Revista Literaria Periódico Cultural

17.8.2009 GMT

Serie por nuestros cerros / Caruao Chuspa Edilia De Borges.

Mi a miga la aventurera, la que encuentra en cada recodo de un camino, en una playa que visita, en una montaña que escala, en un sitio que recorre con la curiosidad y entusiasmo de niño, una historia para contar, que va narrando con el espíritu y la sensibilidad de escritora

un abrazo a mi consecuente viajante...

Agosto 2009

Me encanta cuando llega la época de cosechar mangos éste fruto tropical, me enloquece,
de sabor sublime, dulce, exquisito que me transporta al Paraíso y sus ambrosías. Ello me motivó este domingo a visitar Caruao (Edo. Vargas en el Litoral Central) y estando en la ruta llegarme también a Chuspa para darme un delicioso baño de mar y río.
La autopista Caracas-La Guaira ese día sin problemas de tráfico igual que la avenida principal de La Guaira, hasta parecía fuese aún de madrugada, no había mucha gente en las calles, pero quién si se había levantado con todas las pilas nuevas era el señor Sol, calentaba con fuerza y hacía brillar el mar tranquilo como metal bruñido. Hicimos una pequeña escala para desayunarnos y luego proseguimos nuestro camino, la vía es preciosa custodiada a un lado por el océano y por el otro la montaña. La atmósfera era tan diáfana que podía ver muy nítida la cima del pico Naiquatá, el más alto guardián de la zona. Llegamos a Los Caracas. Muchas carpas en el área de campamentos a la orilla del río, algunos bañistas en la playa; al límite de la otrora llamada “ciudad” salimos de ella y ascendimos una pequeña colina. La vista es impresionante, un paisaje de “postal”. El verde matizado y brillante de las palmeras enmarca al azul profundo del mar, no hay una nube en el cielo. La carretera de cemento está buena para transitarla, uno que otro bache y un derrumbe de tierra que manos solidarias han apartado a un costado. Ya comenzaba a ver las matas de mango por doquier cargadas de frutos, muchos de ellos en el suelo. Comencé mi recolecta. Los avizoraba y avisaba..”Pára ahí”, pacientemente mi amiga me complacía.


Pasamos varios caseríos, uno de ellos: Todasana con su “Museo de la Verdad” que hay que conocer por ser algo extravagante pero interesantemente coloquial. Un río atraviesa el pueblo, lleva mucha agua invitadora, de hecho varios jóvenes y niños se divertían ahí Por los caseríos que pasábamos, los lugareños enfrente de sus casas o negocios nos saludaban con la mano y una alegre sonrisa, debió ser que las caras de felicidad que teníamos nosotras los motivaba.
Un solo percance perturbador ocurrió al llegar a un puente caído por la lluvia de la noche, habían abierto otro paso franco en un desvío por un cerrito paralelo, que había que descender y luego subir. Nuestro vehículo “Chispita” está nuevecito, un poco bajo, pero pasó la prueba, no sin antes asustarnos con un ronco ruido metálico que afortunadamente no pasó de allí. La plancha que recubre y protege la parte de abajo había rozado una piedra. Suspiramos aliviadas, sobre todo la dueña. Proseguimos la ruta hasta llegar a Caruao sombreado por frondosos árboles de mangos y otras especies. Quise saludar a un amigo que vive allá y para ello nos detuvimos en su finca “Campamento”. Fue un verdadero acierto ya que nos deleitamos observando y fotografiando las variadas especies de palmas que configuran su “Palmetum”, la mayoría floridas y cargadas de frutos- Un muy agradable paréntesis en nuestro viaje. Nos despedimos del dueño y quisimos llegarnos hasta “El Paso del Cura” para darnos un baño. El río cae en una hermosa cascada en un profundo y oscuro pozo y luego más allá se confunden las frías aguas con las termales. No pudimos hacerlo no hay un lugar seguro para dejar el carro. Descartado con dolor.
Sin amilanarnos ahora seguimos la carretera hacia la playa de Chuspa, muy cercano apenas unos 5 minutos. El pueblo está muy concurrido, hay mucho alborozo, el sol pica caliente y fuerte lo que nos impulsa hacia la arena playera. A un costado de la misma veo un momento de “quiebra” del equilibrio entre aguas saladas y dulces. El mar arremete e insiste en meterse al río que desemboca en él, con presión titánica formando una gran ola.
Esta vez conseguimos un buen estacionamiento privado, dejamos el vehículo allí y nos fuimos a buscar una lancha rápida para irnos a una de las tantas playitas cercanas “privadas” que existen a lo largo de la línea costera. En la lancha percibo un contacto íntimo con la naturaleza, las crestas de las olas nos mece arriba y abajo suavemente, veo un cardumen de pececitos, mientras en el cielo vuelan dos gaviotas. Respiro el aire más puro del planeta y el silencio sólo es quebrado por el ruido del motor. Casi a los 25 minutos después llegamos. El capitán habilidoso maniobra sorteando las altas rocas y nos lleva hasta la orilla de la dorada arena de la playa. “Mono manso”(playa nudista, pero no todos están así) es una “caleta” cercada por altas y negras rocas por donde corren rápidos cangrejos y asoma sus púas el puercoespín. Mientras las olas se estrellan contra ellas con fuerza levantando un abanico de blanca espuma, dejando pozas trasparentes de suelo empedrado- piscina privada-. Estuvimos allí mucho tiempo deleitándonos con el paisaje bravío y bañándonos en las cristalinas y frescas aguas. Posteriormente saboreamos un rico “tostón” con ensalada y salsa. No queríamos pero debimos despedirnos de los otros amigos que encontramos por allá, queríamos regresar a la ciudad con luz diurna. Nuestro deseo se medio cumplió apenas, porque a las 7 de la noche rodábamos por la autopista del Este con destino a nuestras casas.
Fue un lindo día de aventura, una forma nueva y diferente de relacionarnos con nosotras mismas y con el universo.



Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges



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