo de guayaquíes que estaba almorzando y, sin dar preaviso, los balearon. Cayeron tres muertos, entre ellos una mujer. Los demás huyeron espantados. En el lugar había quedado una niña guayaquí que tenía un año "más o menos", a la
que se llevan los asesinos. Cuando llegan a esos parajes, los investigadores norteamericanos se posesionan de la niña. Según ellos, que empiezan a estudiarla, ésta solía pronunciar las palabras "caibú, aputiné, apallú" de las cuales no se conoce ningún significado guaraní. Se supuso que la palabra Caibú, nombre propio guaraní usado en tiempos pasados, sería como esa niña llamaba a su madre. Por esas ironías sarcásticas de la historia, la niña aché es bautizada Damiana, con el nombre del santo del día de la matanza de su familia: San Damián. Dos años después, la indiecita fue llevada a la provincia de Buenos Aires donde fue entregada a la madre del doctor Alejandro Korn, director del hospicio Melchor Romero. Esa señora la utilizó de sirvienta y luego se la entregó a su hijo, quien la hizo ingresar al
establecimiento que dirigía para luego entregarla a una casa de corrección.
En 1907, cuando Damiana tenía 14 años, el investigador alemán Lehmann-Nietzsche la fotografía desnuda, foto que luego será mostrada durante años en el Museo de La Plata. Luego, ese científico escribirá: "En el mes de mayo de 1907, gracias a la galantería del doctor Korn pude tomar la fotografía y hacer las observaciones antropológicas e hice bien en apurarme. Dos meses después murió la desdichada de una tisis galopante cuyos principios no se manifestaban todavía cuando hice mis estudios". Y agrega: "Bien se cumplía el pronóstico del doctor Ten Kate". Justamente ese norteamericano en 1897 diagnostica: "Esta niña porta un aire enfermo y triste. El aspecto general, las manchas simétricas sobre los incisivos superiores, junto al vientre prominente, indicarían una diatosis escrupulosa".
La cabeza de Damiana fue enviada al investigador Johann Virchow, de Berlín, para el estudio de su musculatura facial y del cerebro. Sobre esto escribe Lehmann-Nietzsche, en 1908: "Su cráneo ha sido abierto en mi ausencia y el corte del serrucho llegó demasiado bajo. Aunque, por este motivo la preparación de la musculatura de la órbita ya no será posible, lo que quería hacer el profesor Virchow. El cerebro se ha conservado de una manera admirable. La cabeza ya fue presentada a la Sociedad Antropológica de Berlín".
No hace mucho, el grupo Guías, durante el inventario de las colecciones del Museo Antropológico de La Plata, encontró en las vitrinas de la sala de Antropología Biológica un pequeño cajón sin número con el esqueleto de Damiana dentro de una bolsa y envuelto en tela, con una inscripción en papel: "Esqueleto (sin cráneo) de una india guayaquí, Damiana, fallecida en el Melchor Romero en 1907. La cabeza con el cerebro fue remitida al profesor Virchow, Berlín".
Todavía no acaba esta historia, que muestra cómo se actuó en el trato con los pueblos originarios siguiendo la línea establecida por Julio Argentino Roca. En marzo de 2007, una organización indígena paraguaya reclamó a la Argentina "la restitución de todos los restos mortales pertenecientes a
miembros de la etnia Aché que yacen desde hace más de un siglo en las colecciones del Museo de La Plata". También exigieron la "devolución de todas las piezas aché de las colecciones etnográficas de dicho museo que fueron obtenidas en forma ilegal o violenta como así los objetos provenientes del saqueo de un campamento aché".
