Revista Literaria Periódico Cultural

24.10.2009 GMT

Tacarigua de la Laguna /Edlia de Borges

TACARIGUA DE LA LAGUNA

Hola amigos todos, les cuento:

Un magnífico día para tomar el autopista hacia la zona de Barlovento en el estado Miranda, después de un cercano “puente” no había mucha gente que bajara hacia la playa.

Unos pequeños “descuidos” en la dirección a seguir nos hizo devolvernos a mitad de la vía para lograr camino cierto y con la ayuda bendita de un amable conductor y su señora que nos precedieron pudimos llegar a uno de los puntos que buscábamos. San José de Río Chico pueblo que “hervía” de gente lugareña que hacía mercado en plena calle. Las variadas verduras y hortalizas, se mezclaban con brillantes frutas de topochos, titiaros, guayabas, piñas, lechosas, patillas e insólito: “martinicas” las cuales yo les he venido siguiendo el rastro desde hace tiempo, esta fruta no se consigue en Caracas y con ella se elabora un delicioso dulce, cuya receta herencia de familia me reservo. Por supuesto que me las traje conmigo.

Nos desviamos por una carretera de tierra, el aviso que anuncia la chocolatería casi no se ve porque la cubre en parte la vegetación, al final de la misma estaba lo que buscábamos: Las instalaciones de la chocolatería “Mis Poemas”, una empresa que con el sabroso cacao de esa generosa tierra, elaboran artesanalmente “finezas” de chocolate.

Lamentablemente hoy no había “visita guiada” por la pequeña fábrica, sin embargo el salón de exhibición y venta estaba abierto, allí fuimos atendidas por la propia dueña y su hija. Indecisas ante la variedad de atrayentes y ricos productos, elegimos algunos, mientras saboreamos un calientito té de cacao que nos fue obsequiado. Con nuestras compras nos retiramos satisfechas.

Seguimos camino hacia el centro del pueblo en busca de otra famosa artesana del cacao, Petra Galarrága. En su pequeña y modesta casa que no tiene ni un aviso del tesoro que hay dentro encontramos a Petra, una alta, delgada y elegante barloventeña de 74 años quién desde hace 30 años tiene su negocio de fabricación de chocolates. Cuando comenzó a ejercer este trabajo herencia de su abuela, todo se hacía a mano, hoy día con su propio peculio posee algunas máquinas pequeñas que le facilitan la tarea, ya no muele ni descascara a mano. A la calladita esta valerosa mujer levantó a sus hijos ya adultos y profesionales. Dicta talleres a la comunidad, al Ince, a la universidad y a quien se lo solicité. Exhibe sus productos en ferias y exposiciones. Es todo un ejemplo de energía y amor al trabajo. Se mantiene activa y alegre. Acá también hicimos compras que no llegaron completas a la ciudad.

Proseguimos la ruta, atravesando el hermoso túnel vegetal que nos llevó hasta el pueblo de Tacarigua de la Laguna. Hacía tiempo que no lo visitaba lo vi como mucho más extendido en casas. Bastante gente en la calle aunque el sol caía a plomo. Nos llegamos hasta el embarcadero donde tuvimos una muy interesante conversación con el guardaparque, señor Gómez y luego alquilamos una lancha que nos llevó por recorrido de la hermosa laguna hasta la playa de “Miami”. El mar estaba tranquilo y el agua con una temperatura cálida, nos faltó tiempo para zambullirnos en ella, pero con precaución porque en este sitio hay muchas “corrientes fuertes” y huecos en la arena, donde por descuido una pasa algún susto.

Permanecimos en el sitio unas horas lánguidas y tranquilas, almorzamos disfrutando de la hermosa vista de esta playa larguísima y desierta. Pero llegó la hora de partir, el lanchero ya nos esperaba en el embarcadero. La bellezura del entorno nos deja pensativas y las cámaras se quedaron sin batería de tantas fotografías que tomamos.

Una parada más en la vía para comprar fruta y tranquilamente en poco tiempo llegamos a la bulliciosa ciudad de Caracas.

Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges



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