Revista Literaria Periódico Cultural

14.4.2007 GMT

Viajando por Nuestros Cerros/FUERTE TIUNA- PIEDRA AZUL

Girasoles.

Luis Alfredo Lopez Mendez Pintor Venezolano

Por Edilia De Borges..... Viernes 6 de Abril 2007

Hola amigos todos, les cuento:

Bueno al fin para hacer una excursión, no tengo que madrugar. A las 8.30 de la mañana, hora decente, nos reunimos todos en el paseo de "Los Próceres" acá en Caracas. Con el carro entramos por "El Laguito" siguiendo luego por varias calles asfaltadas para llegar a un "sitio estratégico" según nuestro capitán. Un amplio estacionamiento frente a un edificio militar. Ahh ! Me olvidaba decir que estamos en un área militar, sin embargo hay libre acceso para las personas caminar, trotar o simplemente pasear por toda la zona que desee, sin restricción alguna. Cuidadas y guardiadas .

Decía entonces, que al dejar el auto y guiadas por Nelson, mis amigas y yo tomamos una ancha vía de tierra que permite subir a la "cima" de un primer cerro. Bajo un sol fortísimo caminamos, comienzo a sentir un hilito frío de sudor que se escurre por mi espalda y por mis sienes. A la vez que alcanzábamos altura, se tornaba más extensa la visión de la ciudad. Nítidamente veíamos edificios, parques, autopistas, avenidas, el Poliedro, el hipódromo, iglesias; todo ello quedó plasmado en nuestras fotografías.

Llegamos a una primera garita de vigilancia. Los soldados que hacían guardias muy gentiles, nos permitieron conocer el lugar y nos brindaron agua fresca para beber. En un momento dado, cerca de un árbol veo una gorra militar en el suelo, levanto la vista y arriba agazapado y camuflado entre las ramas, hay un soldado de guardia también, muy joven. Le pregunto si puedo tomarle una foto y accede sonriente. Craso error el mío. De inmediato oímos una voz fuerte, es el Sargento que llama al soldado, lo hace bajar del árbol, le ordena colocarse morral, casco, y fusil (se ve todo muy pesado en la frágil humanidad del joven), le conmina a subir una alta piedra y permanecer allí "firme y de pié", es el castigo infringido por aceptar fotografiarse. Me duele el alma, por mi culpa. ¿Será que tengo cara de espía? Mata Hari como que se quedó pequeña a mi lado.

Sin mirar para atrás, continuamos subiendo por la insolada carretera, conseguimos otra garita, pero esta vez la pasé rápido e hice un ademán de adiós. Ahora el camino se va haciendo plano y comenzamos a caminar a través del oloroso y frondoso bosque de pinos, su exquisito olor impregna el aire. En uno de los tantos y bellos sitios nos sentamos para merendar, el suelo es un mullido colchón de fragantes agujas del pino. De espalda acostada, aspiro el aire oloroso a resina, agradable. Crujen los troncos de los árboles al mecerlos la fuerte brisa, al observar el movimiento de las copas tengo el temor que se desplomen sobre nosotros. Seguimos caminando por mucho rato aún, hay un aviso indicador de rutas hacia Piedra Azul y Manzanares, aquellos es muy extenso y todos los caminos se conectan entre sí. Luego de otro largo rato de caminata, pido a mis amigos que nos devolvamos. El fuerte sol me ha agotado.

Regresamos ahora por otra vía, más inhóspita pero más corta, ha medida que bajamos se hace más descubierta, muchas flores amarillas de árnica; veo en uno de los muy pocos árboles altos, uno "cuajado" de nidos de arrendajos. Son bolsas tramadas y alargadas que cuelgan de las ramas, hay muchos. Otra instalación guardiada ."Adiós" decimos al soldado que con curiosidad nos ve pasar. Llegamos de nuevo a zonas de calles y avenidas, edificio, estadium, gimnasio, teatro. Y a los lados de las calles, mis amigos bajo aquél sol inclemente, encuentran un tesoro y lo recogen: miles de semillas de caobos, su delicioso y dulzón olor embriaga, caro-caro, guásimo . Una buena cosecha. Mientras yo los miro sentada cómodamente bajo la sombra de un florido bucare.

Estamos muy lejos de donde dejamos el vehículo, así que apenas divisamos (Insólito) un taxi vacío lo tomamos y por una suma irrisoria nos lleva al estacionamiento. Aún dentro del área, vamos a un restaurante chino: "La Pagoda", donde apagamos nuestra sed con una refrescante bebida fría. Es avanzado el mediodía, nuestra respectivas familias nos esperan para el almuerzo, así que hasta acá llegamos, de vuelta a nuestros hogares.

Aún siendo breve, esta caminata de hoy resultó bastante amena y agradable. Conocimos espacios interesantes y amables para caminar, a la vez que disfrutamos de la mutua compañía.

Nos vemos en la próxima,

Edilia C. de Borges



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