Revista Literaria Periódico Cultural

14.3.2009 GMT

Serie por nuestros cerros/ Paraiso

PARAÍSO- Parque Nacional El Ávila

1-3-2009

Hola amigos todos, les cuento:

Domingo 8 de la mañana. En el carro de una de mis amigas nos llegamos hasta el más cercano estacionamiento que a esa hora estuviese abierto y desde allí en un taxi nos trasladamos hasta el final de la avenida principal de Boleíta Norte, desde allí caminando subimos a la “Cota Mil” hasta llegar a la entrada del puesto de guarda parques del “Estribo Duarte”, donde de nuevo pude constatar lo limpio que se mantiene el lugar. El sol no lograba apartar la sábana de nubes que lo cubrían y por ello el tiempo estaba neblinoso, pero no hacía frío alguno, por ende la subida aunque larga no fue cansona, nuestros pasos eran ligeros. Entre subidas y bajadas de suaves colinas alcanzamos la casa del guarda parque, aquí también el orden y la limpieza se ponen de manifiesto.

Muy pocas personas estaban por allí tan temprano, conversamos con el guarda parque, nos aprovisionamos de agua potable y firmamos el libro de salida. Descendimos la primera cuesta desde esta colina y de inmediato comenzamos la ascensión.

Hace unos años, no muchos, había allí un doble camino, el sendero por donde se sube regularmente y otro hecho por las pisadas de personas irresponsables que seguía paralelamente a un tubo con agua que por acá baja, transformando aquello en una “pica” sin sentido y fea, afortunadamente la sabia naturaleza lo ha cubierto de maleza. El verdadero sendero está limpio e invitador a seguirlo por estar flanqueado de hermosos paisajes, nos deteníamos admirándolo y tomándole fotografías.

Llegamos al “tanque”, se denomina así por la losa grande de cemento tapa de un tanque para agua distribuida, acá hacemos nuestro primer descanso, nos sentamos y bebemos agua fresca y fría, ya renovadas seguimos subiendo la montaña por el angosto caminito, las malezas alta con sus hojas lanceoladas fustiga sin clemencia los brazos desnudos de mi compañera, se enrojecen pero lo peor será cuando el sudor haga arder esas marcas, es un suplicio. Aparte de ello, fue cómodo el trayecto, nos favoreció el oculto sol. Oíamos un fragor ronco y buscando este ruido mi mirada encontró allá a lo lejos cayendo como escondida una cascada larga y blanca, el agua cae y se desboca por un trecho corto escondiéndose de nuevo entre el monte, pero es difícil llegar hasta allá.

Estamos ahora adentrándonos en la selva húmeda por un marcado camino, excepto algunos sitios donde se ha caído un árbol o en donde el terreno se ha deslizado por la lluvia y por donde hemos extremado el cuidado de nuestros pasos, apoyándonos con nuestros bastones y ayudándonos unas a otras. Todo es agradable y placentero, el ruido del silencio sólo interrumpido por algún solitario trino de pájaro invisible, el caer de una hoja, el gemir del viento. Alrededor todo es verde y aún brilla con el rocío nocturno, las ramas de los altos árboles bailan y se mecen con la brisa. Encontramos muerta una zarigüeya (mamífero de cabeza parecida a la zorra, cuya hembra lleva una bolsa debajo del vientre donde guarda a sus crías) y luego una pequeña serpiente con la cabeza destrozada, su muerte es reciente, alguien que nos precedió lamentablemente la mató. Comenzamos a oír el correr del agua del río pero no lo vemos por lo intrincado de la vegetación. Levantó la vista y distingo con precisión “la cabeza de elefante” en el camino que lleva al Pico Oriental y más adelante diviso al pico, pero su cima esta arrebujada de nubes.

Llegamos al pozo con las dos pequeñas caídas de agua que tradicionalmente es el sitio del baño. Estamos en Paraíso. Embelesadas lo contemplamos pero no nos atrevemos a entrar en el agua, no está fría, está gélida. Por más acaloradas que estamos no somos las más valientes. El agua se ve profunda y oscura, y en la orilla arena y piedrecillas, no hay plaga por fortuna. Nos sentamos un buen rato sumidas en nuestros pensamientos contemplativos, luego almorzamos de lo que traíamos, fotografías y a regresar. Esta vez tomamos otro camino., atravesamos el río por sobre las piedras y por el caminito sin abrojos y angosto entramos de nuevo en la selva, teniendo a la izquierda el precipicio, a la derecha la pared de la montaña y en muchos pasos hasta un techo formado por intrincados bambúes que silbaban con el viento, y por donde yo pasaba rápido por temor a que en la hojarasca que había en el suelo se ocultase algún “bicho”. Subimos y bajamos por suaves colinas, me parecía cuento de hadas este bosque. Salimos ahora al sendero de tierra apisonada y soleado, mejor dicho caldeado por el sol que pasa por la entrada al Pico Oriental y a la Piedra o Mirador del Indio, donde habían personas asoleándose, ya sólo nos faltaba bajar todo aquél largotote camino hasta el PG de “Cachimbo” donde llegamos sudando a mares, es un camino totalmente despejado sin sombra alguna. Bajamos hacia la autopista orillándonos hasta llegar al sitio donde subimos al transporte que nos llevó a destino doméstico.

Me “encantó” el Paraíso, esta fuerte caminata de siete horas.

Nos vemos en la próxima,

Edilia C. de Borges



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