Desde el jueves último, los restos de Damiana descansan en su tierra guaraní. En el acto en que se entregaron los huesos que habían quedado de ella a los representantes del pueblo Aché hablaron los antropólogos Fernando Miguel Pepe, Miguel Añón Suárez y Patricio Harrison, la historiadora Diana
Lentor y el profesor Marcelo Valko, de la cátedra de Antropología de la Universidad de Madres. Todos dieron detalles históricos de lo que fueron los principios de ese Museo del Perito Moreno en el cual los representantes de los pueblos originales fueron exhibidos al público como fieras de zoológico,
entre ellos los caciques Inacayal, Foyel y Sayhueque, sus mujeres y sus hijos. Ya los restos del cacique Inacayal descansan en sus tierras chubutenses, en Tecka, luego de ser exhibidos al público durante décadas.
Clemente Onelli ha descripto la última noche del cacique Inacayal en el museo, con las siguientes palabras: "Un día, cuando el sol poniente teñía de púrpura el horizonte apareció Inacayal sostenido por dos indios allá arriba, en la escalera monumental del museo. Se arrancó su ropa, la del invasor de
su patria, desnudó su torso dorado como metal corintio, hizo un ademán al sol y otro larguísimo hacia el sur; habló palabras desconocidas y, en el crepúsculo, la sombra agobiada de ese viejo señor de la tierra se desvaneció como la rápida evocación de un mundo. Esa misma noche, Inacayal moría".
En el libro del grupo Guías, que se llamará El racismo argentino y será publicado por la editorial Madres de Plaza de Mayo, se describe paso a paso la prisión "científica" que sufrieron tantos representantes de los pueblos originarios y los escritos altamente racistas del famoso Perito Moreno y de los denominados "científicos" de la época que igualaban a los indios con los judíos, en cuanto a sus rasgos fisonómicos. En el mismo libro se cita la frase que Inacayal dijo más de una vez: "Yo jefe, hijo de esta tierra, blancos ladrones, mataron a mis hijos, mataron a mis hermanos, robaron mis caballos y la tierra que me vio nacer. Yo, prisionero".
El diario La Nación del 20 de septiembre de 1883 publicaba: "A fines del corriente mes podrá verse el esqueleto del cacique Orkeke, preparado convenientemente. Después de haber sido descarnado en el Hospital Militar se colocaron los diversos fragmentos del cuerpo en un gran tacho de agua y cal, para hacer desaparecer las pequeñas cantidades de carne que habían quedado adheridas a los huesos. Terminada que sea la disección del cuerpo del cacique, se procederá a armar el esqueleto..."
La absoluta falta de respeto al muerto. Para esos "científicos" esos seres humanos sólo servían para mostrarlos, aun muertos, como espectáculo.
Pero, paso a paso, se va sabiendo la verdad de nuestra historia. El porqué la historia de la crueldad argentina que va a terminar, en su punto culminante, con la dictadura militar de la desaparición de personas y el robo de niños.
Pero del pasado pasemos al presente. Los obreros de las minas de Río Turbio piden reivindicación. Recordaron el jueves en un emocionante acto a los catorce mineros muertos en la catástrofe de hace seis años. En él se pidió "juicio y castigo para todos los responsables políticos y operativos que permitieron de una u otra forma que se produjera esta tragedia minera". No se olvida así a los mártires del trabajo diario, a los que ponen el rostro ante el peligro al que se ven sometidos en esas tareas. Un acto para tener en cuenta.
Todos, esfuerzos en busca de una sociedad que se conduzca con los principios de la Etica. Por eso, no olvidar las injusticias del pasado y del presente.
No olvidar a Damiana, la indiecita.
*Fuente: Página/12
LA EMPERATRIZ*


Un día en un bosque lejano se oía:
Que mi cuerpo cercano
debía fecundar el amor alcanzado.
No tenía plan alguno de ejecutarlo,
Admiraba a quienes iban en contra de la madre natura
Lanzadas al hierro forjado de humanidad y rebeldía,
ese que enseña y transforma.
Ser recipiente de vida es hermoso para quienes lo contemplan
Como única fuente de sentido en este extraño paseo de vidas.
Quería alcanzar la cima sin más compañía que la sombra dudosa
de mis experiencias quejumbrosas, melancólicas, delirantes, solitarias,
eternas, profundas,
insignificantes; fulminantemente comunes.
El hecho se sobrepuso como marejada ante una barca intrascendente.
Tomé las herramientas ( que no habían sido dadas),
Acepté el hecho con los dientes apretados,
Y, con rostro atenaico
Sigo adelante
Intentando ser recipiente fértil
en armonía con la naturaleza
Que sin sonido alguno omitido,
Aplicó el silencio diplomático de una buena lección:
Ser madre es una condición que ni la resistencia puede negar.

*de Daniela Wallffiguer danielawallffiguer@gmail.com
El huevo de la serpiente*




*Por Juan Forn
Una mañana de 1918, un hombre se presentó en la puerta del soviet de Petrogrado y dijo: "Soy Malinovski, el provocador. Le ruego arrestarme". Era el tremendo Año Uno de la Revolución Rusa: guerra civil, sabotajes, complots, atentados contra Lenin, ejecuciones y fusilamientos diarios. Y aquel desconocido que pedía ser arrestado encarnaba en sí mismo toda esa vorágine: Rodino Malinovski había sido el principal representante bolchevique en la Duma (Parlamento zarista), el hombre que transmitía en Rusia las palabras desde el exilio de Lenin, el militante de impecable trayectoria, iniciada cuando purgó cárcel de jovencito y coronada fuera de presidio, cuando fue enviado a la conferencia bolchevique de Praga en 1912, accedió luego al Comité Central del partido y finalmente ocupó su banca en la Duma. El pequeño detalle es que Malinovski era a la vez agente de la Ojrana, la policía secreta zarista, que llegó a tener 40 mil agentes en su filas, entre infiltrados, espías, soplones y vigilantes. De hecho, fue la
colaboración en las sombras de la Ojrana lo que permitió a Malinovski acceder a la Duma, quien para entonces ya había logrado entregar a Miliutin, a Noguin, a María Smidovich y hasta al propio Stalin a sus empleadores, y cuando creyó que estaba por ser descubierto se esfumó en la guerra (debidamente recompensado por la Ojrana). Capturado por los alemanes, recuperó su ardor revolucionario en el campo de prisioneros y, cuando fue liberado, retornó a Rusia, no para sumarse a la revolución sino para que la
revolución lo juzgara, lo condenara y lo ejecutara. "He sufrido enormemente con mi existencia dual. No comprendí cabalmente la revolución, me dejé ganar por la ambición, merezco ser fusilado. Pero con la revolución en mi corazón", dijo en el estrado. El tribunal le concedió su pedido: lo condenó a muerte.
Pero esa noche, cuando era trasladado por los pasillos del Kremlin, Malinovski cayó muerto de un balazo en la nuca. No por condenarlo a muerte iban a darle el gusto de fusilarlo: lo mataron por la espalda, la muerte que merecían los agentes provocadores.
El caso de Salomón Ryss es su contracara: Ryss organizó un grupo terrorista sumamente audaz por órdenes expresas de la Ojrana. Tan literal fue en el cumplimiento de sus órdenes que terminó realizando verdaderos atentados antizaristas, que adjudicaba a otros grupos cuando informaba de ellos a la
Ojrana. Lo insólito del caso es que la Ojrana lo valoraba tanto que, cuando Ryss cayó en una redada, organizó su evasión de la cárcel, ordenando a dos gendarmes que colaboraran (quienes luego fueron llevados a consejo de guerra y condenados a trabajos forzados). Ryss fue finalmente capturado en el sur de Rusia, cuando ya sus propios compañeros terroristas desconfiaban de él.
Fue juzgado y condenado a muerte por la Justicia del zar al mismo tiempo que, in absentia, era condenado a muerte por su grupo revolucionario. A diferencia de Malinovski, Ryss sí fue fusilado: tuvo una muerte revolucionaria.
Víctor Serge descubrió estas historias cuando, en aquel frenético Año Uno de la Revolución, se sumergió en los archivos de la Ojrana con orden de "informar públicamente al pueblo soviético" sobre lo que hallara en las entrañas de la bestia. En 1921, Serge publicó en el Boletín Comunista un informe titulado "Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión", hoy un clásico en los estudios de redes sociales. Contaba allí que los funcionarios de la Ojrana redactaban un informe pormenorizado de cada uno de sus casos, que se hacían imprimir en ediciones de únicamente dos ejemplares: uno era para el zar, el otro quedaba en "el gabinete negro", una sala secreta de la Ojrana que contenía aquella biblioteca de ejemplares únicos.
Tan únicos eran aquellos informes que, en manos revolucionarias, anunciaba Serge al público soviético en 1921, podrían servir para reconstruir la historia del movimiento anarquista en Rusia, "algo extraordinariamente difícil, a causa de la dispersión e insularidad de los grupos anarquistas y de las pérdidas inauditas que sufrió el movimiento hasta su desintegración".
Aún eran tiempos en que los que habían dado su vida por la revolución eran héroes y el propio Serge era todavía apreciado por el régimen a pesar de su pasado anarquista. Década y media después, acusado de disolvente y contrarrevolucionario, sufriría cárcel y exilio en Siberia, hasta que el clamor europeo por su liberación agotó a Stalin (Serge había nacido en Bélgica, de padres rusos exiliados, y había militado en Francia, Holanda y Alemania, donde sufrió cárcel, antes de llegar a Rusia). De todo esto, desde su niñez proletaria en Bruselas hasta sus solitarios años finales de exiliado en México, donde murió en 1947, habla Serge en sus Memorias de un revolucionario, hoy un clásico de la literatura de disidentes.
En el informe publicado en 1921 en el Boletín Comunista, Serge se refería a la Ojrana del zar casi en los mismos términos en que veinte años después, en sus Memorias, hablaría de la Cheka, la policía secreta soviética creada por el incorruptible e implacable Félix Dzerzhinsky, que con el tiempo se convirtió en el GPU, luego en NKVD y finalmente en KGB. Cuenta Norman Mailer en El fantasma de Harlot que los primeros agentes de la CIA estudiaban a Dzerzhinsky en su curso de ingreso a la agencia. Algo sugestivamente similar cuenta Víctor Serge sobre la Ojrana en su informe de 1921: que sus funcionarios enseñaban y tomaban examen a sus agentes sobre teoría e historia revolucionaria, antes de soltarlos en las calles. Completemos la escena con lo que ocurría en las cárceles siberianas: como bien se sabe, los
presos revolucionarios decían que las cárceles eran sus universidades; y lo decían porque en los pabellones carcelarios, en las horas muertas de encierro, los más veteranos transmitían a los novatos sus lecciones sobre marxismo y bolchevismo, historia y praxis de la revolución, casi con las mismas palabras que usaban los jefes de la Ojrana para desasnar a sus agentes, en los sótanos del edificio de Fontanka 16, Petrogrado.
En el final de su informe de 1921, Serge adjudica a la creación de la Ojrana y su posterior crecimiento la caída final del zar. Veinticinco años después, en el final de sus memorias, afirma que una de las causas del fracaso de la revolución en Rusia fue la creación de la Cheka. La Cheka fue, como la Ojrana, "un Estado dentro del Estado, resguardado por el secreto de guerra".
La Cheka fue "un organismo enfermo desde su inicio" porque se construyó sobre las ruinas de la Ojrana. Recordémoslo siempre, es bien sencillo de recordar: la Cheka se basó en la Ojrana, y la CIA se basó en la Cheka, igual que la KGB. Y recordemos, también, a Víctor Serge, a quien ningún país europeo quiso dar pasaporte cuando Stalin lo expulsó de Rusia en 1937, y por eso murió apátrida, y por eso sigue apátrida hasta el día de hoy: porque nadie lo reclama como propio, a pesar de su singularidad, o por culpa de
ella.
*Fuente: Página/12
MAGIA DE SOLEDAD*


Mis sueños agonizan
Dentro de un nido de escarcha
Añorando paisajes ilusorios
Que solo a mí pertenecen.
La soledad transita por mis venas,
Es el único amparo,
La manta tibia que cubre
Mis sueños tímidos con magia.
El afuera en su desierto
Que se satura de ironía,
Habla de olvidos, de muerte,
Del vuelo de las caricias
Hacia cavernas de infierno
Donde ni el sol las habita.

*De Emilse Zorzut . zurmy@yahoo.com.ar
¿QUÉ ES POESÍA? PUES A PREGUNTARLE A GUSTAVO ADOLFO BÉQUER O AL PANADERO DE LA ESQUINA*

*De Reynaldo García Blanco. centrosoler@cultstgo.cult.cu


¿Qué es poesía? Pregunta que de tan antigua ya se ha convertido en retórica. En espacios como Talleres literarios me gusta leer un fragmento de El oficio de vivir, de Cesare Pavese, en traducción de Esther Benítez: La poesía comienza cuando un necio dice del mar: "Parece aceite". No se trata, en absoluto, de una más exacta descripción de la bonanza, sino del placer de haber descubierto la semejanza, del cosquilleo de una misteriosa relación, de la necesidad de gritar a los cuatro vientos que se ha notado. Entonces demos vivas a esa necedad que debiera acompañarnos cada día.
En otro extremo, Gottfried Benn, médico de profesión, poeta de médula y para enaltecer más su biografía protestante letrado y súmulas de lo alemán, lo galo, lo germánico y romanticismo escribe un poema titulado La novia del negro: Y ahí, sobre cojines de sangre oscura, descansaba/la nuca rubia de una mujer blanca./El sol le ardía en los cabellos,/ascendía lamiéndole los muslos blancos,/se arrodillaba ante sus pechos, más morenos,/todavía no desfigurados por vicio y partos./A su lado, un negro, destrozados por una coz /los ojos, la frente. Metía el tipo este/dos dedos de su sucio pie izquierdo/en uno de sus oídos, orejita blanca. / Ella, sin embargo, dormía, echada ahí, como una novia, /pegada a la dicha del primer amor/y a la espera de partir hacia múltiples viajes celestiales/de la joven y ardiente sangre. /Hasta que le hundieron el cuchillo en la blanca garganta, /hasta que le echaron a la cintura/un delantal púrpura de sangre muerta. Lo escatológico convertido en poesía frente a la maravilla de un girasol o un amanecer con vista al mar.
Una frase, un gesto, un olor. En el ómnibus repleto de seres que marchan al trabajo o a la muerte alguien dice No hay que exagerar y te acuerdas de Israel Domínguez y aprovechas la contundencia del azar y la frase y escribes: Cuando la cerveza alemana baje de precio vamos a beber hasta el delirio. Yo recitaré La bailarina española, de Rilke y si hay un piano un legítimo Steinway te invitaré a que cantes Adiós felicidad . Cuando la cerveza alemana baje de precio y finalmente podamos entender qué es el producto interno bruto y los confines de la primavera y la cábala y el salto cuántico a lo mejor seremos héroes o mártires Pero no hay que exagerar sigamos con este bolero, con la noche oblicua de mayo y los ómnibus imposibles Cuando las cerveza alemana baje yo te voy a llamar.
Claro está. No hay que exagerar. No es que todo se convierta en poema pero muy bien podemos irnos por esos sitios diciendo que el mar parece aceite o que agosto es el mes de envenenar a los perros o como dice el bravucón de mi barrio: Yo puedo poner la calle en estado de sitio y me sobro.
¿Qué es poesía? Pues a preguntarle a Gustavo Adolfo Bécquer o al panadero de la esquina.



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Rubén Patrizi

Venezuela, Venezuela

Las personas que adornan una esquina, dando colorido a su lucha diaria en su eterno vivir, para ellos,...

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